Archivo de la categoría: Lectio divina

Domingo 5 de marzo

Domingo 05 de marzo
I domingo de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 4, 1-11
En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al final sintió hambre. Y el tentador se le acercó y le dijo:
Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes. Pero él le contestó diciendo:
Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Entonces el diablo lo lleva a la Ciudad Santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti y te sostendrán en sus manos para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le dijo: También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y mostrándole todos los reinos del mundo y su esplendor le dijo: Todo esto te daré si te postras y me adoras.
Entonces le dijo Jesús: Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo darás culto. Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían

Pistas: El Espíritu mueve a Jesús a ir al desierto a prepararse para su vida pública: ayuna, reza… Y cuando sus fuerzas flaquean aparecen las tentaciones. Todas tienen que ver con satisfacer sus necesidades, con el poder, con qué tipo de Mesías va a ser… Son el camino fácil. Prometen soluciones rápidas, de grandeza, de éxito por el camino de postrarse y adorar al diablo. Es decir, venderse al mal. A veces es una tentación sutil, con algo bueno, incluso con la Palabra de Dios intenta tentar a Jesús. Otras veces es simplemente intentar hacer creer que el fin justifica los medios.
Hoy es un buen día para que revises tu vida, tus metas, las cosas que son importantes para ti y cuál es el camino que estás eligiendo. Para que descubras lo que te tienta. No es pecado, sólo es un impulso, una idea, una sugerencia. Quizás estés cansado o lleno de dudas. Pero Jesús nos enseña el camino para vencer la provocación. Pone a Dios y la confianza en Él en el centro, sabe que lo demás son engaños y seducciones, son mentiras.
En el misterio de la encarnación encontramos respuestas. El Hijo de Dios se hace hombre con todas las consecuencias. Es tentado. En su humanidad necesita la fuerza del Espíritu. Entonces no tengas miedo a las luchas contra la tentación. Jesús mismo pasó por ello y salió victorioso. Es el hombre nuevo, que hace nuevas las cosas, que vence a la tentación, al mal, al pecado y a la muerte. En lo que Jesús sale victorioso nosotros también lo somos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 4 de marzo

Sábado, 4 de marzo
San Casimirio, conmemoración

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 5, 27-32

En aquel tiempo, Jesús vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Los fariseos y los escribas dijeron a sus discípulos, criticándolo: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»
Jesús les replicó: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan.»

Pistas: Jesús siempre va más allá no sólo de las apariencias sino de lo convencional. Le importan las personas, no el quedar bien, ni las posiciones sociales u otro tipo de intereses ocultos.
Un publicano era un hombre aliado con el Imperio Romano que cobraba impuestos para los opresores. Pero Jesús no vio en él a un traidor y un pecador, sino a un discípulo, a un amigo, y le llamó para que estuviera con Él.
Da igual cómo seas o cómo estés. Jesús te llama porque ve en ti lo que los demás no ven y ni siquiera tú. Por eso, si escuchas su voz, si quieres, levántate y ve con Él. Jesús se sentará a tu mesa, entrará en tu casa, en tus cosas. No se avergonzará de quién eras sino que te amará.
Jesús no viene a salvar a los que creen que no necesitan salvación porque ya son justos. Viene a buscar al que sabe que está enfermo por el pecado. Al que piensa que nunca va a merecer que Dios le ame y le salve (porque el amor de Dios es incondicional) y sin embargo decide estar cerca de Jesús, se deja amar y salvar.
¿Por qué no invitas a Jesús a sentarse a tu mesa, a conocer tu vida? Eso sí, tendrás que levantarte, cambiar, moverte,
seguirle, dejar ciertas cosas. Pero Jesús aceptará, se sentará a tu mesa y tú serás su amigo y su discípulo. Esto es la conversión a la que nos invita la cuaresma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 3 de marzo

Viernes 03 de marzo
Viernes después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor

Evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos de Juan a Jesús, preguntándole: «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?» Jesús les dijo: «¿Es que pueden guardar luto los invitados a la boda, mientras el novio está con ellos? Llegará un día en que se lleven al novio, y entonces ayunarán.»

Pistas: El miércoles de ceniza en el Evangelio Jesús dice que el ayuno tiene que ser visto por Dios y convertirse en un acto libre que nazca del corazón, no de un cumplimiento externo, ni por aparentar. Jesús mismo ayunó cuarenta días antes de comenzar su misión. En una ocasión explica que los discípulos no pudieron expulsar un demonio porque “ese tipo” sólo se consigue con ayuno y oración.
El ayuno es un signo de purificación y de entrega a Dios. Tradicionalmente en la Iglesia los viernes de cuaresma se ha hecho abstinencia de carne. El otro día contaba una persona que en su casa (eran 11 a comer cada día) había patatas y huevos cocidos, y lo que se ahorraba en toda la cuaresma se daba a la Iglesia y a los pobres. En muchos lugares se hace a pan y agua. El miércoles contaba que esta práctica ayuda a decirle a Dios que es el centro de nuestra vida. Ayuda a ser más libres porque nos entrena para que nuestra mente domine a nuestros impulsos.
Dios da la gracia para vivir libre, para amar, para ser fieles a lo que Él nos pide y cumplir los mandamientos, e ir más allá pareciéndonos a Jesús. Pero el mundo, las tentaciones y a veces nuestros impulsos y deseos nos empujan hacia otro lado. En esta lucha el ayuno entrena, ayuda, une a Dios. No es un chantaje a Dios, ni para creernos mejores que los demás… sólo para decirte a ti mismo y a Dios que el centro de tu vida es Él y su voluntad. Un arma para ser más de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 2 de marzo

Jueves, 2 de marzo
Jueves después de ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 9, 22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí mismo?»

Pistas: Al comienzo de la cuaresma se nos presenta la meta para la que nos preparamos. Jesús anuncia su pasión, el rechazo de los suyos, su muerte y resurrección.
Jesús elige el camino del amor al Padre y a nosotros, es fiel y obedece a la voluntad del Padre. Va delante de nosotros abriendo el camino. Por eso puede decir hoy en el Evangelio: “El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz de cada día y se venga conmigo”.
Nos muestra cuál es el camino. Negarse a uno mismo ya sabéis que no tiene nada que ver con despreciarse a uno mismo sino con no obedecer siempre a los impulsos, deseos, caprichos… Supone ser más libre para elegir el bien venciendo las tentaciones. Pero hay dificultades, luchas y sufrimientos, porque vivir como discípulo de Jesús lleva consigo también la realidad de la cruz. Confiar en Dios, saber que su amor no falla, implica cargar con la cruz de cada día pero a la vez sabiendo que Dios no nos va dejar (aunque en algún momento podamos gritar: “Padre ¿Por qué me has abandonado?”). El final de la cuaresma será descubrir que perder la vida es ganarla, que morir es vivir, que amar y entregarse es vencer al mal, a la muerte y al pecado.
Por tanto, el Evangelio nos introduce en la cuaresma, con la mirada puesta en la meta: Jesús que muere y resucita. Hoy aprendemos que perdiendo se puede ganar ¿Qué hay que hacer? Síguele: niégate a ti mismo (rechaza el pecado, lucha contra el mal y las tentaciones, conviértete), carga con la cruz de cada día (confía en Dios, lucha, ve con Él), camina con Jesús y ganarás la vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 1 de marzo

Miércoles 1 de marzo
Miércoles de Ceniza

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio de San Mateo 6, 1-19
«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
«Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
«Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Pistas: Hoy comienza la cuaresma. Los tiempos litúrgicos nos ayudan a no caer en la rutina, a profundizar en actitudes que tenemos que tener todo el año y en los misterios de la vida de Jesús. La cuaresma nos prepara para celebrar la muerte y resurrección de Jesús. Por eso, es tiempo de revisión de vida, de entrenar el espíritu, para quitar pecado y acercarnos más a Dios y su voluntad.
Y como esto es una gracia de Dios, es regalo, y a la vez tarea, se nos proponen en este Evangelio tres acciones. Jesús dice que no hay que hacerlas porque toca, o porque esté bien visto o por ser mejores que los demás. Sino desde lo profundo, como respuesta a la llamada de Dios y por Él.
Limosna: es ser justo. La medida es la justicia de Dios con nosotros, nos ama y nos perdona, nos salva. Por eso, siempre, pero como ejercicio en este tiempo, párate a pensar: ¿Hasta dónde puede llegar mi limosna? ¿qué puedo ofrecer a los demás? También en lo material, en lo que toca al bolsillo ¿puedo hacer algo por el que está peor que yo?
Oración. Nuevamente, Jesús invita a no hacer las cosas por motivos externos, sino desde el corazón, con autenticidad, por amor a Dios. Si queremos conocer mejor a Dios y su voluntad, si queremos tener un corazón nuevo, éste es el único camino: orar. Piensa: ¿Qué puedo hacer para mejorar mi vida de oración? ¿debo dedicar más tiempo? ¿necesito organizarme para sacar un rato de tranquilidad? ¿tengo que aprender a orar mejor?
Ayuno. Para decirle a Dios (y a ti mismo) que tus deseos, necesidades, lo que te apetece, no es lo más importante en tu vida. Podrás sentir hasta físicamente que tienes hambre de Dios y de su voluntad. Elige cómo quieres hacer el ayuno y hazlo. Verás cómo fortalece tu vida espiritual.
Tres propuestas para la cuaresma: limosna, oración y ayuno. Y como meta, estar más cerca de Dios y de su voluntad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 28 de febrero

Martes 28 de febrero
VIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor.)

Evangelio según Marcos 10,28-31
Pedro se puso a decirle: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.»

Pistas: Escuché a un sacerdote comentar este Evangelio diciendo: «Es muy cierto, yo dejé a mi familia, novia, trabajo, piso, dinero, todo por seguir a Jesús en el sacerdocio. Y ahora tengo más familia, más casas, más hacienda (aunque no es mía) por las que preocuparme, Tengo más personas a las que siento como mi familia».
También a una mujer de un grupo de oración: “Desde que he descubierto que Dios está vivo, desde que he decido vivir mi fe (es decir, seguir a Jesús), los demás no son extraños para mí, son mis hermanos, son mi familia”.
El mensaje de Jesús es verdadero: “Dios da el ciento por uno”. Y cuando habla de “con persecuciones” se refiere a la “letra pequeña”, a la parte de cruz con la que debemos cargar. En realidad no es una renuncia, sino una entrega. Como hizo Jesús. Y, entonces, ya no te es indiferente lo que te rodea. Al contrario, buscas amar como amó Jesús. Y por ahí, como a Él, te vendrán las críticas y persecuciones.
Termina el Evangelio diciendo: “Muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros”. No se trata de puestos, glorias, apariencias, honores, cargos… Porque la medida de Jesús no tiene nada que ver con la medida del mundo. Nos está diciendo que se trata de otra cuestión, que se trata de seguirle. Y eso te hará ser feliz, porque amarás y vivirás como Él lo hizo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 27 de febrero

Lunes 27 de febrero
VIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según Marcos 10,17-27
Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?» Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.» Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.» Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.» Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!» Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.» Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?» Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios.»

Pistas: Hoy encontramos a alguien bueno, que cumple los mandamientos desde joven. Quiere saber qué tiene que hacer para lograr la vida eterna. Jesús le propone un camino todavía más perfecto –porque como venimos observando al leer el Evangelio cada día, la propuesta de Jesús no es de mínimos sino una llamada a la plenitud, plenitud de la salvación, plenitud de amor-. Le dice Jesús: “Vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”. Le pide dos cosas: entregarse a los demás despegándose de lo material y seguirle. Pero el hombre no fue capaz de enfrentarse a esas renuncias.
Este Evangelio habla de vocación. Pregúntate: Jesús ¿a qué me llamas? Cumplir los mandamientos es el mínimo. Es muy bonito el detalle: “Jesús, fijando en él su mirada, le amó”. Decidir quitar el pecado viviendo los mandamientos es el principio del camino para poder sentir que Jesús nos ama. Y después hay que escuchar su voz en el corazón. Si las cosas, las riquezas, las situaciones, etc. hacen que no puedas crecer, te dejarán estancado y al final no seguirás a Jesús. Tu vida no será todo lo plena que está llamada a ser.
El Evangelio del domingo decía que no se puede servir a Dios y al dinero. Si conviertes al dinero en dios no hay sitio para el Dios de verdad. Si conviertes las cosas en dios, aunque intentes ser bueno no podrás. No podrás seguir a Jesús, no tendrás sitio para su amor. No podrás vivir la aventura más apasionante: la aventura de la fe, de seguir a Jesús, amarte a ti y amar a los demás.
Esto no quiere decir que haya que dejarlo todo, sino que cada uno tiene su vocación. Los jóvenes necesitan la valentía de preguntar ¿qué quieres de mí? y arriesgarse a responder. Los que ya han elegido el camino, perseverar con fidelidad. Los que tienen dudas, escuchar a Jesús. La clave de este Evangelio es: ¿dónde está puesto tu corazón? ¿quién o qué es el Dios de tu vida?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Domingo 26 de febrero

Domingo 26 de febrero
VIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Respóndele con tu oración)

Evangelio según San Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
—Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.
Por eso os digo: no estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?
¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto, estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los paganos se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso.
Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos.

Pistas: Como sacerdote de una zona rural he tenido la ocasión de hablar con muchas personas mayores y hay una frase que repiten: “Antes teníamos menos y éramos más felices. Ahora cada uno va a lo suyo pero antes nos ayudábamos…”. Es verdad que muchas veces el pasado nos parece mejor. Pero también es cierto que nos hemos ido volviendo cada vez más materialistas, más encerrados en nuestros intereses. Parece más importante tener y aparentar que ser. Jesús lo dice hoy en el Evangelio: ¿Qué es lo que importa más? ¿El dinero, tener, lo material? Si sirves a eso dejarás de servir a Dios y dejarás de vivir como Jesús nos ha enseñado.
Hoy leemos: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura”. Buscar el Reino es vivir como discípulos de Jesús, construir la sociedad, las relaciones, la familia… que Jesús enseñó. La justicia de Dios se identifica con su amor y misericordia. No es la justicia del “ojo por ojo” sino la del amor. Por eso buscar la justicia es vivir en el amor y saber que sólo en Jesús hay salvación.
Además Dios es providente, Él cuida de nosotros. Hace un tiempo me contó un amigo sacerdote que se había quedado sin dinero a principios de mes por ayudar a su familia y a una persona de la parroquia. Estaba pensando qué hacer cuando al día siguiente entró una señora en la sacristía y le dijo: “Toma, esto es para ti. Ni para la parroquia ni para los pobres, porque tienes muchos gastos y nadie lo sabe”. Si os pidiera que me escribierais las veces en las que habéis sentido el cuidado de Dios en vuestra vida podríamos escribir unos cuantos libros.
Poner a Dios en el centro. Confiar en Él. Buscar su Reino y su justicia. Haz esto y tendrás la verdadera felicidad.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 25 de febrero

Sábado 25 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
Evangelio según San Marcos 10, 13-16

En aquel tiempo, presentaron a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el Reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él. Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Pistas: Los niños corriendo y molestando, los padres seguramente también: “id a que os bendiga el Maestro”. Y los discípulos querían que Jesús estuviera tranquilo: “Largaos, no molestéis…”. No dejan que se acerquen aquellos pequeños que no eran importantes, no podían dar nada a cambio, sólo son un incordio, un jaleo. Jesús ve la actitud de sus discípulos y se enfada con ellos: “No se lo impidáis”, dejad que vengan.
Los busca, los abraza y los bendice. Y nos da dos lecciones: por un lado, hay que permitir que los pequeños se acerquen a Jesús. Por otro, sólo siendo como ellos se podrá entrar en el Reino. Todo lo que un niño representa nos ayuda a entender el Reino, nos ayuda a acercarnos a Jesús y a permitir que otros lo hagan aunque a veces puedan parecernos insignificantes como un niño.
Jesús te abraza y acoge no por tu relevancia o méritos, sino por lo que hay en tu corazón. Cuando nos despojamos de lo accesorio queda lo sustancial. Ésa es tu tarjeta de presentación ante Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 24 de febrero

Viernes 24 de febrero
VII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Marcos 10, 1-12

En aquel tiempo, Jesús se marchó a Judea y a Transjordania; otra vez se le fue reuniendo gente por el camino, y según costumbre les enseñaba.
Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? El les replicó: ¿Qué os ha mandado Moisés? Contestaron: Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio. Jesús les dijo: Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer.
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne.
Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
El les dijo: Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

Pistas: Puede sonar anticuado defender lo que dice el Evangelio de hoy. Pero prueba a imaginar tu relación ideal ¿Qué querrías para tu vida en pareja? Describe el amor que soñarías que sintiesen por ti y cómo quieres que sea tu amor ¿A qué se parecería? Describe la familia que soñarías para ti y para tus hijos ¿Cómo es? Mira dentro, en lo profundo de tu corazón, qué te haría o qué te está haciendo feliz.
Ahora vuelve a leer las palabras de Jesús. El matrimonio es ser una sola carne. El vínculo del amor hace que lo distinto se una tanto que dos puedan sentirse uno, ayudándose mutuamente a ser felices y a vivir con más plenitud. Ya no son dos, sino uno. Y Dios bendice ese amor uniéndolo, fortaleciéndolo. Ése es el ideal que el cristianismo propone.
Pero en muchas ocasiones el mundo te sugiere que el centro no lo ocupe el amor, sino el egoísmo, el placer, el interés… En cambio, Jesús dice que puede ser como tú sueñas. Que el amor puede y debe ser verdadero, auténtico, pleno. Como Dios hizo, que tanto nos amó que nos envió a su Hijo, el ejemplo de la entrega total.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.