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Bautismo del Señor

Evangelio según San Mateo (3,13-17):

EN aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.
Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.
Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco»

Miércoles 8 de enero

Miércoles, 8 de enero
II semana de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.»
Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta.
Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Pistas: ¿Quién es Jesús?
Justo antes de este pasaje, Marcos presenta el banquete en el que Herodes ordena cortar la cabeza a Juan Bautista. El primero es un banquete opulento: riquezas, abundancia, bailes… Pero termina en la muerte. El de Jesús es un banquete que surge en la pobreza, en la obediencia, en la escucha de su palabra, en el compartir… Es un banquete de vida.
Aunque su intención primera era retirarse a descansar con sus discípulos, cuando ve la multitud Jesús se pone a enseñarles con calma. Es el Buen Pastor. Los discípulos comienzan a preocuparse: se hace tarde y no hay de comer. Buscan la solución fuera, pero Jesús le da la vuelta: “Dadles vosotros de comer». No tienen dinero, así que miran lo que tienen y es tan poco…
Pero está Jesús y todo cambia. Ésta es la clave: Jesús es el que hace que todo cambie.
En mi vida, en mi parroquia, en mi comunidad, en mi familia… es tan poco lo que tengo para solucionar estos problemas, para ayudar a esta persona… Hay tanta necesidad y tantas cosas que no funcionan… Pero ¿está Jesús? ¿estás tú con Él? Dale lo que te pide, lo poco (o lo mucho) que tengas… la solución no está fuera está en ti y en tu entrega, más bien está en Jesús y en tu amor y obediencia a Él. Mírale, escúchale, descubre lo que te pide y ofréceselo. Llegará y sobrará.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 6 de enero

Lunes, 6 de enero
Epifanía del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Pistas: Qué bonito caer en la cuenta de lo que hemos celebrado durante toda la Navidad: Dios ha querido manifestarse (eso significa epifanía), ha querido mostrarse y darse a conocer a todos los hombres. El rey esperado por los judíos, el Mesías, ha nacido.
Este Evangelio parece el mundo al revés: unos extranjeros siguiendo una estrella buscan al rey que ha nacido para adorarle y darle sus regalos. Y el pueblo elegido (los judíos) ni se entera de la promesa (sólo unos pastores, leíamos hace unos días). Herodes y tantos otros quieren quitarlo de en medio para que nada cambie. Piénsalo… ¿Dónde estaban los poderosos? ¿dónde estaban las personas influyentes? ¿dónde las autoridades religiosas y políticas de la época? No se enteraron de nada. Sólo unos extranjeros, siguiendo una estrella, lo buscan y al final lo encuentran. Sólo unos pastores que velaban de noche fueron a adorarle. Todo fue silencioso, sin estridencias.
Muy probablemente aquellos hombres de Oriente eran astrónomos. Desde su punto de observación, situado al Oriente con respecto a Palestina, tal vez en Mesopotamia, habían notado la aparición de un nuevo astro y habían interpretado este fenómeno celestial como anuncio del nacimiento de un rey. Precisamente, según las Sagradas Escrituras, del rey de los judíos.
Puedes fijarte en algunos detalles que te ayudarán a rezar ¿Qué simboliza la estrella? La búsqueda de aquellos hombres que siguen los signos que ven. Observan, se fijan, buscan… ¿Qué pensarían de ellos cuando se ponen en camino a buscar al rey por una estrella? ¿qué buscarían? ¿cuáles serían sus motivaciones?… Y tú ¿buscas o te has quedado parado?
Encuentran a Herodes, pero la Palabra de Dios los guía. Sus solas capacidades no son suficientes, Dios interviene con su Palabra, a través de alguien indigno, que quiere acabar con el Niño. Herodes no ve la estrella ni sabe seguirla, pero ellos sí. Y siguiéndola llegan al Niño. La verdadera luz.
Puedes pensar también en tu vida de fe. ¿Tienes encendida la luz de Jesús en tu corazón para que otros puedan buscarle? En tu parroquia o comunidad ¿brilla lo suficiente para que otros encuentren el camino para llegar a Jesús?
Cuando lo encuentran, le adoran. Se postran ante él, reconocen su grandeza y le dan sus regalos. Le ofrecen lo que tienen. Qué bonito descubrir que adorar es admirar, contemplar, arrodillarse y reconocer la propia pequeñez; pero a la vez descubrir el profundo amor y el gran regalo que es el Dios-con-nosotros, y amar. Adorar y amar.
Una historia sorprendente la de hoy en la que sólo aquellos que buscan, escuchan y miran acaban encontrando al Rey que nace, al pequeño que cambiará la historia para siempre. Cuántas veces nos gustan los caminos espectaculares. Y, sin embargo, el Hijo de Dios nació en un pesebre, adorado por unos pastores y unos extranjeros. Los de su pueblo no le dieron posada y quisieron matarlo. Los supuestamente “mejores” no se enteraron.
Hazte humilde, pequeño, déjate asombrar y entra a adorar a Jesús con todo lo que tengas (oro, incienso, mirra), con lo mejor que tengas, pero entrarás en un humilde pesebre y encontrarás un niño envuelto en pañales en brazos de su madre. Adorar y amar es el mensaje de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 5 de enero

Domingo, 5 de enero
II domingo dentro de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo,
y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan:
éste venía como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que por él todos vinieran a la fe.
No era él la luz,
sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera,
que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino y en el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron,
les da poder para ser hijos de Dios,
si creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de amor carnal,
ni de amor humano,
sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria:
gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo:
—Este es de quien dije: «el que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia: porque la ley se dio por medio de Moisés,
la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás:
El Hijo único, que esta en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Pistas: ¿Quién es Jesús? Está claro que es un hombre, pero el Evangelio de Juan quiere explicarnos algo más.
Es la Palabra que existe desde siempre en Dios. Analicemos el alcance de esta afirmación: Jesús es la Palabra (Logos en el original griego) encarnada, es lo que Dios quiere decirnos, es Dios que quiere comunicarse, es Dios que se comunica y nos permite comunicarnos con Él. Piensa por un momento lo que significan las palabras para nuestra vida ¿Qué sería de un mundo sin palabras con las que expresarse, entenderse, comunicarse, darle forma a las ideas y sentimientos? Por eso Jesús es el camino hacia Dios, porque sólo a través de Él podemos escuchar, entender, asomarnos al misterio de Dios.
Pero no sólo es un mensaje, es la Palabra hecha carne -como la nuestra, humana, débil, mortal…- y ha habitado entre nosotros. Ése es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Antes de hacerse hombre participó en la creación de todo lo que existe. Es vida, luz, tiene poder para hacer hijo de Dios al que cree. Todo eso sucede en Jesús. Dios no está encerrado en sí mismo y para enseñarnos quién es se acerca tanto a nosotros que se hace uno de nosotros y nos abre el camino a su vida. Lo humano, débil, mortal asumido por el Hijo de Dios se llena de Dios (eso sucederá en plenitud con la resurrección de Jesús), nuestra naturaleza se hace fuerte, se hace capaz de Dios, se abre a la eternidad de la vida de Dios.
Por eso si le acoges te harás luz, tendrás vida, serás hijo como Él es Hijo. Te llenarás de gracia y de verdad. Jesús no sólo es un mensaje, es el mensaje: Dios-con-nosotros, el que ha visto al Padre porque es uno con Él, el que trae la gloria de Dios porque tiene la gloria, la gracia, el poder de Dios.
Juan, el bautista, fue capaz de reconocerlo, de señalarlo, de anunciarlo. Descubrió que Jesús no era sólo lo que parecía (un mero hombre), existía antes, era más grande, más de lo que aparentaba, porque lo invisible (Dios) se hacía visible en Él.
Cada vez que te acerques a este Evangelio descubrirás algo nuevo, porque intenta hacernos comprender que Jesús es verdadero hombre y verdadero Dios, que es el Hijo de Dios encarnado… y esto es acercarse al misterio de la Trinidad, al misterio de Cristo, de la historia de la salvación…
Tal vez lo mejor que podemos hacer es pedirle que su luz, su vida, su gracia, su verdad, su palabra, su capacidad de hacernos hijos… nos hagan entrar en el misterio y desde dentro poder experimentarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 4 de enero

Sábado, 4 de enero
Tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 35-42
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Él les dijo: «Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).» Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedo mirando y le dijo: «Tu eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Pistas: Este Evangelio es como un resumen de la Navidad: “Hemos encontrado al Mesías”. Ahí está lo que la humanidad esperaba.
Juan le señala: es “el Cordero de Dios”, el Esperado, el Prometido. Después descubrirán que es mucho más que un hombre. Es la Palabra, el Hijo, que se hace hombre.
Y Jesús no les da un discurso o una catequesis a aquellos que le siguen. Sino que les invita a vivir, a compartir su vida: “venid y lo veréis”.
Recuerda todo lo que estos días Navidad nos ha presentado la liturgia: luz, vida, alegría, esperanza, Jesús es Dios con nosotros. Pero no te limites a vivir de oídas, sigue a Jesús y descubrirás que hay otro modo de vivir.
Los discípulos de Juan descubren en Jesús la respuesta. En el fondo, todos buscamos eso mismo: esperanza, sentido, plenitud. Mira tu corazón, piensa en el momento más feliz de tu vida, en el que te has sentido más amado, en el que has estado más a gusto contigo mismo. O en el que has tenido más fe, cuando más sentido tenían las cosas y todo encajaba. ¿Te conformas con esos momentos o quieres más? Jesús nos enseña que estamos hechos para ser más plenos, más felices.
Jesús te invita, te llama, te mira (como a Pedro). ¿Te atreves a seguir a Jesús? “Ven y verás”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 3 de enero

Viernes, 3 de enero
Santísimo Nombre de Jesús

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 29-34.
Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Es el que quita el pecado del mundo, en Él hay salvación.
Jesús vencerá al pecado, al mal y a la muerte. Como nos recuerdan estos días, nada volverá a ser igual después de Él. Es el que existe desde antes. Es la Palabra que existe desde siempre y que en Jesús se encarna, se hace hombre –lo leíamos el día de Navidad-. Es el Mesías que el Antiguo Testamento anunció y Juan el Bautista señala. Es el que está lleno de Espíritu Santo y bautizará con Espíritu Santo. Es el Hijo de Dios.
Hoy celebramos la fiesta del Santísimo Nombre de Jesús. Le pusieron este nombre, como le había dicho el ángel a María, porque salvará al pueblo de sus pecados. Y Jesús nos dice que en su nombre hay poder y que lo que pidamos en su nombre Dios nos lo dará.
Es Navidad, tiempo de acercarse a Jesús. ¿Quién es Jesús? En su nombre hay poder. Acércate a Él y adórale, alábale, pídele… En Él hay salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 2 de enero

Jueves, 2 de enero
Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 19-28
Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?» El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.»
Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»
Él dijo: «No lo soy.»
«¿Eres tú el Profeta?.»
Respondió: «No.»
Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?»
Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», como dijo el profeta Isaías.»
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: «Entonces, ¿por qué bautizas si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.» Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Pistas: Volvemos a tomar perspectiva para seguir acercándonos a Jesús en este tiempo de Navidad. Hoy parece que hayamos vuelto al Adviento con Juan Bautista. ¿Quién es Jesús? ¿Quién es Éste cuyo nacimiento estamos celebrando estos días? Juan prepara el camino a Jesús, invita a la conversión y lo señalará después entre los hombres.
El Mesías, el Esperado, el Prometido. Como hemos recordado estos días, es el Hijo de Dios hecho hombre.
Puedes rezar con esto: es Jesús, el que está en medio de nosotros, el que tiene poder… Te has ido preparando para saber quién es, para reconocerlo. Contempla el misterio de Jesús. Hoy es la Iglesia la que nos dice quién es Jesús.
También puede servirte esta lectura para pensar cómo es tu vida cristiana. O, si tienes responsabilidad en una comunidad o parroquia, preguntarte: ¿qué preocupación hay en ella para señalar al que está en medio de los que buscan pero no le conocen? A los cristianos y a la Iglesia también nos preguntan: ¿qué decís de vosotros mismos? Y, personalmente ¿qué haces tú? ¿señalas a Jesús con tus palabras y con tu vida? Y tu comunidad o parroquia ¿qué hace? Jesús está en medio de ellos y no le conocen. No conocen a la razón de su existencia, a la luz de su vida, al que salva y da plenitud.
Es tiempo para acercarse a la luz de Jesús, llenarse de su presencia y poder decirle al mundo dónde está lo que buscan y necesitan.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

II Domingo de Navidad

Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Miércoles 1 de enero

Miércoles, 1 de enero
Santa María, Madre de Dios

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

¡Feliz año!
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Señor se fije en ti y te conceda la paz”. (Primera lectura misa de año nuevo)

Evangelio según San Lucas 2, 16-21
En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Pistas: El primer día del año la Iglesia nos invita a mirar el acontecimiento tan sorprendente que se da en María, que podemos llamarla: “Madre de Dios”.
Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios hecho hombre. Así que como los ángeles a los pastores del Evangelio, la Iglesia hoy te anuncia quién es y te invita a acercarte a Él y conocerle.
Mira a la Virgen Madre, a José y al Niño Jesús, porque salvará al pueblo. Hoy todo nos invita a adentrarnos en el misterio de Cristo.
También puede ser buen día para dar gloria y alabar a Dios por las maravillas que hace en la historia, en tu vida, por venir a salvarnos y estar a nuestro lado… o tal vez, si ha sido un año difícil, presentarle a Dios todas las cosas vividas.
Hoy miramos hacia atrás, al año terminado, con sus luces y sus sombras, con sus logros y sus fracasos. Pero la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús, a glorificar y alabar a Dios porque es verdad: Jesús salva. Y al mirar hacia Él. Pon tus propósitos y deseos para este año, pídele que te guíe, que te bendiga.
Los pastores del Evangelio, ante el anuncio del ángel se fueron a buscar a un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre, que resultó ser el Salvador.
También como a José y a María, Dios nos quiere guiar. Si escuchamos su voz, si descubrimos sus signos, si obedecemos como ellos y guardamos en el corazón lo que vamos aprendiendo… podremos recibir a Jesús y tener su salvación. Bendito y feliz año 2020. Ora con este Evangelio y acércate a Jesús. Él salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 31 de diciembre

Martes 31 de diciembre
San Silvestre I, papa
Día VII dentro de la octava de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Comienzo del santo evangelio según san Juan 1, 1-18.
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:
—«Este es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Pistas: La Palabra es luz en la tiniebla, luz del mundo, revelación. El Hijo que nos cuenta cómo es Dios y nos hace hijos de Dios. Es encarnación, se hace uno de nosotros. Plenitud que nos hace plenos y libres porque por medio de Él recibimos gracia tras gracia. Viene a tu casa, viene al mundo, viene como luz y se puede recibirla o no. Tú decides.
Es un misterio tan grande… Hasta para los que vivieron con Jesús fue complicado descubrir lo que San Juan explica de un modo tan inspirado, tan diferente y lleno de imágenes, en el prólogo de su Evangelio. Sólo asomándose con fe al misterio se puede llegar a vislumbrar que la Palabra se encarne, que el Hijo se haga hombre.
Esta noche comenzamos un nuevo año. Fiesta familiar y con amigos. Seguro que muchos propósitos, cosas que queremos mejorar en nuestra vida, otras que queremos eliminar o cambiar. Este Evangelio nos da la clave: ¿Quieres luz? ¿Quieres verdad? ¿Quieres fuerzas? ¿Quieres a Dios en tu vida? Pon a Jesús en tu vida este año que comienzas. Asómate a su misterio y tendrás vida, luz y brillo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.