Domingo 14 de febrero

Domingo, 14 de febrero
VI Semana del tiempo ordinario, ciclo b

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: -«Si quieres, puedes limpiarme.» Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: —«Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: —«No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.» Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Pistas: Ser leproso en tiempo de Jesús, en la cultura judía, significaba tener que dejar todo, ser expulsado, ser un apestado, un impuro. Casi un maldito. Lejos de la gente, de la familia, sin futuro y sin esperanza. Si alguien se acercaba tenían que ahuyentarlo gritando: “¡impuro!”.
Entendemos esto perfectamente en estos tiempos que vivimos. Si se presenta alguien en una reunión y nos dice que tiene Covid… piensa cuál sería tu forma de actuar.
Jesús toca al hombre que se le ha acercado. No lo cura desde lejos. Se implica, se acerca, le toca. Siente lástima de él. Y por su palabra: “quiero”, el hombre queda limpio. Inmediatamente.
Y ¿nuestras lepras? ¿pecados, pobrezas, debilidades? ¿y las lepras de este mundo?
El leproso hizo una oración: “si quieres, puedes”. Se acercó, se arrodilló, le suplicó… y Jesús le dio una nueva vida, una nueva oportunidad, un futuro.
El Evangelio de San Marcos recoge esta actitud de Jesús de mandar callar a los que cura. No quiere que se confunda su mesianismo con un curandero, ni convertir en el circo del éxito sus “triunfos” sobre la enfermedad, el sufrimiento o el demonio. Jesús lo enfoca de otro modo. Se trata de acercarse a Dios, de acoger el Reino, de amar al Padre.
Casi nunca le sale bien porque ¿cómo vas a callarte si Jesús te da otra oportunidad? Si dejas de estar condenado, sin futuro, sin esperanza ¿cómo no contarlo?
Mira tu vida, mira tu mundo, ¿necesitas acercarte a Jesús? “Si quieres, Jesús, puedes limpiarme”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.