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Martes 28 de agosto

Martes, 28 de agosto
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Pistas: Lo externo sin cambio interior no es más que una mentira disfrazada y no sirve para nada. El mero cumplimiento y la apariencia son hipocresía, ceguera y llevan a una autojustificación que no es compatible con seguir a Jesús.
Podríamos acercar más las palabras de Jesús a nuestros días poniendo ejemplos: el que paga la cofradía y va a las procesiones en Semana Santa, pero su corazón está lejos de Dios y de todo lo que significa ser discípulo suyo. O el cura que tiene actitudes piadosas en su parroquia y guarda las apariencias, pero en su vida personal no vive lo que predica. O el que se preocupa de que la iglesia esté bonita o canta en el coro parroquial o es catequista… pero su corazón va por otro lado.
Piensa si tienes algo de esto en tu vida. Piensa desde la responsabilidad que tienes en la Iglesia, en tu comunidad, en tu familia o entre tus amigos. ¿Te fijas más en lo externo que en dejarte transformar el corazón por Dios y vivir desde el interior? ¿Vives de las normas externas, pero te olvidas de amar y ser coherente con tu fe?
Deja que Jesús limpie tu interior. Fíjate que dice: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”. Por eso, no permitas que lo superficial, las apariencias, lo exterior se conviertan en el centro de tu vida. Vive desde el corazón. Deja que tu corazón esté habitado por el Espíritu Santo y verás como todo se transforma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 6,60-69.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: «¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?».
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: «¿Esto los escandaliza?
¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes?
El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.
Pero hay entre ustedes algunos que no creen». En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: «Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?».
Simón Pedro le respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna.
Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios».

Domingo 26 de agosto

Domingo, 26 de agosto .

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: Seguir a Jesús, creer y fiarse de Él. Después del discurso del Pan de vida, en el que Jesús habla de su origen (Pan bajado del cielo), de su destino (Pan que se entrega), de su sacrificio redentor (comer su carne y beber su sangre), a algunos les resulta duro lo que Él propone. Ya no quieren seguirle y llegar a descubrir el alcance de estas palabras.
Jesús da una clave hoy para cuando vacile tu fe, cuando no entiendas o tengas dudas: pídele a Dios. Porque dice: “nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. La fe es un don, seguir a Jesús es un don, un regalo que Dios hace. Sólo es posible por la acción del Espíritu Santo en nuestro interior, que nos hace capaces de conocer a Jesús, de seguirle y vivir como discípulos suyos.
Pero también es una elección. Y por eso muchos se fueron. Jesús pregunta a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Eres libre, es decisión de tu voluntad y libertad seguir o no a Jesús, buscar la verdad, hacer tuya la fe en Él. Jesús no se abrirá paso a la fuerza.
La conclusión de Pedro es: ¿A quién acudir? Sólo en Jesús hay palabras de vida eterna. Creemos y sabemos que Jesús es el prometido, el Mesías. Es una confesión de fe… Pero tendrán que seguir el camino con Jesús para poder experimentarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 25 de agosto

Sábado, 25 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Pistas: Jesús critica a los que tienen el deber de enseñar la Ley. No son coherentes. Tampoco les importan los demás. Pero sí los honores, los reconocimientos, los puestos, la imagen…
Quizás al leer esto te vengan a la mente personas concretas. Pero Jesús no dice esto para señalar a los que lo hacen mal, sino para enseñar a los que quieren ser sus discípulos. No puede servir de excusa la soberbia o los pecados de los que ocupan puestos de responsabilidad en la comunidad, en la Iglesia… para dejar de hacer la tarea que tienes encomendada. Si tienes alguna misión en la Iglesia o si eres el creyente de tu grupo de amigos es una buena ocasión para que te preguntes: ¿me parezco en algo a los que critica hoy Jesús?
La propuesta de Jesús es: Tú, en cambio, considérate igual a los otros, no dejes que te pongan por encima. No te endioses porque el que tiene que ocupar el centro es Dios, al que hay que seguir es a Jesús (no a ti, ni a ésta o aquella persona). Al que tienes que buscar, y ayudar a que los demás busquen es a Jesús.
Si quieres ser grande, si quieres hacer cosas grandes, si quieres ser importante, sigue a Jesús: Él amó, sirvió, se entregó, se humilló y ahí nos mostró la mayor grandeza, la mayor victoria. Fue elevado, glorificado, el primero en vencer la muerte, el hombre lleno de Espíritu Santo… Sigue a Jesús y aprende a ser como Él. Éste es el camino que te propone la Palabra hoy: lo importante no es la puesta en escena, sino lo que vives en tu interior, la relación que mantienes con Jesús Y esto es lo que te hará verdaderamente grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

El sáb., 25 ago. 2018 a las 2:11, Edu J. del Valle () escribió: Sábado, 25 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Pistas: Jesús critica a los que tienen el deber de enseñar la Ley. No son coherentes. Tampoco les importan los demás. Pero si los honores, los reconocimientos, los puestos, la imagen…
Quizás al leer esto te vengan personas concretas a la cabeza. Pero Jesús no dice esto para señalar a los que lo hacen mal, sino para enseñar a los que quieren ser sus discípulos. No te puede servir de excusa la soberbia o los pecados de los que ocupan puestos de responsabilidad en la comunidad, en la iglesia… Si tienes alguna misión en la iglesia o si eres el creyente de tu grupo de amigos es una buena ocasión para que te preguntes: ¿me parezco en algo a los que critica hoy Jesús?
La propuesta de Jesús es: Tú, en cambio, considérate igual a los otros, no dejes que te pongan por encima. No te endioses porque el que tiene que ocupar el centro es Dios, al que hay que seguir es a Jesús (no a ti, ni esta o aquella persona). Al que tienes que buscar y ayudar a que los demás busquen es a Jesús.
Si quieres ser grande, si quieres hacer cosas grandes, si quieres ser importante, sigue a Jesús: Él amó, sirvió, se entregó, se humilló y ahí nos mostró la mayor grandeza, la mayor victoria, fue elevado, glorificado, el primero en vencer la muerte, el hombre lleno de Espíritu Santo… Sigue a Jesús y aprende a ser como Él, este es el camino que te propone la Palabra hoy. Y esto es lo que te hará verdaderamente grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Viernes 24 de agosto

Viernes, 24 de agosto
San Bartolomé, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: Leemos hoy en la fiesta de San Bartolomé este pasaje del Evangelio de San Juan.
Un anuncio: hemos encontrado al Mesías. Una duda: ¿de Nazaret? Una invitación: “Ven y verás». Y un encuentro que lo cambia todo.
Natanael (Bartolomé) descubre quién es Jesús cuando se encuentra y dialoga con Él. Es curioso cómo se produce la conversación. Primero Jesús le habla de quién es el propio Natanael (un israelita en quien no hay engaño). Jesús le conoce y le ve. Cristo toma la iniciativa.
Esto mismo sucede en el encuentro con Jesús que despierta la fe: Hay un proceso en el que la persona descubre quién es, se conoce mejor a sí mismo. Y otro en el que se comprende que Jesús es el Maestro, el Hijo de Dios, el Mesías prometido.
Y Jesús termina repitiendo la invitación: “Ven y verás”, “has de ver cosas mayores”. Porque la fe es un proceso, un camino, una relación.
Este relato es también una pista para aprender a evangelizar. Felipe cuenta lo que él ha descubierto, escucha lo que Natanael le dice, lo invita a que se encuentre con Jesús (no quiere convencerlo con argumentos y discusiones porque sabe que la verdad de quién es Jesús le convencerá). Y todo sucede en este encuentro. Si has encontrado a Jesús, aquí tienes unas pistas para llevarlo a otros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 23 de agosto

Jueves, 23 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían.Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
Fíjate que la parábola es para los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta.
La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen. No quieren, no se lo merecen.
Todos son invitados, da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí está una clave de esta parábola: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas, tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 22 de agosto

Miércoles 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María Reina

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: La novedad del camino que Jesús propone es sorprendente. Entrar en el Reino significa participar de pleno de la recompensa porque Dios es bueno.
Para rezar puedes fijarte en la bondad de Dios, que te invita constantemente a su Reino. Aunque a veces te despistes y andes a tus cosas. Eres invitado a no quedarte al margen, sino a implicarte, esforzarte, entregarte.
Si llevas tiempo comprometido en la Iglesia también puedes pensar en qué te pareces a los del Evangelio de hoy. ¿Esperas recompensas, crees que mereces más que los demás? No se trata de quién llegó antes o qué hacen otros, sino de que para ti Dios sea lo primero.
Jesús nos enseña que participar en el Reino significa entrar en la misericordia de Dios. Y ésta es pura gratuidad. Lee la Palabra de Dios y pregúntate qué te dice hoy, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Marte 21 de agosto

Martes, 21 de agosto
San Pio X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: Las riquezas, lo material, el poder… se convierten en ídolos, en lo más importante de la vida de muchas personas y a veces en lo único que les mueve. Ocupan el lugar de Dios.
Para la mentalidad judía, la riqueza era signo de la bendición de Dios. Pero Jesús quiere enseñar otro camino. Ni siquiera sus propios discípulos son capaces de entenderlo. ¿Cuál será nuestro premio? le preguntan a Jesús. Él no les engaña, les promete una gran recompensa. Pero el camino es no tener el corazón apegado a lo material, a las cosas, al poder, a lo que puede dar la riqueza. La clave es seguir a Jesús. Y ahí se encontrará la vida, la verdadera riqueza. Por ahí entrarás en el Reino de los Cielos.
Así se entiende la conclusión del Evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Mira tu vida a la luz del Evangelio ¿Qué lugar ocupan las riquezas y qué implican en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Dios y qué supone en tu vida? Y recuerda que la clave es seguir a Jesús. ¡Acércate a Él en este tiempo de oración!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Lunes 20 de agosto

Lunes 20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?
Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: “Uno solo es Bueno”. Ni tú ni yo podremos ser buenos, sólo Dios es bueno. En este diálogo Jesús enseña que no puedes ganar la vida eterna porque sólo Dios es bueno. Por eso para Jesús la cuestión no es ser bueno.
“Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Jesús concreta algunos porque recuerda que los judíos tenían muchas normas y preceptos. Jesús invita a un estilo de vida.
Pero eso no basta. Si quieres llegar hasta el final, si quieres vivir lo más plenamente posible tu vida, Jesús te invita a renunciar, a entregarte a los demás y seguirle.
Una religión de cumplimiento es relativamente fácil: cumplir unos mínimos. Pero puede acabar siendo simplemente guardar las formas, vivir para la galería, sin profundizar en nada. Jesús propone otra cosa, ni siquiera ganar el cielo por ser bueno, sino desprenderse de las cosas de este mundo pensando en los demás. Así tendrás un tesoro en el cielo y podrás seguirle a Él.
La vida de mínimos, de cumplimiento, de ser simplemente bueno, no conduce a la felicidad: «El joven se fue triste». ¿Quieres ser feliz? ¿Te atreves a seguir a Jesús y vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 19 XX del tiempo ordinario

Domingo 19 de agosto
XX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último dia. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Pistas: Continuamos un domingo más leyendo el discurso del Pan de vida.
¿Quién es Jesús? Es el pan que baja del cielo y por eso da vida. Es el Pan que se entrega y así se convierte en vida del mundo. Y habla de la Eucaristía y de una relación que une de tal modo que Jesús habita en ti y tú en Él. Éste es el tipo de relación que Jesús quiere crear con sus discípulos. Y la vida que Jesús da no se refiere solo a este mundo, sino que se abre a la eternidad.
Reza con este Evangelio. Hoy en misa piensa lo que significa la Eucaristía que vas a recibir. Toma conciencia de su grandeza. Es vida, es entrega, es amor, es para siempre. Es Jesús que habita en ti, que te lleva al Padre y te pone en relación con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.