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XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 6,24-35.

Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo llegaste?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello».
Ellos le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?».
Jesús les respondió: «La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado».
Y volvieron a preguntarle: «¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo».
Jesús respondió: «Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;
porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo».
Ellos le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
Jesús les respondió: «Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Viernes 10 de agosto

Viernes, 10 de agosto
San Lorenzo, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Caer en tierra y morir para dar fruto. Si la semilla quisiera estar en lo alto, si quisiera estar en el cielo, nunca podría dar fruto. Es necesario ser humilde, darse cuenta lo que uno es, caer a tierra (como cuando te arrodillas ante Dios) y morir. ¿Morir a qué? A amarse a uno mismo. Esto hay que entenderlo bien (porque los mandamientos nos mandan amar al prójimo como a uno mismo, nos mandan amarnos).
Vamos a explicarlo un poco. Aquí el amarse a uno mismo que Jesús rechaza es ponerse en el centro a uno mismo y sus deseos. Piensa, por ejemplo, en un padre que se ponga a sí mismo y sus deseos por delante de sus hijos y de su esposa ¿Podrá ser buen padre y buen marido o será un egoísta, irresponsable y hará daño a los que dice querer? O un estudiante, o un trabajador que pone por delante lo que le apetece antes que lo que debe hacer.
Morir a uno mismo es exigente, es duro, requiere disciplina y esfuerzo. Pero da fruto y es posible con la fuerza del Espíritu Santo. Jesús dice que el camino para poder hacer esto es aborrecerse a uno mismo, es decir, rechazar todo egoísmo y tentación mentirosa de falsa felicidad siguiendo los deseos y las pasiones.
El camino para lograrlo es seguir a Jesús y vivir en el amor como Él enseña. Él ha ido delante, Él va delante. En su palabra te enseña cada día qué hacer, cómo vivir, te enseña a vivir como discípulo suyo. Y esto hará que tu vida no sea estéril sino que dé mucho fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 9 de agosto

Jueves, 9 de agosto
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 10, 28-33
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».

Pistas: Vivir sin miedo. Nadie ni nada de este mundo podrá hacerte daño porque Dios está contigo, Él te cuida. Pero sí debes temer al que puede destruir con fuego, el demonio.
Jesús enseña que existe un ser espiritual malvado, que incita al mal y al pecado, y contra el que hay que luchar. Piensa cuántas veces en tu vida eres tentado, cuántas veces cuando las cosas van bien de repente surge algo que te lo pone difícil y parece que está hecho a propósito. Así que Jesús hoy nos dice que no tengamos miedo a las dificultades de esta vida, a los enemigos… Sólo al mal y al pecado, al fuego que puede destruirte (porque eso es lo que hace el pecado, prometer la felicidad y traer esclavitud, culpa y sufrimiento). Pero Jesús lo ha vencido, y sólo si tú le abres la puerta podrá influir en tu vida. Por eso, sé valiente, camina con Jesús, no te dejes seducir por el mundo y las pasiones.
Dios cuida de ti. Hay alguien que cuida de ti. No estás solo ni desamparado. No tengas miedo.
Jesús está de tu parte. Da igual lo que suceda. Si eres de los suyos, nunca te abandonará. Pero para ello tienes que quererlo, tienes que acogerlo. Eres libre y por eso, si le dices que no, Él no te va a obligar a nada. Libre para acogerlo o para rechazarlo, Jesús no usará la fuerza para hacerse presente en tu vida sino que eres tú el que debes tomar una decisión.
Tú ya le estás diciendo que sí cada día al rezar. Deja que esto se trasluzca en tu vida, reza y pide fuerzas para ser fiel. Y no tengas miedo, Dios cuida de ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 8 de agosto

Miércoles, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán, presbítero.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. El no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Una mujer cananea, extranjera. No pertenecía al pueblo elegido y era de un pueblo pagano. Se acerca a Jesús y Él la ignora. Es sorprendente esta actitud de Jesús. Pero ¿no hemos tenido todos esa experiencia en nuestra vida? Parece que Jesús ni nos oye, ni quiere hacerlo. Incluso los discípulos interceden por ella (como cuando pedimos a los demás que recen por nosotros o por nuestras necesidades). Pero Jesús sí la escucha. Ella persevera porque cree en el poder de Jesús. Y su fe es tan grande que supera todas las dificultades.
Tuvo que ser muy impactante para los discípulos este milagro de Jesús. Por dos motivos: porque era una extranjera y por la fe que demostró. Ellos muchas veces dudan, como en el milagro de los panes o Pedro hundiéndose en el agua. Pero aquella mujer de un pueblo pagano, responde con humildad, con absoluta confianza en Jesús a pesar de que todo indica que no va a ser escuchada.
Ahora, si quieres, revisa tu fe a la luz de este Evangelio ¿Qué te dice hoy la Palabra de Dios? ¿desistes de la oración cuando crees que Jesús no te ha escuchado? ¿tu fe se alimenta día a día, eres constante en tu relación con Jesús? Y ora con lo que el Espíritu Santo ponga en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 7 de agosto

Martes, 7 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.
De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. El le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Después de hacer algo extraordinario (dar de comer a una multitud con cinco panes y dos peces), Jesús se retira en soledad a orar. Y así actúa siempre, en toda situación. En las exitosas y en las difíciles. La oración le guía, le alimenta, le sostiene… Y tú, en tu vida cotidiana, en tu comunidad o parroquia ¿haces esto?
Los discípulos se adelantan en barca, y ésta es zarandeada por el viento, que les era contrario. Y la barca de tu vida, la barca de tu comunidad, la barca de la Iglesia ¿cuántas veces navega con el viento en contra? Y cuando más oscuro es todo, aparece Jesús. A veces cuesta reconocerle. Pero Jesús no te va a dejar perdido en tus dudas. “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”
Y ¿cuál es la reacción de los discípulos? Pedro, por decirlo así, reta a Jesús. Si eres tú, que camine sobre el agua. Si eres tú, que lo imposible, que lo que veo en ti Jesús (que es imposible desde la mera lógica humana) se haga posible en mí. Y Pedro camina sobre el agua.
En aquella situación en la que el viento daba miedo, aparece Jesús y todo cambia. Incluso en medio del viento, en la situación difícil, Pedro puede caminar sobre el agua, puede hacer lo que Jesús hace. Y cuando flaquea, entonces, Jesús le coge de la mano y le salva.
El viento amaina. Pero ¿quién es este hombre? ¿quién es Jesús? ¡Las cosas que es capaz de hacer! Le han visto actuar, pero eso no es suficiente: tienen que creer. Y si tú te arriesgas a tener fe ¿qué sucederá? Aquellos hombres confiesan: “Realmente eres Hijo de Dios”.
Y Jesús continúa su obra. Anuncia el Evangelio, cura a los enfermos, expulsa demonios…
Tienes muchas cosas con las que orar en este Evangelio, vuelve a leerlo y quédate con la que te toque el corazón. Pide, da gracias, da un paso de fe, salta al mar, o deja que Jesús suba a la barca… ¿Qué te dice hoy el Señor?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 6 de agosto

Lunes, 6 de agosto
La transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.
Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús:«Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía.
Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:«No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».

Pistas: El relato que acabas de leer está lleno de simbolismo. Suben a la montaña, lugar de las teofanías (manifestaciones) de Dios en el Antiguo Testamento. El blanco y la luz simbolizan la divinidad. Elías y Moisés, profecía y ley, el Antiguo Testamento.
Jesús les muestra su divinidad, pero ellos todavía no están listos para entender qué significa y no podrán comprenderlo plenamente hasta que Jesús muera y resucite. Les hace entender que en Él alcanza plenitud todo lo que Dios había mostrado en el Antiguo Testamento, con los profetas y la ley. Y les prepara para lo que vendrá después, en el horror de la pasión y muerte en la cruz.
¿Quién es Jesús? El Evangelio de hoy te invita a hacer un camino: es el Hijo, escúchale. Te invita a recorrer el camino de conocerle y escuchar su palabra.
El encuentro con el Resucitado y la venida del Espíritu Santo les permitirá poder entender lo que nos cuenta el Evangelio de hoy. También a ti te permitirá descubrir que el hombre Jesús, es más que un mero hombre, es el Hijo de Dios hecho hombre, que ha venido a revelarnos quién es Dios y cómo es. Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios. Por eso lleva a plenitud el Antiguo Testamento.
Y para ello te invito a que te hagas la pregunta: ¿quién es Jesús? Y también a que lleves a cabo lo que te dice el Evangelio de hoy: «Este es mi Hijo amado, escuchadlo».

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 5 de agosto

Domingo 5 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.”» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: ¿Cuál es el trabajo que Dios quiere de ti? Que creas en Jesús. La moral, la actividad pastoral, “ser buenos”, hacer cosas por Dios… Todo esto tiene que nacer de la fe en Jesús. Y esto, como nos enseña día a día el Evangelio, significa establecer una relación personal con Jesús. No vale sólo con hacer cosas en la Iglesia o tener una ideología cristiana. La obra que Dios quiere es que tengamos fe, porque de ahí nacerá todo lo demás.
Ser cristiano no es ser bueno, sino que querer ser bueno (querer parecerte cada día más a Jesús) es la consecuencia de vivir como discípulo de Jesús y de creer en Él. Si la fe se convierte en una ética, en unos valores o ideas, se despoja de lo que le da realmente sentido, que es descubrir a Jesús, quién es, su amor y su salvación.
Buscan a Jesús por interés (acababan de ver cómo daba de comer a una multitud con unos pocos panes y peces), pero la respuesta que Él les da va más allá. También esto es aplicable a nosotros, que a veces buscamos a Dios porque le necesitamos, porque atravesamos una situación difícil o por lo que sea. Y cuando le encontramos la respuesta de Jesús es dar vida, dar mucho más de lo que puedes pedir, desear o buscar. Jesús da vida, da plenitud, es la respuesta a las inquietudes del corazón del hombre. Acércate a Jesús en este día y encontrarás mucho más de lo que necesitas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 4 de agosto

Sábado 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Fíjate lo poco que ha cambiado el mundo en tantos siglos: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy. Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos aunque sean deleznables, antes que la vida de una persona.
Así funciona siempre el pecado, promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones y felicidad momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento o arrepentimiento no le ayuda a salir de su situación, sino que se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida. Este Evangelio te ofrece la oportunidad de poner la luz de la Palabra de Dios en tu vida, ver qué camino estás eligiendo y darte cuenta de que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará. Serás libre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 3 de agosto

Viernes, 3 de agosto
XVII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: Les faltaba fe. ¿Por qué? Porque creían conocer a Jesús, creían saber lo que se podía esperar de Él, lo que Jesús podía saber y hacer. Y aunque hace milagros y actúa con sabiduría y poder delante de ellos, no son capaces de confiar y descubrir quién es. Y esto impide que pueda hacer más, porque su fe es poca.
Vamos a traducir esto a nuestros días. ¿Cuántas veces nuestros prejuicios sobre la Iglesia (que continúa la obra de Jesús) o nuestra manera de entender la fe nos impiden crecer y ver actuar el poder de Dios en nuestra vida? ¿Cuántas veces al leer el Evangelio piensas que es muy bonito, pero que estas cosas no son para ti? El Evangelio de hoy te invita a dejarte sorprender, a creer que es posible lo que la Palabra de Dios anuncia. Te invita a conocer a Jesús más allá de tus propios prejuicios o de la imagen de Él que te han enseñado o que te has formado. Porque en realidad en eso consiste una relación: en dejarse asombrar, en conocer, amar, descubrir, confiar… ¿Cuántas veces los que somos de Iglesia (los que creemos conocer a Jesús) nos acomodamos y nuestra fe se vuelve mera religiosidad o tradición?
Si quieres ver las maravillas de Dios, si quieres que Jesús actúe en tu vida y a través de ti, déjate sorprender. El Evangelio de hoy te invita a pedir más fe, a mirar más allá de tus ideas, a buscar y a que abras la puerta a Jesús y dejes fuera los prejuicios. A conocerle estando con Él, no sólo por lo que sabes o te cuentan. Por eso, una vez más reza, rézale a Jesús, pasa un rato con Él y que por tu fe puedas ver las maravillas de Dios en tu vida y en el mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 30 de julio

Lunes 30 de julio
San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas. Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente. Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Pistas: Lo que parece pequeño e insignificante se hará fuerte y capaz de albergar y proteger la vida. La levadura, que no se nota y es suficiente con poca cantidad, con su sola presencia transformará las cosas.
¿Qué nos enseñan estas parábolas? En lo pequeño de tu vida, en tu presencia aparentemente insignificante en la sociedad, se marca la diferencia. A veces pensamos que será en lo extraordinario, en lo que sobresale, que el éxito y lo que es más visible será lo que transforme las cosas. Pero el mensaje de Jesús es otro. Piensa en tu vida ¿qué importancia le das a lo pequeño, a lo cotidiano, a tu forma de afrontar las cosas de cada día? Y ¿te desanimas porque te parece que es imposible transformar las cosas?
Sólo sembrando lo pequeño sucederán cosas grandes. Sólo hace falta un poco de levadura para que toda la masa fermente. Pero la semilla tiene que ser semilla, y la levadura, levadura. Es decir, hace falta vivir lo que dice el Evangelio de hoy para que se cumpla lo que Jesús promete.
Relee el Evangelio pensando en tu vida y en tu parroquia o comunidad. Deja que la Palabra de Dios te dé luz y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.