Viernes 15 de enero

Viernes, 15 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 1-12
Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos, que no quedaba sitio ni a la puerta.
Él les proponía la Palabra.
Llegaron cuatro llevando un paralítico, y como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: Hijo, tus pecados quedan perdonados.
Unos letrados, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: ¿Por qué habla éste así? Blasfema.
¿Quién puede perdonar pecados fuera de Dios? Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: ¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico «tus pecados quedan perdonados» o decirle «levántate, coge la camilla y echa a andar»? Pues, para que veáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados… entonces le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos.
Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios diciendo: Nunca hemos visto una cosa igual.

Pistas: A veces, para algunas personas, es difícil poder encontrarse con Jesús. Muchos están con Él y curiosamente no dejan que otros se acerquen.
Pero los amigos del paralítico se las ingenian para que llegue hasta Jesús. Son creativos. Hacen lo que sea necesario para lograr que se encuentre con Él, porque creen que en Él hay salvación. Creen que en Jesús su amigo encontrará lo que necesita y, por supuesto, quieren a su amigo.
A primera vista podemos pensar que buscaban su curación física, pero el Evangelio parece indicarnos otra cosa, porque cuando Jesús le dice: “Hijo, tus pecados te son perdonados”, los que piensan mal de Jesús son los expertos en la ley. Y Jesús, por su poder, y por la fe de aquellos hombres, salva y sana a aquella person. Liberación espiritual y curación física. Y quienes lo ven y quieren aceptarlo, comprenden quién es. No es un curandero. No es un charlatán. Es Dios o por lo menos un hombre con el poder de Dios con él. Sus discípulos llegarán a descubrir en plenitud quién es Jesús, pero ése es un camino que hay que recorrer.
Si iluminas tu vida con lo que nos enseña el Evangelio puedes encontrar distintas perspectivas con las que sentirte identificado. A veces serás como los que buscan el camino para acercar a su amigo a Cristo, sin desanimarse por las dificultades y confiando en Jesús aunque las cosas no sean como ellos imaginan. Otras, tendrás que dejar que te acerquen a ti, encontrar el camino gracias a la fe de otros (eso es la Iglesia), aceptar el perdón de Jesús y poder levantarte de nuevo. Porque Jesús tiene poder para salvarte. O quizás seas como esos que están con Jesús pero no son capaces de ver al que lo necesita. Entonces, cambia lo que sea preciso para no ser un estorbo e impedir que otros lleguen a Jesús.
La Iglesia que mira y sale a buscar, la que encuentra el camino para llevar a las personas hasta Jesús, es la que el Papa Francisco nos invita a construir. Una Iglesia en salida que vence obstáculos y cambia las cosas, persona a persona…. La que por su fe trae misericordia y salvación al mundo, y hace que los hombres se encuentren con Jesús.
El final del Evangelio dice: “No hemos visto una cosa igual”. Está claro, todo el que se ha acercado a Jesús lo cuenta. Con Él siempre pasan cosas nuevas. Y donde había pecado y sufrimiento, surgen esperanza y nueva vida, hay salvación. Tienes una triple misión: Acércate a Jesús, mira a tu alrededor y acerca a otros a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.