Archivo de la categoría: Lectio divina

Viernes 7 de diciembre

Viernes 7 de diciembre
San Ambrosio, obispo y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 29, 17-24
Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel; porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

Pistas: Imagina lo que ha prometido el Señor por medio del profeta Isaías. La salvación de Dios llega a todos los ámbitos: la naturaleza, los enfermos, los pobres y oprimidos, los tratados injustamente. Los malvados serán derrotados. Los que no entienden aprenderán, los que han perdido la cabeza comprenderán. Será tiempo de alegría, de gozo, de levantar la cabeza, para santificar y honrar a Dios.
Y si damos un salto al Nuevo Testamento ¿cuáles son los signos que Jesús realiza? Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Los demonios son expulsados y los pecadores se convierten. En Jesús se cumplieron las palabras del profeta.
Pero no sólo fue un espejismo que duró lo que estuvo Jesús en este mundo. Él prometió que la salvación que vino a traer -su Reino- continuaría después de Él. Y cumplió la promesa, venciendo a la muerte y enviando el Espíritu Santo.
Si tienes fe, si te acercas a Jesús y te llenas del Espíritu Santo, verás cómo en tu vida la Palabra de Dios se hace realidad. Fíjate en lo que Isaías anuncia que sucederá cuando llegue la salvación de Dios: alegría, gozo, victoria del bien, defensa del inocente, santificar el nombre de Dios (alabarle, glorificarle, ver su santidad y reconocerla) y “temer a Dios” (en la Biblia significa admirar su grandeza y obedecerle con amor), comprender y entender… Haz realidad en tu vida todo esto ¿Cómo? Acércate a Jesús y ora, y Él te guiará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 6 de diciembre

Jueves 6 de diciembre
San Nicolás, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 26, 1-6
Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá:
«Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.».

Pistas: El día de la salvación habrá una ciudad fuerte en la que entrará un pueblo justo que es leal y fiel, que es firme y mantiene la paz. Un pueblo que confía en Dios. Para ese pueblo están las puertas abiertas. La Roca perpetua es el Señor, en quien hay que confiar. Es firme, seguro, no se tambalea. Y en esa ciudad el Señor humilla a los que están en la altura, y los que la pisan son los humildes y los pobres.
El Evangelio de la misa de hoy nos da una clave de interpretación de las palabras de profeta. Jesús dice que para entrar en el Reino de los Cielos, en la salvación, en la ciudad de la que habla el profeta, no basta con creer de palabra y decir: “Señor, Señor”. Es necesario buscar y cumplir la voluntad de Dios. No basta con apariencias o con meras palabras. Es necesario poner en práctica lo que Jesús enseña. Porque Él es la Roca. Y para que lo entiendan les cuenta la parábola del hombre sabio que edifica su casa sobre roca (así son los que cumplen su palabra) y los necios que lo hacen sobre arena.
Jesús es la puerta de entrada a la salvación y la ha abierto para los que se acerquen a Él. Pero sólo los humildes y los pobres pueden pisar esa ciudad. Porque pasar por Jesús implica un cambio de vida. Él te hace santo, Él te hace justo. Cristo es de fiar. Es Roca, es salvación y al que se acerca a Él lo salva.
Acércate a Jesús, alábale, reconoce su grandeza y pídele que te salve. Que sea tu roca, que te haga humilde… Ora.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 5 de diciembre

Miércoles, 5 de diciembre
I semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Isaías 25, 6-10a
Aquel día, el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos. Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones. Aniquilará la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y el oprobio de su pueblo lo alejará de todo el país. —Lo ha dicho el Señor—. Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara; celebremos y gocemos con su salvación. La mano del Señor se posará sobre este monte.»

Pistas: El Señor vencerá. Preparará un festín, un banquete en ese monte (Sión). Todos los pueblos podrán ver y conocer al Señor (allí en ese banquete caerá el velo que cubre a los pueblos). La muerte será vencida para siempre. La tristeza y el oprobio también. Es Dios que salva. Y esto es motivo de celebración y de gozo.
A qué te suena ese banquete. Cuando Jesús multiplica los panes y los peces -nos dice el Evangelio que se lee en la misa de hoy-, cuando en la Última Cena Jesús parte el Pan y reparte el Vino, porque va a vencer a la muerte, aniquilada para siempre. Al banquete del Reino de los Cielos del que habla Jesús en tantas ocasiones.
Jesús es ese monte, es el banquete, es el vencedor, es la salvación, es el motivo para celebrar y gozar. Enjugará las lágrimas de tus ojos, arrancará el velo que te ciega. Y no sólo a ti, sino a toda la sociedad si se acerca a Él.
Las promesas del Señor se cumplen y siguen siendo actuales, son también para nuestro tiempo, iluminadas por la luz de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Vuelve a leer la lectura y deja que Dios te hable para tu vida y tus decisiones. Y respóndele con tu oración.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 4 de diciembre

Martes, 4 de diciembre
San Juan Damasceno, presbítero y doctor de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Pistas: Jesé es el padre del rey David del que descendieron los reyes de Judá. La lectura describe cómo es el rey ideal de ese linaje. El espíritu es la ruah, el aliento de vida. Estará lleno de los dones de Dios, conocimiento, sabiduría, poder… Y con él llegará el reinado de Dios. Un nuevo orden de las cosas.
Nuevamente los símbolos e imágenes que usa el profeta nos invitan a soñar: un mundo justo con un juez justo donde se protege al desamparado. Juzga la palabra de su boca y con el aliento de sus labios (no con violencia ni imposición). Un mundo en paz, un paraíso (como el que describe el libro del Génesis). En el que todos podrán conocer al Señor (“está lleno el país de la ciencia del Señor”). Y, finalmente, esto será para todos, no sólo para los judíos. Porque el renuevo del tronco de Jesé “se erguirá como enseña de los pueblos”.
El Evangelio de la misa de hoy dice que Jesús es quien revela a Dios, quien muestra a Dios. El que ve al Hijo ve al Padre. Es Jesús quien hace presente de un modo completamente asombroso todo lo que el profeta Isaías anuncia. Y a sus discípulos les dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
La lectura de hoy nos lleva a Jesús. Él está lleno del Espíritu Santo, y a través de Él todos podemos llenarnos del Espíritu y sus dones (todos conoceremos a Dios). Si los hombres viviéramos como Jesús enseña ¿no sería el mundo parecido a lo que anuncia el profeta? Jesús lucha contra la mediocridad y las apariencias. Y, finalmente, se alza como enseña de los pueblos, por su muerte y resurrección.
¿Quieres construir un mundo como el que anuncia el profeta? El camino es Jesús. Reza y camina con Él.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 3 de diciembre

Lunes, 3 de diciembre
San Francisco Javier, presbítero

En el Adviento las primeras lecturas son muy importantes porque ayudan a entender que Jesús es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. La esperanza de salvación se ve cumplida en Cristo. Por eso en este tiempo pasaremos del Evangelio a la primera lectura (excepto los domingos). Además, esto te ayudará a rezar no sólo con el Evangelio sino con toda la Palabra de Dios.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5
Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén: Al final de los días estará firme el monte de la casa del Señor, en la cima de los montes, encumbrado sobre las montañas.
Hacia él confluirán los gentiles, caminarán pueblos numerosos. Dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob: él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, de Jerusalén, la palabra del Señor.»
Será el árbitro de las naciones, el juez de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra. Casa de Jacob, ven, caminemos a la luz del Señor.

Pistas: Isaías anuncia que el templo del Señor será el centro hacia el que confluirán los gentiles, y que allí podrán encontrar el camino del Señor. Siempre está la tentación de la idolatría como solución a las dificultades, pero el profeta promete un futuro en el que el Señor será maestro de todos (judíos y extranjeros) y todos podrán caminar a la luz del Señor y en paz.
Si damos un salto al Nuevo Testamento, Jesús dice de sí mismo que Él es el templo (destruid este templo y en tres días lo levantaré –hablando de su muerte y resurrección-), Él es el “lugar” de encuentro con Dios. Todo lo demás son ídolos y falsas soluciones. Jesús es el único camino hacia la paz, hacia la verdad y la luz. La promesa del profeta se cumplirá de un modo extraordinario en Jesús.
La invitación final de Isaías puede resonar hoy en tu corazón, y tal vez te sirva como respuesta a la oración que repetiremos tantas veces en adviento: “Ven, Señor”. Isaías te dice: “Caminemos a la luz del Señor”. En tu comunidad, en tu parroquia, en tu vida, ponte a la luz del Señor y camina.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de diciembre

Domingo, 2 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedaran sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

Pistas: Este Evangelio nos habla del final de los tiempos, con un mensaje a la vez estremecedor y esperanzador, en el que Cristo y los suyos salen victoriosos.
Hoy la liturgia de la Iglesia comienza el Adviento, un tiempo de preparación para la Navidad. Y te invitará a repetir: “Ven, Señor”.
La lectura de hoy nos enseña que aunque todo se tambalee, aunque te parezca difícil o imposible, pase lo que pase, si eres discípulo de Jesús, si Jesús viene: levántate, alza la cabeza, despierta, ponte en pie. Y si Jesús viene, el mal es derrotado y todo lo bueno, lo bello, lo verdadero, la vida, vencerá. La oscuridad siempre es vencida por la luz.
Puedes orar con esta frase: “Estad siempre despiertos”. La Iglesia te ofrece un tiempo para despertar, para darte cuenta del regalo que ha sido que el Hijo de Dios se haga hombre (lo celebraremos en Navidad), para darte cuenta del regalo de la victoria de Jesús que será plena al final de la historia (Jesús que vendrá). Es el momento de preparar el camino, de revisar tu vida de fe, de abrir tu corazón para acoger a Jesús.
Y tú ¿qué tienes que hacer? Despertar, porque Él viene, a tu vida, a tu Iglesia, a tu familia, a tus problemas. Despierta y levántate, pide fuerzas y di: “Ven, Señor”, porque si Él viene, tuya es su victoria.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Sábado 1

Sábado 1 de diciembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado, no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

Pistas: La mente se embota cuando no somos capaces de discernir entre el bien y el mal, entre lo conveniente y lo que nos hace daño. Y nos convierte en un tipo de personas que no queremos ser. Pero esto no sucede de la noche a la mañana. Por eso, hay que estar despiertos para verlo venir.
Piensa en los momentos en los que te has acabado dejando llevar y tu actitud desembocó en el pecado o en el mal, haciéndote sufrir, convirtiéndote en alguien malo o mediocre. Siempre han empezado poco a poco. Con pequeñas concesiones que no parecían malas. Digamos que se deja de buscar lo mejor para conformarse con lo que no es malo… Y poco a poco, sin que se enciendan luces rojas, comienza a embotarse la mente. Comienzas a perder tu identidad de discípulo de Jesús, a vivir como los que no tienen fe. A poner excusas para tu pecado y mediocridad. Es como andar en tinieblas, no distingues lo bueno de lo malo, no sabes qué dirección tomar y acabas perdiendo el norte.
Jesús avisa hoy a sus discípulos: estad despiertos, pedid fuerzas para escapar del mal, del pecado y poder estar en pie.
¡Qué bonito es esto! Poder estar en pie ante Jesús, dejando que te mire con amor, sin que sientas vergüenza. Cuando uno se ha equivocado no quiere alzar la mirada, no se siente digno, no se ve capaz de resistir la mirada del otro. Pero si eres discípulo de Jesús tienes que estar en pie, vigilante, dispuesto, fiel. Y el camino es el de siempre: pasar tiempo con Jesús, rezar, convertirse día a día viviendo en la verdad. Entonces ¿qué prefieres? ¿estar embotado o despierto?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Jueves 29 de noviembre

Jueves 29 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo.
Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje.
Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Pistas: Según se va leyendo el Evangelio de hoy se encoge el corazón, Si lo imaginas, vas angustiándote porque todo es terrorífico y espantoso… y cuando parece que el final va a ser horrible, ante la devastación y la destrucción aparecerá el Hijo del Hombre (Jesús resucitado y victorioso). Y nos dice a sus discípulos: “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Jesús habla con lenguaje apocalíptico del final de los tiempos, del final de la historia en la que Él y los suyos saldrán vencedores.
Pero las palabras de Jesús también nos sirven ahora, porque desde que Cristo murió y resucitó estamos en el final de los tiempos, vamos hacía la parusía (la plenitud al final de la historia) pero ya estamos en los tiempos de los que habla Jesús.
Entonces ¿qué hacer ante este mundo nuestro? Tantos desastres naturales, tantos que están “sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se viene encima al mundo” o por lo menos a su mundo: guerras, mafias, abusos, injusticias, enfermedades… Pero tú, que eres discípulo de Jesús, ante todo esto, no agaches la cabeza. Levántate, no te rindas ni te quedes postrado. Levántate, alza la cabeza hacia Jesús. No mires al mundo, mira a Dios, porque ahí, en Jesús está tu liberación. En realidad, esto son las bienaventuranzas de Jesús, que en cualquier situación puedes tener alegría y paz si le acoges a Él. Así que vuelve a leer el Evangelio y levántate, alza tu cabeza y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 28 de noviembre

Miércoles 28 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Pistas: Jesús anuncia persecuciones y dificultades, traiciones, odio e incluso la muerte. Dice que Él dará palabras y sabiduría que no supongan una escenificación, porque lo que Él les dará será auténtico y podrán dar testimonio. Y les da la clave de la perseverancia en la dificultad.
Imagina cómo han resonado estas palabras en las comunidades cristianas perseguidas. Imagina cómo tocarán el corazón de aquellos que todavía hoy son perseguidos y martirizados a causa de su fe. Y ahora deja que resuenen en tu interior y pregúntate cómo es tu fe. Tú, que no tienes las dificultades de las que habla Evangelio de hoy ¿das testimonio? ¿vives una fe contagiosa? ¿perseveras en medio de las dificultades que pueda haber?
Puedes aprovechar el Evangelio de hoy para rezar por los cristianos perseguidos, puedes dar gracias por el testimonio de tantos que se atrevieron a ser fieles a Jesús y por ellos ha llegado hasta hoy la Buena Noticia. Puedes mirar tu fe y pedirle a Dios que te la aumente.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 27 de noviembre

Martes 27 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 21, 5-11
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.
Ellos le preguntaron: Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder? Él contestó: Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usando mi nombre, diciendo: «Yo soy», o bien «el momento está cerca»; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida.
Luego les dijo: Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo.

Pistas: Piensa en la comunidad que lee por primera vez el Evangelio de San Lucas a finales del siglo primero. Es una época de dificultades y persecución. Con todo el fervor y el poder de Jesús resucitado y la fuerza del Espíritu Santo pero, a la vez, con toda la dificultad, el miedo y la incertidumbre de una Iglesia perseguida, el templo que ha sido destruido en el año 70…
Y ¿cuál es el mensaje de Jesús? “Que nadie os engañe”, “no vayáis tras ellos”, “no tengáis pánico”. Una llamada al discernimiento ante las dificultades, para no caer en soluciones fáciles o caminos engañosos. Sólo Jesús es la respuesta. Sólo Jesús es el “Yo soy” (Dios que está contigo). Sólo Jesús es la roca firme (no como las del templo. que no quedará piedra sobre piedra).
“El final no vendrá enseguida”. Es el tiempo de seguir luchando, de perseverar con Jesús. Aunque la historia se tambalee y haya dificultades, Jesús les avisa de lo que sucederá y les manda seguir con Él.
Ahora piensa en tu vida, en el mundo, en la Iglesia… ¿qué quiere decirte la palabra de Dios hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.