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Miércoles 11 de noviembre

Miércoles, 11 de noviembre
San Martín de Tours, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea.
Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete: tu fe te ha salvado.

Pistas: Imagínate la escena. Jesús está caminando por un territorio fronterizo entre Samaría y Galilea. Desde lejos, porque no pueden acercarse a la gente ni permitir que se les acerquen, un grupo de leprosos le piden ayuda. Eran expulsados de los pueblos por miedo al contagio y vivían al margen de la sociedad. Esta época que nos ha tocado vivir nos ayuda a entender el miedo al contagio. En aquel tiempo muy pocos se salvaban de esta enfermedad. Son despreciados, marginados, como apestados.
Pero Jesús los mira. En otras ocasiones se había acercado, les había tocado y curado. Pero hoy les manda ir a presentarse al sacerdote. Cuando un leproso se curaba iba a presentarse al sacerdote para que confirmase que estaba sano, presentar una ofrenda y realizar un rito de purificación. Y los diez quedaron sanos cuando iban de camino.
Sólo un extranjero volvió alabando a Dios y dándole las gracias a Jesús. Era un samaritano que, como ya sabes, no se llevan bien con los judíos. Y es aquí, con Jesús, donde queda salvado plenamente.
Tal vez este evangelio te invite a reconocer lo que Dios hace en tu vida y te anime a ser agradecido. Invita a pedir y confiar. A aceptar los dones que Dios te da y a acudir a Jesús agradecido cada vez. Da igual que te sientas un samaritano, un extranjero. Puede que pienses que con las lepras que hay en tu vida (tus pecados y debilidades) ya no eres de los de Jesús. Puede que te sientas lejos del pueblo (lejos de la Iglesia) como aquellos leprosos. Da igual cómo estés. Llama a Jesús y pide su compasión, escucha su Palabra, obedécele, fíate de Él. Da igual que te parezca que Jesús está lejos porque Él te mirará a ti también. Te curará de tu lepra. Sea por el camino que sea si dejas a Jesús entrar en tu vida encontrarás su salvación.
Déjate mirar por Él, porque su mirada es de amor y salvación. Cuéntale tu vida, tus cosas, tus problemas, tus miedos y así verá tu vida y tú la verás su luz. Y, no olvides, da gracias, alaba a Dios, vuelve a Jesús cada día. Aléjate un momento de tus cosas y vete a Él para que te pueda decir: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 10 de noviembre

Martes, 10 de noviembre
San León Magno, Papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor: Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «Enseguida, ven y ponte a la mesa?» ¿No le diréis: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo; y después comerás y beberás tú?» ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer».

Pistas: “Hemos hecho lo que teníamos que hacer”. ¿Cuántas veces nos comparamos con los demás pensando: “soy mejor que ellos”, cuando sólo hicimos lo que debíamos hacer? ¿cuántas veces nos enfadamos o nos sentimos mal porque no se nos reconoce cuando cumplimos con nuestro deber? Y, dentro de la Iglesia ¿cuántas veces esperas reconocimiento o admiración por ser como debes ser y hacer lo que debes hacer?
Jesús enseña a sus discípulos que la búsqueda de gloria y reconocimiento, hacer las cosas por interés, las dobles intenciones, la hipocresía… apartan de Dios, llevan a vivir en la mentira y a no amar al prójimo. Vivir como Jesús enseña implica entrar por la senda del amor y la gratuidad, la humildad y el servicio desinteresado. Significa recorrer el camino que recorrió Jesús. En realidad se trata de vivir como hijos de Dios, como discípulos de Jesús… y “hacer lo que tienes que hacer”.
No dejes que el orgullo, la vanagloria, la necesidad de aplauso o reconocimiento se cuelen en tu vida. Tampoco en tu vida de fe ni en tu comunidad eclesial. Porque acabarás viviendo en la hipocresía y el interés.
Jesús te invita a otro camino que sólo podrás recorrer con su gracia. Por eso, reza, llénate de su vida y de su fuerza. Llénate de su amor. Y vive como Él enseña.
Mira tu vida a la luz de este Evangelio. Y piensa qué gran regalo será si al final de la vida, con su Gracia, puedes decir: “soy un pobre siervo, he hecho lo que tenía que hacer”. Pero lo has hecho.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 25,14-30. 
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes.
A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida,
el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.
De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.
Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores.
El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. ‘Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: ‘Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado’.
‘Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor’.
Llegó luego el que había recibido un solo talento. ‘Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.
Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!’.
Pero el señor le respondió: ‘Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.
Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes’.

Lunes 9 de noviembre

Lunes, 9 de noviembre
Dedicación de la Basílica de Letrán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Pistas: En la religión judía el templo es el lugar de la presencia de Dios. El culto consistía en sacrificios de animales y el templo tenía su propia moneda. Todo aquello tenía su parte de negocio. Jesús, al verlo, realiza un signo: purifica el templo porque ha de ser lugar de oración. Jesús supera la religiosidad basada en sacrificios. Se trata de acoger la salvación, de cambiar de vida, de vivir como hijos de Dios.
Por eso, va más allá. ¿Y qué autoridad tiene Cristo para hacer eso? Toda, porque Él será el nuevo templo, el nuevo y definitivo sacrificio en la Cruz. Los discípulos lo comprenderán después de su muerte y resurrección.
Jesús es el lugar de encuentro con Dios. Es más, Dios por medio de Jesús resucitado enviará el Espíritu Santo y habita en nosotros. El lugar de encuentro con Dios es Jesús, y Jesús por el Espíritu Santo habita en ti.
Ahora relee este Evangelio ¿has convertido tu corazón (templo del Espíritu, lugar de presencia de Jesús, de encuentro con Él) en un mercado? ¿Qué deberías echar de tu vida para encontrarte con Jesús, para experimentarlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 8 de noviembre

Domingo, 8 de noviembre
Semana XXXII del tiempo ordinario, ciclo a

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: —El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:
«¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!»
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas:
—«Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron:
—«Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.»
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:
«Señor, señor, ábrenos.»
Pero él respondió:
«Os lo aseguro: no os conozco.»
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Qué fácil es perder tensión cuando se pierde la perspectiva. Al principio del cristianismo pensaban que Jesús iba a volver enseguida, que la parusía, la venida de Jesús, iba a ser inmediata… pero la cosa se retrasa. Imagina cómo sonarían estas palabras en una de esas primeras comunidades en las que ya han pasado años y se dan cuenta que “nadie sabe el día ni la hora”. Frente al acomodarse, la pereza, la mediocridad, Jesús propone la vigilancia. Tener la lámpara encendida y el aceite listo para que no se apague.
Dice el Papa Francisco en la Evangelii Gaudium que una de las tentaciones del discípulo evangelizador es la acedia (pereza, flojedad) paralizante. Y esto nos vale para la vivencia de fe de todos los cristianos, porque todos estamos llamados a vivir nuestra fe y a testimoniarla. La mayor amenaza, dice el Papa, «es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad». Se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como «el más preciado de los elixires del demonio».
¿Cuál es el reto del Evangelio de hoy? Vivir cada día plenamente, pensando que nadie sabe el día ni la hora. ¿Ppor qué voy a dejar para mañana las cosas importantes? ¿Por qué voy a dejar para mañana encontrarme con Dios, crecer en la fe, confesarme, rezar más, afianzarme en mi fe? ¿Por qué voy a dejar para mañana pedir perdón o perdonar, amar más, ser misericordioso? ¿Por qué voy a dejar para mañana querer ser santo?
La lámpara está encendida con la luz del Espíritu Santo, el aceite es la oración, los sacramentos, la Palabra de Dios… es lo que mantiene viva la llama. ¿Cómo está la llama de tu lámpara? ¿cómo está el aceite en tu alcuza?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 6 de noviembre

Viernes, 6 de noviembre
Santos Pedro Poveda Castroverde e Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros; y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta». Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes?; Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo: Escribe «ochenta». Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido.
Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Pistas: Es muy curiosa esta parábola de Jesús. Ya en otras ocasiones hace hincapié en que quiere que sus discípulos sean astutos. No quiere gente cobarde, acomodada o conformista, sino que intenta espolearles para que pongan sus dones, su esfuerzo, sus capacidades, todo lo que son y todo lo que tienen, en marcha. Porque así funciona el amor: moviliza, crea, apasiona… Y así actúa el Espíritu Santo: hace crecer los dones naturales y concede los dones de Dios.
Está claro que Jesús no puede aprobar la actitud del administrador infiel. Le llama hijo de este mundo. Pero sí su determinación, su inteligencia para encontrar caminos… podríamos decir su creatividad. El que le va a despedir por derrochar sus bienes le felicita porque ha sido astuto.
Parece que el mal tiene facilidad para conectarse, como que va extendiendo sus tentáculos o creando una especie de red. Y Jesús pide a sus discípulos, a los que queremos caminar a su luz, a ti y a mí, que trabajemos, que no nos conformemos, que usemos la inteligencia, que nos unamos. Que no dejemos a la oscuridad ganar camino.
Examina tu vida a la luz de este Evangelio. ¿Qué encuentras de comodidad, de torpeza, de ingenuidad infantil…? Pide a Jesús la luz del Espíritu. Él te hará sabio, te hará capaz de vivir como hijo de la luz, de encontrar caminos, te dará sus dones. Y serás capaz de construir con Jesús su Reino, un mundo nuevo, e ir quitando terreno a los hijos de este mundo, a la oscuridad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’.
Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Miércoles 4 de noviembre

Miércoles, 4 de noviembre
San Carlos Borromeo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Pistas: El Evangelio de hoy nos resulta difícil de entender. Pero si pensamos en las primeras comunidades cristianas ¿cuántas familias se dividían porque alguien se hacía cristiano? ¿qué dificultades atravesarían en las comunidades cuando eran perseguidas?
Elegir a Jesús implica renunciar a lo que aparta de Él. Incluso a cosas que no son malas. Pero sin seguir a Jesús no puede haber verdadera felicidad ni plenitud. En ese seguimiento, el amor a los demás y a uno mismo será verdadero, libre y pleno. Es renunciar para ganar. Morir para vivir.
Llevar la cruz significa desterrar la queja, descubrir que la vida está en manos de Dios. ¿Cuántas veces nos quedamos bloqueados pensando en lo mal que nos va y no somos capaces de seguir al único que puede sacarnos de ahí?
Jesús ha vencido al mal, incluso a la muerte. Si el camino pasa por la cruz, encontrarás la salvación y la vida siguiendo a Jesús, no lamentándote o buscando otros caminos.
Y ¿si las fuerzas fallan? Echa bien los cálculos, porque con Jesús no pueden fallar. Si los haces contando con tus solas fuerzas, fallarán. Si son cálculos humanos, fallarán. Pero si sigues a Jesús, el único que puede salvar, construirás tu casa y podrás vencer la batalla.
Jesús es el verdadero bien y descubrir esto hace que se pueda comprender el Evangelio de hoy. Jesús es tu salvación. Sólo desde ahí podrás disfrutar tu propia vida y todo lo que tienes y ser feliz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Martes 3 de noviembre

Martes, 3 de noviembre
Semana XXXI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El criado volvió a contárselo al amo.
Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Pistas: Jesús está comiendo en la casa de un fariseo con otros fariseos y personas importantes. Acaba de preguntarles si debe curar a un hombre en sábado y ante su silencio los deja en evidencia. También les ha hablado de la humildad como camino para entrar en el Reino de Dios, diciéndoles que busquen los últimos puestos, no los primeros. Les pone como ejemplo dar un banquete en el que inviten a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Ya que ellos no pueden agredecérselo, lo hará Dios.
Los fariseos estaban muy seguros de su propia salvación porque “cumplían” la ley. Sin embargo, Jesús les interpela constantemente. En el pasaje que hemos leído hoy les anuncia cómo ellos van a rechazar la invitación al banquete por andar a sus asuntos. Y que éste se va a extender a todos.
La invitación es para el que quiera aceptarla. Esto implica tener que cambiar de planes, elegir ir al banquete. No es para el más “digno” de ser invitado, sino para el que lo acepta, deja cosas, cambia de vida y va. Esta es una buena noticia: ¿te sientes indigno? ¿tropiezas muchas veces? ¿has vivido o tal vez ahora vives lejos de Dios? Que se llene la casa del banquete, hay sitio para ti. Sólo levántate y vete.
Tal vez tú seas de los que son enviados a los caminos a invitar. Si es así, no catalogues a nadie como indigno. Invita a todos, es para todos, para el que te cae bien y para el que te cae mal, para el que nunca invitarías también. Insísteles a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos (cuántos conocemos que van por la vida sin ver, sin caminar, sin fuerzas, sin nada de valor en su vida). Quizás la nueva evangelización también vaya por aquí, una Iglesia que acoja desde la verdad, empezando por los que están en los cruces de los caminos de la vida.
Todavía hay sitio, si estás lejos acepta la invitación y ven. Si estás invitando, no te canses, sigue, persevera.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 2 de noviembre

Lunes, 2 de noviembre
Conmemoración de los fieles difuntos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Pistas: ¿Cómo podemos saber el camino? ¿Habrá algo más? ¿Será bueno? No podemos entender, ni imaginar, la grandeza del Reino.
Jesús ha ido delante preparando el camino. Es más, Él mismo es el camino. No temas, no dudes. Cree. Sabemos que hay vida eterna porque Jesús ha ido delante.
Jesús es camino hacia Dios, porque en Él y cerca de Él puedes descubrir quién es Dios, encontrarte con Él, experimentarlo. Jesús es verdad, porque en Él puedes hallar la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre la existencia… Y es vida, porque da plenitud, porque a través de Él recibimos el Espíritu Santo que lo vivifica todo. Cristo no quedó vencido por la cruz, ni muerto en el sepulcro. Su palabra es verdad, encontrarse con Él es vida.
Acércate a Jesús y encontrarás el camino, encontrarás la verdad y tendrás vida plena que dura hasta la eternidad. Descubrirás el camino de vida, de luz, de esperanza y de alegría que es la fe en Jesús.

Relee el evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida