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Martes 4 de febrero

Martes, 4 de febrero
IV semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 21-43
En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva. Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba.
Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con solo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: ¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaron: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: «¿quién me ha tocado?» El seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo. Él le dijo: Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta que tengas fe. No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos. Entró y les dijo: ¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar ─tenía doce años─. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Pistas: Jesús va con sus discípulos y se le acerca mucha gente. En medio aparece un jefe de la sinagoga, es decir, un judío destacado. Se le acerca para interceder por su hija. Sabe los milagros que Jesús hace y le pide por su la niña, que está muy enferma. Por el camino, una mujer también muy enferma se acerca a Jesús, y al tocarlo, por la fe que tiene, queda curada. Esta mujer había gastado todo lo que tenía intentando curarse y nada había cambiado.
Pero después de encontrarse con Jesús, todo cambia para ambos. Porque cuando Jesús llega a la casa de Jairo y parece que ya nada hay que hacer, creen y lo imposible se hace posible. Aquella niña que estaba muerta, se pone en pie y echa a andar. Y la mujer enferma cree en su poder, en que que sólo con tocarlo su mal se irá. Y así sucede.
La clave es la fe. Es la que alcanza el milagro. La fe mueve a las personas a buscar a Jesús y a Él a responder con poder. Parecen cosas imposibles, pero cuando Jesús aparece, todo cambia. Ambos acuden con humildad a Jesús: un jefe de la sinagoga (cuya actitud contrasta con la de otras autoridades judías) y una mujer que padece flujos de sangre (por tanto, impura en la mentalidad judía). La respuesta de Jesús es: no temas, cree, ten fe. Porque en Él hay salvación y vida. Jesús no tira la toalla. No lo hagas tú.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Lunes 3 de febrero

Lunes, 3 de febrero
San Blas, Obispo y mártir; San Óscar, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 5, 1-20
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago en la región de los Gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en las tumbas, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: ¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes. Porque Jesús le estaba diciendo: Espíritu inmundo, sal de este hombre. Jesús le preguntó: ¿Cómo te llamas? El respondió: Me llamo Legión, porque somos muchos. Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: Déjanos ir y meternos en los cerdos. El se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en el campo. Y la gente fue a ver qué había pasado.
Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia. El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Pistas: Este pasaje es complicado de entender, pero encierra muchas enseñanzas. El demonio no resiste la presencia de Jesús y tiene que obedecer su Palabra. Jesús lucha contra el mal y el sufrimiento siempre. Viene a liberar y salvar.
El endemoniado del Evangelio vive en el lugar de la muerte, entre sepulcros. Se hiere a sí mismo. No puede estar con nadie y nadie puede dominarlo. Ni es dueño de su propia vida, ni es libre. Si piensas en la realidad del mal y el pecado en el mundo, o en tu propia vida ¿se parece algo a esto que describe el Evangelio? El pecado trae muerte, sufrimiento, falta de libertad, impide que la persona se realice, y la aísla y separa de los demás. Cuando dejas que el pecado te domine, ya no puedes ser libre, ni siquiera dejas que los demás te puedan ayudar.
Pero todo cambia ante la presencia de Jesús. El demonio, el mal, queda en evidencia. Y da la cara. Eso pasa también cuando llega el mensaje del Evangelio, cuando las personas se encuentran con Jesús: el pecado y el mal aparecen con claridad ante los ojos de los que tienen fe. Porque el pecado y el mal siempre traen oscuridad, mentira, tristeza, miedo… Jesús con su luz hace ver la verdad y el mal tiene que dar la cara. Por eso, si te encuentras con Jesús, su luz te mostrará lo que va mal en tu vida y en el mundo. Por eso también, muchas veces, las personas que forman parte de estructuras injustas luchan contra la fe cristiana porque les deja en evidencia. Y, por todo esto, un cristiano y una comunidad cristiana no pueden quedarse de brazos cruzados ante la injusticia, el pecado y el mal. Y si viven su fe, el demonio, el mal, se tiene que retratar ante la presencia de Jesús y del Espíritu Santo.
Para los judíos del cerdo es un animal impuro. El mal, el demonio, nunca hace bien a nadie ni a nada. Terminan destruyéndose, lanzándose por el acantilado. Porque sus promesas son mentiras. Su manera de actuar es dañar y destruir. En este mundo nuestro un tanto ambiguo, en el que a veces nos gusta encender una vela a Dios y otra al diablo, el Evangelio de hoy no deja lugar a dudas: el demonio nunca trae nada bueno.
A los gerasenos no les importa el endemoniado que está libre, tranquilo, cuerdo y vestido después de encontrarse con Jesús. Sólo lo que ha sucedido con sus animales. Ponen por delante de las personas otros intereses. Esto también puede servirte para reflexionar.
Por último, el hombre liberado quiere seguir a Jesús. Pero Él le envía a dar testimonio. ¡Cuánto mal había en la vida de este hombre! Pero después de encontrarse con Jesús fue a su casa y anunció la misericordia que Dios tuvo con él: “empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban”. Porque esto es lo que sucede cuando Jesús entra en escena. Las personas son liberadas y Jesús salva e invita a dar testimonio.
¿Quieres esto en tu vida, en tu familia, en tu sociedad? ¿Quieres ser liberado de lo que te ata, de lo que te hace daño, de lo que te lleva a la destrucción? Acércate a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de febrero

Domingo, 2 de febrero
Presentación del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la presentación del Señor en el Templo. De este modo se daba cumplimiento a la ley judía. Era además obligatorio ofrecer un sacrificio por el primogénito.
El Evangelio nos habla de la verdad de la encarnación del Hijo de Dios en Jesús. Se hace hombre con todas las consecuencias: miembro de una cultura, de una sociedad. Y al final nos dice: “el niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Jesús, verdadero hombre.
Pero al mismo tiempo Simeón y Ana nos hacen ver más allá. No es un hombre cualquiera. En Él se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. Es el que estaban esperando. Ellos lo reconocen al verlo. Es la luz, es la verdad porque mostrará las actitudes de muchos corazones. Las cosas cambiarán (muchos “caerán y se levantarán”, como cuando se rompen prejuicios), aunque no será un camino fácil (“una espada te traspasará el alma”)… Ese camino lo venimos recorriendo cada día al rezar con la Palabra de Dios. Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre hasta las últimas consecuencias, es el Salvador del mundo, el Mesías, el Libertador y es verdadero hombre.
Puedes rezar con muchas cosas en este Evangelio. Piensa en la figura de Jesús ¿Quién es éste? En sus padres, José y María, que tienen también como el propio Jesús que hacer un camino de descubrimiento y conocerle adentrándose en el misterio de quién es su propio hijo. Puedes rezar fijándote en Simeón o Ana, lo que significó para ellos el encuentro con Jesús.
Relee el Evangelio y descubre lo que Dios quiere decirte en este día, una buena ocasión para reconocerlo en tu vida. Y ora con ello.

Sábado 1 de febrero

Sábado, 1 de febrero
III Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 4, 35-40
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: Vamos a la otra orilla. Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban.
Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.
Lo despertaron, diciéndole: Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: ¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe? Se quedaron espantados y se decían unos a otros: ¿Pero, quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Pistas: ¿Quién es éste? ¿Quién es Jesús de Nazaret? ¿Quién es este hombre? Y cada día, al rezar con la Palabra de Dios, vas encontrando la respuesta.
Por eso es tan importante el tiempo que dedicas a descubrir y aprender quién es Jesús, y a establecer una relación con Él. La respuesta no sólo procede de un conocimiento meramente intelectual (como nos sucede al conocer a cualquier persona) sino afectivo y relacional, emocional… Y sin esta dimensión no se puede hablar de amistad o de relación. Por eso, responder a la pregunta ¿quién es éste? implica estar con Él, hablarle y escucharle, seguirle, embarcarse en aventuras con Él.
Si dejas entrar a Jesús en tu vida, si Él va contigo en la barca, si está cerca, puede que las cosas se compliquen. Puede que parezca que va dormido (piensa en los malos momentos de tu vida, en las oraciones que aparentemente no han sido escuchadas…), incluso que parezca que la barca se hunde, que la historia se acaba, que vas a fracasar o perderte… Pero Él va contigo y tiene poder. No desesperes aunque tu situación no sea fácil. Él no te abandonará.
¿Tienes fe? Sé valiente y pregúntate: ¿quién es éste? Y síguele para descubrirlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 31 de enero

Viernes, 31 de enero
III Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 4, 26-34
En aquel tiempo, decía Jesús a las turbas: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después, brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.
Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender.
Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Pistas: Lo único que tiene que hacer el sembrador es echar la semilla. Y sin que él sepa cómo, germina, crece y da fruto. Fíjate: la fuerza está en la semilla, nadie la controla ni la obliga a crecer. Es un proceso, hay que tener paciencia hasta ver la cosecha. Hay que acostarse y levantarse. Dios es el que hace fructificar su semilla, pero hace falta un sembrador.
El grano de mostaza se convierte en un arbusto. Lo pequeño, lo que parece débil e insignificante, al ser sembrado, brota, crece y da fruto. Se hace tan fuerte y poderoso que puede servir de cobijo y protección.
¿Y en tu propia vida? ¿En la Iglesia? Piensa en lugares, momentos, personas… en los que tú puedas sembrar. Puedes pensar también si estás dejando que sea sembrado en ti el Reino.
Es el tiempo de sembrar… Siembra la semilla pequeña y ten paciencia. Espera. Brotará, crecerá, dará fruto, servirá de cobijo y protección. Esto es la Iglesia, éste es el Reino, que comienza y se realiza en lo pequeño y en lo cotidiano, como regalo. Por eso nuestra labor es sembrar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 30 de enero

Jueves, 30 de enero
III Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 4, 21-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: ¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír que oiga. Les dijo también: Atención a lo que estáis oyendo: La medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.

Pistas: En la noche, en una casa judía en tiempos de Jesús… ¿Alguien encenderá un candil para esconderlo? ¡Qué cosa más absurda! Y si alguien lo hace, otro lo sacará porque si se enciende es para que alumbre. Y dice Jesús: el que quiera entender que entienda. Él es la Palabra de Dios hecha carne, es la luz. Él no se esconde. Si la luz de Jesús entra en tu vida, no es para esconderla. Por eso, si permites que Jesús actúe en ti, si te encuentras con Él y le sigues, su luz resplandecerá en tu vida.
“La medida que uséis la usarán con vosotros”. Jesús enseña muchas veces y de muchos modos la seriedad de nuestra relación con el prójimo: el amor al otro, al enemigo, al que persigue… es el amor sin medida como el suyo. No juzgar (la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio). Poner la otra mejilla. «Perdónanos como perdonamos», decimos en el Padre Nuestro.
“Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. ¿Por qué dice esto Jesús? Porque la salvación, la Gracia, es un regalo. Pero no es una rebaja. La Gracia de Dios crece en quien la acoge, porque su amor no tiene medida. Por eso, al que tiene se le dará. Y el que la rechaza, se cierra al amor de Dios. Y finalmente lo perderá todo. Porque el que no quiere a Dios en su vida, podrá tener muchas cosas, pero no lo fundamental.
Dios no deja de ofrecerte su Gracia, porque su deseo es salvar a todos. Si tu medida para el amor, para la fe, para el prójimo, para Dios, es tacaña, no dejarás que brille la luz en la oscuridad. Una llama puede parecer poco importante, pero es capaz de deshacer la oscuridad y las tinieblas.
La luz de Jesús está aquí y resplandece. Si la dejas entrar, cada día brillará más en ti e iluminará tu camino de un modo que no puedes soñar ni imaginar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 29 de enero

Miércoles, 29 de enero
III Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 4, 1-20
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que subirse a una barca; se sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar:
Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra buena; nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno. Y añadió: El que tenga oídos para oír que oiga.
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que «por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdone».
Y añadió: ¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra.
Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.
Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso, al escucharla la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, enseguida sucumben.
Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la Palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la Palabra, y se queda estéril.
Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la Palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.

Pistas: Seguramente has leído y tal vez meditado unas cuantas veces este Evangelio. El mismo texto nos explica la parábola.
La Palabra de Dios, por muchas veces que se lea, siempre tiene algo nuevo que decir en nuestra vida. En muchas ocasiones parece que llega en el momento oportuno, que estaba puesta para ti y tu situación. Escucha qué te quiere decir Dios cuando sientes que te habla a ti a través de las lecturas.
Reza hoy con esta parábola de Jesús. ¿Qué tipo de terreno eres para la Palabra de Dios? ¿Qué abunda más en tu corazón? Puede que haya un poco de cada uno en ti, y necesites entrar más a fondo (no quedarte al borde del camino), profundizar y perseverar (quitar piedras) o ser menos mundano (arrancar zarzas). Jesús te lo explica para que puedas convertirte y encontrar el perdón.
Párate en aquello que te haga pensar o sentir, y reza con ello. A través de su Palabra el Señor traerá luz a tu vida y tus situaciones y las personas que te rodean. Y si la acoges, dará fruto. Es una promesa de Jesús. Está garantizado: si profundizas, dejas que eche raíz, la cuidas… ¡Dará fruto!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Presentación del Señor

Evangelio según San Lucas 2,22-40.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel».
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Martes 28 de enero

Martes, 28 de enero
Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 3, 31-35
En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús, y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.

Pistas: Con esta lectura hay quienes se preguntan si Jesús tenía hermanos. Vamos a situar el relato en su contexto. La familia, ya desde el antiguo Israel, la conformaban más personas que las de los propios lazos de sangre. Cuantos más miembros eran, mayor protección se daban unos a otros, mayor seguridad en su sustento y más posibilidades de futuro tenían. Por eso la familia era un clan al que se sumaban parientes y más personas. Pero en la época de Jesús este concepto de clan estaba en crisis. El peso de los impuestos romanos, incluso la obligación de acoger y pagar el sustento de los soldados en las propias familias, los pagos al templo y unas normas de vida cada vez más férreas, hacían que muchas familias se conformasen con sobrevivir. Y el mensaje de Jesús no está fuera de ese cambio social.
Jesús cambia la perspectiva. En medio de una situación de crisis, propone ampliar la familia: estos son mi madre y mis hermanos. En vez de cerrarse, defenderse, hacerse egoístas… propone que acoger la palabra de Dios y cumplirla transforma las cosas de tal modo que ya no estás solo. Hay una comunidad que te acoge por encima de cualquier otro interés: la comunidad de los cristianos, de los hermanos en Jesús, de los hijos de Dios, de la familia en la fe. Una comunidad que es familia.
Ya no se trata de unos privilegios heredados o de derechos o posiciones sociales. Jesús nos invita a salir de nosotros mismos, de nuestra propia cerrazón y de nuestros propios problemas, y a convertirnos en una familia, que según su propia enseñanza se caracteriza por el amor, la unidad y la obediencia a Dios.
Si eres de los que están con Jesús, relee una vez más este Evangelio “eres su hermano, su hermana…”, eres de los suyos. Y tú ¿te comportas y vives como uno de los suyos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 27 de enero

Lunes, 27 de enero
III semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 3, 22-30
En aquel tiempo, unos letrados de Jerusalén decían: Tiene dentro a Belzebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios.
Él los invitó a acercarse y les puso estas comparaciones: ¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino en guerra civil, no puede subsistir; una familia dividida, no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido.
Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa.
Creedme, todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre. Se refería a los que decían que tenía dentro un espíritu inmundo.

Pistas: Jesús es el hombre lleno del Espíritu Santo. Todo lo que hace está movido por la fuerza y el poder del Espíritu.
Sus enemigos no ven más allá del miedo. Jesús hace peligrar sus tradiciones y su modo de vivir la religión. El enfrentamiento con ellos llega a tal punto que le acusan de estar poseído o de que la fuerza del demonio actúa en Él.
Jesús intenta hacerles pensar. Y dice palabras muy duras: “todo se les podrá perdonar a los hombres: los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre”.
¿Cómo podemos entender esto? El Espíritu es el Don de los dones, es Dios mismo habitando en los corazones de los hombres, es el que actúa concediendo los dones y la fuerza de Dios, es el Amor de Dios. Por tanto, rechazar el Espíritu Santo es rechazar el amor de Dios, es rechazar ser guiado por Dios. Si rechazas el Espíritu, es decir, si te niegas a abrirle la puerta, a dejarle entrar ¿vas a poder ser amado y perdonado? ¿vas a poder conocer a Dios?
Jesús promete enviar el Espíritu Santo después de resucitar y cumplió esa promesa. Este Evangelio es una buena ocasión para que pidas que esa promesa se cumpla en tu vida. Y tener la llama del Espíritu Santo viva en tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.