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Domingo 26 de enero

Domingo, 26 de enero
III domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 4, 12-23
Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el Profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos.
Paseando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: Venid y seguidme y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamo también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo.

Pistas: “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte una luz les brilló”. ¿Cuánta tiniebla hay en nuestro mundo? ¿En nuestra ciudad, en nuestros pueblos, en nuestras familias, en nuestra vida? Pero ha venido la luz: Jesús.
“Convertíos” es la palabra que hoy resuena. Es el corazón del mensaje de Jesús. Es decir: Cambiad. Cambiaos al Reino, que es el proyecto de Jesús. Es, ni más ni menos, cambiar el mundo para construirlo según el proyecto del Padre. Pero necesita ayuda: los que se atreven a irse con Él. Como los pescadores que tuvieron el valor de seguirle.
Nos invita a participar de su sueño y construir el Reino, empezando cada uno por sí mismo, por mejorar cada día. Porque una buena casa no se construye con malas piedras.
Todo esto nació en en la Galilea de los gentiles, en el lugar más humilde y desconocido del Imperio romano. Allí apareció la luz. ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Sí. Yo también estoy llamado a seguirle porque soy sueño y proyecto de Dios, porque la buena noticia del Reino es para mi y para que la comparta con los demás.
No son ideas, ni tradiciones, ni estructuras. Es encontrarse con Jesús y cambiar de vida. Convertirse es descubrir el gran amor de Dios manifestado en Jesús, acogerlo, dejar que nos sane y nos salve, y corresponderle. Convertirse es estar llenos del Espíritu Santo y hacer sus obras. Es permitir que la luz de Jesús arranque de tu vida las tinieblas del pecado, de la oscuridad y de la muerte.
Hoy Jesús te llama: “Venid y seguidme». Puedes responder o no. O darle largas. Pero Jesús te llama. Si le sigues participarás en la aventura de la fe, la de quitar de tu vida y del mundo las tinieblas. ¿Qué respondes?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 25 de enero

Sábado 25 de enero
Conversión de San Pablo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 16, 15-18
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»

Pistas: Hoy es la fiesta de la conversión de San Pablo. De ser un perseguidor y fanático religioso, tras su experiencia de encuentro con Jesús Resucitado pasa a dedicar su vida al anuncio del Evangelio. Su papel es importantísimo en los primeros pasos del cristianismo y en la evangelización de los no judíos. Y no lo tuvo fácil, pero él nunca se dio por vencido.
Este pasaje nos recuerda una dimensión fundamental de ser cristiano: ir y proclamar el Evangelio. Si eres discípulo de Jesús, si estás bautizado, evangelizar ha de formar parte de tu día a día. Porque el que acoja el Evangelio se salvará y el que se resista a creer se condenará. Nos gustaría borrar estas líneas de la Biblia, pero son parte del mensaje de Jesús. Por eso San Pablo sentía la urgencia de hacer llegar a todos el Evangelio, y por eso no da igual vivir de un modo o de otro.
Ser bautizado significa entrar a formar parte de la comunidad de los que siguen a Jesús, quedar llenos del Espíritu Santo, con fuerza para vivir como discípulos, con poder para actuar como Jesús enseña y anunciar el Evangelio a los demás. No sólo es tener la experiencia de encuentro con Jesús, sino vivir como Él propone.
La fe hará que sucedan cosas maravillosas (si lees las cartas de San Pablo verás que los signos de los que habla el Evangelio de Marcos acompañan a los discípulos de Jesús). En la historia de la Iglesia han sucedido, suceden y sucederán cosas como las que cuenta el Evangelio de hoy. Jesús pone en tus manos su promesa. Y tú decides.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 24 de enero

Viernes, 24 de enero
San Francisco de Sales, obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 3, 13-19
En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él.
A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges ─Los Truenos─, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, que lo entregó.

Pistas: Jesús llama a los que Él quiere para que estén con Él. Es curioso. No llama a los mejores. No hace un casting buscando la excelencia. Llama a los que quiere. A ti, a mí, para que estemos con Él. Cada uno en un camino concreto, pero para estar con Él.
No es casual que suba a la montaña, donde suceden muchas teofanías (manifestaciones de Dios) en el Antiguo Testamento. Parece que es un lugar privilegiado para que muestre su voluntad. Es un modo de decirnos que lo que sucede ahí forma parte del plan de Dios.
A doce, los hizo compañeros suyos. Y los enviará a predicar y con poder para expulsar demonios.
Vamos a fijarnos en la misión de los doce. Predicar: anunciar la Palabra, la Buena Noticia que Jesús trae. Y, por otro lado, hacerlo con poder, expulsando al demonio. Ésta es la misión de la Iglesia: predicar, con poder y autoridad. Los discípulos de Jesús tenemos este poder ¿se está notando? En ti y en mí ¿se nota? No se predica un mensaje vacío o sólo bonito, sino un mensaje eficaz, que transforma las cosas, que vence al mal.
Por último, elige a doce. Muy distintos. Incluso entre ellos hay uno que acabará traicionando a Jesús. Les llama para que estén con Él. Ésta es la Iglesia en la que estamos los que hemos escuchado su llamada. Y, sí, hay de todo. Si esperas la Iglesia perfecta nunca caminarás. Porque de lo que se trata es de ser discípulos de Jesús, escucharle, seguirle, amarle, obedecerle… Y, como aquellos doce hombres, veremos cosas grandes.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 23 de enero

Jueves, 23 de enero
San Ildefonso, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: Tú eres el Hijo de Dios. Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.

Pistas: Jesús ha ido recorriendo Galilea. Vienen a Él de todas partes. Podríamos dividir en varios grupos a los que se le acercan: los que se fían de Él y le siguen, muchos que le buscan porque le necesitan y los que quieren destruirle (ayer leíamos cómo los fariseos y los herodianos, que se llevaban muy mal entre ellos, son capaces de negociar para acabar con Jesús).
Mañana leeremos cómo Jesús llama a algunos para que le sigan y de modo especial a un grupo de Doce para que estén con Él y sean sus Apóstoles, sus testigos.
Jesús no deja indiferente a nadie. También tú tienes que posicionarte ante Jesús. La indiferencia es también una posición. Por eso puedes aprovechar este Evangelio para pensar ¿dónde estoy yo? ¿voy con Jesús o prefiero observar desde fuera? ¿me da igual?…
Por último, es interesante para comprender mejor las lecturas que vamos haciendo alguna vez leer el Evangelio seguido. Eso te ayudará a tener una visión global y a entender mejor las lecturas

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración, llévalo a tu vida.

Miércoles 22 de enero

Miércoles, 22 de enero
San Vicente, diácono y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 3, 1-6
En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga y había allí un hombre con parálisis en un brazo. Estaban al acecho, para ver si curaba en sábado y acusarlo. Jesús le dijo al que tenía la parálisis: Levántate y ponte ahí en medio. Y a ellos les preguntó: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Se quedaron callados. Echando en torno una mirada de ira y dolido de su obstinación, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Lo extendió y quedó restablecido.
En cuanto salieron de la sinagoga, los fariseos se pusieron a planear con los herodianos el modo de acabar con él.

Pistas: Jesús intenta que puedan comprenderle. Les da la oportunidad para pensar y elegir. Pero a esos hombres ya no les importa la verdad. Sólo sus propios intereses. Jesús les molesta, porque les interpela. Les hace cuestionarse su manera de vivir y no están dispuestos a consentir que las cosas cambien. Ellos han construido una religión a su medida (o tal vez se han acomodado en una religión demasiado ritualizada y externa) en la que lo importante no es Dios. Por eso quieren quitar a Jesús de en medio y desacreditarlo. De hecho, su miedo y odio hacia Él hacen que enemigos como los fariseos y los herodianos se pongan de acuerdo contra Jesús.
Su religiosidad les impide descubrir a Jesús y conocer su voluntad. Es más, ellos, que aseguran creer en Dios y querer vivir religiosamente, lucharán contra el Hijo de Dios.
Los Evangelios de estos días nos hacen ir a la raíz de la vivencia religiosa. Es decir, acudir al encuentro con Jesús, al encuentro con Dios. Esto lleva a descubrir lo profundo de la vivencia religiosa en la que el amor a Dios y a las personas ha de ocupar el centro y es garantía de autenticidad. Por eso, un discípulo de Jesús debe buscar el bien y la verdad por encima de cosas externas, de normas, de costumbres… Ser cristiano es encontrarse con Jesús y aprender su forma de entender la realidad y de actuar.
Jesús salva a un hombre en el Evangelio de hoy, lo cura. Pero fariseos y herodianos, lejos de sentir compasión o de tener misericordia, rechazan a Jesús y con ello se alejan de Dios. Pensando ser más religiosos sólo buscan sus intereses.
Y a ti ¿qué es lo que te mueve en tu visión de la realidad? ¿cuál es tu actitud hacia Jesús y su propuesta?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

III Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 4,12-23.
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca».
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
Entonces les dijo: «Síganme, y yo los haré pescadores de hombres».
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.

Martes 21 de enero

Martes, 21 de enero
Santa Inés

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 23-28
Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas.
Los fariseos le dijeron: Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido? El les respondió: ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros.
Y añadió: El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del Hombre es señor también del sábado.

Pistas: El peligro del legalismo y la superficialidad estaba muy presente en el judaísmo en tiempos de Jesús. La religión judía tenía un gran número de normas y preceptos. Muchos de ellos referentes a qué trabajos y actividades se podían realizar en sábado y cuáles no. Esto fue una fuente de conflictos con Jesús. Él se niega a aceptar una religiosidad basada en el cumplimiento, en el que la norma y la letra ocupan el lugar de Dios y del hombre. Jesús vuelve a poner lo fundamental por encima de lo accesorio. Enseña a sus discípulos a vivir con la misma libertad, pero a la vez fidelidad y entrega, con que Él vive.
“El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”, nos puede hacer pensar sobre qué tipo de religiosidad vivimos y transmitimos. El Hijo del hombre, Jesús mismo, es el centro. Amarle, conocerle, seguirle significa vivir de un modo determinado, pero todo eso es mentira si no está la fuerza del Espíritu Santo, el amor a Dios y al prójimo, como centro de todo.
Por eso Jesús no se conforma con unas normas ni las pone en el centro. Él es Señor de todo, es Señor del Sábado y quiere ser Señor de tu corazón y de tu vida. De tus decisiones y acciones. Si tú quieres, si tú le dejas… tu vida quedará transformada pero no encerrada en un legalismo o un cumplimiento vacío, sino en la plenitud del amor y de la salvación que trasformará tu interior y te llevará a vivir verdaderamente como discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 20 de enero

Lunes, 20 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno. Vinieron unos y le preguntaron a Jesús. Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no? Jesús les contestó: ¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto ─lo nuevo de lo viejo─ y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.

Pistas: El tema principal del que hoy habla Jesús no es el ayuno, sino la relación de los discípulos con Él y con la tradición. Habla de la Buena Noticia que Él trae.
Respecto al ayuno, en otras ocasiones Jesús dice que es necesario, que es una práctica que ayuda a decirle a Dios y a uno mismo que lo más importante de la vida es Dios. Ayuda a sentir, hasta físicamente, que se tiene hambre de Dios. No es un chantaje a Dios, ni ser mejores que los demás, ni un esfuerzo personal que haga méritos o dé puntos. Es darse cuenta de que las cosas de esta vida no dan la felicidad, sólo Dios puede darla, sólo Él es necesario. Jesús ayunaba y oraba, y lo hacía como necesidad personal para afrontar ciertas circunstancias. Sólo poniendo a Dios en el centro se puede vencer el mal, la tentación y el pecado.
Para acoger la novedad que trae Jesús tenemos que dejar que nos transforme. Y es que el amor de Dios, el Espíritu Santo, transforma lo profundo de la persona. Dios no sólo da cosas, sino que se da Él mismo. Y su amor cambia las cosas y las personas, y crea.
Cuando se acoge la novedad de Jesús se rompen esquemas, se abandonan actitudes y vicios, se cambia de prioridades. El amor realiza eso en los que se sienten amados. Por eso para acoger a Jesús es necesario odres nuevos, porque Él mismo te regala ser capaz de acoger un amor tan grande. Además, querer seguir en lo viejo, querer andar a medias, consigue que te rompas. Porque la propuesta de Jesús no es mediocre.
Jesús hace nuevas las cosas ¿Te atreves a que Jesús te cambie y te regale un nuevo corazón?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 19 de enero

Domingo, 19 de enero
II semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 1, 29-34
En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
—Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» Yo no lo conocía, pero ha salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo:
—He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo. Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Pistas: Juan (el bautista) da testimonio sobre quién es Jesús. Es el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Es el que tenía que ser manifestado a Israel (el Mesías, para el que Juan estaba preparando el camino). Jesús es el Hijo de Dios (existía antes que yo) y es el hombre lleno de Espíritu Santo.
Juan antes no lo sabía. Pero lo vio y lo pudo comprender. Y después lo testimonió señalándolo para que los demás pudieran conocerlo.
Así que si en tu vida hay pecado, Jesús te salva. Él entregó su vida por ti e hizo nuevas todas las cosas venciendo al mal, al pecado y a la muerte. La salvación no se obtiene sacrificando un cordero por los pecados y cumpliendo unos ritos, ni haciéndose buenos… La salvación la obtuvo Jesús para nosotros y podrás encontrarla si le sigues.
Pero no sólo nos salva ofreciéndose por nuestros pecados. Nos hace partícipes de la vida divina. Por medio de Él somos hechos hijos de Dios. Y nos permite recibir el Espíritu Santo. Dios mismo fortaleciéndonos desde dentro, ayudándonos a vivir en plenitud…
Ése es Jesús, el que ha cambiado el mundo, el que puede cambiar tu vida, el que puede hacer todo nuevo en ti, el que te hace partícipe de sus victorias y de su misma identidad de Hijo y de hombre lleno del Espíritu de Dios. Y todo esto pasa por conocerle.
Si te encuentras con Él haz como Juan, da testimonio, porque así otros también podrán encontrarle y seguirle.

Pistas: Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 18 de enero

Sábado, 18 de enero
I Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 13-17
En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él y les enseñaba.
Al pasar vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Se levantó y lo siguió.
Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de recaudadores y otra gente de mala fama se sentaron con Jesús y sus discípulos.
Algunos letrados fariseos, al ver que comía con recaudadores y otra gente de mala fama, les dijeron a los discípulos: ¡De modo que come con recaudadores y pecadores! Jesús lo oyó y les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores.

Pistas: Jesús ha venido a salvar, no busca a los perfectos sino a los que están dispuestos a seguirle y conocerle. Hayan sido como hayan sido. ¿Si tú crearas un grupo de creyentes, qué tipo de personas elegirías? ¿Sólo a los ya convencidos, a los cumplidores, a los intachables?
Pues Jesús llama a un cobrador de impuestos. Alguien despreciado y mal mirado por las autoridades religiosas judías y por muchos del pueblo, porque era un colaborador del Imperio Romano. Y, a pesar de todo, Jesús le llama y él le sigue.
Siempre que leo este Evangelio me pregunto ¿qué tipo de Iglesia estamos construyendo? ¿la que señala al que hace tiempo que no entra, lleva una mala vida o ha estado equivocado o alejado? ¿o, por el contrario, somos una Iglesia que llama, invita, acoge, perdona y ama? ¿una Iglesia que margina y desprecia o una que busca, llama, acoge? ¿Una Iglesia que se queda acomodada o la que se atreve a acercarse allí donde la necesitan?
No se trata de rebajar el mensaje y de que todo valga. Jesús hace una propuesta de plenitud. Seguirle trae consigo un cambio de vida. Por eso busca, llama, acoge y acompaña a todos los que están dispuestos a acercarse a Él.
Pregúntate ¿Qué Iglesia construyes? ¿cómo miras a los que entran? ¿cómo haces presente a Jesús? ¿nos dedicamos en la Iglesia a juzgar o a acoger? O tal vez te sientas llamado por Jesús pero pienses que no eres digno… Jesús tiene un sitio para ti. Abre tu corazón para poder escuchar su llamada.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida