Archivo del Autor: admin

Domingo 27 de diciembre

Domingo, 27 de diciembre.
Sagrada Familia: Jesús, José y María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hoy celebramos la fiesta de la sagrada familia. El Evangelio nos habla de la verdad de la encarnación del Hijo de Dios en Jesús. Se hace hombre con todas las consecuencias: miembro de una cultura, una sociedad. Y al final nos dice: “el niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. Jesús, verdadero hombre.
Pero al mismo tiempo Simeón y Ana nos hacen ver más allá. No es un hombre cualquiera. En Él se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. Es el que estaban esperando. Ellos lo reconocen al verlo. Es la luz, es la verdad porque mostrará las actitudes de muchos corazones. Las cosas cambiarán (muchos “caerán y se levantarán” como cuando se rompen prejuicios), aunque no será un camino fácil (“una espada te traspasará el alma”)… Ese camino lo venimos recorriendo cada día al rezar con la Palabra de Dios. Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre hasta las últimas consecuencias, es el Salvador del mundo, el Mesías, el Libertador y es verdadero hombre.
Puedes pensar en la figura de Jesús ¿Quién es? En sus padres, José y María, que tienen también que hacer un camino de descubrimiento adentrándose en el misterio de quién es su propio hijo. Puedes rezar fijándote en Simeón o Ana, lo que significó para ellos el encuentro con Jesús.
Por último, hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Jesús no cae como un meteorito en nuestro mundo. Lo hace en una familia. Unida por la fe y el amor. ¿Cómo si no iban a superar todas las dificultades y contrariedades que les sobrevinieron? La persecución, la incomprensión, la novedad que trae Jesús, la Cruz… El amor, la fe, la confianza en Dios son también la propuesta de este Evangelio.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 26 de diciembre

Sábado, 26 de diciembre
San Esteban Protomártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 10, 17-22
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Pistas: La Iglesia nos propone hoy la fiesta del primer mártir del cristianismo, San Esteban. En medio de la alegría, el gozo, la fiesta, la luz, la vida… de pronto nos asomamos al misterio del mal, el pecado y la muerte. Quizás para caer en la cuenta de que Jesús, el Mesías, el Esperado, el Prometido, el Hijo de Dios hecho hombre hace nuevas las cosas. Pero no por un camino triunfalista, de poder, de imposición. Ni con promesas edulcoradas o mentiras.
El Espíritu Santo que concibió a Jesús lo llenará y guiará plenamente toda su vida. Y Jesús resucitado por el mismo poder del Espíritu, repleto de Él, nos da ese Don a nosotros. Es con la fuerza del Espíritu con la que Jesús hace nuevas todas las cosas. Jesús es verdaderamente la luz. Por eso nada, ni la muerte, la traición, el odio, la injusticia… pueden vencer su luz. Porque su victoria es plena y para siempre.
Y esto es también para ti, para tu vida y la de los tuyos, para tu comunidad, para nuestro mundo… Habrá dificultades, pero si perseveras con Jesús, encontrarás salvación. Es la única respuesta. En medio de cualquier circunstancia tu vida está en manos de Dios, como estuvo la de José, María y Jesús, como estuvo la de San Esteban. Por eso, no temas: el Espíritu de Dios está en ti. Jesús salva.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 23 de diciembre

Miércoles, 23 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 57-66
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: —«¡No! Se va a llamar Juan.» Le replicaron: -«Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: —«¿Que va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Pistas: Una manera de rezar es contemplar. Imagínate una madre o un padre mirando a su bebé, o el escalador que llega a una cumbre… Los Evangelios de estos días son para contemplar, para imaginarse las escenas que van preparándonos para el gran desenlace.
Hoy leemos el nacimiento de Juan Bautista. Recuerda: eran ancianos, Isabel estéril. Pero el Dios de la sorpresa, el Dios de lo imposible, el que se fija en lo pequeño y en el humilde, les regala ser los padres del que va a preparar el camino a Jesús.
Le iban a poner Zacarías para seguir la tradición. Pero Dios va a hacer cosas nuevas a través de la vida de este niño. Rompen la tradición, algo nuevo va a suceder. Se llamará Juan. ¿Qué va a ser este niño?
Zacarías se había quedado mudo porque no había sido capaz de creer lo que el ángel le había prometido. Cuando por fin se fía, cuando cumple la voluntad de Dios, su boca se suelta y alaba a Dios. Deja de estar mudo. Como cuando alguien entra en el camino del Reino de Dios y entonces entiende lo que antes no entendía, comprende lo que antes le resultaba extraño, y su vida ya no es la misma.
Y Juan el Bautista crece y se fortalece. Se prepara en el desierto, en las dificultades, hasta que está listo para su misión.
Deja que te hable la Palabra de Dios, que enseña que Él abre caminos en la vida de los que creen.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona día 23: Oh Emmanuel, Rey y Legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos, ¡ven a salvarnos, Señor Dios nuestro!

Martes 22 de diciembre

Martes, 22 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 46-56
En aquel tiempo, María dijo:
—«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia —como lo había prometido a nuestros padres— en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Y después de las palabras de Isabel, María eleva esta oración a Dios. Cada día en el rezo de las vísperas la Iglesia eleva esta oración a Dios. Es todo un resumen de lo que sucede en la Virgen y de lo que va a hacer Jesús. Puedes pararte en cada una de estas frases y pensar en el significado y alcance de esas palabras con las que ora María. Es la oración de una judía creyente, que espera en las promesas de Dios, que cree y ve las maravillas de Dios.
Por eso proclama que Dios es grande y le alaba, por su santidad, por las obras que realiza en ella y en el pueblo, por su misericordia, porque cumple sus promesas, y porque éstas duran para siempre.
Hace referencia también a la dinámica del Reino de Dios: los soberbios de corazón, los poderosos y los ricos (los que ponen su confianza en sí mismos o las cosas) son dispersados, quedan sin nada; mientras que los pobres, los humildes, los hambrientos (los que ponen su
confianza en Dios y se saben necesitados) encontrarán auxilio y salvación según las promesas de Dios. Es el Dios de la gracia.
Este Evangelio también nos enseña a orar: María ve la obra de Dios, proclama sus grandezas, reconoce el poder de Dios, sabe que cumple sus promesas. Es la mirada no desde las propias ideas o necesidades sino desde lo que Dios revela y hace. Esta Navidad celebramos que viene a
salvarnos, que Dios cumple lo que promete y es el Dios que hace posible lo imposible. Y, María, después de tres meses vuelve a su casa.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

22 de diciembre: Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ¡ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!

La Sagrada Familia

Evangelio según San Lucas 2,22-40. 
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor.
También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor.
Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel». 
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él.
Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos».
Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido.
Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones.
Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea.
El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Lunes 21 de diciembre

Lunes, 21 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 39-45
Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Jada; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: —«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

Pistas: Lo primero que hace María después del anuncio del ángel es ir a ayudar a quien la necesita. Su prima Isabel, ya anciana, está embarazada y María se fue “aprisa a la montaña”.
Hay unos elementos que se van a repetir estos días: la alegría, la presencia del Espíritu, la admiración ante la acción de Dios, el cumplimiento de las promesas del Señor.
Para rezar con este Evangelio puedes imaginarte la escena. Tratar de imaginar qué sentiría cada uno de los personajes. La anciana Isabel está llena de gozo porque va a ser madre. María, siendo confirmada en su fe en las promesas de Dios, se pone a ayudar, a servir a los demás.
Ese Niño que lleva María en su vientre lo hará todo nuevo. Isabel no puede hacer más que proclamar las maravillas de Dios a voz en grito.
Ojalá esta Navidad que se acerca experimentemos la salvación de Jesús de tal modo que podamos anunciarlo y transparentarlo a todos a través de nuestra alegría, nuestra esperanza, nuestra fe y la luz que Jesús enciende en los que creen en Él.
¿Quieres ser feliz? Haz algo bueno por los demás. No es para acallar tu conciencia sino para que experimentes de lo que hablaremos en esta Navidad. Que el amor, cuanto más se da, más lleno está. No hay que hacer cosas extraordinarias. Quizás una llamada telefónica a alguien con quien no te comunicas desde hace tiempo, un detalle de humanidad con un vecino mayor o impedido, una colaboración con una organización de ayuda a los necesitados… Piénsalo y reparte amor y cariño como hizo María cuando se llenó de Dios, que enseguida fue a ayudar a quien la necesitaba.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 21: Oh Sol que naces de lo alto, Resplandor de la Luz Eterna, Sol de justicia ¡ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Domingo 20 de diciembre

Domingo, 20 de diciembre
IV domingo de Adviento, ciclo b

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 1, 26-38.
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo: —Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: —No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Y María dijo al ángel: —¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó: —Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Pistas: ¿Cuántas veces has leído este pasaje? Has visto cuadros, representaciones, escuchado canciones que hablan de él, rezado el Ave María, has escuchado homilías, meditaciones, leído comentarios… Se puede entender desde muchas perspectivas, pero en esta recta final del Adviento vamos a acercarnos a él fijándonos en María, la Virgen Madre. ¿Cómo contar que una mujer sabe que va a ser la madre de Dios? ¿Cómo transmitir todo el misterio de lo que sucedió? ¿Cómo explicar quién va a ser Jesús?
María es la llena de gracia, con la que Dios está, bendita entre todas las mujeres. Vaya saludo el del ángel. Será la Madre del que salvará al pueblo de los pecados, del Hijo del altísimo, de aquel cuyo reino no tendrá fin. Imposible de entender que será madre siendo virgen. Pero para Dios nada hay imposible. Mira a Isabel que ya anciana será madre.
Y María se fía de Dios. Puede que estés pensando que si a ti se te apareciera un ángel y te hiciese ese saludo… en fin, cómo decir que no. Pero también: cómo decir que sí. Cómo decir que sí al plan de Dios para tu vida que tantas veces es complicada… Y le preguntas también tú a Dios: Pero… ¿cómo será posible?
María nos enseña a encarar esta última etapa del Adviento. Con su sí lleva a Jesús al mundo. Nosotros y la Iglesia estamos llamados a ser como la Virgen, a decir hágase, que Jesús nazca en mi vida, que su luz se transparente en nosotros.
Una última reflexión, que repetiremos en Navidad, pero que nos hace caer en la cuenta de la grandeza de lo que celebraremos. Dios no estará ya nunca más lejos. Vino a reinar para siempre, vino a salvar (eso significa su nombre: Dios salva). Pero lo hizo del modo más extraordinario y sorprendente, haciéndose uno de nosotros y abriéndonos el camino al cielo, a la vida de Dios, a la gracia (al Espíritu Santo).
Qué sentimiento más desgarrador sentirse solo, auténticamente solo. Como si fueras invisible, que si desaparecieras a nadie le importaría. Después de la Navidad esto nunca será así, porque ese Niño nació por ti, el Hijo de Dios se hizo hombre por ti, predicó, se desveló, se entregó y murió por ti. Y ahora está para siempre a tu lado.
Hay tantas ideas y detalles con los que puedes rezar. Escoge uno que te ayude a prepararte a la Navidad. La espera de una madre, el cumplimiento de las promesas, el anuncio de salvación, el poder de Dios que hace posible lo imposible, el sí de María, el Dios-con-nosotros…
El reto para esta semana es prepararte para vivir una Navidad cristiana, que Jesús nazca de verdad en tu vida como nació en la de María y San José.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 20: Oh Llave de David y Cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ¡ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte!

Sábado 19 de diciembre

Sábado, 19 de diciembre.
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón llamada Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada.
Una vez que oficiaba delante de Dios con el grupo de su turno, según el ritual de los sacerdotes, le tocó a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: —«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto.»
Zacarías replicó al ángel: —«¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada.»
El ángel le contestó: —«Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento.»
El pueblo estaba aguardando a Zacarías, sorprendido de que tardase tanto en el santuario. Al salir no podía hablarles, y ellos comprendieron que había tenido una visión en el santuario. Él les hablaba por señas, porque seguía mudo.
Al cumplirse los días de su servicio en el templo volvió a casa. Días después concibió Isabel, su mujer, y estuvo sin salir cinco meses, diciendo: —«Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres.»

Pistas: Los relatos de estos días suenan como envueltos en una especie de misterio, como de un mundo más religioso: ángeles, sueños que revelan la voluntad de Dios, hechos extraordinarios. Tal vez esto nos invite a pensar que son mitos o están construidos sobre leyendas o creencias populares. Pero si lo pensamos bien ¿acaso no tiene sentido que algo tan extraordinario como la encarnación del Hijo de Dios esté rodeado de ese halo de lo sagrado, de la presencia de Dios?
Zacarías e Isabel. Dos ancianos que no habían tenido hijos. Una desgracia para un judío, signo de la reprobación de Dios porque el mayor tesoro eran los hijos, la mayor bendición. Por eso Isabel dice que Dios le ha quitado su afrenta ante los hombres.
Dios es sorprendente. No elige una familia importante y con influencia para ser los padres del que vendrá a preparar el camino al Mesías sino a una pareja de ancianos que no habían podido concebir un hijo. Hay muchos detalles en los que te puedes fijar en el Evangelio de hoy.
El anuncio es tan sorprendente que Zacarías duda. Como no cree en la misión que Dios le quiere encomendar se queda mudo. ¿No le pasará esto a veces a la Iglesia? Parecemos viejos y estériles. Pero Dios quiere hacernos dar fruto. Fiarse y arriesgarse o dudar y quedarse parados. Cuando aceptamos el plan de Dios, podemos hablar, es decir, dar testimonio, manifestar a Dios.
Elías es el primer y más importante profeta del Antiguo Testamento. Él mantiene la fe en Yahvé en un momento en que parecía que iba a desaparecer. Es un hombre poderoso, recio, fuerte, valiente… Así será Juan Bautista, un hombre de Dios. Lleno del Espíritu Santo. “El más grande de los nacidos de mujer”, dirá Jesús de él. Y, sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos, porque la novedad de Jesús y el poder del Espíritu Santo transformarán todo.
La presencia del Espíritu es otra de las claves de estos días. Juan se llenará del Espíritu Santo cuando visite María a Isabel. María concebirá por obra del Espíritu Santo. El Anciano Simeón y la profetisa Ana.
Es un nuevo tiempo que culmina la espera y lo hace de modo sorprendente. Relee el relato y ponte en la piel de los personajes. Léelo desde lo que sabes. Quién será ese niño. Qué hará. Lo que dice Jesús de Él… Y deja que se cree en ti la expectación de que al acabar este adviento algo va a suceder en tu vida, que en tu corazón entre también el Espíritu Santo que te prepare a las fiestas que se acercan.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 19: Oh Renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ¡ven a librarnos, no tardes más!

Viernes 18 de diciembre

Viernes, 18 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 1, 18-24
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: —«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Pistas: Nos preparamos para celebrar la Navidad con estos textos sobre el origen de Jesús. A los ojos del mundo, el hijo de María y José. En realidad es el hijo de una Virgen desposada con un descendiente de David. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Y si lo piensas bien, cuánta valentía y amor hay en estos primeros pasos de la vida de Jesús.
En tiempos de Jesús a las adúlteras se las apedreaba. Ahora imagínate cuántas cosas pasarían por la cabeza a María cuando dijo “sí” al ángel. Y a José cuando vio que su mujer volvía embarazada de ver a Santa Isabel.
San José es el protagonista del Evangelio de hoy. Cuando lo releas, métete en su piel. Cuánto amaba a María, cuánta fe para fiarse de Dios. Cuidará de ellos. Todo el plan de salvación de Dios pasa por ellos. Ambos se fían y obedecen. Y finalmente dos pequeñas criaturas, María y José, que cuidarán al “Dios-con-nosotros”. El Emmanuel, el que viene a salvar al pueblo de los pecados. La promesa cumplida y superada. Y en medio de toda esta historia estás tú.
Todo esto es por ti y por mí. El Hijo de Dios hecho hombre para que tú puedas tener acceso a la vida divina, para que descubras que Dios es el que está contigo. Es el Dios de la historia, el Dios-con-nosotros. El que viene a salvar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Antífona del día 18: Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ¡ven a librarnos con el poder de tu brazo!

Jueves 17 de diciembre

Jueves, 17 de diciembre
Feria mayor de Adviento

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Comienzan las ferias mayores y abandonamos las primeras lecturas. Las ferias del 17 al 24 de diciembre, inclusive, tienen la finalidad de preparar más directamente la Navidad. Volvemos al Evangelio. Hoy comenzamos con uno que nos puede resultar extraño y difícil. Cuando lo leas intenta fijarte en los detalles.

Mateo 1, 1-17
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.
Abrahán engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos. Judá engendró, de Tamar, a Farés y a Zara, Farés a Esrón, Esrón a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró, de Rahab, a Booz; Booz engendró, de Rut, a Obed; Obed a Jesé, Jesé engendró a David, el rey.
David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abías, Abías a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatán, Joatán a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías engendró a Manases, Manasés a Amós, Amós a Josías; Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.
Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquín, Eliaquín a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matan, Matán a Jacob; y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.
Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta el Mesías, catorce.

Pistas: Está de moda entre mucha gente hacer una genealogía, buscar sus antepasados. Para los judíos era importante saber de dónde vienes, cultivaban saberlo.
Has leído una genealogía larga que se remonta a Abrahán (el patriarca, el padre de todos los hebreos), pasando por David (de cuya descendencia nacerá el Mesías, el Emmanuel) y terminando en José el esposo de María.
En Nochebuena celebraremos que el Hijo de Dios se hace hombre en una familia como la tuya y la mía. En ella hubo y hay de todo: gente buena como Abraham, reyes buenos como Josías, pero también hay idólatras, adúlteros y malvados. Hay de todo… Incluso muchos que no conocemos. Como la familia de cualquiera: creyentes, alejados, desconocidos, gente buena y mala, que dejan huella y que no. La encarnación del Hijo de Dios sucede en una familia como la de cualquiera. Y en esa historia el Hijo de Dios se hace hombre con todas las consecuencias.
Y después de repetir «engendró», un padre a un hijo y otro y otro, la historia se para en José, que es simplemente el esposo de María, pero no el que engendra a Jesús, puesto que no tiene más padre que Dios. La salvación viene de Dios. Los hombres no podemos autosalvarnos. Tenemos que hacer avanzar la historia, pero llegamos hasta un límite. San José es necesario, porque a través de él Dios cumple su promesa. Pero esta promesa supera lo que podíamos soñar y lograr por nuestras fuerzas.
Cuando la historia humana llega a José, Dios nos da una salvación que es más que lo que nosotros podemos engendrar. De una Virgen desposada con un hombre llamado José (descendiente de David) vendrá el Salvador que Dios envía. Él supera todo lo que el hombre pueda conseguir: es el Mesías, el Salvador, el Hijo de Dios. Es verdad que es uno de los nuestros, de nuestra raza, hombre de verdad, no un disfraz, no una apariencia humana. Pero por encima de todos, porque es Dios. Y, así, la palabra se cumple en esa genealogía que acabas de leer y que posiblemente no te diga mucho pero que enseña mucho: es humanidad, es sorpresa, es cumplimiento, es real, es como cualquiera, pero es regalo de Dios. Es tan humano y a la vez tan extraordinario.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Por si te ayuda, te mandaré también cada día una antífona de las vísperas que hace referencia a quién es el Mesías que viene, puedes rezar con ella: Oh, Sabiduría del Altísimo, que lo ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la prudencia.