Viernes, 12 de enero
Semana V del tiempo ordinario
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según San Marcos 7, 31-37
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. El, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, «ábrete»). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.
Pistas: Jesús está en la Decápolis, en tierra de paganos. Hoy le acercan un sordomudo, y no sólo no lo rechaza, sino que lo cura de un modo sorprendente. Es como si quisiera ir más allá. Le piden que le imponga las manos y podemos decir que Jesús entra en sus problemas: sus oídos y su lengua. Le toca, ora y el hombre queda sanado completamente: “Hablaba sin dificultad”.
Va quedando clara la apertura de la Buena Nueva a todos los hombres, sin distinción (al final del Evangelio será un pagano el que al pie de la cruz confiese: «Realmente este hombre es Hijo de Dios»).
Fíjate en cómo hace las cosas Jesús. Si le pides que entre en tu vida, no hará las cosas a medias. No es un barniz superficial lo que hace. Si dejas que toque tu debilidad, Él te salvará. Quizás necesites apartarte un poco de la gente y dejar que te saque de la rutina, el ruido… para poder estar con Él. Tendrás que fiarte y creer en Él, aunque como la mujer de ayer te parezca una respuesta extraña, aunque haga las cosas no del modo que tú esperas… Pero la recompensa será grande, porque todo cambiará. Serás libre de lo que te impedía conocer a Dios. Y entrarás en relación con Él y de un modo nuevo con los demás.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.