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Jueves 6 de septiembre

Jueves, 6 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios,estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red.
Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Pistas: Te propongo un ejercicio con este Evangelio: imagínalo como si fuera una escena de una película, como si lo estuvieras viendo. Métete en ella: ¿Qué pueden sentir? ¿Qué pueden pensar? Métete en la piel de Jesús, de Simón (Pedro), en la de Santiago y Juan. Fíjate en los detalles: Jesús se hace presente en lo cotidiano (vienen de trabajar). Simón ya tenía que ser amigo de Jesús para dejarle subir a su barca: ¿qué significará eso? Ve a Jesús enseñar. Se fía de Jesús (rema mar adentro y echa las redes). Por su palabra, no por propio convencimiento, por fe Simón obedece. Y ve cosas extraordinarias. Se siente indigno. Y Jesús llama a ese hombre a seguirle y le da una misión. Le hace darse cuenta de que el camino es otro, de que la tarea es importante y de que no importa quien seas, ni los cargos o prebendas, sino querer caminar al lado de Jesús.
Ahora lee el Evangelio y si quieres haz lo que te he propuesto. Cuando estés imaginando, algo te llamará la atención, tocará tu corazón, te surgirá una idea… Párate, reza con ello, deja que Dios te inspire y te hable. Y háblale tú a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 7,31-37.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Abrete».
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Martes 4 de septiembre

Martes, 4 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús le intimó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: Jesús no sólo enseña palabras e ideas. Tiene autoridad porque ésta realiza lo que dice y anuncia. Su palabra es poderosa para vencer al mal. El demonio no la soporta. Hasta él tiene que obedecerla. Y ya no puede hacer nada, se calla y se marcha. Ya no tiene poder en la vida de las personas.
Hay autoridad en la Palabra de Jesús, hay autoridad en su presencia. Por eso los cristianos no podemos vivir acobardados ante el mal, ya que Dios está de nuestra parte. Y Él venció para que tú obtuvieras la salvación.
Piensa en tu vida, en las situaciones de mal que encuentras y reza con este Evangelio. Si crees, verás actuar el poder del Espíritu Santo, el mismo que actuaba en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 3 de septiembre

Lunes 3 de septiembre
San Gragorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Jesús mismo se cumple. Es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (hace referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Y les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle. Dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle. Y, por último, echarlo fuera de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra, intentar acabar con Él.
Jesús es la salvación. Y la ofrece a todos. No sólo a los que se supone que la pueden merecer o creen tener derecho a ella (fíjate los ejemplos que pone Jesús). También a ti te la ofrece hoy y te invita a creer en Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de septiembre

Domingo, 2 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio segun san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
—«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» Él les contestó:
—«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.»
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
—«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Pistas: ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios?
Jesús lucha contra una religiosidad superficial encerrada en tradiciones y normas. Lucha contra una religiosidad que hace sentirse bueno y justo aunque no se sea realmente fiel a Dios, ni se ame al prójimo. Lucha contra la hipocresía de parecer religioso aunque el corazón esté lleno de cuestiones que entorpecen ese camino.
Puedes preguntarte si te pareces en algo a los fariseos del Evangelio: ¿A qué me aferro yo? ¿qué me sirve de excusa para estar estancado y ser conformista en mi vida de fe? Hoy Jesús te propone mirar tu interior y dejar que Dios te cambie el corazón.
Fíjate en la lista de maldades que da Jesús hoy. Puede ser una buena ocasión para hacer examen de conciencia ¿tengo algo de eso en mi vida? Pero no temas, si te llenas del Espíritu Santo, las obras que saldrán de tu corazón serán las del Espíritu.
Ahora vuelve a leer las primeras preguntas ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios? E intenta vivir como enseña el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 1 de septiembre

Sábado, 1 de septiembre

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados; y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: ¿Y cómo hubiese sido el final de la parábola si alguno de los que negocian con lo que le dio el Señor hubiera fracasado?. Pero no se puede fracasar, porque la gracia de Dios, los dones de Dios, dan fruto siempre y tienen un premio asombroso. Tal vez haya que luchar mucho, convertirse, caerse y levantarse… pero al final dará fruto. La única manera de que esto no suceda es enterrar lo que Dios te quiere regalar y dedicarte a tus asuntos. ¿A qué dedicó el tiempo el que tuvo miedo y enterró el talento? Los otros emplearon su tiempo y esfuerzo en trabajar con lo que tenían.
“Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Esta frase parece tremendamente injusta y sorprendente en boca de Jesús. Pero si piensas en la enseñanza de Jesús, promete que con Él hay plenitud y lejos de Él sólo la oscuridad del pecado y la desesperanza del sinsentido… Por eso, si acoges la gracia de Dios, si haces fructificar lo que Dios te regala, cada vez tendrás más. Porque cada vez profundizarás más en tu relación con Él y te llenarás más del Espíritu Santo. Incluso si te caes, te levantarás por su misericordia. Pero si eliges enterrar la fe, vivir lejos de Dios, andar a tus cosas… acabarás por perder hasta lo que crees tener.
Este Evangelio te pone ante una elección: poner a actuar la gracia de Dios en tu vida o enterrarla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 31 de agosto

Viernes, 31 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco».
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hablar de la perseverancia, de estar vigilantes, de no acomodarse, forma parte de la predicación de Jesús. Y vemos cómo hace hincapié en ello.
Hoy sucede con esta parábola, en la que puede parecernos injusta o insolidaria la actitud de las sensatas. Pero la clave de la misma es no dejar que la llama se apague.
La llama de la fe, de la esperanza, del amor… Hace falta tener aceite suficiente para que ardan. Piensa ¿qué aceite falta en tu vida? Oración, sacramentos, comunidad, acompañamiento, compromiso… Éste es el aceite que mantiene encendida la llama de la fe, el que te va a permitir reconocer a Jesús (al novio) y con el que al final podrás entrar al banquete (al Reino y a la vida eterna).
Jesús nos pide estar vigilantes y tener la lámpara encendida. Si recuerdas, hace pocos días el Evangelio nos subrayaba que no se puede vivir de cualquier modo, que no todo da igual, que las acciones tienen consecuencias. Hoy Jesús te anima a que no dejes que se extinga en ti la llama de la fe. Ora con esta parábola y deja que la palabra de Dios te dé luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 30 de agosto

Jueves, 30 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Después del discurso a los fariseos y letrados, en el que les reprocha su hipocresía y su doble vida, Jesús habla a sus discípulos. Con un mensaje que indica la urgencia de seguirle: “Estad en vela”, “estad preparados”. Es una invitación a vivir como discípulos suyos, sin dejar pasar el tiempo.
Fíjate cómo resalta Jesús la seriedad de nuestra libertad, de las decisiones que tomamos y de cómo vivamos. No es lo que aparentes ser, sino lo que eres realmente. Y por eso, ahora es el momento de vivir en plenitud. Porque cómo vivas tendrá consecuencias. Puede ser un camino de realización de tu vida o el que desemboque en la frustración más absoluta: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Relee el Evangelio pensando en tu propia vida. Si la estás dejando pasar o si estás tomando las riendas de ella. Si te dejas llevar por lo pasajero o inviertes en lo eterno. Piensa en la seriedad de las palabras de Jesús de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 29 de agosto

Miércoles, 29 de agosto
El martirio de San Juan Bautista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. Enseguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: El pecado envuelve, atrapa, enreda… y roba la libertad, roba la capacidad de buscar el bien. Crea la impresión de que se es poderoso, da satisfacciones y placeres momentáneos. Da sensación de que se tiene el control y convierte el propio criterio en lo que decide el bien y el mal.
Fíjate en el relato que acabas de leer: cuánto sufrimiento se causa, qué estructura social crea, cuántas injusticias genera. Promete construir y destruye, promete libertad y esclaviza, promete alegría y placeres y trae tristeza y sufrimiento, promete vida y trae muerte.
Jesús propone otro camino. Lo vas descubriendo cada día en la oración. ¿Qué mundo quieres construir? ¿qué estilo de vida quieres? ¿el de los personajes del Evangelio de hoy o el de Juan Bautista, el de Jesús, el de sus discípulos? La respuesta te tiene que llevar a romper la telaraña del pecado, a convertirte cada día a Jesús viviendo en la verdad, a no permitir que el mal te envuelva, a que tus intereses y placeres no se conviertan en el centro. Jesús ha venido a hacernos libres. Acércate a Él y encontrarás luz y fuerza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 7,1-8.14-15.21-23.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;
y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?».
El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres».
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre».