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Domingo 10 de enero

Domingo, 10 de enero
Bautismo del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 1, 6b-11.
En aquel tiempo proclamaba Juan: Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

Pistas: Se acaba la Navidad y vamos a comenzar el tiempo ordinario. La fiesta que inicia este salto es el Bautismo de Jesús. Los Evangelios nos cuentan que fue un punto de inflexión en la vida de Jesús. Desde este momento no parará de anunciar el Reino, invitar a la conversión, realizar signos y milagros.
¿Cómo rezar con este pasaje? Primero vamos a comprender bien el bautismo de Juan (el precursor, el hijo de Isabel y Zacarías). Anunciaba que el Reino de los Cielos estaba cerca, invitaba a la conversión y al cambio de vida. Y como signo de ese deseo de cambiar y purificarse bautizaba a los que aceptaban su predicación. Es un signo de purificación y deseo de conversión.
El bautismo cristiano tiene también esa simbología de purificación y conversión, pero es mucho más. Y comienza con el bautismo de Jesús. Como hemos celebrado durante la Navidad, Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre. Y en su humanidad Jesús es el hombre lleno, repleto, de Espíritu Santo. Éste es el don del bautismo, el Espíritu que nos hace también a nosotros hijos de Dios.
Esos dos elementos aparecen en nuestro relato. Juan reconoce que su predicación sólo puede invitar a la conversión, que detrás de él viene alguien más grande que dará el Espíritu Santo. Y la voz del cielo anuncia que Jesús es el Hijo. Por medio de Él nosotros también somos hijos.
Fíjate, Juan sólo puede invitar, anunciar, prometer… Pero Jesús lo realiza. Ése es el regalo del bautismo: la capacidad para ser, para vivir, para hacer realidad la conversión, la promesa.
Se acabó el tiempo de Navidad, vuelve la rutina (o algo parecido en este tiempo raro que estamos viviendo). Si nos llenamos del Espíritu podremos afrontarlo de un modo nuevo. Hacer dar fruto al don del bautismo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Viernes 8 de enero

Viernes, 8 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 6, 34-44
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» Él les replicó: «Dadles vosotros de comer.»
Ellos le preguntaron: «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.»
Cuando lo averiguaron le dijeron: «Cinco, y dos peces.»
Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces.
Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.

Pistas: justo antes de este pasaje Jesús había dicho a sus discípulos: “vamos a un sitio tranquilo a descansar”, pero cuando llegan se encuentra una multitud esperándole. Y Jesús olvida su descanso, su interés, sus necesidades y se vuelca en aquellos que le buscan. “Les enseña con calma”, no de mala gana, con resignación o porque es lo que toca.
Los discípulos con sensatez le dicen que hay que despedir a la gente porque es tarde y no hay con qué darles de comer. La solución al problema que han visto está fuera del grupo. Ellos no tienen los recursos ni la capacidad para dar de comer a tanta gente. Jesús les dice algo sorprendente: «dadles vosotros de comer». Es imposible, ni tienen el dinero, ni dónde comprar. Siguen buscando la solución fuera. Jesús les dice: «cuánto tenéis vosotros». Al final entregan todo lo que tienen. Desde el principio ésta era la solución. Darle a Jesús, poner en manos de Jesús, todo. Y de lo que era claramente insuficiente Jesús obra el milagro, llega y sobra.
Ahora puedes mirarte a ti, mirar tu comunidad, tu parroquia… Nos falta mucho, no tenemos suficiente fuerza o dinero, no somos suficientemente santos, somos pocos, quizás tampoco somos los mejores…, pero lo que sí podemos hacer siempre es darle al Señor nuestros panes y peces. Es decir, darle lo que tenemos.
Así hace las cosas Jesús. Toma nuestra humanidad y nos hace capaces de Dios. Toma nuestra vida y nos llena del Espíritu Santo. Toma el pan y el vino en la Eucaristía y se hace presente. Así puedes pensar en todas las realidades humanas, si se deja que el poder de Jesús las transforme. En el fondo es el misterio de la Encarnación que hemos celebrado en Navidad, que culminará en la resurrección. Ilumina tu vida con este Evangelio que acabas de leer.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 7 de enero

Jueves, 7 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Mateo 4, 12-17. 23-25
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»
Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: —«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.

Pistas: Jesús es la luz que viene a brillar en medio de los que habitan en tierra y sombras de muerte. Así fue en su nacimiento. Y por supuesto así será su ministerio, su vida, su muerte y resurrección. Lo que celebrábamos ayer, la manifestación de Jesús a todos los hombres representados en los magos de oriente, lo lleva a cabo Jesús.
Su mensaje es claro: “convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Acompañado de signos. Viene a salvar, a liberar, a sanar… ésta es la vida de Jesús. Y éste el regalo que nos ha venido a traer.
Hoy has leído los primeros pasos de la vida pública de Jesús. Enseguida acabaremos el tiempo de Navidad y recorreremos con Jesús ese camino. El Evangelio de hoy te invita mirar a Jesús que viene como luz a las tinieblas. Él es la salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 6 de enero

Miércoles, 6 de enero
Epifanía del Señor.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.»
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Pistas: Como has ido descubriendo, al acercarnos a un texto de la Palabra de Dios lo primero que hay que hacer es intentar comprender lo mejor posible su contexto, las intenciones del autor, su historicidad, el género literario… lo que cuenta y cómo lo cuenta. Cuanto más sepas de esto mejor vas a poder comprenderlo. Pero precisamente porque desde la fe creemos que es Palabra de Dios, en la que Dios habla, también tenemos que dar el paso de leerla desde lo que la Iglesia, la fe y la tradición han ido interpretando. Este texto es perfecto para descubrir estas dos dimensiones.
Por un lado, podemos pensar en el acontecimiento histórico. Si quieres profundizar, Benedicto XVI en su libro la infancia de Jesús hace un análisis muy interesante http://www.alianzajm.org/IMG/pdf/LA_INFANCIA_DE_JESUS_Benedicto_XVI.pdf a partir de la página 54.
¿Quiénes eran aquellos sabios de oriente? Hombres de ciencia, estudiosos de los astros, que ven salir una estrella y creen que es el presagio del nacimiento de un poderoso rey. Y se ponen en camino a buscarlo. Para rezar con el texto hoy vamos a fijarnos en ciertos detalles.
Los magos de oriente, los extranjeros, van a adorar a Jesús. La adoración implica reconocimiento, veneración, amor, obediencia, devoción… No van a comprobar su teoría, no van a buscar intereses, van a adorar. Benedicto dice que son buscadores de la verdad. Se arriesgan, dejan todo para intentar hallarla en un rey que ha nacido.
La tradición nos dice que son tres, Los hemos pensado viniendo cada uno de un extremo del mundo conocido en aquel entonces: África, Asia y Europa, Muchas veces nos los presentan también como un hombre mayor, un adulto y un joven. Incluso podemos imaginarnos que siguiendo la estrella se encontraron por el camino. Qué bonito pensarlo, la estrella es la luz de Dios que nos quiere guiar hacia el que de verdad puede salvarnos: Jesús. Los que queremos encontrar la verdad, acabamos también encontrándonos y caminando juntos hacia el encuentro con el que es la verdadera luz del mundo.
La estrella fue anuncio y guía para ellos que supieron mirar. Saben ver la estrella, saben seguirla. Creo que podemos sacar una doble interpretación. Primero, necesitamos una estrella que nos lleve a Jesús, que nos guíe. La Iglesia, la comunidad, la Palabra de Dios (cuando la estrella desapareció, apareció la Palabra para guiarles… y cuando se pusieron en camino lejos de los intereses de Herodes, yendo sólo a buscar a Jesús la encontraron otra vez). Por otro lado, la Iglesia, los discípulos de Jesús estamos llamados a iluminar el camino para el encuentro con Jesús. Que puedan encontrarle, reconocerle y adorarle. Lo importante no es la estrella, es el Niño.
Puedes orar imaginando la escena. Han llegado hasta la casa y entran. Allí están José y María con el niño en su regazo. Los magos y sus acompañantes. Es un momento intenso de sentimientos, de adoración, de fe, de preguntas, de presencia de Dios. Más que para explicar es para imaginar y contemplar. En aquellos extranjeros estamos representados nosotros, toda búsqueda de verdad, de alguien digno de ser creído y adorado, la búsqueda de un Dios que no esté lejos… Imagina aquel encuentro y métete tú también en la escena. Quizás hasta puedas oír las voces de los magos de oriente. “Este es el oro que a todo rey corresponde poseer; esto, el incienso, como corresponde a Dios; y esto es la mirra, que ungirá su cuerpo”. Esta última ofrenda hace mirar al desenlace de la vida de Jesús, a su muerte en la cruz.
Jesús se revela como Rey-Mesías, como Dios y como hombre. Lo hace a todos. Da qué pensar: ni las autoridades religiosas, ni los más poderosos de la zona, sino unos sencillos pastores, y unos extranjeros siguiendo una estrella fueron testigos del nacimiento del Rey-Mesías. Los que estaban despiertos (los pastores), los que buscaban la verdad y veían los signos (los magos).
Por último, se marchan por otro camino. Las cosas no quedan igual tras el encuentro con Jesús. Herodes ya no pinta nada. Y se van llenos de alegría.
Muchas ideas para que ahora vuelvas a leer el texto metiéndote en la escena, adorando, contemplando, escuchando, mirando ¿Qué te dice y qué le dices tú a Jesús, a María, a José? ¿Qué aprendes de los magos?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 5 de enero

Martes, 5 de enero
Feria del tiempo de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 1, 43-51
En aquel tiempo, determinó Jesús salir para Galilea; encuentra a Felipe y le dice: —«Sígueme.» Felipe era de Betsaida, ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encuentra a Natanael y le dice:
—«Aquel de quien escribieron Moisés en la Ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret.» Natanael le replicó:
—«¿De Nazaret puede salir algo bueno?»
Felipe le contestó:
—«Ven y verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él:
—«Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.» Natanael le contesta:
—«¿De qué me conoces?»
Jesús le responde:
—«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.» Natanael respondió:
—«Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.» Jesús le contestó:
—«¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.» Y le añadió:
—«Yo os aseguro: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

Pistas: Ayer y hoy hemos leído estos relatos de vocación. Es como si la liturgia quisiera decirnos: a este misterio de la Navidad, al misterio de Jesús, hay que responder y sólo lo podrás hacer siguiéndole. “Ven y verás”, “sígueme”.
Los que siguen a Jesús y descubren quién es se lo cuentan a otros y les invitan a acercarse a Jesús también.
Es muy curioso el Evangelio de hoy. ¿Qué sucedería debajo de la higuera? Fuese lo que fuese, era algo importante para Natanael. Jesús le conoce, conoce lo que es importante para él. También a ti te conoce y lo que es importante para ti. Y te ofrece embarcarte en una aventura, la de su gracia, amor y salvación. Es verdad, superará tus expectativas. Verás cosas mucho más mayores.
Todo empieza por una decisión: ¿qué respondes al “ven y verás”? ¿qué respondes a su invitación: “sígueme”? Hoy encontrarás a Jesús en la comunidad (en la Iglesia), en la oración, en la Palabra, los sacramentos… ¿qué respondes?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Bautismo del Señor

Evangelio según San Marcos 1,7-11. 
Juan predicaba, diciendo:
«Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo».
En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: «Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección.»

II Domingo después de Navidad

Evangelio según San Juan 1,1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: «Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo».
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.

Jueves 31 de diciembre

Jueves, 31 de diciembre
Día VII de la octava de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 1, 1-18
En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.
Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.
Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.
A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Pistas: Este texto se lee en una de las misas de Navidad. Y en este último día del año civil la liturgia nos lo vuelve a ofrecer. Hoy terminamos un año raro, duro y difícil; y comenzamos otro lleno de incertidumbre. Seguramente sea una nochevieja distinta, tal vez puedas tener en este día la oportunidad de sacar un momento para volver a asomarte al misterio de Jesús y orar.
Recordamos estos días que un niño en Belén hace algo más de dos mil años, una pareja joven iba de viaje, nació en un pesebre porque no había sitio en la posada. Hoy San Juan introduce su Evangelio diciendo: ese Niño es la Palabra hecha carne, es el Hijo de Dios hecho hombre.
Con cada una de las ideas que aparece se podría rezar mucho tiempo y desde muchas perspectivas. Jesús es la Palabra… Piensa el alcance de esto, todo lo que haces, sientes, vives, tiene sentido para ti porque puedes pensarlo en palabras. Si quieres comunicarlo, necesitas palabras (o su equivalente). Y que Jesús sea la Palabra hecha carne ¿qué significa? ¿qué nos dice de Dios? ¿qué nos dice de Jesús?
Es la luz. Piensa en un lugar oscuro en el que enciendes una luz. O si tienes miedo y se enciende una luz… Jesús viene como la luz del mundo, que vence las tinieblas. Y cuánta falta hace poner un poco más de luz en nuestro mundo y en nuestras vidas. Una luz que no se apaga, que nadie puede vencer.
Es el que da la gracia y la verdad. El que ha visto a Dios. Aquel a quien esperaban los judíos y de quien da testimonio Juan Bautista. Es el que te hace hijo de Dios.
Te invito a que releas el Evangelio y te quedes con aquella idea o ideas que te hagan pensar y te impacten. Reza con eso, pide, contempla, adora… Y la luz de Jesús se encenderá en tu corazón, en tu hogar, en tu parroquia, en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice. respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 29 de diciembre

Martes, 29 de diciembre
Día V de la octava de Navidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Pistas: Hace dos días que leíamos este pasaje. Contempla a Jesús niño, con sus padres. Llega al templo como tantos otros judíos piadosos que van a cumplir con la Ley. Ellos no son ricos, ofrecen un sacrificio humilde por su primogénito.
Entran en escena dos personajes, que Lucas describe como llenos del Espíritu Santo. Personas espirituales, que esperaban en las promesas de los profetas y que de modo sobrenatural reciben la inspiración de Dios para reconocer en Jesús y su familia el cumplimiento de las promesas.
Puedes ponerte en la piel de estos personajes. La alegría, la esperanza, la paz que experimentarían al ver cumplidos sus anhelos. También puedes mirar a José y María. ¿Quién será su hijo? ¿Quién será ese niño? ¿Cómo será el camino que tendrán que recorrer? Ayer leíamos cómo tienen que huir a Egipto. No va a ser fácil.
Si te fijas, ya desde el principio de la historia de Jesús miramos al final. Le dice Simeón a María: “una espada te traspasará el alma” y que Jesús será “bandera discutida”, dejará claras las intenciones de muchos… Qué claro se ve todo esto en la vida de Jesús. Sus constantes enfrentamientos con los fariseos que sólo cumplen externamente la Ley, su búsqueda de los pecadores, los pobres, los enfermos…
Navidad es Jesús. Te invito a que lo contemples, a que te sumerjas en su misterio: verdadero hombre, con su familia, que necesita crecer, una familia que le eduque, le ame, le defienda, le acompañe… que crece en la fe, y también -como cualquiera- aprende a conocerse, a saber quién es y para qué está aquí. Es verdadero hombre. Pero es verdadero Dios. Asómate al misterio.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 28 de diciembre

Lunes, 28 de diciembre
Los santos inocentes, mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 2, 13-18
Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»
Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos.
Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven.»

Pistas: Jesús es el Mesías prometido, el que cumple todo lo que hemos leído en el tiempo de Adviento y lo hace realidad. Dios en persona viene a salvar, a traer luz, verdad, vida, paz, esperanza, alegría… y, sin embargo, muchos hombres no lo acogen. Es más, luchan contra Él.
Cuando el poder, el éxito, el dinero, la posición social u otras cosas, se convierten en el centro de la existencia, se vuelven ídolos a los que se entrega la propia vida. Y ya no se distingue entre el bien y el mal. Sólo importa el interés. Por eso Jesús, la luz del mundo, la Palabra hecha carne, el Mesías prometido y la salvación que Él trae da igual, no interesa. No interesa la justicia, la dignidad de la persona. No interesa nada más que lo que ha ocupado el lugar de Dios.
La memoria de los mártires inocentes nos hace mirar a nuestro mundo injusto, cruel, que da la espalda al bien y la verdad, que da la espalda a Dios y a los hombres. Nuestro mundo occidental, que cierra las puertas a los que sufren y huyen de los horrores de la guerra, la violencia y el odio. Nuestras políticas. Nuestras vidas cotidianas en las que tantas veces cerramos los ojos a los que sufren, a los pobres, a los que nos necesitan. La corrupción, la soberbia, la mentira… Todo esto va convirtiendo nuestro mundo en un lugar oscuro y frío, muy lejos de lo que Jesús ha venido a traer, muy lejos de lo que significa la Navidad que estamos celebrando.
Los extranjeros, los magos de oriente, que aparentemente no debían saber nada del Mesías, se acercan a su luz, encuentran la verdad, encuentran a Jesús. Herodes y tantos judíos, que sabían y que esperaban, prefieren el poder, prefieren su estatus a la verdad y hacen lo que sea para conservarlo. Jesús se convierte en un exiliado, tiene que huir (el Hijo de Dios hecho hombre que viene a salvarnos…), se va porque le buscan para matarlo.
Y, sin embargo, la Navidad nos hace mirar a Jesús y decir: Él es la luz, es la verdad, es la vida. Aquellos niños, Herodes, nos hablan también del mundo de hoy. Hay que elegir: ser de los de Jesús o ser de los de Herodes. Es decir: vivir en la luz o vivir en el interés y el egoísmo.
Al releer el Evangelio lleva todo a Jesús, el mundo, tu vida… y encontrarás el camino para vivir en la verdad, en el bien, en la luz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.