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XXII Domingo del tiempo ordinario

Evangelio según San Lucas 14,1.7-14.

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente.
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
«Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú,
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados.
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».
Después dijo al que lo había invitado: «Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!».

Martes 3 de septiembre

Martes, 3 de septiembre
San Gregorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús le mandó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: Jesús tiene autoridad. Enseña con autoridad. El demonio le teme y le tiene que obedecer. ¿Y por qué tantas veces los cristianos no tenemos ese poder y autoridad? ¿Por qué a veces la Iglesia, que continúa la obra de Jesús, no tiene esa autoridad? Jesús nos regaló el Espíritu Santo, nos prometió hacer obras como las suyas y mayores. Los cristianos no somos unos pobrecitos que aceptamos el mal del mundo o de nuestras vidas y nos acomodamos desde una falsa resignación cristiana.
El que cree en Jesús tiene que luchar contra el mal y demonio. Lo puede expulsar, lo puede hacer callar. Tiene autoridad para ello por la gracia del bautismo y por la fidelidad de Jesús a sus promesas. No es por tus propias fuerzas o capacidades. El mismo Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, explicaba que su autoridad le viene de la obediencia al Padre y del poder del Espíritu Santo. Nosotros sólo podemos lograrlo con la escucha y aceptación de la Palabra de Dios, con la oración y la gracia de Dios. Viviendo como discípulos de Jesús.
Si estás en una postura acomodada en tu vida de fe, si te has acostumbrado a la mediocridad o a la maldad que te rodea, y crees que no puedes hacer nada, deja que el Evangelio de hoy te interpele ¿Qué haría Jesús? ¿cómo actuaría en esa situación que te ha venido a la cabeza? ¿y en esa situación de tu comunidad, tu parroquia, tu familia?
La gente se admira de Jesús. La gente necesita volver a admirarse de la Iglesia y de los cristianos. ¿Qué nos está pidiendo este Evangelio?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 2 de septiembre

Lunes, 2 de septiembre
XXII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Él mismo se cumple. Es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (hace referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Jesús les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle. Dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle. Y, por último, echarlo de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra, intentar acabar con Él.
Jesús es la salvación. Y la ofrece a todos. No sólo a los que se supone que la pueden merecer o creen tener derecho a ella (fíjate los ejemplos que pone Jesús). También a ti te la ofrece hoy y te invita a creer en Él. Te invita a tomar postura ante Él y su mensaje.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele a tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 1 de septiembre

Domingo, 1 de septiembre
XXII domingo del tiempo ordinario, ciclo c

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-14
Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola:
—«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: «Cédele el puesto a éste.»
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: «Amigo, sube más arriba.»
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» Y dijo al que lo había invitado:
—«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Pistas: Jesús observa la realidad que le rodea y no es muy distinta de la que vivimos hoy: los puestos, los honores, el reconocimiento, el postureo…. Él enseña que es no es el camino. Al contrario, la humildad, la verdad, abren las puertas. Los primeros puestos en la relación con Dios, en su banquete, en su Iglesia, no se pueden alcanzar mediante el poder, la influencia, la soberbia o la prepotencia. Ante Dios ¿qué vale eso? Al contrario, sólo en la humildad se podrá encontrar.
Si lo piensas, qué difícil es regalar algo al que lo tiene todo o cree que lo tiene todo. Qué complicado es trabajar la humildad personal, reconocer que siempre va a haber alguien mejor que tú en todo, que da lo mismo que te sientas superior porque Dios sabe quién eres realmente. Y Jesús enseña el camino de la humildad no sólo con sus palabras sino con su propia vida. “El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. La lógica del Evangelio es diferente de la nuestra. Porque sólo sabiéndonos limitados podemos acoger lo que Dios nos quiere regalar. Sólo así se puede entrar en el banquete.
Finalmente Jesús explica cuál es su manera de afrontar el poder, la riqueza y sus intereses. Si haces las cosas por lo que esperas a cambio ¿qué mérito tendrás? ¿se podrá llamar amor a eso? Él mismo entregó la vida por el que no puede darle nada a cambio.
Si sólo se vive en el interés, al final uno acaba encerrándose en el egoísmo. Pero el amor y la gratuidad abren a algo mucho más grande y valioso que no cotiza en lo material.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 31 de agosto

Sábado, 31 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 14-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados; y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos.
En cambio el que recibió uno, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor: como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor.
Finalmente se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán, ¿con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses.
Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas: allí será el llanto y el rechinar de dientes.

Pistas: ¿Y qué hubiera ocurrido si alguno de los que negocian con lo que le dio el señor hubiera fracasado? Pues nada, porque es imposible fracasar. La gracia de Dios, los dones de Dios, dan fruto siempre y tienen un premio asombroso. Tal vez haya que luchar mucho, convertirse, caerse y levantarse… pero al final dará fruto. La única manera de que esto no suceda es enterrar lo que Dios te quiere regalar y dedicarte a tus asuntos. ¿A qué dedicó el tiempo el que tuvo miedo y enterró el talento? Los otros emplearon su tiempo y esfuerzo en trabajar con lo que tenían. Cada cual tuvo un fruto distinto, pero el elemento en común es que acogieron lo que les dieron y trabajaron.
“Al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene”. Esta frase parece tremendamente injusta y sorprendente en boca de Jesús. Pero lo que nos promete es que con Él hay plenitud y lejos sólo la oscuridad del pecado y la desesperanza del sinsentido… Por eso, si acoges la gracia de Dios, si haces fructificar lo que Dios te regala, cada vez tendrás más porque la gracia de Dios da fruto. Porque cada vez profundizarás más en tu relación con Dios y te llenarás más del Espíritu Santo. Incluso si te caes, te levantarás por su misericordia. Pero si eliges enterrar la fe, vivir lejos de Dios, andar sólo a tus cosas… acabarás por perder hasta lo que crees tener.
Este Evangelio te pone ante una elección: poner a actuar la gracia de Dios en tu vida o enterrarla.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 30 de agosto

Viernes, 30 de agosto
XXI Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos».
Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: Hoy nos cuenta Jesús esta parábola que habla de estar vigilantes y preparados. Nos dice que no da igual tener una actitud u otra. Las necias podían haber ido a comprar aceite antes de dormirse y todo hubiera sido diferente.
Tal vez puedas entender el aceite como aquello que te permitirá tener encendida la luz: oración, sacramentos, vida interior, vivir como discípulo de Jesús… Esto te hará estar preparado. Pero si te duermes sin tener el aceite ¿qué puede suceder? Si consientes que tu vida se llene de oscuridad y dejas que el pecado y el mal entren en ella ¿qué puede suceder?
Lee el Evangelio aplicándolo a tu vida. Jesús da muchas oportunidades, pero si te da igual dormir que tener aceite, si crees que es lo mismo vivir de un modo o de otro, cuando pase por tu vida y cuando llegue el momento final ¿qué puede suceder?
Por eso, ten preparado el corazón ¿Qué cosas necesitas cuidar para tener tu aceite preparado? ¿Cuáles te hacen estar dormido? ¿Vives como si supieras el día y la hora?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 28 de agosto

Miércoles, 28 de agosto
San Agustín

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 27-32
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: «si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas»! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!

Pistas: Los sepulcros blanqueados diríamos hoy que son la sociedad de la imagen, las apariencias y del “postureo”. En muchos sectores de la sociedad o incluso en nuestra propia vida, lo importante no es la verdad, ni lo que se hace en lo privado, sino lo que se ve externamente.
Los escribas y fariseos se llenan la boca diciendo que son justos, pero terminarán condenando a muerte a Jesús porque les molesta lo que les dice. Harán lo que criticaban a sus antepasados.
También nosotros corremos el riesgo de vivir como ellos: sólo de apariencias, llenos de egoísmo e intereses, justificando nuestros pecados. Nuevamente no se trata de condenar la sociedad o a los que viven así, sino de mirar dentro, mirar a la propia vida y descubrir lo que hay en uno mismo de fariseo.
Pon la luz de Jesús, ella te mostrará la verdad y su misericordia limpiará tu corazón. El Espíritu Santo te dará la fuerza para vivir como discípulo de Jesús alejando de ti la mentira y la hipocresía.
El Evangelio nos invita a no tener dos caras, sino a vivir en la verdad, en la luz, siguiendo a Jesús. Para no caer en aquello que criticamos, para poder tener paz y para disfrutar de una vida tan plena que no necesita doblez.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 27 de agosto

Martes, 27 de agosto
Santa Mónica

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 23-26
En aquel tiempo habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que pagáis el décimo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: el derecho, la compasión y la sinceridad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello.
¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera.

Pistas: Jesús continúa hablando a las autoridades religiosas de su tiempo. Les reprocha que cuidan lo externo sin cambiar lo interno. No dice que las normas religiosas o las tradiciones no sean importantes (si ayudan a acercarse a Dios y relacionarse con él). Pero dice que no vale vivir lo superficial y olvidarse de lo verdaderamente relevante.
Podríamos acercar más las palabras de Jesús a nuestros días poniendo otros ejemplos: el que paga la cofradía y va a las procesiones en Semana Santa pero su corazón está lejos de Dios y de todo lo que significa ser discípulo suyo. O el cura que tiene actitudes piadosas en su parroquia y guarda las apariencias, pero en su vida personal no vive lo que predica. O el que se preocupa de que la iglesia esté bonita o canta en el coro parroquial o es catequista… pero su corazón va por otro lado. Todo eso es bueno, importante, necesario incluso, pero no salva. Sin compasión y sinceridad no sirve de nada.
Piensa si tienes algo de esto en tu vida. Piensa desde la responsabilidad que tienes en la Iglesia, en tu comunidad, en tu familia o entre tus amigos. ¿Te fijas más en lo externo que en dejarte transformar el corazón por Dios y vivir desde el interior? ¿Vives de las normas externas, pero te olvidas de amar y ser coherente con tu fe?
Deja que Jesús limpie tu interior. Fíjate que dice: “Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello”. Por eso, no permitas que lo superficial, las apariencias, lo exterior se conviertan en el centro de tu vida. Vive desde el corazón. Deja que tu corazón esté habitado por el Espíritu Santo y verás cómo todo se transforma.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 25 de agosto

Lunes, 26 de agosto
Santa Teresa de Jesús Jornet e Ibar

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23, 13-22
En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: ¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que devoráis los bienes de las viudas con pretexto de largas oraciones! Vuestra sentencia será por eso más severa.
¡Ay de vosotros, letrados y fariseos hipócritas, que viajáis por tierra y mar para ganar un prosélito, y cuando lo conseguís, lo hacéis digno del fuego el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: «Jurar por el templo no obliga, jurar por el oro del templo sí obliga»! ¡Necios y ciegos! ¿Qué es más, el oro o el templo que consagra el oro? O también: «Jurar por el altar no obliga, jurar por la ofrenda que está en el altar sí obliga».
¡Ciegos! ¿Qué es más, la ofrenda o el altar que consagra la ofrenda? Quien jura por el altar, jura también por todo lo que está sobre él; quien jura por el templo, jura también por el que habita en él; y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y también por el que está sentado en él.

Pistas: Jesús habla hoy a los que ocupan puestos importantes en la religión judía, a los que lideran y dirigen. Son palabras muy duras. Viven una fe interesada e hipócrita. Es la tentación de una religiosidad para satisfacer los propios deseos y que justifica el pecado con un barniz espiritual. Quizás al leer este Evangelio pensemos en los curas, obispos o religiosos que hacen mal las cosas. Pero de qué te sirve eso a ti.
Te propongo que dejes que este Evangelio ilumine tu propia vida: Si tienes responsabilidad en la Iglesia, piensa ¿podría decirme Jesús a mí en algo que soy un ciego o un necio? ¿dejo que el interés, el poder, el dinero o cualquier otra tentación me lleven a manipular a otros que están a mi cargo o a hacerles daño? ¿soy instrumento o estorbo para que otros entren en el Reino de Jesús?
En cierto modo, si eres alguien que vive su fe, muchos te mirarán y juzgarán pensando: “Éste es cristiano”. Piensa ¿eres digno de tal nombre o tu actitud cierra la puerta a otros?
En el fondo la pregunta es ¿quién es tu dios? ¿el dinero, el poder, el éxito, la imagen… o el Dios de Jesús?
¿Quieres ver (no ser ciego)? ¿Quieres encontrar la verdad (no ser hipócrita)? Acércate a Jesús. Él enseña el camino del amor y la autenticidad. Y ora con el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 25 de agosto

Domingo 25 de agosto
XXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 13, 22-30
En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?».
Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»; y él os replicará: «No sé quiénes sois.»
Entonces comenzaréis a decir: «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»

Pistas: “Entrar por la puerta estrecha”. A veces se presenta un mensaje edulcorado de la fe en el que parece que sólo con una fe de cumplimiento o de mínimos es suficiente. La fe se parece en estos casos a ponerle un barniz a la vida. Los de la parábola del Evangelio saben cosas de Jesús, incluso han estado con Él, pero no se han enterado. No han profundizado ni han querido aceptar la verdad. Es como si fueras a la iglesia, cumplieses tradiciones… pero no tuvieses relación con Jesús y tu fe fuera sólo para acallar tu conciencia o por mera tradición.
En realidad, la puerta estrecha es Jesús. Seguirle a Él, vivir las bienaventuranzas, recorrer el camino de la Cruz y la resurrección. Entrar por la puerta estrecha es pasar de saber cosas sobre la fe, a ser discípulo de Jesús. Aún sabiendo que habrá dificultades, que no todo el camino será fácil.
Las consecuencias de no entrar por la puerta, de no seguir a Jesús, son quedarse fuera, en “el llanto y el rechinar de dientes”.
Así que muchos que se creen seguros, que se creen de los primeros, en realidad están fuera. Otros serán capaces de entrar por la puerta estrecha y se arriesgarán, se esforzarán y lucharán. En resumen, se trata de entrar en relación con Jesús y arriesgarse a seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.