Archivo de la categoría: Lectio divina

Lunes 3 de septiembre

Lunes 3 de septiembre
San Gragorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Jesús mismo se cumple. Es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (hace referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Y les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle. Dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle. Y, por último, echarlo fuera de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra, intentar acabar con Él.
Jesús es la salvación. Y la ofrece a todos. No sólo a los que se supone que la pueden merecer o creen tener derecho a ella (fíjate los ejemplos que pone Jesús). También a ti te la ofrece hoy y te invita a creer en Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de septiembre

Domingo, 2 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio segun san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
—«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» Él les contestó:
—«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.»
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
—«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Pistas: ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios?
Jesús lucha contra una religiosidad superficial encerrada en tradiciones y normas. Lucha contra una religiosidad que hace sentirse bueno y justo aunque no se sea realmente fiel a Dios, ni se ame al prójimo. Lucha contra la hipocresía de parecer religioso aunque el corazón esté lleno de cuestiones que entorpecen ese camino.
Puedes preguntarte si te pareces en algo a los fariseos del Evangelio: ¿A qué me aferro yo? ¿qué me sirve de excusa para estar estancado y ser conformista en mi vida de fe? Hoy Jesús te propone mirar tu interior y dejar que Dios te cambie el corazón.
Fíjate en la lista de maldades que da Jesús hoy. Puede ser una buena ocasión para hacer examen de conciencia ¿tengo algo de eso en mi vida? Pero no temas, si te llenas del Espíritu Santo, las obras que saldrán de tu corazón serán las del Espíritu.
Ahora vuelve a leer las primeras preguntas ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios? E intenta vivir como enseña el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 1 de septiembre

Sábado, 1 de septiembre

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados; y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: ¿Y cómo hubiese sido el final de la parábola si alguno de los que negocian con lo que le dio el Señor hubiera fracasado?. Pero no se puede fracasar, porque la gracia de Dios, los dones de Dios, dan fruto siempre y tienen un premio asombroso. Tal vez haya que luchar mucho, convertirse, caerse y levantarse… pero al final dará fruto. La única manera de que esto no suceda es enterrar lo que Dios te quiere regalar y dedicarte a tus asuntos. ¿A qué dedicó el tiempo el que tuvo miedo y enterró el talento? Los otros emplearon su tiempo y esfuerzo en trabajar con lo que tenían.
“Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Esta frase parece tremendamente injusta y sorprendente en boca de Jesús. Pero si piensas en la enseñanza de Jesús, promete que con Él hay plenitud y lejos de Él sólo la oscuridad del pecado y la desesperanza del sinsentido… Por eso, si acoges la gracia de Dios, si haces fructificar lo que Dios te regala, cada vez tendrás más. Porque cada vez profundizarás más en tu relación con Él y te llenarás más del Espíritu Santo. Incluso si te caes, te levantarás por su misericordia. Pero si eliges enterrar la fe, vivir lejos de Dios, andar a tus cosas… acabarás por perder hasta lo que crees tener.
Este Evangelio te pone ante una elección: poner a actuar la gracia de Dios en tu vida o enterrarla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 31 de agosto

Viernes, 31 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco».
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hablar de la perseverancia, de estar vigilantes, de no acomodarse, forma parte de la predicación de Jesús. Y vemos cómo hace hincapié en ello.
Hoy sucede con esta parábola, en la que puede parecernos injusta o insolidaria la actitud de las sensatas. Pero la clave de la misma es no dejar que la llama se apague.
La llama de la fe, de la esperanza, del amor… Hace falta tener aceite suficiente para que ardan. Piensa ¿qué aceite falta en tu vida? Oración, sacramentos, comunidad, acompañamiento, compromiso… Éste es el aceite que mantiene encendida la llama de la fe, el que te va a permitir reconocer a Jesús (al novio) y con el que al final podrás entrar al banquete (al Reino y a la vida eterna).
Jesús nos pide estar vigilantes y tener la lámpara encendida. Si recuerdas, hace pocos días el Evangelio nos subrayaba que no se puede vivir de cualquier modo, que no todo da igual, que las acciones tienen consecuencias. Hoy Jesús te anima a que no dejes que se extinga en ti la llama de la fe. Ora con esta parábola y deja que la palabra de Dios te dé luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 30 de agosto

Jueves, 30 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas? Pues dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, como se merecen los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: Después del discurso a los fariseos y letrados, en el que les reprocha su hipocresía y su doble vida, Jesús habla a sus discípulos. Con un mensaje que indica la urgencia de seguirle: “Estad en vela”, “estad preparados”. Es una invitación a vivir como discípulos suyos, sin dejar pasar el tiempo.
Fíjate cómo resalta Jesús la seriedad de nuestra libertad, de las decisiones que tomamos y de cómo vivamos. No es lo que aparentes ser, sino lo que eres realmente. Y por eso, ahora es el momento de vivir en plenitud. Porque cómo vivas tendrá consecuencias. Puede ser un camino de realización de tu vida o el que desemboque en la frustración más absoluta: “Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.
Relee el Evangelio pensando en tu propia vida. Si la estás dejando pasar o si estás tomando las riendas de ella. Si te dejas llevar por lo pasajero o inviertes en lo eterno. Piensa en la seriedad de las palabras de Jesús de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 29 de agosto

Miércoles, 29 de agosto
El martirio de San Juan Bautista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecía a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras, que te lo doy.» Y le juró: «Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella salió a preguntarle a su madre: «¿Qué le pido?»
La madre le contestó: «La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: «Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. Enseguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Pistas: El pecado envuelve, atrapa, enreda… y roba la libertad, roba la capacidad de buscar el bien. Crea la impresión de que se es poderoso, da satisfacciones y placeres momentáneos. Da sensación de que se tiene el control y convierte el propio criterio en lo que decide el bien y el mal.
Fíjate en el relato que acabas de leer: cuánto sufrimiento se causa, qué estructura social crea, cuántas injusticias genera. Promete construir y destruye, promete libertad y esclaviza, promete alegría y placeres y trae tristeza y sufrimiento, promete vida y trae muerte.
Jesús propone otro camino. Lo vas descubriendo cada día en la oración. ¿Qué mundo quieres construir? ¿qué estilo de vida quieres? ¿el de los personajes del Evangelio de hoy o el de Juan Bautista, el de Jesús, el de sus discípulos? La respuesta te tiene que llevar a romper la telaraña del pecado, a convertirte cada día a Jesús viviendo en la verdad, a no permitir que el mal te envuelva, a que tus intereses y placeres no se conviertan en el centro. Jesús ha venido a hacernos libres. Acércate a Él y encontrarás luz y fuerza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 28 de agosto

Martes, 28 de agosto
San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Pistas: Lo externo sin cambio interior no es más que una mentira disfrazada y no sirve para nada. El mero cumplimiento y la apariencia son hipocresía, ceguera y llevan a una autojustificación que no es compatible con seguir a Jesús.
Podríamos acercar más las palabras de Jesús a nuestros días poniendo ejemplos: el que paga la cofradía y va a las procesiones en Semana Santa, pero su corazón está lejos de Dios y de todo lo que significa ser discípulo suyo. O el cura que tiene actitudes piadosas en su parroquia y guarda las apariencias, pero en su vida personal no vive lo que predica. O el que se preocupa de que la iglesia esté bonita o canta en el coro parroquial o es catequista… pero su corazón va por otro lado.
Piensa si tienes algo de esto en tu vida. Piensa desde la responsabilidad que tienes en la Iglesia, en tu comunidad, en tu familia o entre tus amigos. ¿Te fijas más en lo externo que en dejarte transformar el corazón por Dios y vivir desde el interior? ¿Vives de las normas externas, pero te olvidas de amar y ser coherente con tu fe?
Deja que Jesús limpie tu interior. Fíjate que dice: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”. Por eso, no permitas que lo superficial, las apariencias, lo exterior se conviertan en el centro de tu vida. Vive desde el corazón. Deja que tu corazón esté habitado por el Espíritu Santo y verás como todo se transforma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 26 de agosto

Domingo, 26 de agosto .

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.» Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo:
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: Seguir a Jesús, creer y fiarse de Él. Después del discurso del Pan de vida, en el que Jesús habla de su origen (Pan bajado del cielo), de su destino (Pan que se entrega), de su sacrificio redentor (comer su carne y beber su sangre), a algunos les resulta duro lo que Él propone. Ya no quieren seguirle y llegar a descubrir el alcance de estas palabras.
Jesús da una clave hoy para cuando vacile tu fe, cuando no entiendas o tengas dudas: pídele a Dios. Porque dice: “nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”. La fe es un don, seguir a Jesús es un don, un regalo que Dios hace. Sólo es posible por la acción del Espíritu Santo en nuestro interior, que nos hace capaces de conocer a Jesús, de seguirle y vivir como discípulos suyos.
Pero también es una elección. Y por eso muchos se fueron. Jesús pregunta a los Doce: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Eres libre, es decisión de tu voluntad y libertad seguir o no a Jesús, buscar la verdad, hacer tuya la fe en Él. Jesús no se abrirá paso a la fuerza.
La conclusión de Pedro es: ¿A quién acudir? Sólo en Jesús hay palabras de vida eterna. Creemos y sabemos que Jesús es el prometido, el Mesías. Es una confesión de fe… Pero tendrán que seguir el camino con Jesús para poder experimentarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 25 de agosto

Sábado, 25 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Pistas: Jesús critica a los que tienen el deber de enseñar la Ley. No son coherentes. Tampoco les importan los demás. Pero sí los honores, los reconocimientos, los puestos, la imagen…
Quizás al leer esto te vengan a la mente personas concretas. Pero Jesús no dice esto para señalar a los que lo hacen mal, sino para enseñar a los que quieren ser sus discípulos. No puede servir de excusa la soberbia o los pecados de los que ocupan puestos de responsabilidad en la comunidad, en la Iglesia… para dejar de hacer la tarea que tienes encomendada. Si tienes alguna misión en la Iglesia o si eres el creyente de tu grupo de amigos es una buena ocasión para que te preguntes: ¿me parezco en algo a los que critica hoy Jesús?
La propuesta de Jesús es: Tú, en cambio, considérate igual a los otros, no dejes que te pongan por encima. No te endioses porque el que tiene que ocupar el centro es Dios, al que hay que seguir es a Jesús (no a ti, ni a ésta o aquella persona). Al que tienes que buscar, y ayudar a que los demás busquen es a Jesús.
Si quieres ser grande, si quieres hacer cosas grandes, si quieres ser importante, sigue a Jesús: Él amó, sirvió, se entregó, se humilló y ahí nos mostró la mayor grandeza, la mayor victoria. Fue elevado, glorificado, el primero en vencer la muerte, el hombre lleno de Espíritu Santo… Sigue a Jesús y aprende a ser como Él. Éste es el camino que te propone la Palabra hoy: lo importante no es la puesta en escena, sino lo que vives en tu interior, la relación que mantienes con Jesús Y esto es lo que te hará verdaderamente grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

El sáb., 25 ago. 2018 a las 2:11, Edu J. del Valle () escribió: Sábado, 25 de agosto

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo: En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen.
Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.
Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Pistas: Jesús critica a los que tienen el deber de enseñar la Ley. No son coherentes. Tampoco les importan los demás. Pero si los honores, los reconocimientos, los puestos, la imagen…
Quizás al leer esto te vengan personas concretas a la cabeza. Pero Jesús no dice esto para señalar a los que lo hacen mal, sino para enseñar a los que quieren ser sus discípulos. No te puede servir de excusa la soberbia o los pecados de los que ocupan puestos de responsabilidad en la comunidad, en la iglesia… Si tienes alguna misión en la iglesia o si eres el creyente de tu grupo de amigos es una buena ocasión para que te preguntes: ¿me parezco en algo a los que critica hoy Jesús?
La propuesta de Jesús es: Tú, en cambio, considérate igual a los otros, no dejes que te pongan por encima. No te endioses porque el que tiene que ocupar el centro es Dios, al que hay que seguir es a Jesús (no a ti, ni esta o aquella persona). Al que tienes que buscar y ayudar a que los demás busquen es a Jesús.
Si quieres ser grande, si quieres hacer cosas grandes, si quieres ser importante, sigue a Jesús: Él amó, sirvió, se entregó, se humilló y ahí nos mostró la mayor grandeza, la mayor victoria, fue elevado, glorificado, el primero en vencer la muerte, el hombre lleno de Espíritu Santo… Sigue a Jesús y aprende a ser como Él, este es el camino que te propone la Palabra hoy. Y esto es lo que te hará verdaderamente grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Viernes 24 de agosto

Viernes, 24 de agosto
San Bartolomé, Apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 1, 45-51
En aquel tiempo, Felipe encuentra a Natanael y le dice: «Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó: «¿De Nazaret puede salir algo bueno?» Felipe le contestó: «Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta: «¿De qué me conoces?»
Jesús le responde: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: Leemos hoy en la fiesta de San Bartolomé este pasaje del Evangelio de San Juan.
Un anuncio: hemos encontrado al Mesías. Una duda: ¿de Nazaret? Una invitación: “Ven y verás». Y un encuentro que lo cambia todo.
Natanael (Bartolomé) descubre quién es Jesús cuando se encuentra y dialoga con Él. Es curioso cómo se produce la conversación. Primero Jesús le habla de quién es el propio Natanael (un israelita en quien no hay engaño). Jesús le conoce y le ve. Cristo toma la iniciativa.
Esto mismo sucede en el encuentro con Jesús que despierta la fe: Hay un proceso en el que la persona descubre quién es, se conoce mejor a sí mismo. Y otro en el que se comprende que Jesús es el Maestro, el Hijo de Dios, el Mesías prometido.
Y Jesús termina repitiendo la invitación: “Ven y verás”, “has de ver cosas mayores”. Porque la fe es un proceso, un camino, una relación.
Este relato es también una pista para aprender a evangelizar. Felipe cuenta lo que él ha descubierto, escucha lo que Natanael le dice, lo invita a que se encuentre con Jesús (no quiere convencerlo con argumentos y discusiones porque sabe que la verdad de quién es Jesús le convencerá). Y todo sucede en este encuentro. Si has encontrado a Jesús, aquí tienes unas pistas para llevarlo a otros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.