Evangelio según San Marcos 1,12-15.
En seguida el Espíritu lo llevó al desierto, donde estuvo cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre las fieras, y los ángeles lo servían.
Después que Juan fue arrestado, Jesús se dirigió a Galilea. Allí proclamaba la Buena Noticia de Dios, diciendo: «El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia».
Lunes 15 de febrero
Lunes, 15 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: ¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Pistas: Pero ¿no ven? ¿qué más signos quieren? Curaciones, exorcismos, multiplicación de panes y peces, resucita muertos, habla con autoridad… Y le dicen que quieren “un signo del cielo”.
Tienen los ojos cerrados. Los fariseos, los que supone que deberían descubrir antes a Jesús porque son personas religiosas que conocen la Ley y quieren vivirla, le piden un signo. Están ciegos: los intereses, las tradiciones, la imagen, el poder… incluso la religión, se convierten en ídolos y les impiden ver la verdad. A quien ellos buscan, en quien ellos quieren creer, se revela en Jesús y su vida. Sus acciones son el signo del cielo. Pero ni siquiera cuando después de morir en la cruz resucita, quieren creer.
La pregunta más importante es: Y tú ¿ves los signos de Dios, la presencia de Jesús en tu vida? ¿o también quieres que Dios haga las cosas a tu manera? Abre un poco los ojos, mira a tu alrededor y mira en tu corazón. Y si estás dispuesto a ver la verdad no tardarás en encontrar a Jesús. Encontrarás su luz en medio de todo. Y no necesitarás más signos.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Domingo 14 de febrero
Domingo, 14 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario, ciclo b
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: —«Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: —«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Pistas: Ser leproso en tiempo de Jesús, en la cultura judía, significaba tener que dejar todo, ser expulsado, ser un apestado, un impuro. Casi un maldito. Lejos de la gente, de la familia, sin futuro y sin esperanza. Si alguien se acercaba tenían que ahuyentarlo gritando: “¡impuro!”.
Entendemos esto perfectamente en estos tiempos que vivimos. Si se presenta alguien en una reunión y nos dice que tiene Covid… piensa cuál sería tu forma de actuar.
Jesús toca al hombre que se le ha acercado. No lo cura desde lejos. Se implica, se acerca, le toca. Siente lástima de él. Y por su palabra: “quiero”, el hombre queda limpio. Inmediatamente.
Y ¿nuestras lepras? ¿pecados, pobrezas, debilidades? ¿y las lepras de este mundo?
El leproso hizo una oración: “si quieres, puedes”. Se acercó, se arrodilló, le suplicó… y Jesús le dio una nueva vida, una nueva oportunidad, un futuro.
El Evangelio de San Marcos recoge esta actitud de Jesús de mandar callar a los que cura. No quiere que se confunda su mesianismo con un curandero, ni convertir en el circo del éxito sus “triunfos” sobre la enfermedad, el sufrimiento o el demonio. Jesús lo enfoca de otro modo. Se trata de acercarse a Dios, de acoger el Reino, de amar al Padre.
Casi nunca le sale bien porque ¿cómo vas a callarte si Jesús te da otra oportunidad? Si dejas de estar condenado, sin futuro, sin esperanza ¿cómo no contarlo?
Mira tu vida, mira tu mundo, ¿necesitas acercarte a Jesús? “Si quieres, Jesús, puedes limpiarme”.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Sábado 13 febrero
Sábado, 13 febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 8, 1-10
Uno de aquellos días, como había mucha gente y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima de esta gente; llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer, y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le replicaron sus discípulos: ¿Y de dónde se puede sacar pan, aquí, en despoblado, para que se queden satisfechos? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Ellos contestaron: Siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo: tomó los siete panes, pronunció la Acción de Gracias, los partió y los fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces: Jesús los bendijo, y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha, y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas; eran unos cuatro mil. Jesús los despidió, luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.
Pistas: Jesús da de comer a una multitud con unos pocos panes y peces. Y además sobra.
Vamos a fijarnos en algunos aspectos. Jesús siente lástima de los que le siguen y necesitan alimento para continuar el camino. Sus discípulos dan lo poco que tienen a Jesús. Y Él obra el milagro. Era imposible que sucediera, que llegase para tanta gente. Y, sin embargo, cuando Jesús lo toma se multiplica y llega para todos. Y no de un modo rácano, racionado o limitado, sino que “la gente comió hasta quedar satisfecha”.
Esto mismo lo puedes leer en clave espiritual. Los que están con Jesús necesitan alimento y fuerzas para su día a día. Y eso sale de lo que sus discípulos le entregan. También simboliza la Eucaristía el pan que nosotros presentamos y se transforma en alimento que sacia y fortalece.
Lo poco que puedes darle a Dios Él lo multiplicará hasta un nivel que no puedes ni imaginar. ¿Le ofrecerás a Jesús todo (aunque sea poco) lo que tienes? ¿Le dejarás que Él lo multiplique?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida
Viernes 12 de enero
Viernes, 12 de enero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Pistas: Jesús está en la Decápolis, en tierra de paganos. Hoy le acercan un sordomudo, y no sólo no lo rechaza, sino que lo cura de un modo sorprendente. Es como si quisiera ir más allá. Le piden que le imponga las manos y podemos decir que Jesús entra en sus problemas: sus oídos y su lengua. Le toca, ora y el hombre queda sanado completamente: “Hablaba sin dificultad”.
Va quedando clara la apertura de la Buena Nueva a todos los hombres, sin distinción (al final del Evangelio será un pagano el que al pie de la cruz confiese: «Realmente este hombre es Hijo de Dios»).
Fíjate en cómo hace las cosas Jesús. Si le pides que entre en tu vida, no hará las cosas a medias. No es un barniz superficial lo que hace. Si dejas que toque tu debilidad, Él te salvará. Quizás necesites apartarte un poco de la gente y dejar que te saque de la rutina, el ruido… para poder estar con Él. Tendrás que fiarte y creer en Él, aunque como la mujer de ayer te parezca una respuesta extraña, aunque haga las cosas no del modo que tú esperas… Pero la recompensa será grande, porque todo cambiará. Serás libre de lo que te impedía conocer a Dios. Y entrarás en relación con Él y de un modo nuevo con los demás.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Jueves 11 de febrero
Jueves, 11 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 24-30
En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.
Pistas: ¿Por qué trataría Jesús así a esta mujer? Sus discípulos quizás pensasen que una extranjera no merece la salvación de Dios ¿pero Jesús?
Por encima de todo, destaca en este Evangelio la fe de la mujer. Vence todas las dificultades, encuentra a Jesús que sabe que la salvará, supera su aparente indiferencia y cree en su palabra. No necesita que Jesús vaya con ella para garantizar el milagro, sino que cree en su palabra y su poder ¡Qué grande es su fe!
Contra toda esperanza, su oración es escuchada. Los extranjeros según la mentalidad judía no merecían la salvación de Dios. Así que los judíos tenían prohibido hablar con esta mujer. Y, sin embargo, Dios escucha su oración ¡Qué lección sería para los discípulos la fe de aquella mujer! ¡Cuánto abriría su mente ver que Dios salva a todos! Sus discípulos pueden así entender mejor a Jesús, ver cómo la salvación se abre a todos los hombres.
Y ahora puedes mirar tu vida, tu fe. Aunque te sientas extranjero, aunque parezca que Dios no te contesta y algunos te digan que no es para ti la salvación… Si te acercas a Jesús con fe, encontrarás lo que sólo Él te puede ofrecer.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Martes 9 de febrero
Martes, 9 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 1-13
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras (es decir, sin lavarse las manos) (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas) Según eso, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus discípulos la tradición de los mayores?
Él les contestó: Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos». Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.
Y añadió: Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte». En cambio vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre; invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.
Pistas: Un amigo mío repite muchas veces: “sí, sí… cumplí-miento, cumplo y miento”. Jesús huye de esto, huye de una religiosidad externa, superficial, legalista o reducida a tradiciones. Siempre va a lo profundo, a la raíz de esas tradiciones, al amor al prójimo y a Dios, a la verdad de quién es Dios. Porque, como ya sabes, la fe es ante todo la experiencia de un encuentro y una relación, que tiene sus consecuencias morales, culturales y, por supuesto, en las acciones y planteamientos ante la vida. Pero siempre tenemos que estar vigilantes para no poner nuestras cosas “humanas” (maneras de hacer, instituciones, estructuras, tradiciones…) por delante de la verdad que Jesús ha venido a traernos.
Es el mensaje del Evangelio de hoy ¿Cómo estás viviendo tu fe? ¿hacemos muchas como las que Jesús critica hoy? ¿vamos a lo profundo, a lo verdadero, al amor al prójimo y a Dios, a la vida del Espíritu en nosotros? O por el contrario ¿andamos con otro tipo de sucedáneos?
Deja que te interpele la palabra de Dios, mírate con sinceridad, mira tu parroquia, tu comunidad, tu familia, tu grupo cristiano con verdad y escucha lo que te dice hoy la Palabra de Dios.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
VI Domingo del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Marcos 1,40-45.
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme».
Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado».
En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.
Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.
Lunes 8 de febrero
Lunes, 8 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 6, 53-56
En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.
Pistas: Este Evangelio sucede después de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús se queda a orar a solas, mientras los discípulos se van en barca. Después Él los alcanza caminando sobre el agua.
Cuando desembarcan, la noticia de su llegada se extiende rápido. Jesús atrae. Lo buscan. Muchos porque lo necesitan. Jesús sana y el que le toca queda sanado. La reacción es entusiasta: “En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto”.
Aparecen reflejados dos factores: uno, ya lo hemos dicho, la atracción que Jesús provoca. Y otro, la necesidad, la búsqueda, podríamos decir hasta el inconformismo o insatisfacción del hombre que siempre quiere más: más vida, más alegría, plenitud y salvación. Y en Jesús las encuentra.
¿Cuántos hoy necesitan que nosotros, los que hemos reconocido a Jesús, vayamos a recorrer nuestra tierra y a llevarle a los que están enfermos? ¿Cuántas veces nuestra fe es tan pequeña que pensamos que algunas personas son casos perdidos, pero en el fondo sólo necesitan tocar el manto de Jesús?
Jesús no se cansa, busca a los hombres. Pero necesita que lo reconozcan, que lo anuncien, que hagan que otros puedan encontrarse con Él. Hoy, al rezar, puedes pensar en si estás llevando a otros a Jesús. Y, si no es así, en cómo puedes comenzar a hacerlo.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.
Domingo 7 de febrero
Domingo, 7 de febrero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: —«Todo el mundo te busca.» Él les respondió: —«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.
Pistas: Jesús cura enfermos, expulsa demonios, anuncia el Reino, predica… La gente lo busca. Jesús tiene éxito.
Pero da qué pensar la actitud de Jesús. Se levanta de madrugada a orar y no se queda a disfrutar del éxito, sino que sigue su camino, anunciando el Evangelio, realizando los signos del Reino.
Seguro que alguna vez has tenido fiebre. Y no queda más remedio que parar, meterse en la cama, descansar… no hay fuerzas, puede haber alucinaciones… Jesús toma de la mano, levanta y sana a la suegra de Pedro y ella se pone a servirles. Es como una metáfora de lo que sucede cuando uno se encuentra con Jesús. Pasa de no tener fuerzas, de estar postrado, a poder levantarse, a servir a los demás.
Podemos pensar en nuestra misión como miembros de la Iglesia, seguir haciendo presente el Reino de Dios, con las actitudes de Jesús. Si estás postrado, perdido, sin fuerzas, puedes dejar que Jesús coja tu mano y te levante. Si estás caminando con Jesús, aprende de Él, síguele.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida