Martes 3 de noviembre

Martes, 3 de noviembre
Semana XXXI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El criado volvió a contárselo al amo.
Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Pistas: Jesús está comiendo en la casa de un fariseo con otros fariseos y personas importantes. Acaba de preguntarles si debe curar a un hombre en sábado y ante su silencio los deja en evidencia. También les ha hablado de la humildad como camino para entrar en el Reino de Dios, diciéndoles que busquen los últimos puestos, no los primeros. Les pone como ejemplo dar un banquete en el que inviten a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Ya que ellos no pueden agredecérselo, lo hará Dios.
Los fariseos estaban muy seguros de su propia salvación porque “cumplían” la ley. Sin embargo, Jesús les interpela constantemente. En el pasaje que hemos leído hoy les anuncia cómo ellos van a rechazar la invitación al banquete por andar a sus asuntos. Y que éste se va a extender a todos.
La invitación es para el que quiera aceptarla. Esto implica tener que cambiar de planes, elegir ir al banquete. No es para el más “digno” de ser invitado, sino para el que lo acepta, deja cosas, cambia de vida y va. Esta es una buena noticia: ¿te sientes indigno? ¿tropiezas muchas veces? ¿has vivido o tal vez ahora vives lejos de Dios? Que se llene la casa del banquete, hay sitio para ti. Sólo levántate y vete.
Tal vez tú seas de los que son enviados a los caminos a invitar. Si es así, no catalogues a nadie como indigno. Invita a todos, es para todos, para el que te cae bien y para el que te cae mal, para el que nunca invitarías también. Insísteles a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos (cuántos conocemos que van por la vida sin ver, sin caminar, sin fuerzas, sin nada de valor en su vida). Quizás la nueva evangelización también vaya por aquí, una Iglesia que acoja desde la verdad, empezando por los que están en los cruces de los caminos de la vida.
Todavía hay sitio, si estás lejos acepta la invitación y ven. Si estás invitando, no te canses, sigue, persevera.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.