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Domingo 8 de diciembre

Domingo, 8 de diciembre
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: María es una de las protagonistas de este tiempo de Adviento. Hoy la Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de la Virgen María y nos invita a acercarnos a este Evangelio. Hay muchos detalles en el relato de San Lucas que pueden inspirarte para rezar.
Dios envía a un ángel (un mensajero). Quizás también los envíe a tu vida. Lo envía para anunciar algo asombroso a una muchacha de Nazaret desposada con un descendiente de David (de cuya descendencia nacería el Mesías). En ese pueblecito, en la vida de esa familia humilde… Dios actuará.
Jesús será alguien tan grande que Dios quiere mostrar que tendrá el trono, reinará para siempre, su reino no tendrá fin.
El regalo del nacimiento que va a suceder supera las fuerzas del hombre. Por eso nace de una virgen, por eso José -el descendiente de David- es el esposo de María, la Virgen Madre.
El saludo del ángel nos ayuda a entender que María es Inmaculada. O, lo que es lo mismo, está llena de gracia. En ella no hay lugar para el pecado. Pero a pesar de esta elección especial, podemos decir que Dios le pide permiso y María con su “sí” ratifica todo lo que Dios le ha regalado: “Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
Y lo imposible se hace posible: una virgen será madre, el Hijo de Dios se hará hombre. La anciana y estéril Isabel será madre también.
Te invito a que releas el Evangelio y te quedes con una frase o una idea, algo que te impresione, que te llame la atención, para alabar a Dios y darle gracias, o para contemplar a María y pedir su intercesión. O quizás surja en tu corazón el deseo de pedirle a Dios que lo imposible se haga posible también en tu vida, o decirle que “sí” a algo que te está pidiendo. Deja que la Palabra de Dios te hable una vez más y respóndele con tu oración.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 7 de diciembre

Sábado, 7 de diciembre
San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 30, 19-21. 23-26
Así dice el Señor, el Santo de Israel: «Pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, no tendrás que llorar, porque se apiadará de ti al oír tu gemido: apenas te oiga, te responderá. Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada, ya no se esconderá tu Maestro, tus ojos verán a tu Maestro. Si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: «Éste es el camino, camina por él.»
Te dará lluvia para la semilla que siembras en el campo, y el grano de la cosecha del campo será rico y sustancioso; aquel día, tus ganados pastarán en anchas praderas; los bueyes y asnos que trabajan en el campo comerán forraje fermentado, aventado con bieldo y horquilla.
En todo monte elevado, en toda colina alta, habrá ríos y cauces de agua el día de la gran matanza, cuando caigan las torres. La luz de la Cándida será como la luz del Ardiente, y la luz del Ardiente será siete veces mayor, cuando el Señor vende la herida de su pueblo y cure la llaga de su golpe.»

Pistas: El ejército asirio es una amenaza y los habitantes de Jerusalén lo ven acercarse. Las noticias llegan diciendo que a su paso arrasan las ciudades y las conquistan. Acaban con los más débiles y a los más fuertes los deportan. La esperanza que refleja el profeta se dirige a un pueblo desanimado y en crisis. Dios sostendrá a su pueblo, aunque haya dificultades. Promete estar cercano: “Apenas te oiga, te responderá”. No se esconderá. Guiará a su pueblo. Si se desvía, le mostrará el camino.
El profeta se permite soñar: habrá prosperidad y abundancia. Y, finalmente, todo será más brillante y luminoso (la luna –la Cándida- y el sol –el Ardiente- brillarán más), se acabará la oscuridad cuando el Señor vende la herida de su pueblo.
Jesús, nos cuenta el Evangelio de la misa de hoy, enseña, anuncia el reino, cura enfermedades y dolencias, y siente compasión de la muchedumbre porque andan “como ovejas que no tienen pastor”. Es el que hace realidad las palabras de esperanza del profeta Isaías. Es el Buen Pastor, el que cura y venda las heridas de su pueblo, el Maestro que enseña y guía.
Pero Jesús no hace esto solo, sino que capacita a sus discípulos para continuar su obra (“llamando a sus doce discípulos les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”). No es sólo algo puntual que sucedió hace algo más de dos mil años. Igual que envió a sus discípulos diciéndoles «lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”, también envía hoy a su Iglesia.
Nos ha dado su Espíritu Santo para que sea nuestro Maestro. Para que nos guíe y, cuando nos equivoquemos, nos indique el camino. El Espíritu nos da la capacidad para vivir como Jesús ha enseñado. Trae luz, prosperidad, verdad, salvación…. a este mundo nuestro que está en tantas ocasiones desanimado y en crisis. Y para hacer esto te llama también a ti y te capacita para que puedas continuar la tarea, y para que a través de ti también lo hagan otros.
Reza con las palabras de esperanza del profeta, mirando a Jesús, mirando tu vida y al mundo. Y recuerda que las promesas de Dios son para ti también, para nuestro tiempo y para nuestro mundo

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 6 de diciembre

Viernes, 6 de diciembre
San Nicolás, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Isaías 29, 17-24.
Así dice el Señor: «Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque; aquel día, oirán los sordos las palabras del libro; sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos. Los oprimidos volverán a alegrarse con el Señor, y los más pobres gozarán con el Santo de Israel; porque se acabó el opresor, terminó el cínico; y serán aniquilados los despiertos para el mal, los que van a coger a otro en el hablar y, con trampas, al que defiende en el tribunal, y por nada hunden al inocente.»
Así dice a la casa de Jacob el Señor, que rescató a Abrahán: «Ya no se avergonzará Jacob, ya no se sonrojará su cara, pues, cuando vea mis acciones en medio de él, santificará mi nombre, santificará al Santo de Jacob y temerá al Dios de Israel. Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza.»

Pistas: Imagina lo que ha prometido el Señor por medio del profeta Isaías. La salvación de Dios llega a todos los ámbitos: la naturaleza, los enfermos, los pobres y oprimidos, los tratados injustamente. Los malvados serán derrotados. Los que no entienden aprenderán, los que han perdido la cabeza comprenderán. Será tiempo de alegría, de gozo, de levantar la cabeza, para santificar y honrar a Dios.
Y en el Nuevo Testamento ¿qué signos realiza Jesús? Los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen y a los pobres se les anuncia el Evangelio. Los demonios son expulsados y los pecadores se convierten. En Jesús se cumplieron las palabras del profeta.
Pero no sólo fue un espejismo que duró lo que estuvo Jesús en este mundo. Él prometió que la salvación que vino a traer -su Reino- continuaría después de Él. Y cumplió la promesa, venciendo a la muerte y enviando el Espíritu Santo.
Si tienes fe, si te acercas a Jesús y te llenas del Espíritu Santo, verás cómo en tu vida la Palabra de Dios se hace realidad. Fíjate en lo que Isaías anuncia que sucederá cuando llegue la salvación de Dios: alegría, gozo, victoria del bien, defensa del inocente, santificar el nombre de Dios (alabarle, glorificarle, ver su santidad y reconocerla) y “temer a Dios” (en la Biblia significa admirar su grandeza y obedecerle con amor), comprender y entender… Haz realidad en tu vida todo esto ¿Cómo? Acércate a Jesús y ora, y Él te guiará.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 3 de diciembre

Martes, 3 de diciembre
San Francisco Javier, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10
Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.
Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.
Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.
La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey.
El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.
No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar.
Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Pistas: Jesé es el padre del rey David del que descendieron los reyes de Judá. La lectura describe cómo es el rey ideal de ese linaje. El espíritu es la ruah, el aliento de vida. Estará lleno de los dones de Dios, conocimiento, sabiduría, poder… Y con él llegará el reinado de Dios. Un nuevo orden de las cosas.
Nuevamente los símbolos e imágenes que usa el profeta nos invitan a soñar: un mundo justo con un juez justo donde se protege al desamparado. Juzga la palabra de su boca y con el aliento de sus labios (no con violencia ni imposición). Un mundo en paz, un paraíso (como el que describe el libro del Génesis). En el que todos podrán conocer al Señor (“está lleno el país de la ciencia del Señor”). Y, finalmente, esto será para todos, no sólo para los judíos. Porque el renuevo del tronco de Jesé “se erguirá como enseña de los pueblos”.
El Evangelio de la misa de hoy dice que Jesús es quien revela a Dios, quien lo muestra. El que ve al Hijo ve al Padre. Jesús hace presente de un modo completamente asombroso todo lo que el profeta Isaías anuncia. Y a sus discípulos les dice: «¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron».
Jesús está lleno del Espíritu Santo y a través de Él todos podemos llenarnos del Espíritu y sus dones (todos conoceremos a Dios). Si los hombres viviéramos como Jesús enseña ¿no sería el mundo parecido a lo que anuncia el profeta? Jesús lucha contra la mediocridad y las apariencias. Y, finalmente, se alza como enseña de los pueblos, por su muerte y resurrección.
¿Quieres construir un mundo como el que anuncia el profeta? El camino es Jesús. Reza y camina con Él.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 2 de diciembre

Lunes, 2 de diciembre
I semana de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Como otros años, en este tiempo de Adviento, pasamos a rezar con las primeras lecturas, nos acercamos a los profetas del Antiguo Testamento que anuncian la venida del Mesías.

Lectura del libro de Isaías 4, 2-6
Aquel día, el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel. A los que queden en Sión, a los restantes en Jerusalén, los llamarán santos: los inscritos en Jerusalén entre los vivos. Cuando lave el Señor la suciedad de las mujeres de Sión y friegue la sangre de dentro de Jerusalén, con el soplo del juicio, con el soplo ardiente, creará el Señor en el templo del monte Sión y en su asamblea una nube de día, un humo brillante, un fuego llameante de noche. Baldaquino y tabernáculo cubrirán su gloria: serán sombra en la canícula, refugio en el aguacero, cobijo en el chubasco.

Pistas: Las lecturas de los profetas están llenas de simbolismo y desde la perspectiva cristiana se leen iluminadas por el acontecimiento Cristo. Por eso Jesús, la salvación, la Iglesia, el Espíritu Santo… son el cumplimiento de las promesas que iremos leyendo estos días y en esa clave vamos a hacerlo.
La de hoy hace referencia al resto del pueblo de Dios que será purificado y Dios se hará presente en medio de ellos: la “nube”, el “fuego”. Son símbolos de la presencia y manifestación de Dios. Él en persona purificará y limpiará a su pueblo, y lo hará a través del “vástago del Señor”. Los que parecían derrotados, sólo un resto que quedó en el pueblo, serán los santos.
Los profetas hicieron nacer la esperanza en unas promesas… Haz nacer tú también esa esperanza en tu corazón. Sólo Jesús la cumplirá y de un modo sorprendente.
Tal vez sólo un pequeño resto quedamos queriendo permanecer en Jerusalén (en la Iglesia) esperando el cumplimiento de la promesa. Para muchos una navidad llena de consumismo ha empezado ya, pero no hay ninguna referencia al misterio de Jesús. Esta lectura es una invitación a ser de los que permanecen en la esperanza, y ésta no se verá defraudada.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 1 de diciembre

Domingo, 1 de diciembre
I domingo de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 24, 37-44
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
Antes del diluvio, la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del Hombre:
Dos hombres estarán en el campo: a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre.

Pistas: Comienza el tiempo de Adviento, que nos prepara para recibir la Navidad. Jesús viene a salvar. Vino a salvar en aquella primera Navidad, vendrá a salvar al final de los tiempos y viene a salvarte a ti.
Pero nosotros vivimos metidos en la rutina del día a día. Y a veces ésta se convierte en opresora. La sentimos como una carga de la que no podemos –tal vez tampoco queremos- escapar. Jesús dice hoy que estemos en vela, vigilantes, que despertemos.
Esto es lo que te dice el tiempo de adviento. ¡Despierta! Jesús quiere venir a tu vida. ¡Despierta! No permitas que la rutina y lo cotidiano te hagan perder de vista lo extraordinario, que Dios te ofrece su salvación, que Él viene a tu vida y te quiere en su Reino.
Tiene algo de urgente. Pone Jesús el ejemplo de los contemporáneos de Noé, que no se enteraron y perdieron su vida. Por eso, ya, ahora, es tiempo de salvación para ti. No dejes que éste sea un adviento más. Haz que sea tiempo de salvación. Encuéntrate con Jesús que viene a ofrecerte su salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 30 de noviembre

Sábado 30 de noviembre
San Andrés, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 4, 18-22
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: «Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Pistas: Leemos hoy un relato de vocación. En medio de lo cotidiano aparece Jesús y llama. Resulta extraño pensar que es la primera vez que se ven. Posiblemente, se habían ido conociendo. La llamada de Jesús es a estar con Él: “Venid y seguidme”. Y les anuncia la misión que van a tener: “Os haré pescadores de hombres”.
Jesús les dará lo que necesitan para hacer lo que les pide. Pero el primer paso es fiarse de Jesús e ir con Él. Por eso ser discípulo es seguir a Jesús. Y en medio de ese seguimiento siempre hay un “para qué”.
“Inmediatamente dejaron…” –tuvieron que cambiar de vida- y “lo siguieron”. Seguir a Jesús transforma a la persona. Supone aceptación y muchas veces un viraje en el rumbo. Significa que se está abierto al camino que Jesús propone.
Tú ya estás siguiéndole porque cada día rezas con su Palabra, pero hoy puedes aprender de la llamada de estos apóstoles y preguntarte: ¿cuánto tiempo y esfuerzo dedico a estar con Jesús y seguirle? Pregúntale a Él: Jesús ¿a qué me llamas? ¿qué quieres de mí? Y ¿qué tengo que dejar? No merece la pena agarrarse a aquello que te aleja del camino de Jesús, el único que puede dar sentido a tu vida y hacerte encontrar la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 29 de noviembre

Viernes 29 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, puso Jesús una comparación a sus discípulos: Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca.
Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación, todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Pistas: ¿Y si todo es mentira? ¿y si al final el mal es más fuerte? “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. Ésta es la promesa de Jesús.
Nosotros somos la última generación. Ya estamos en el final de la historia, porque con su resurrección Jesús ha hecho todo nuevo. Y estamos en el tiempo de la salvación que alcanzará su plenitud al final de la historia.
A las primeras comunidades les costó comprender estas palabras de Jesús. Muchos esperaban que el fin del mundo y la plenitud del Reino de Dios fuera inminente. Después fueron descubriendo que se trata de un “sí, pero todavía no”. Jesús ya ha vencido, pero todavía no lo vemos en plenitud.
Y la tarea que nos propone el Evangelio de hoy es abrir los ojos. Ser capaces de ver los signos del Reino, comprender los signos de los tiempos. Y reconocer que lo único fiable, lo único que permanece es la Palabra de Jesús, la salvación de Dios manifestada en Él.
Todo pasará y terminará, pero su Palabra no. Y son palabras de amor y de salvación para ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 28 de noviembre

Jueves 28 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 21, 20-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo.
Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje.
Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Pistas: Según se va leyendo el Evangelio de hoy crece la angustia porque todo es terrorífico y espantoso… Y cuando parece que el final va a ser horrible, ante la devastación y la destrucción aparecerá el Hijo del Hombre (Jesús resucitado y victorioso). Y dice a sus discípulos: “Levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Jesús habla con lenguaje apocalíptico del final de los tiempos, del final de la historia en la que Él y los suyos saldrán vencedores. Si miras al mundo, tantas veces parece que la devastación y el mal son más poderosos. Pero el Evangelio de hoy te dice otra cosa: levántate y alza tu cabeza.
Las palabras de Jesús no sirven sólo para el final, porque desde que Cristo murió y resucitó estamos en el final de los tiempos, vamos hacía la parusía (la plenitud de la historia). Ya estamos en los tiempos de los que habla Jesús.
Entonces ¿qué hacer ante este mundo nuestro? Tantos desastres naturales, tantos que están “sin aliento por el miedo y la ansiedad, ante lo que se viene encima al mundo” o por lo menos a su mundo: guerras, mafias, abusos, injusticias, enfermedades… Pero tú, que eres discípulo de Jesús, ante todo esto, no agaches la cabeza. Levántate, no te rindas ni te quedes postrado. Levántate, alza la cabeza hacia Jesús. No mires al mundo, mira a Dios, porque ahí, en Jesús, está tu liberación. En realidad, esto son las bienaventuranzas de Jesús, que nos enseñan que en cualquier situación puedes tener alegría y paz si le acoges a Él.
Así que vuelve a leer el Evangelio, piensa en tu vida y levántate, alza tu cabeza y ora.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 27 de noviembre

Miércoles 27 de noviembre
XXXIV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 21, 12-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio.
Haced propósito de no preparar vuestra defensa: porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá: con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Pistas: Jesús anuncia persecuciones y dificultades, odio e incluso la muerte. Hasta los de la propia sangre traicionarán. Dice que Él dará palabras y sabiduría para dar un auténtico testimonio. Y les da la clave de la perseverancia en la dificultad: que Él permanece fiel, que todo está en manos de Dios y que Él les salvará.
Imagina cómo han resonado estas palabras en las comunidades cristianas perseguidas. Cómo tocarán el corazón de aquellos que todavía hoy son perseguidos y martirizados a causa de su fe. Y ahora deja que resuenen en tu interior y pregúntate cómo es tu fe. Tú, que no tienes las dificultades de las que habla Evangelio de hoy ¿das testimonio? ¿vives una fe contagiosa? ¿perseveras en medio de las dificultades que pueda haber? ¿experimentas que el Espíritu Santo habla a través de ti?
Puedes aprovechar el Evangelio de hoy para rezar por los cristianos perseguidos, puedes dar gracias por el testimonio de tantos que se atrevieron a ser fieles a Jesús y por ellos ha llegado hasta hoy la Buena Noticia. Puedes mirar tu fe y pedirle a Dios que te la aumente, y que te ayude a perseverar en la dificultad y también en la rutina.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.