Martes 11 de julio

Martes 11 de julio
San Benito, abad, patrono de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 19, 27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?» Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna»

Pistas: ¿Qué te va a tocar si sigues a Jesús? ¿si le sigues incondicionalmente? Parece que tienes que renunciar a mucho y dejar atrás cosas. Una vez un cura decía que antes tenía familia de sangre pero, ahora, además de ésa, tiene la familia de la fe. Tantos a los que querer y tantos que le quieren como la familia de sangre (incluso a veces más). Y añadía que no tiene casa pero posee una casa más grande en la que acoger a otros (porque así vive él). Y cada vez que leo este Evangelio me acuerdo de esto que le escuché.
En realidad, las renuncias por seguir el camino que Dios te pide son la siembra de una riqueza que comienza aquí y dura hasta la eternidad. Riqueza en amor, en familia… A veces también en preocupaciones y desvelos… Pero el premio es el amor y la vida. Porque el camino es también ese amor y fidelidad al Señor.
Piensa en la llamada o llamadas que Dios ha hecho y hace en tu vida. Esto no es solo para los curas o las monjas. Dios te llama a seguirle y señala caminos concretos por los que ir. Y esto requiere esfuerzo y sacrificio, oración, amor y fidelidad. Y seguramente errores. Pero Dios te muestra su misericordia. Y, si caes, te levantarás.
Recibirás cien veces más porque te darás cuenta del amor que Dios te tiene. Y todas esas renuncias y entrega no serán una obligación o una imposición, sino un acto de amor que genera amor y que da vida.
No te escribo teorías. No es una historia bonita para mantenernos sedados. Esto ha sido así y es así en la vida de muchos cristianos. ¿Quieres que sea así en la tuya?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 10 de julio

Lunes 10 de julio
XIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió con sus discípulos.
Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer.
Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: ¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

Pistas: Dos milagros aparecen entrelazados en el Evangelio de hoy. Ambos con elementos comunes: la fe que se concreta en gestos (“se arrodilló ante Él”, “le tocó el borde del manto”). Ante esa fe, Jesús se pone en camino para curar a la hija del personaje importante y en el trayecto sana también a la mujer. En otros evangelios nos cuentan más detalles de los milagros que hemos leído, pero Mateo se centra en los diálogos con Jesús y la fe de los que se acercan a Él. Quiere mostrar el poder de la fe en Jesús.
A Jesús no le importa que estas dos personas sean impuras (una mujer con flujos de sangre y un muerto eran así calificados en la religión judía y al tocarlos se contraía impureza). El mensaje de Jesús es claro: Dios está cerca de todos, especialmente de los marginados, de los intocables. Por otro lado, el Evangelio nos describe a los que se ríen de Jesús y no creen en Él.
Ahora piensa en tu propia vida ¿necesitas a Jesús? ¿qué cosas están enfermas o mal? ¿qué personas a tu lado necesitan a Jesús? Él está cerca de ti. Póstrate ante Él, tócale, acércate y pídele con fe. Podrás ver las maravillas de Dios en tu vida.
Esto no es una teoría, porque Jesús prometió que en su nombre, los que creemos, podemos hacer obras como las suyas e incluso mayores. Por la fe en Jesús, estando cerca de Jesús. Echa a los “flautistas” y a los que alborotan, a los que se ríen. Dentro de ti, son tus dudas, tus miedos, las cosas de las que llenas tu vida para no pensar, tus reparos humanos… Fuera de ti, son las personas y situaciones que no te dejan acercarte a Jesús. Ponlas en su lugar.
En tu vida, necesitas estar con Jesús. Con Él podrás ver desde otra perspectiva, te dará vida, te curará de tus heridas y te salvará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 9 de junio

Domingo 9 de junio
XIV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

Pistas: Por un lado, los sabios y entendidos para los que las cosas del Reino de Dios están escondidas. Por otro, los sencillos a los que el Padre se ha querido revelar. Piensa en cuál es la sabiduría de hoy. Piensa en quienes se creen en la posesión de la verdad. ¿Tal vez tú eres uno de ellos…? Pero entonces te acercas a Jesús, que te descubre los misterios del Reino, que quiere hablarte al corazón, que quiere revelarse a ti. No como una filosofía, sino que quiere encontrarse contigo, que conozcas al Padre, que conozcas a Dios.
Pero si todo lo sabes ¿cómo te va a enseñar Jesús? Serás verdaderamente sabio si con corazón sencillo te acercas a Jesús. Porque Él es el camino, la verdad y la vida.
Si estás cansado y agobiado, si buscas y no encuentras, si quieres entender y no entiendes… acércate a Jesús. Y encontrarás descanso. Si te crees sabio y entendido, pide un corazón sencillo que te permita ir más allá de tu verdad, para encontrar la verdad de Dios que se revela en Jesús. Y acércate a Jesús, encontrarás descanso. Echarás fuera de tu vida la queja, la violencia, la mentira, el orgullo… y encontrarás paz en Jesús (eso significa cargar con el yugo y ser manso y humilde).
De tantas maneras nos dice el Evangelio que en Jesús encontrarás salvación y alivio… Hoy te lo repite una vez más: Mírate a ti mismo ¿quieres lo que promete el Evangelio de hoy? Acércate a Jesús y lo encontrarás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 8 de julio

Sábado 8 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 14-17

En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús, preguntándole: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?
Jesús les dijo: ¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?
Llegará un día en que se lleven al novio y entonces ayunarán. Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos, y así las dos cosas se conservan.

Pistas: Jesús hará nuevas las cosas por su nacimiento, por su muerte y resurrección y por el envío del Espíritu Santo. Todo lo hace nuevo.
Entre los judíos era obligatorio ayunar, Jesús enseña a sus discípulos a ayunar para que lo vea Dios, no los hombres. Todo gira y girará en torno a conocer a Jesús y establecer una relación con Él. Sin eso, para los judíos, pero también para ti que has recibido una formación cristiana, serás un odre viejo que intenta meter un vino nuevo y se rompe. O un trozo de tela que rasga al tirar de lo viejo.
¿Y tú cómo te sientes? ¿como una tela vieja? Quizás te parezca que esto no es para ti. Pero Cristo ha hecho las cosas nuevas por ti. Él te hará odre nuevo, de modo que podrás acoger el vino nuevo de la vida y salvación de Jesús.
La clave está en el encuentro con Jesús. Fuera de ahí todo lleva a la destrucción: se rompe el manto, se revientan los odres. Porque si quieres que Jesús entre en tu vida no podrás seguir viviendo igual. El poder del Espíritu Santo te transformará haciéndote un hombre nuevo. para que puedes estar lleno de su presencia.
Estar unidos a Jesús es la clave. Desde ahí todas las demás decisiones cobran sentido. Porque Jesús hará cosas nuevas en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 7 de julio

Viernes 7 de julio
XIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 9-13

En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme.
Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que
habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos:
¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos.
Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Pistas: Los cobradores de impuestos estaban muy mal vistos. Y a veces son presentados como pecadores. Porque, en muchas ocasiones, se aprovechaban de su posición y eran colaboradores con el Imperio Romano invasor. Es decir, traicionaban a su propio pueblo.
Sin embargo, Jesús le dice a Mateo: “Sígueme”. No le importa lo que piensen de Él, ni lo que haya sido aquel hombre. Jesús ve más allá. Mateo le responde invitándolo a comer en su casa. Para un judío observante ir a comer a casa de un publicano y sus amigos extranjeros, paganos, significaba contraer impureza y además estaba mal visto. Y a Jesús tampoco le importa esto, ni que sea un pecador o que sus amigos lo sean. Le importa la persona.
Qué bonito es este movimiento de Jesús: se acerca a Mateo y le llama. Mateo responde y le invita a su casa. Le deja entrar en lo suyo, en su mundo. Jesús también te está llamando hoy a ti a seguirle, a ser su discípulo… ¿Le dejas entrar en tu casa? Quizás algunos piensen de ti como de Mateo: un caso perdido, un pecador, un desastre… A Jesús le da igual, y si le invitas entrará en tu casa.
Ahora mira la escena desde el otro lado. Preguntémonos si nosotros que somos cristianos entendemos bien “misericordia quiero y no sacrificios”. Dicho de otra manera: ¿vivimos en el amor como Jesús nos enseña o nos quedamos en las apariencias como los que censuran su forma de actuar? ¿te dedicas a criticar y juzgar buscando excusas para creerte mejor que los demás, o sabes que eres pecador y deseas convertirte y vivir como discípulo de Jesús cada día? ¿crees que lo sabes todo o te dejas sorprender por Jesús?
Él no ha venido a salvar al que no necesita salvación, no puede librar del pecado al que no lo tiene, ni puede amar al que cree que ya tiene llena su vida. Jesús ha venido a salvarte a ti, que sabes que eres débil, que podías hacer las cosas mejor, que pecas, pero te dejas perdonar. Porque necesitas más amor y misericordia en tu vida. Esto no es para los sabios y entendidos, sino para los sencillos que se dejan sorprender.
Si Jesús llama a alguien ¿quién eres tú para juzgarle? Si Jesús te llama a ti ¿le invitarás a entrar en tu casa?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 6 de julio

Jueves 6 de julio
Santa María Goretti, virgen y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados. Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

Pistas: Unos le llevan a Jesús a un paralítico y por la fe de ellos Jesús le perdona los pecados y le cura. Lo primero que podemos aprender hoy es la importancia de acercar a los demás a Jesús con fe. Tenemos que redescubrir el poder con el que Jesús actúa a través de la oración personal y comunitaria. Al final del Evangelio dice: “La gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad”. No dice “que dio a Jesús” sino “que da a los hombres”. Porque Jesús ha compartido su poder con nosotros. La comunidad a la que escribe San Mateo está experimentando que por medio de Jesús tienen la potestad de luchar con poder contra el mal, el pecado y el sufrimiento. Hoy Jesús te dice que hay poder en la fe, que si te acercas y acercas a los demás a Él verás cosas grandes.
Jesús perdona los pecados. Los judíos no conseguían comprender esto, porque sólo Dios puede perdonar y no reconocían ese poder a Jesús. El poder para perdonar los pecados es una de las claves para comprender quién es. Fíjate en el orden: perdona sus pecados y le sana de su parálisis. Como hemos reflexionado más veces, el pecado se parece a las enfermedades que Jesús cura: nos paraliza, nos postra, no nos deja ser libres (como el paralítico de hoy), no nos deja ver, no nos deja avanzar, nos aísla (como los ciegos y sordos que Jesús sana).
Jesús sana integralmente a la persona. También nos puede ayudar el Evangelio de hoy a recordar esta dimensión integradora de la fe. No puede quedar reducida al ámbito de lo privado o de lo espiritual. No podemos contentarnos en la Iglesia con el culto, ni tampoco con la acción social. No puedes conformarte en tú vida con rezar y luego vivir como si no tuvieras fe. Si crees, tiene que notarse en tu día a día. Jesús es el Señor de todo tu ser, de toda la realidad, y si te encuentras con Él y le acercas a los demás habrá salvación y vida. Comprobarás el poder de Jesús en ti y a través de ti en los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 5 de julio

Miércoles, 5 de julio
San Antonio María Zaccaría, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 8, 28-34

En aquel tiempo, llegó Jesús a la otra orilla, a la región de los gerasenos.
Desde el cementerio dos endemoniados salieron a su encuentro; eran tan furiosos que nadie se atrevía a transitar por aquel camino. Y le dijeron a gritos: ¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?
Una gran piara de cerdos a distancia estaba hozando. Los demonios le rogaron: Si nos echas, mándanos a la piara. Jesús les dijo: Id. Salieron y se metieron en los cerdos. Y la piara entera se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el agua.
Los porquerizos huyeron al pueblo y lo contaron todo, incluyendo lo de los endemoniados. Entonces el pueblo entero salió a donde estaba Jesús y, al verlo, le rogaron que se marchara de su país.

Pistas: Del cementerio salen dos endemoniados. Del lugar de la muerte. El demonio los tenía atrapados allí y nadie se les podía acercar. El mal aparta de la vida y de los demás, llena de odio y de rabia. De lejos ven a Jesús y no se pueden resistir porque donde Él está el mal tiene que huir. En este relato queda claro el poder de Jesús. Incluso llama a Jesús: Hijo de Dios.
El mal conduce a la muerte y la destrucción. También a aquellos cerdos que se arrojan al mar. Pero ante Jesús no tiene poder. Por eso los demonios se tienen que someter a Él. Y van al animal más impuro (según la creencia judía), pero ni siquiera ahí pueden estar.
Este milagro no logra el objetivo de despertar la fe en los habitantes del pueblo. No les importan los hombres que quedaron sanados, ni quieren saber más de Jesús. Sólo que se vaya. Le temen. Entonces ¿por qué curó a estos hombres? Por compasión y porque su poder es tal que si Él está, el demonio, el mal, sale a la luz y es expulsado.
Piensa en el mal del mundo y en el de tu vida (el demonio de la mentira, de la avaricia, de la envidia, de la pereza…) y en que si dejas entrar a Jesús todo cambiará. Tal vez, no del modo que pudieras pensar. Porque Jesús siempre nos sorprende. Pero quedarás libre, podrás volver a vivir y verás su poder.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 4 de julio

Martes 4 de julio
Santa Isabel de Portugal

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 8, 23-27

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.
De pronto se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; él dormía.
Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! Él les dijo: ¡Cobardes! ¡Qué poca fe! Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma.
Ellos se preguntaban admirados: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!

Pistas: Puedes imaginarte la escena: la barca, una tempestad en el lago (que es un mar), Jesús dormido y el miedo se apodera de los discípulos: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. La respuesta de Jesús es dura: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!”. La tempestad cesa por la palabra de Jesús y ellos quedan sorprendidos de su poder: “¿Quién es este?”.
Y ahora, llévalo a tu vida. La barca es tu vida. La barca es tu comunidad, tu parroquia, es la Iglesia. En ella va Jesús. Y ¡nada podrá hundirla, porque Jesús está en ella! Pero, tal vez, necesitemos despertarle. No por miedo o cobardía, sino para que Él guíe la barca y nos muestre su poder.
Ten fe: Jesús lo puede todo. Deja que Él lleve la barca de tu vida para que puedas navegar por sus rutas. Pero esto exige también por tu parte tomar decisiones, decir sí a Jesús y ser capaz de caminar junto a Él porque así lo deseas desde lo profundo de tu corazón. Y con el convencimiento de que en calma o en tempestad, sea fácil o difícil, Jesús va en tu barca.
Este viaje tiene un destino final: llegarás a la eternidad junto a Dios. Será la calma, la paz, la alegría, la plenitud. Jesús va contigo. Así que no seas cobarde, no dudes, ten fe. ¡Jesús, va contigo!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 3 de julio

Lunes 3 de julio
Santo Tomás, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 24-29

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Pistas: Me da un poco de envidia Tomás. Duda y el Señor le da una prueba. Pero me consuela el final del Evangelio: “Dichosos los que crean sin haber visto”. Esos somos tú y yo. Nosotros somos llamados a la fe por el testimonio de aquellos que vieron al Señor. Creemos por el testimonio de Tomás y los Apóstoles y los demás discípulos de Jesús. Creemos gracias al testimonio de la Iglesia.
“No seas incrédulo, sino creyente”. Tomás también es el ejemplo de nuestras dudas. Si no toca, si no ve… no cree. Y hasta que no se encuentra con Jesús y experimenta que es verdad lo que sus compañeros le contaban, no es capaz de creer.
Pero nosotros tenemos a Jesús presente en la Eucaristía, en la oración, en la comunidad… Y tus ojos se abrirán y podrás ver que es verdad lo que sostiene la Iglesia, lo experimentarás y serás dichoso.
Si tu fe es como la de Tomás, si sólo crees en lo que se puede demostrar, en los hechos, en lo que puedes tocar. Si dudas, te animo a perseverar en la oración, los sacramentos y la comunidad. Llegará el momento en el que reconocerás al Señor y proclamarás: “¡Señor mío y Dios mío!”

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de junio

Domingo 2 de junio
XIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá paga de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.

Pistas: Las dos primeras afirmaciones sobre la familia parecerían propias de un fanático, pero no de Jesús, que invita al amor y la misericordia. Sin embargo, deja claro que lo más importante es seguirle y amarle (porque hacerlo con Él es hacerlo con el Padre).
No es excluyente amar a la familia y seguir a Jesús. Todo lo contrario. Si pones a Jesús en el centro de tu vida, si descubres que amar a Dios sobre todas las cosas llena tu corazón de amor y misericordia, entonces amarás más y mejor a tu familia. Porque amar a Jesús te da el Espíritu Santo, hace que te parezcas a Él, que entregó su vida por amor. Pero si comienzas a poner otras cosas por delante, un día te encontrarás perdido.
Cuando las cosas buenas -como amar a la familia, o buscar la propia vida- se convierten en el centro de la existencia, terminan siendo ídolos, que ocupan el lugar de Dios y nos roban la felicidad. Así, la primera parte del Evangelio de hoy es una llamada a poner a Jesús en el centro: Amarle, dar la vida por Él y tomar la cruz. Esto último significa aprender de Jesús, alejarnos de la queja y la desesperación. Porque sabemos que el amor y el poder de Dios son más grandes que las cruces de la vida. Jesús nos lo enseñó cargando Él con la cruz.
La segunda parte hace referencia a que este seguimiento de Jesús, que es exigente, tendrá su recompensa. Es la otra cara de la moneda de la llamada de Jesús a verle en el pobre, en el que sufre y nos necesita. En el fondo, según tratemos al prójimo se refleja si el amor de Dios está en nuestro corazón.
Hoy recibes una invitación a amar a Jesús y seguirle con todas las consecuencias. Él ha entregado todo por ti, amándote hasta el extremo, y te anima a acompañarle con radicalidad en este camino de amor. ¿Te apuntas?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.