Martes 11 de abril

Martes 11 de abril
Martes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)
Evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.» Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?» Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: «Lo que tienes que hacer hazlo en seguida.»
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificara en sí mismo: pronto lo glorificara. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: «Donde yo voy, vosotros no podéis ir.»»
Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?» Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde.» Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti.» Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.»

Pistas: San Juan quiere dejar claro que Jesús entrega su vida. Es un acto de amor por los hombres y fidelidad a la misión que el Padre le encomendó. Por eso Jesús dice que va a ser glorificado. Y por eso le dice a Judas: “Lo que tienes que hacer hazlo enseguida”. En lo que va a suceder misteriosamente se va a cumplir el plan de Dios.
Pero, por otra parte, Jesús está “profundamente conmovido”. Sus amigos le van a traicionar y a negar. Le van a abandonar. Sólo uno, el más joven, San Juan, “el que Jesús tanto amaba”, seguirá al pie de la cruz con su Madre y unas mujeres. Jesús, el Hijo de Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, se conmueve por lo que va a suceder.
Judas por unas monedas va a entregar y traicionar a Jesús. Pedro, por cobardía, por miedo… negará a Jesús cumpliéndose lo que Éste le ha anunciado. Judas deja al demonio entrar en su vida, se alía con el mal y el mal le lleva a la destrucción. Pedro se arrepiente y sufre por haber negado a Jesús. Se equivoca, pero se arrepiente. Es débil, pero en Jesús y con el poder del Espíritu Santo será fuerte, valiente, generoso… Será como Jesús.
Al releer el Evangelio contempla la escena, a Jesús que confía en Dios. Lo hizo en toda su vida y en el peor trance, cuando sabe que será asesinado. Cuando a pesar de que podría evitarse este momento, es necesario que suceda. Y también contempla a Judas y a Pedro. ¿Cuántas veces traicionamos, negamos o abandonamos a Jesús con nuestras actitudes? ¿Cuánto pecado hay en nuestra vida? Pero Pedro regresó a Jesús, reconoció a tiempo su error, su miedo, y le dijo: “Tú sabes que te quiero”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 10 de abril

Lunes 10 de abril
Lunes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 12,1-11
Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien habla resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?» Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa llevaba lo que iban echando.
Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis.»
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Pistas: La resurrección de Lázaro fue según San Juan la gota que colmó el vaso e hizo que las autoridades religiosas judías decidieran matar a Jesús. Es más, también Lázaro es un signo que hace que muchos crean y por eso quieren eliminarlo también.
Dios, tal como lo revela Jesús, está tan lejos de los planteamientos de los sumos sacerdotes que éstos no son capaces de reconocerlo en Él. Yendo más allá, han corrompido la fe judía: mienten, engañan, manipulan, con tal de salirse con la suya. La religión se ha convertido en su modo de vida, en una forma de justificarse, no en expresión de la vida interior. Y no es algo que suceda de repente.
Judas es un exponente de esto. Llevaba la bolsa y era un ladrón. ¿Cuándo comenzaría el mal a meterse en su corazón y mente? ¿Cómo se habría corrompido a pesar de estar con Jesús? Al igual que los que pretenden acabar con Jesús utiliza la religiosidad para sus propios intereses. Egoísmo, pecado, mentira, falsedad…
Por otro lado, los amigos de Jesús, lo reciben en casa, le muestran su amor. Parece que les anuncia lo que va a suceder y que con ellos celebra también una última cena cargada de simbolismo. Jesús va a estar con ellos. A descansar. A compartir.
Cuántas diferencias entre unos y otros. Todos conocen a Jesús. Unos se dejan asombrar por Él y llegan a ser amigos suyos. Otros sólo lo ven como un estorbo para sus propios y oscuros intereses. Jesús se ofrece. Puedes elegir el egoísmo y el odio, o el amor. Puedes elegir la mentira y la injusticia o la verdad y la salvación que hay en Jesús. Puedes dejarle entrar en tu casa y ser su amigo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 9 de abril

Domingo 9 de abril
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Introducción: El Evangelio de hoy es el relato de la Pasión según San Mateo. Como es un texto largo lo adjunto en pdf para que lo puedas leer con mayor comodidad. Busca el momento más apropiado para hacerlo, toma para ello el tiempo que necesites y ponte en la situación de aquél momento de la historia

Pistas: Con el domingo de Ramos comienza la Semana Santa. Después de bendecir los ramos y recordar la entrada entre aclamaciones de Jesús en Jerusalén, como prólogo se lee la Pasión del Señor. Nos acercamos al acontecimiento más importante de la historia, aunque aparentemente insignificante.
Un hombre que realizaba milagros y tenía un puñado de seguidores, decía de sí mismo que era el Hijo de Dios. Pero es traicionado por uno de los suyos. Los líderes religiosos quieren eliminarlo porque sus ideas y sus acciones suponen una revolución y les deja en evidencia. Y conspiran, mienten y sobornan para que sea condenado. Pero, sin saberlo, van a permitir que Dios muestre su poder del modo más sorprendente.
Jesús vence al pecado, al mal y a la muerte no con la imposición. No se baja de la cruz, no fulmina a sus enemigos… Sólo ama, perdona, confía en el Padre y espera. Jesús hace nuevas las cosas. Del mal saca bien. De la muerte, vida. Del final un comienzo.
Al leer este relato ponte en el lugar de cada uno de los personajes y piensa ¿qué tienes en común con ellos? Encontrarás luces y sombras. Quizás pecado, cobardía… ¿Y si hubieras estado allí? ¿con quién te sientes más identificado?
Y, sobre todo: mira a Jesús. En Semana Santa iremos recorriendo paso a paso lo que aquí leemos: la Eucaristía, el amor en la entrega de Jesús, la Pasión, la Cruz, la muerte, el silencio, la esperanza y finalmente la vida.

Sábado 8 de abril

Evangelio según san Juan 11, 45-57
En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que habla hecho Jesús. Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?»?»
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Pistas: El domingo leíamos la resurrección de Lázaro que terminaba diciendo “muchos judíos […] al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”. Y como consecuencia los enemigos de Jesús deciden que hay que matarlo. Les mueve la envidia, el miedo a perder su posición, motivos políticos, sus propios pecados… Pero, aunque no lo sepan, están cumpliendo el plan de Dios. En cambio, su dios es el templo, la tradición, la nación. No son capaces de abrir los ojos y descubrir quién es Jesús, no quieren hacerlo y piensan que van a poder acabar con Él.
“Por ser sumo sacerdote” habla proféticamente. Es curioso que San Juan haga esta observación recogiendo las palabras de Caifás: “Conviene que uno muera por el pueblo”. Dios habla a través de él no porque esté viviendo en la verdad o sea discípulo de Jesús, sino porque es sumo sacerdote. Porque de un modo misterioso Dios realiza su plan en la historia en medio de nuestro pecado, de nuestra rebeldía o de nuestra maldad. Jesús muere para dar vida. No como ellos pensaban para librar del castigo de los romanos o de revueltas, sino para salvar a todos, para hacer las cosas nuevas. Con una salvación que está por encima de lo que podíamos soñar. Se entrega para vencer al pecado, al mal y al odio, con el amor y el poder de Dios. La decisión está tomada: “El que se enterase de dónde estaba les avisará para prenderlo”.
Nos acercamos a la Semana Santa. Intensifiquemos estos días nuestra vida de oración, avancemos en amor y fidelidad a Dios, a través de las prácticas cuaresmales que explicábamos las primeras semanas. Y así, con el corazón listo, entremos en el misterio del Amor que se entrega. Jesús muere y resucita para salvarte. Para abrirte la puerta a una nueva vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Manuel

Viernes 7 de abril

Viernes 7 de abril
San Juan Bautista de la Salle, presbítero, conmemoración

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 10, 31-42
En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»
Jesús les replicó: «¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: Sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y no puede fallar la Escritura), a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros que blasfema porque dice que es hijo de Dios? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre.»
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes habla bautizado Juan, y se quedó allí. Muchos acudieron a él y decían: «Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de éste era verdad.» Y muchos creyeron en él allí.

Pistas: Los judíos no son capaces de asomarse al misterio de Jesús ni siquiera por las obras. No son capaces de comprender quién es Jesús y su relación con el Padre. Jesús intenta mostrarles caminos para descubrir quién es Él: la Escritura, las obras, el testimonio de Juan… Pero no pueden porque no quieren. Sin embargo, aún en este momento crítico, hay esperanza. Escuchándole tan cerca del final muchos entendieron que Jesús es el Mesías.
Jesús es la Palabra, porque revela quién es Dios, porque permite que nos comuniquemos con Él. No sólo a un nivel intelectual, sino algo mucho más profundo porque por el Espíritu Santo podremos entrar en comunión con Jesús, unidos a Él, acercarnos a Dios. Y Dios mismo y su Palabra habita en nosotros.
¡Es algo tan grande el regalo que Dios nos ha hecho en Jesús! Él mismo viniendo a mostrarnos el camino, viniendo a dar vida, a mostrar la verdad. Él mismo viniendo para habitar en nosotros. Por eso, déjate sorprender y entra en el misterio de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 6 de abril

Jueves 6 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 51-59
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.» Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: “No lo conozco” seria, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?» Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Pistas: Llevamos unos días leyendo el Evangelio de San Juan que va girando alrededor del misterio de Jesús: ¿Quién es? ¿qué autoridad tiene? ¿qué sucede si le escuchas? ¿qué ocurrirá si le sigues? ¿de dónde viene?… Nos dice: Jesús es vida, sólo a través de Él y su Palabra se puede conocer y acceder a Dios. En Jesús hay libertad, hay verdad. Jesús es luz, en Él hay vida eterna, dan testimonio de Él: Juan bautista, la Escritura, el Padre, las obras que Jesús realiza, Moisés, Abrahán…
Todo esto nos acerca al que “antes de que naciera Abrahán” existe. El Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad que existe desde siempre y para siempre, y en Jesús se hace hombre. En Él se encuentra la plenitud de todo lo que el hombre pueda aspirar a ser y tener porque Jesús es el Hijo, enviado por el Padre, lleno del Espíritu Santo y el que acude a Él, el que acepta a Jesús acepta a Dios. Por eso en su Palabra hay vida, hay verdad, hay libertad… Por eso en seguirle y ser discípulo suyo hay plenitud. Y, lejos de Él, sólo se puede encontrar mentira, pecado, frustración y muerte.
Sólo en Jesús hay plenitud. Si necesitas más en tu vida, más esperanza, más amor, más alegría, más libertad, más paz, más fuerza, más vida, más fe… en Jesús, en su Palabra y en ser discípulo suyo, con la fuerza del Espíritu Santo, lo encontrarás, lo recibirás y podrás anunciarlo a los demás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Miércoles 5 de abril

Miércoles 5 de abril
San Vicente Ferrer, presbítero, conmemoración

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 31-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: “Seréis libres”?»
Jesús les contestó: «Os aseguro que quien comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres. Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque no dais cabida a mis palabras. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre.» Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán.»
Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que le escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre.»
Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitutas; tenemos un solo padre: Dios.»
Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y aquí estoy. Pues no he venido por mi cuenta, sino que él me envió.»

Pistas: El pecado esclaviza, pero la palabra de Jesús revela la verdad y “la verdad os hará libres”. Por eso ser discípulo de Jesús significa poder ser libre. No con la libertad de los siervos, sino con la de los hijos. No con una libertad aparente, sino realmente libres. Hoy Jesús ofrece la libertad de vivir en la verdad. ¿Te atreves a creer en Jesús y ser libre?
Jesús les dice a los judíos que ni acogen su palabra, ni acogen al Padre a quien esa palabra revela, y como esto les incomoda e interpela quieren matarle. ¿Cuántas veces tenemos actitudes parecidas en nuestra vida? Preferimos seguir en nuestra rutina, creyéndonos los mejores, irreprensibles. No escuchamos la palabra de Jesús, ni vivimos en ella. ¿Cuántas veces preferimos la mentira y la comodidad, antes que vivir en la verdad y ser realmente libres? ¿Cuántas veces preferimos el pecado (puedes ponerle nombre y pensar en tus propios pecados) antes que acoger a Jesús y su palabra y seguirle? Y para librarnos de Él queremos matarle, le intentamos echar fuera de nuestra vida, le cerramos nuestros oídos y nuestro corazón.
Jesús quiere que seas libre, realmente libre. Esto sólo será posible si te acercas a Él. En su palabra encontrarás la verdad, en Él serás hijo que vive en casa del Padre (es decir, entrarás en relación con Dios, serás su familia). El mundo ofrece libertad, el pecado ofrece libertad, la mentira ofrece libertad… pero sólo Jesús cumple lo que promete. Sólo Él puede hacerte verdaderamente libre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 04 de abril

Martes 04 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 21-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros.»
Y los judíos comentaban: «¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?»
Y él continuaba: «Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis por vuestros pecados: pues, si no creéis que yo soy, moriréis por vuestros pecados.» Ellos le decían: «¿Quién eres tú?»
Jesús les contestó: «Ante todo, eso mismo que os estoy diciendo. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me envió es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él.»
Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre. Y entonces dijo Jesús: «Cuando levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada.» Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.

Pistas: San Juan continúa presentando nuevos aspectos del misterio de Jesús: “¿Quién eres tú?” preguntan los judíos.
Jesús contrapone, por un lado, el mundo y el pecado al que están apegados los judíos porque no quieren comprender quién es y esto les conducirá a la muerte. Y, por otro, la vida y la verdad que encuentra el que se acerca a Él. Jesús es vida. Jesús es el camino hacia Dios “Donde yo voy no podéis venir vosotros”. El pecado en el que quedan encerrados no les deja acceder “allá arriba” porque sin acoger a Jesús no pueden descubrir al Padre ni recibir el Espíritu Santo.
Como no le aceptan están en la muerte. No comprenden ni quieren comprender. Pero cuando Jesús (el Hijo del hombre) sea levantado en la Cruz entonces sabrán que Jesús es el “Yo soy”. En el Antiguo testamento Dios se revela como el Yo soy. En la cruz, Jesús se revelará como el Hijo que hace la voluntad del Padre, y ahí es glorificado como Señor, como Yo soy. Jesús es Dios.
Estas palabras que dirigió Jesús a los judíos, San Juan nos dice que consiguieron cambiar muchos corazones. No cayeron en saco roto. «Cuando les exponía esto, muchos creyeron en Él». Hoy, al releer el Evangelio puedes pensar en tus actitudes hacia Jesús y dejar que las palabras de San Juan te ayuden a acercarte a su misterio. Hoy, abre tu corazón para que se conmueva como les sucedió a muchos de los que le escucharon.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 03 de abril

Lunes 03 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 8, 1-11
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adulteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.» E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»
Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

Pistas: Recuerda que un modo de orar con la Palabra de Dios es situarse en la escena e imaginarla, ponerse en el lugar de los personajes, descubrir qué nos puede enseñar para nuestra vida.
Hoy encontramos la diferencia entre una religiosidad legalista y farisaica, en la que lo que importa son las apariencias, y el mensaje de Jesús. Por un lado, la ley sin misericordia, que lleva al juicio, a la violencia, a la condena y a la muerte. Y, por otro lado, el amor misericordioso de Jesús que perdona, que salva y que invita a cambiar de vida.
El cambio de perspectiva es absoluto. Unos pecadores acusan a una mujer, pecadora como ellos (Jesús les dice: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra… se fueron escabullendo uno a uno”). No buscan cumplir la ley de Moisés sino encontrar argumentos contra Jesús. Pero Él no cambia su actitud ni a pesar del peligro inminente que corre su vida. Jesús viene a perdonar, a amar y a salvar: “¿Dónde están tus acusadores? ¿ninguno te ha condenado?… tampoco yo”. Le da nueva vida. Le ofrece otra oportunidad. El que no tiene pecado no juzga sino que muestra misericordia.
La misericordia no está reñida con la verdad ni con la exigencia, más bien al contrario. Jesús no la condena, pero le dice que tiene que cambiar de vida: “En adelante no peques más”.
Al releer el Evangelio piensa en qué te pareces a los que acusan a la mujer; en qué a la mujer que ha pecado y se ve desamparada, acusada, ridiculizada, humillada… En qué a Jesús que trae vida y salvación, en lugar de muerte y condena. Y pídele al Señor encontrar siempre su amor misericordioso y vivir en él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de abril

Domingo 2 de abril
V de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 11, 1-45.

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro). Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo: Señor, tu amigo está enfermo.
Jesús, al oírlo, dijo: Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.
Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba.
Sólo entonces dice a sus discípulos: Vamos otra vez a Judea. Los discípulos le replican: Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? Jesús contestó: ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto añadió: Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo. Entonces le dijeron sus discípulos: Señor, si duerme, se salvará.
(Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.)
Entonces Jesús les replicó claramente: Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.
Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: Vamos también nosotros, y muramos con él.
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano.
Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.
Marta respondió: Sé que resucitará en la resurrección del último día.
Jesús le dice: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Ella le contestó: Sí, Señor: yo creo que tu eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: El Maestro está ahí, y te llama.
Apenas lo oyó, se levantó y salió a donde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano.
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y muy conmovido preguntó: ¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: Señor, ven a verlo.
Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!
Pero algunos dijeron: Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?
Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: Quitad la losa.
Marta, la hermana del muerto, le dijo: Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa.
Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tu me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tu me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: Lázaro, ven afuera.
El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo y dejadlo andar.
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Pistas: Hoy se nos cuenta con mucho detalle la resurrección de Lázaro. El Evangelio de San Juan narra siete milagros a los que él llama signos. Éste es el último. Jesús y sus discípulos prevén el desenlace, saben que quieren matarle –Tomás dice: “Vamos también nosotros y muramos con él”-. Van a matar a Jesús porque muchos creen en Él. Se acerca el gran signo de Jesús, llega la hora: Su muerte y glorificación. Todo ello anticipado por la resurrección de Lázaro.
Lázaro ha muerto. La casa está llena de judíos que vienen a consolar, no pueden hacer más. Cuando llega Jesús la cosa cambia. ¡Él viene a traer vida! Jesús, incluso amenazado, llega para vencer a la muerte.
La salvación que Jesús trae no es sólo futura. Marta ya creía en la resurrección al final de los tiempos. Pero Jesús quiere que comprendan que la vida que Él trae comienza ya. La fe en Jesús renueva la vida ahora, vence al mal ya, vence a la muerte ya. Aunque también tiene la perspectiva de la plenitud al final de la historia. Marta da el paso de la fe: «Sí, Señor. Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que debe venir al mundo». Y para que crean los demás Jesús da gracias al Padre porque siempre le escucha.
Jesús hombre, humano, igual a nosotros en todo menos en el pecado: Jesús se conmueve, llora, al ver sufrir a sus amigos. Cuánto amor en este relato de hoy: Jesús ama a sus amigos, sus discípulos van con Él y están dispuestos a morir con Él.
Hay que quitar la piedra. Aunque huela mal. Dejar a Jesús que actúe. Y Jesús grita: “Lázaro, sal fuera”. Tienen que desatarlo, quitarle el sudario, para que pueda caminar y ver. Es el paso de la muerte a la vida. Y es Jesús quien trae esa vida.
Piensa en tu vida y en tu comunidad (como la de Marta, María y Lázaro, en la que Jesús gustaba hospedarse), y ver lo que sucede cuando dejas que Jesús se acerque y crees en Él. Dios hoy te dice que siempre te escucha. Háblale. Está ahí siempre esperando. Siempre escuchando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.