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Lunes 5 de agosto

Lunes 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Pistas: “Dadles vosotros de comer”.
Jesús predica con el ejemplo. Estaba triste porque su primo y amigo, Juan Bautista, había muerto y quiere alejarse un rato de la gente. Pero al llegar ve una multitud que lo espera. Jesús no los despide. Los mira, siente lástima de los que sufren y los cura.
Los discípulos ven las necesidades de la gente y acuden a Jesús. Al igual que ellos, nosotros también podríamos decir: Jesús, mira, cuántos pobres; cuánto sufrimiento e injusticia; Jesús, mira la Iglesia, los jóvenes no se acercan; Jesús, mira mi trabajo, mis amigos, mi barrio, mi ciudad, mi parroquia, mi colegio… Jesús, solucióname el problema.
Y Jesús les sorprende: “Dadles vosotros de comer”. Ayuda al pobre y al que sufre, lucha por la justicia, sé Iglesia y transforma la Iglesia, habla de Él a los jóvenes, cambia tu parroquia, tu trabajo, tu colegio…
Es bonito lo que sucede: Rezan a Jesús (hablan con Él) y Jesús les dice: ¿Por qué no hacéis algo?
Claro que siempre podemos encontrar una excusa. Por ejemplo, la de los discípulos: Pero, Jesús, que sólo tenemos cinco panes y dos peces… Jesús, que yo no sé hablar, que mi fe es pequeña, qué voy a poder hacer yo por los pobres o por la justicia, cómo voy a cambiar yo la Iglesia, qué voy a hacer yo…
Y Jesús responde: Traed los panes y los peces. A ti te dice: ¿Estás dispuesto? ¿quieres darme lo tuyo? ¿quieres que actúe en ti y a través de ti?… Ellos sólo tenían eso, y era para ellos. Pero dan todo lo que tienen.
Y entonces ocurre el milagro: Confían en Jesús, en su palabra y lo poco que le dan produce tanto fruto que quedan satisfechos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños.
¿Y si le das tus panes y tus peces a Jesús? ¿Qué sucederá si empiezas a rezar y le dices a Jesús: mira, pasa esto… vale, aquí estoy, qué hago? ¿qué pasará si te decides a responder a la interpelación de Jesús de que hagas algo tú?
Observa lo que ocurre a tu alrededor, acude a Jesús (reza), dale de lo tuyo, disponte para hacer lo que te pida. Y, entonces, verás milagros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Manuel

Domingo 4 de agosto

Domingo, 4 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
—«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.» Él le contestó:
—«Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?» Y dijo a la gente:
—«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.» Y les propuso una parábola:
—«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Que haré? No tengo donde almacenar la cosecha.»
Y se dijo: «Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida.» Pero Dios le dijo:
«Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?» Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Pistas: Un problema de herencias hace que se acerquen a Jesús y Él parece que da largas… pero en realidad les da el criterio para juzgar los bienes materiales. Si lo piensas bien ¿cuántas enemistades dentro de las familias, entre amigos, entre vecinos son fruto de la codicia y el egoísmo? ¿cuántos engaños y mentiras? ¿cuántas estructuras injustas? Porque, en el fondo, es una necedad poner ahí la esperanza. Porque las cosas de este mundo terminan, se acaban, son finitas y no pueden darte la felicidad. Son necesarias y nos dan buenos momentos en la vida, pero si pones en ellas tu corazón, nunca te harán plenamente feliz.
Si sólo eres rico en lo material, al final te sentirás vacío. Un amigo me contaba: “El sueño de mi vida era tener un BMW, y pensaba que tenerlo me iba a hacer más feliz. Y cuando lo conseguí, lo disfruté durante un tiempo, pero después quería tener el siguiente modelo y me di cuenta de que siempre voy a estar así”.
Podemos pensar: si consigo la casa de mis sueños, o si tengo tantas cifras en el banco… entonces ya podré descansar y ser feliz. Y cuando se consigue, vuelve a aparecer el vacío y la búsqueda.
Hazte un tesoro en el cielo, es el mensaje que te lanza Jesús. Piensa lo que Él enseña y elige qué quieres vivir.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 3 de agosto

Sábado, 3 de agosto
XVI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Parece que poco ha cambiado el mundo. Tantos siglos después seguimos con los mismos problemas: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy. Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos. Una vida vale menos que eso para él.
Así funciona siempre el pecado. Promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones y felicidad momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento o arrepentimiento no le ayuda a salir de su situación, sino que se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida. Este Evangelio te ofrece la oportunidad de poner la luz de la Palabra de Dios en tu vida, ver qué camino estás eligiendo y darte cuenta de que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 1 de agosto

Jueves 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, Obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 47-53
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y a los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.

Pistas: Jesús enseña que existe el bien y el mal, que se puede elegir entre el bien o el mal y que estas elecciones tendrán consecuencias al final de la historia. Por eso, no da igual vivir de una manera o de otra. Pero esto se sabrá al final. Hasta ese momento caminamos juntos en la “red” del Reino de Dios. Y ésta es otra enseñanza importante de Jesús: no existe la comunidad perfecta, ni el reino de Dios de los puros. Mientras duren nuestros días en este mundo estamos a tiempo de elegir a Jesús, de ponerle a Él en el centro de nuestra vida y vivir como discípulos suyos.
No se trata de creerse bueno, o de hacer méritos para serlo, sino de seguir a Jesús, de estar con Él y aprender a vivir como Él enseña. Ser “bueno” será la consecuencia de seguir a Jesús pero no el objetivo.
Ya hemos comentado estos días cómo Jesús les explica a sus discípulos las parábolas y resuelve sus dudas, porque estos hombres han decidido no conformarse con escuchar desde fuera, sino que le han seguido de cerca. A su lado. Y Jesús les enseña a ser capaces de sacar de lo antiguo (de la tradición, del Antiguo Testamento en su caso) y de lo nuevo (de la novedad que trae el mismo Jesús).
También nosotros estamos llamados a hacer esto: aprovechar lo antiguo (toda la riquísima tradición y sabiduría que nos llega a través de la Iglesia) y descubrir la novedad del Espíritu (para responder a los signos de los tiempos, para acoger la gracia de Dios que necesitamos para nuestro tiempo).

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 31 de julio

Miércoles 31 de julio
San Ignacio de Loyola, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 44-45
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

Pistas: El Reino de los Cielos es un tesoro, algo de gran valor. Pero hay que encontrarlo. No basta con que te lo cuenten. Te pueden describir cómo es ese Reino (que se identifica con la salvación que Jesús vino a traer, con Jesús mismo y la vida del Espíritu), pero necesitas descubrirlo y encontrarlo tú.
Y entonces tendrás que tomar una decisión: cambiar ciertas cosas de tu vida (vender todo lo que sea necesario) para poder tener ese tesoro, o seguir como hasta ahora y quedarte sin conseguirlo. Es un camino que se hace lleno de alegría (no con resignación), porque lo que se ha encontrado merece el esfuerzo.
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para conseguir este tesoro? ¿Qué necesitas “vender” para poder conseguirlo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 30 de julio

Martes 30 de julio
Semana XVII del tiempo ordinario

(Recuerda:

Pide el Espíritu Santo
Lee despacio y entiende
Medita qué te dice la Palabra de Dios
Ora, respóndele al Señor
Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según San Mateo 13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo. Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles. Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Pistas: Los discípulos de Jesús se van con Él a casa, le preguntan y Él les explica. Así es la vida del que quiere seguir a Jesús. Si quiere profundizar en su fe tiene que hacerse de la familia de Jesús. Y en esa cercanía (en casa, en su presencia) podrá preguntarle y escucharle como haces tú cada día al leer su Palabra y rezar.
Hace pocos días leíamos la parábola del trigo y la cizaña que Jesús explica hoy. Si se lee en oración la Palabra de Dios es siempre nueva. Te invito a que la vuelvas a leer sabado-27-de-julio/ y después de la explicación de Jesús te preguntes qué te dice hoy. Jesús es muy claro en el Evangelio de este martes. Puedes pensar ¿con quién te estás yendo en tu vida? ¿con los ciudadanos del Reino o con la cizaña? (recuerda que por los frutos se sabe cómo estás caminando).
El final de la parábola explica que merece la pena seguir a Jesús, aunque el camino sea duro, porque la meta es la vida, la luz y estar en el Reino de Dios. Es un motivo para darle gracias y alabarle porque a ti te invita a ser trigo y alcanzar la meta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XVIII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 12,13-21.

En aquel tiempo:
Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?».
Después les dijo: «Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».
Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
y se preguntaba a sí mismo: ‘¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha’.
Después pensó: ‘Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida’.
Pero Dios le dijo: ‘Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?’.
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Lunes 29 de julio

Lunes 29 de julio
Santa Marta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Pistas: Cuántas veces nos imaginamos que la Iglesia, la parroquia, nuestra comunidad o nuestra propia vida para merecer la pena tienen que ser extraordinarias, espectaculares o perfectas. Nos parece que el Reino de Dios tiene que ser algo imponente. Y Jesús hoy nos dice una cosa muy distinta: en lo pequeño, en lo que parece insignificante, ahí empezará todo. Como la minúscula semilla de mostaza, o la poca levadura que se mezcla en la masa.
Por ejemplo, organizar un evento es, hasta cierto punto, fácil. Con recursos y gente competente se pueden hacer grandes y espectaculares eventos. Pero la fe, la semilla del Reino, empieza por lo pequeño: por cuidar el interior, por dejar que se arraigue en la oración de cada día, en el crecimiento y vida de la comunidad, en las pequeñas cosas. Y así, la semilla plantada por Dios en nuestro corazón, en nuestra comunidad, en nuestra parroquia… dará un fruto inmenso, que no podemos ni imaginar, pero que pasa por la sencillez y pequeñez (como la semilla de mostaza que acaba dando cobijo y vida). Pasa por la levadura que se mezcla con la masa y la hace fermentar a toda ella. Por las pequeñas cosas que hacemos cada día, los pequeños “síes” que le decimos a Dios y a los hermanos cada vez que amamos y nos entregamos. El Reino de Dios pasa por el tiempo de oración que sacas cada día, por ir a misa y confesarte, por establecer relaciones fraternas y auténticas en la Iglesia…
Sólo en lo pequeño y cotidiano, en lo que parece insignificante, comienza lo extraordinario que Dios nos regala.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 28 de julio

Domingo 28 de julio
XVII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 11, 1-13
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: —«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.» Él les dijo:
—«Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»» Y les dijo:
—«Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle:
«Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.» Y, desde dentro, el otro le responde:
«No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»
Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros:
Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

Pistas: En el Evangelio de hoy Jesús enseña la oración del Padre nuestro. Te invito a que lo leas despacio, pensando en el alcance da cada petición. Son a la vez petición y compromiso. Si llamo a Dios Padre, significa que soy su hijo y me puedo comportar como tal. Si le pido a Dios que venga su Reino, a la vez le digo que quiero que así sea, que haré lo que está en mi mano. Y, así puedes pensar cada una de las peticiones del Padre Nuestro.
Jesús explica después que hay que orar con perseverancia, sabiendo que por muy inoportuna que sea nuestra petición, nunca va a caer en saco roto. Pero Dios no es una varita mágica. Lo dice al final del Evangelio. Quiere darnos lo más importante, lo más grande: a Él mismo, su Espíritu Santo, su vida en nosotros. El resto de las cosas que podemos pedirle algún día nos fallarán: la salud, las fuerzas, el dinero, que las cosas nos salgan bien… Todo eso, podemos y debemos pedírselo, pero siempre como Jesús mismo nos enseñó: que venga el Reino, que se haga la voluntad de Dios, que nos perdone, que sepamos perdonar, que tengamos el pan de cada día, que venzamos la tentación. Y lo que nadie podrá quitarnos es la vida del Espíritu, la presencia de Dios en nosotros, su salvación que se abre a la eternidad venciendo a la muerte.
Jesús enseña también que Dios es bueno. Nunca nos va a dar nada malo. No es un dios enfadado o justiciero que nos mira desde su cielo entreteniéndose con nosotros y riéndose de nuestra vida. Es el Dios que nos enseñó a llamarle Padre, que en el Hijo se hizo carne en Jesús, y murió y resucitó para salvarnos; y que en el Espíritu Santo habita en nosotros y nos da sus dones. Por eso, relee el Evangelio y reza, reza con lo que el Espíritu Santo te inspire, y no te canses de rezar, sigue caminando y creciendo en experiencia de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 27 de junio

Sábado 27 de julio
XVI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga, apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña? Él les dijo: Un enemigo lo ha hecho. Los criados le preguntaron: ¿Quieres que vayamos a arrancarla? Pero él les respondió: No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.

Pistas: Dios ha sembrado buena semilla en la humanidad, ha enviado a su Hijo Jesús, su obra y palabra, y ha dado el Espíritu Santo que nos transforma en buena semilla. Pero en el mundo, y también en la Iglesia (la que continúa la obra de Jesús de hacer presente el Reino de Dios), hay cizaña que nace de la semilla del Enemigo (recuerda la parábola de ayer: Dios siembra la Palabra. Hoy nos dice Jesús que el mal también siembra).
Si preguntas a un agricultor, te dirá que al principio es imposible distinguir las malas hierbas y las buenas. Hay plantas que parecen trigo, pero serán cizaña; y al revés. Crecen juntas y si arrancas una, dañas la otra. Entonces ¿a qué atenerse? ¿qué hay que hacer? ¿hay que permitir el mal?
Jesús enseña muchas veces que el camino es en lo personal convertirse día a día y en la comunidad amar y vivir en la verdad, vivir en la Gracia y dar fruto. A pesar de que a veces la presencia de cizaña lo haga difícil. Si esperas a la Iglesia o a la comunidad perfecta, nunca las encontrarás.
Es una enseñanza muy bonita e importante la del Evangelio de hoy, y aplicable a tu vida de discípulo ¿Miras a los demás clasificándolos? Hay que crecer y dejar crecer a los que te rodean. Así es la Iglesia: santa (llena de trigo que da fruto) y pecadora (con cizaña que sembró el enemigo). La Iglesia en la que hay que tener paciencia y esperar a conocer por los frutos. Por eso esto sirve también para la vida eclesial. Tu labor no es señalar la cizaña, sino ser trigo.
Por último, el destino de la cizaña es terrible, será quemado. Pero el trigo finalmente dará su fruto.
Ahora relee el Evangelio pensando en tu situación personal y en tu vida eclesial, tu comunidad o parroquia. ¿Qué te dice el Evangelio de hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.