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XX Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,49-53.

Jesús dijo a sus discípulos:
«Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Miércoles 14 de agosto

Miércoles, 14 de agosto
San Maximiliano Kolbe

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: “Cada uno que haga lo que le dé la gana”, “¿quién soy yo para meterme en la vida de nadie?”, “que me dejen en paz yo hago mi vida a mi manera”… Pero, según Jesús, nos tiene que importar lo que los hermanos (los de mi Iglesia, parroquia, comunidad, familia) hacen con su vida. Y, a los demás, lo que yo hago con la mía. Porque somos familia, porque Dios nos ama y nos llama a vivir en el amor y a amarnos unos a otros. Forma parte de la vida cristiana ser capaz de corregir y ser corregido.
Esto no busca mostrar los defectos del otro, ni sentirnos mejores, ni echar en cara nada… lo que debe buscar es salvar al hermano. O, mejor dicho, que el otro se deje salvar por Dios. Por eso, cuando corrijas a alguien hazlo después de rezar. Que sea el Espíritu Santo quien te ilumine y no una consecuencia de que tú estés enfadado ni porque quieras imponer tu visión de las cosas, sino porque quieres ayudar a tu hermano a que descubra la verdad de lo que está viviendo. Quizás esto nos suene extraño porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero el Evangelio de hoy nos dice que si queremos ser Iglesia, tenemos que corregir y ser corregidos como hermanos, incluso por la comunidad si es necesario. Se trata de buscar por todos los medios que el que se ha perdido en la oscuridad del pecado pueda ver: primero tú solo, luego lleva un testigo, luego la comunidad, nos dice este Evangelio. Si no sabes que vas a oscuras ¿cómo podrás salir de la oscuridad?
Si no corriges serás cómplice del mal y del pecado que ves a tu alrededor. Y, si lo haces, la responsabilidad no será tuya, ni de la comunidad. Si te dejas corregir, crecerás y podrás acoger la salvación de Jesús. Jesús da a la comunidad el poder de atar y desatar. Como anteriormente había hecho con Pedro. Las decisiones no serán arbitrarías sino con el mismo poder de Jesús.
Finalmente recoge Mateo una frase de Jesús sobre la oración de petición o de intercesión. Y sobre su presencia en la comunidad unida en oración. Con estas dos frases te propongo un ejercicio: ponlas en práctica con fe y verás que la Palabra de Dios no falla. Con tu marido o tu mujer, con tus hijos, con tus amigos, con la gente de tu comunidad o parroquia… Cuando te cuenten un problema, cuando necesiten algo, reza con esa persona. Una de las experiencias bonitas que he tenido es precisamente terminar algunas conversaciones con un momento de oración, con palabras muy sencillas, recogiendo lo que hemos hablado. Prueba y verás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 12 de agosto

Lunes, 12 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 21-26
En aquel tiempo, mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes.
Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí.
Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al lago, echa el anzuelo, coge el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Cógela y págales por mí y por ti.

Pistas: El Evangelio de hoy nos cuenta dos acontecimientos. Primero, el segundo anuncio de Jesús sobre su pasión, muerte y resurrección. Ellos no entienden nada y se entristecen. La noticia de la resurrección, que será causa de una gran alegría, va precedida de tristeza. Jesús les avisa de lo que va a venir, quiere que se vayan preparando.
Luego encontramos este relato sobre el impuesto de las dracmas. Se trata de un impuesto para el Templo (lo cobraban los judíos). Jesús cumple la Ley, pero afirmando su independencia sobre ella. Y Pedro responde afirmativamente a la pregunta. Es muy curioso lo que sucede a continuación. Jesús se adelanta a cualquier pregunta de Pedro. Los reyes no cobran impuestos a su familia, lo hacen a sus súbditos. Los romanos no cobraban impuestos a los ciudadanos romanos sino a los aliados, las provincias y los territorios conquistados. Jesús da a entender que Él y los suyos están exentos de este impuesto. Pero Él decide entregarlo.
Hoy nos deja Jesús la idea de que los hijos no obedecen por ley, sino que lo hacen libremente. Como Jesús no obedece al Padre por ley, sino que se entrega por amor y con libertad. Así nosotros, como discípulos suyos, también estamos llamados a esa misma libertad.
Fiarse de Jesús nos llevará a cosas sorprendentes. Por ejemplo, a mirar más allá de nuestros derechos, al bien de los demás. Y si seguimos a Jesús descubriremos que Él nunca falla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 11 de agosto

Domingo 11 de agosto
XIX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 12, 32-48
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.
Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.
Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.» Pedro le preguntó:
—«Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?» El Señor le respondió:
—«¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?
Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.
Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.
El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.
Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió más se le exigirá.»

Pistas: ¿Dónde está tu tesoro? Es decir: ¿Qué es lo más importante de tu vida? ¿Cuál es el centro de tus preocupaciones? ¿A qué dedicas tu tiempo y energía? ¿Dónde pones tus seguridades? Responde con sinceridad a estas preguntas para poder comprender a Jesús.
“No temas”, dice Jesús. No tengas miedo a vivir como Él enseña. ¿El dinero? No puede hacerte feliz ¿Los placeres, el poder, el tener, las seguridades mundanas? No pueden hacerte feliz, no pueden ser tu tesoro. Por eso, vende todo eso y da limosna. Es decir, vive en el amor. Porque de esto se trata, éste es el tesoro: que Dios te ama y te invita a vivir en el amor. Vivir como Jesús enseña, eso sí te hará tener un verdadero tesoro. Y todas las demás cosas de tu vida se convertirán en algo más valioso, porque no te robarán la felicidad que estará puesta en Jesús.
Todo se termina, no llena, no sacia ¡Qué fácil es acomodarse! ¡Qué fácil es pensar: “vale, pero empiezo mañana… ahora prefiero seguir con mi manera de hacer las cosas». Jesús te dice hoy: date cuenta (el ladrón y el boquete). Si supieras que mañana te vas a morir ¿cambiarías muchas cosas? Pues cámbialas ya. No esperes a mañana. Estate preparado. Llena tu corazón, tu tesoro, de cosas que merezcan la pena (y sólo merecen la pena las que Jesús enseña porque el resto vacían el corazón, producen frustración y hartazgo, porque no pueden darte eternidad).
Ya llevas un camino con Jesús, como los discípulos que le han preguntado. A ti te dice el Señor: se te ha dado mucho, mucho se te pedirá. Así que levántate, estate en vela, llena tu corazón de Dios, ora, fortalécete interiormente para poder vivir como Jesús enseña. Y así tendrás un verdadero tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.  

Sábado 10 de agosto

Sábado, 10 de agosto
San Lorenzo, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Una semilla que no está dispuesta a llegar al suelo ni a transformarse no podrá germinar y dar fruto. Es necesario ser humilde, caer en tierra (como cuando te arrodillas ante Dios o cuando te das cuenta de que dependes de Él). La semilla tiene que morir.
¿Morir a qué? A amarse a uno mismo. Esto hay que entenderlo bien (porque los mandamientos nos mandan amar al prójimo como a uno mismo, nos mandan amarnos). Lo que Jesús dice es que no puedes ponerte a ti mismo y tus deseos en el centro. Piensa, por ejemplo, en un padre que se ponga a sí mismo y sus deseos por delante de sus hijos y de su esposa ¿Podrá ser buen padre y buen marido o será un egoísta, irresponsable y hará daño a los que dice querer? O un estudiante, o un trabajador que pone por delante lo que le apetece antes que lo que debe hacer, ¿podrá hacer bien su trabajo?
Morir a uno mismo es exigente, duro, requiere disciplina y esfuerzo. Pero da fruto y es posible con la fuerza del Espíritu Santo.
Jesús dice que el camino para poder hacer esto es aborrecerse a uno mismo. Es decir, rechazar todo egoísmo y tentación mentirosa de falsa felicidad. Porque el camino es amar como Jesús amó y ahí no hay egoísmo sino entrega y gratuidad.
El camino para lograrlo es seguir a Jesús y vivir en el amor como Él enseña. Él ha ido delante, Él va delante. En su palabra te enseña cada día qué hacer, cómo vivir, te enseña a vivir como discípulo suyo. Y esto hará que tu vida no sea estéril sino que dé mucho fruto.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice. respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Viernes 9 de agosto

Viernes, 9 de agosto
Santa Teresa Benedicta de la Cruz, virgen y mártir, patrona de Europa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas».
Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco».
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hablar de la perseverancia, de estar vigilantes, de no acomodarse, forma parte de la predicación de Jesús. Y vemos cómo hace hincapié en ello.
Hoy lo hace con esta parábola, en la que puede parecernos injusta o insolidaria la actitud de las sensatas. Pero la clave de la misma es no dejar que la llama se apague.
La llama de la fe, de la esperanza, del amor… Hace falta tener aceite suficiente para que ardan. Piensa ¿qué aceite falta en tu vida? Oración, sacramentos, comunidad, acompañamiento, compromiso… Éste es el aceite que mantiene encendida la llama de la fe, el que te va a permitir reconocer a Jesús (al novio) y con el que al final podrás entrar al banquete (al Reino y a la vida eterna).
Jesús nos pide estar vigilantes y tener la lámpara encendida. Hoy Jesús te anima a que no dejes que se extinga en ti la llama de la fe. Ora con esta parábola y deja que la palabra de Dios te dé luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 8 de agosto

Jueves, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 13-23
En aquel tiempo llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.
El les preguntó: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.
Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.
Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Pistas: Pedro reconoce hoy a Jesús como el Mesías. Y Él le encarga ser cimiento de la Iglesia, tomar decisiones, garantizar la unidad. Pero Pedro todavía tiene que entender quién es Jesús y cuál es su misión. Y Él le dirige una de las expresiones más duras del Evangelio.
Cuando Pedro reconoce a Jesús como Mesías es porque el Padre se lo revela, porque ha dejado a Dios actuar en su vida. Pero cuando no es capaz de reconocer el plan de Dios en las palabras de Jesús es porque juzga desde sus criterios y no logra comprender ni acoger la luz de Dios.
En la vida de Pedro, y también en la nuestra, hay una lucha entre los criterios del mundo y nuestro orgullo, con la voluntad de Dios, su plan, sus criterios, su luz. Necesitamos humildad para conocerla y aceptarla. El camino es descubrir el gran amor que Dios nos tiene. Dios sólo puede amar, todo en Él es amor y salvación.
Descubriendo esto, rezando, conociéndolo, amándolo y llevándolo a los demás nos conducimos menos como los hombres y más como Dios.
Puedes preguntarte en qué punto estás en tu relación con Dios: ¿en la queja? ¿en decirle a Dios lo que tiene que hacer? o más bien en: Señor, dame luz, dame fuerzas, guíame, confío en ti… También puedes hoy preguntarte: ¿Quién es Jesús para mí?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XIX Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,32-48.

No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino.
Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla.
Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.
Estén preparados, ceñidos y con las lámparas encendidas.
Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlo.
¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!»
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa.
Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada».
Pedro preguntó entonces: «Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?».
El Señor le dijo: «¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno?
¡Feliz aquel a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo!
Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes.
Pero si este servidor piensa: ‘Mi señor tardará en llegar’, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse,
su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo.
Pero aquel que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más.»

Miércoles 7 de agosto

Miércoles, 7 de agosto
XVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. Él le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Este pasaje siempre me ha sorprendido ¿Por qué responde así Jesús? Ella es una extranjera, no pertenece al pueblo elegido según la creencia de aquella época. Pero Jesús conoce los corazones: El de la mujer (“qué grande es tu fe”) y el de sus discípulos. Tal vez las mismas palabras de Jesús: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Jerusalén”, reflejen el pensamiento del grupo de los discípulos. Así pues ¿no será que Jesús quiere dejar de manifiesto la fe de esa “extranjera” ante ellos? ¿que quiere prepararlos para que comprendan que la salvación se ofrece a todos?
Otro aspecto en el que nos podemos fijar es que los discípulos no le dicen a Jesús: “Atiéndela, mira cómo sufre”, o “ten misericordia de ella”. Les molesta porque les sigue y lo hace gritando. Y Jesús les da una lección desde la actitud de la mujer, que no se rinde sino que tiene fe.
Les tuvo que impactar este milagro, porque aunque Jesús realizaba muchas curaciones, ésta tiene algo especial (por eso la cuentan). Aparecen el poder del amor (no pide el milagro para sí misma), la oración de una madre, la oración perseverante, la confianza y la universalidad de la salvación. Deja que Dios te hable en su Palabra ¿qué te dice hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 6 de agosto

Martes 6 de agosto
Transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 9, 28b-36
En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.
De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía.
Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.»
Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

Pistas: Jesús es Dios y hombre. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Hoy muestra la gloria de su divinidad a Pedro, Santiago y Juan. Antes de la pasión quiere que tengan esta experiencia para que después de la resurrección puedan descubrir de modo pleno quién es Jesús. Cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos brillaban, vieron su gloria, se transfiguró ante ellos.
Conversan con Él Moisés y Elías: símbolo de la Ley y la Profecía del Antiguo Testamento. Significa que en Jesús hay continuidad. Él es el esperado, el Mesías. En Él se cumple, pero de un modo totalmente sorprendente, lo que estaba escrito. Y “vieron su gloria”.
Pedro no era consciente de lo que eso suponía y quería seguir en aquel lugar de descanso, de visión de la divinidad de Jesús, de continuidad (Moisés y Elías, Ley y profecía). Pero Jesús no les va a dejar conformarse ni ser cómodos. Y vuelven a “bajar” al mundo, donde les va a mostrar quién es y cómo es su mesianismo con su muerte y resurrección.
No basta con ver y asombrarse. Una voz les dice: “Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle”. Desde una nube, lugar de la manifestación –teofanía– de Dios en el Antiguo Testamento Dios les dice: escuchad (oíd y entended).
De vez en cuando en la vida Jesús nos lleva a un lugar en el que experimentamos su gloria. En una oración, en una vigilia, en un retiro… Pero ahí no podemos quedarnos, ni siquiera en una experiencia bonita. Tiene que llevarnos a descubrir quién es Jesús, quién es Dios en el mundo. Y experimentar a Cristo vivo y resucitado para ser testigos de su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida