Domingo 7 de febrero

Domingo, 7 de febrero
Semana V del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 1, 29-39
Al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: —«Todo el mundo te busca.» Él les respondió: —«Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Pistas: Jesús cura enfermos, expulsa demonios, anuncia el Reino, predica… La gente lo busca. Jesús tiene éxito.
Pero da qué pensar la actitud de Jesús. Se levanta de madrugada a orar y no se queda a disfrutar del éxito, sino que sigue su camino, anunciando el Evangelio, realizando los signos del Reino.
Seguro que alguna vez has tenido fiebre. Y no queda más remedio que parar, meterse en la cama, descansar… no hay fuerzas, puede haber alucinaciones… Jesús toma de la mano, levanta y sana a la suegra de Pedro y ella se pone a servirles. Es como una metáfora de lo que sucede cuando uno se encuentra con Jesús. Pasa de no tener fuerzas, de estar postrado, a poder levantarse, a servir a los demás.
Podemos pensar en nuestra misión como miembros de la Iglesia, seguir haciendo presente el Reino de Dios, con las actitudes de Jesús. Si estás postrado, perdido, sin fuerzas, puedes dejar que Jesús coja tu mano y te levante. Si estás caminando con Jesús, aprende de Él, síguele.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida