Domingo 14 de marzo

Domingo, 14 de marzo
IV domingo de cuaresma “Laetare”

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 3, 14-21.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Esta es la causa de la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Pistas: Cuando el pueblo judío atravesaba el desierto camino de la tierra prometida, hubo una plaga de víboras y Moisés hizo un estandarte con una serpiente. El que la miraba quedaba curado de la mordedura. San Juan utiliza esta imagen para hablar de Jesús muerto en la cruz por los pecados. Para él la cruz es casi un trono en el que Jesús es elevado. Y el crucificado que resucitará es el que da vida eterna, el que salva, el Hijo de Dios, la luz del mundo.
Cuando Jesús sea elevado en la Cruz el que crea en Él tendrá vida eterna. Por la presencia de Jesús la cruz cambiará de significado. Todo el miedo, el mal, el sufrimiento, el pecado, serán vencidos por Jesús en la Cruz. Es muy simbólica la imagen de la serpiente, es la misma que en el Génesis representa el pecado. Aquí es despojada de su poder, de su engaño, ya no puede tentar porque Jesús elevado la ha vencido.
A veces se puede pensar que a Dios le da igual que nos salvemos o nos condenemos. Esto no es cierto. Dios quiere que te salves, que tengas vida eterna, que vivas en la luz. Y para eso te envía a Jesús y te da el Espíritu Santo. San Juan escribe dando vueltas a la misma idea y avanzando un pequeño paso cada vez. Salvación y condena, luz y tinieblas. Creer en Jesús o no creer en Él. Pero lo que Dios quiere es darte su luz, que vivas en la luz, que camines en ella.
Para rezar con este Evangelio puedes leerlo despacio, parándote en la frase que te llame la atención e iluminando tu vida con ella. Haz oración con lo que Dios te diga y puedes continuar leyendo. Da gracias a Dios por lo que significa la venida de Jesús, su muerte y resurrección. Fíjate en cada detalle, avanzando con el texto y pensando en tu vida.
El reto de esta semana es acercarte a la luz de Jesús. Si descubres tinieblas en tu vida, acércate al sacramento de la confesión y que su luz brille en tu interior y en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 11 de marzo

Jueves, 11 de marzo
Semana III de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 11, 14-23
En aquel tiempo, Jesús estaba echando un demonio que era mudo y, apenas salió el demonio, habló el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.»
Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo. Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Pistas: Jesús habla en muchas ocasiones del demonio, lo expulsa, lucha contra él. Quizás nos parezca que el demonio es una cosa del pasado. Pero el Evangelio enseña que hay que tener en cuenta su existencia. No para tener miedo o para obsesionarse, sino para saber que no podemos relajarnos en nuestra lucha contra el mal y el pecado. Y que donde está Jesús, el demonio, el mal y el pecado huyen; pero también ataca intentando apartarnos de Jesús, a veces de modo evidente y otras de modo más sutil.
Jesús es el fuerte que guarda la casa de tu vida y si Él está, nada ni nadie podrá asaltarte ni vencerte. Pero las medias tintas no sirven con Él, sólo son un engaño. Termina diciendo “el que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama”. Un poco del mundo, un poco de Jesús… ¿Para unas cosas que mande Jesús, pero para otras dejo la puerta abierta a la tentación y al mal?… Cuidado, porque la tibieza debilita. Es un autoengaño revestido de aparente fortaleza y deja abierta la puerta a lo que te perjudica y a causar sufrimiento a otros.
Jesús expulsa a los demonios con el dedo de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, y eso significa que el Reino de Dios ha llegado a tu vida. Que te ha salvado y que tu vida ha cambiado y tus obras son las del Espíritu. Así que, ármate del poder del Espíritu Santo, vive como discípulo de Jesús, y el diablo no tendrá poder en tu vida. Intentará tentarte, derrotarte, confundirte, pero si el fuerte, Jesús, está en ti, nada podrá.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 10 de marzo

Miércoles, 10 de marzo
Semana III de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.»

Pistas: San Agustín resumía los mandamientos diciendo “ama y haz lo que quieras”. Éste es el mensaje de Jesús que venimos viendo en los Evangelios. Podemos tener la tentación de engañarnos y pensar que eso significa vivir sin normas, guiados por un amor egoísta y manipulado por nuestros propios intereses.
Amar a Dios y amar al prójimo como a uno mismo implica un determinado estilo de vida. Pregúntate qué tienes que hacer para vivir este amor como enseña Jesús. Y comprenderás el Evangelio de hoy.
Cumplir y enseñar los mandamientos significa saber conducirse en la vida, restar poder al pecado y multiplicar la acción del Espíritu Santo. Porque, piénsalo: ¿Cómo vas a amar si no realizas las obras del amor? ¿cómo vas a ser fiel a Jesús si no vives como Él enseña?
Por eso, “ama y haz lo que quieras” supone que, si amas, sabrás el camino para ser discípulo de Jesús. Querrás lo que “tienes que” querer. Amarás lo que el Amor de Dios y el Espíritu Santo te llevan a querer: la voluntad de Dios.
Revisa en esta cuaresma cómo va tu fidelidad a Dios en lo concreto. Haz un buen examen de conciencia y si lo necesitas busca un sacerdote, pídele perdón a Dios, deja que su amor te lleve a vivir como exige la fe en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 9 de marzo, Santa Francisca Romana

Martes, 9 de marzo
Santa Francisca Romana, religiosa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?» Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo.» El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: «Págame lo que me debes.» El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: «Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré.» Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: «¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Pistas: Jesús te propone buscar la plenitud y no conformarte con menos. Pero Pedro, igual que hacemos nosotros también muchas veces en la vida, busca encontrar unos mínimos con los que cumplir y poder quedar satisfecho e incluso juzgar a los que no lo hacen. ¿Cuántas veces hay que perdonar? ¿Cuántas veces tengo que hacer las cosas bien, aunque los demás las hagan mal o no las merezcan? ¿Cuántas veces tengo que amar al que no me ama? ¿Si lo hago un número de veces, seré mejor que los demás?
El estilo de vida de Jesús es el reto. Ser como Él, amar como Él, vivir como Él. Y por eso un cristiano no puede aceptar una vida mediocre (necesita convertirse cada día de sus pecados) porque quiere vivir en el amor y seguir a Jesús. Ni puede conformarse con una sociedad injusta, ni con una Iglesia o una comunidad de mero cumplimiento. Tiene que luchar –como lo haría Jesús- porque su propia vida y lo que le rodea cambie con la fuerza del Espíritu Santo.
Jesús trata el tema del perdón en el Evangelio que has leído. Pregúntate: ¿hay faltas de perdón en tu vida? ¿guardo rencor en mi corazón hacia alguien? Tal vez hay personas que no merecen que las perdones. Pero no se trata de eso sino de descubrir lo que hace Dios contigo, que te ama y perdona incondicionalmente y siempre. Si Dios te ama de este modo ¿qué debes hacer con los demás? No se trata de perdonar de boquilla, sino “de corazón”. Esto no quiere decir sentirlo, quiere decir elegirlo, optar por vivir siempre en el amor y el perdón. Quiere decir que en lo profundo de tu ser, allí donde se toman las decisiones (aunque a veces haya que luchar contra lo que puedas sentir) tú eliges amar y perdonar siempre y a todos.
Con la fuerza del Espíritu Santo ¿eliges cumplir y buscar mínimos o eliges la vida en el Espíritu: amar y perdonar?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

IV Domingo de Cuaresma

Evangelio según San Juan 3,14-21. 
Dijo Jesús:
De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.
Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas.
En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

Lunes 8 de marzo. San Juan de Dios

Lunes, 8 de marzo
San Juan de Dios

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 4, 24-30
En aquel tiempo, dijo Jesús al pueblo en la sinagoga de Nazaret: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús había leído en la sinagoga este texto del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.» Y afirma que se cumple en Él. No termina de leer el pasaje que anuncia “un día de venganza de nuestro Dios” (Is 61,2).
Y aunque Jesús realiza signos que confirman la Palabra, no le creen. No son capaces de aceptar el Evangelio de Jesús. Dios ofrece su salvación a todos. Y su invitación es a vivir en el amor y la misericordia. Para hacerles reflexionar utiliza dos hechos muy conocidos del Antiguo Testamento en los que dos extranjeros reciben la ayuda de Dios. Y esto les enfada aún más. Encontramos de nuevo cómo la ideología, la cerrazón, la tradición, la política… se anteponen a la verdad. No les importa quién es Jesús o si su mensaje es verdad. No están dispuestos a dejar que Jesús rompa sus esquemas, su forma de vida o cambie su manera de pensar.
Para nosotros hoy sigue siendo válida la buena noticia de Jesús: Él trae la salvación de Dios a todos, especialmente a los más débiles, pobres o perdidos. Así que, si muchas veces te sientes pecador, indigno e incluso extranjero, si piensas que esto no es para ti, estás de enhorabuena. Porque precisamente para ti es el mensaje de Jesús. Y, por el contrario, si estás acomodado, si el mensaje de Jesús no te remueve e interpela, si te crees merecedor de la salvación de Dios y mejor que los demás, necesitas pararte ante Jesús y ver la verdad de quién eres y de lo que Jesús te ofrece.
¿Quieres conocer de verdad a Jesús? Vence tus prejuicios, intereses y egoísmos y acércate a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 7 de Marzo III Tercera semana Cuaresma ciclo B

Domingo, 7 de marzo
III Semana de Cuaresma, ciclo b

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 2, 13-25.
En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «el celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron:
Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Pistas: Un día normal en el templo la gente iba a ofrecer sus sacrificios. Necesitaba comprar esos animales para cumplir con los ritos de su religión. En tiempo de Jesús, ocupados por el Imperio Romano, necesitaban cambiar las monedas romanas por monedas del templo (y el cambista se quedaba una comisión). Imagina mucha actividad y bullicio porque se acercaba la fiesta más importante para los judíos, la Pascua.
Y en medio de esa rutina, Jesús, llega al Templo. El lugar de presencia de Dios, el lugar de encuentro con Él. Y ve en qué se ha convertido. Jesús da un paso más, lleva a plenitud la revelación de Dios, la manera de relacionarse con Él: ya no será un templo de piedra, ni el sacrificio de animales, ni un negocio… Será Jesús mismo. Cuando se encuentren con Él, encontrarán a Dios. Por eso dice: “destruid este templo”, habla de su cuerpo, de su muerte y resurrección. No podían entenderlo todavía. Pero después de su resurrección comprenden.
A Jesús no pueden engañarle porque conoce los corazones. Juan afirma esto porque los mismos que le admiran, que creen Él, serán los que días después griten: “crucifícale”.
Y ¿nosotros? ¿qué sacamos de este Evangelio? Primero, la autoridad de Jesús: ¿quién es, qué signos muestra para actuar así? Es el Hijo de Dios, el que vencerá la muerte, el nuevo templo, la nueva alianza. Y ¿el templo de nuestros corazones? ¿cómo está ese lugar de encuentro con Dios? ¿tenemos que dejar que Jesús expulse cambistas, mercaderes… que nos prometen servir de instrumento para el encuentro con Dios pero sólo son mentira y vacío?
¿Qué iglesia estamos construyendo? Una en la que Jesús entra y se siente a gusto o una en la que importan y destacan otras cosas distintas al encuentro con Él, a la oración, al amor al hermano.
El reto de este Evangelio puede ser encontrarnos con Jesús, verdadero camino a Dios. Expulsar de nuestro corazón lo que no nos deja conocer a Jesús y construir la Iglesia que refleje a Jesús y permita ese encuentro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 6 de marzo II Semana de Cuaresma

Sábado, 6 de marzo
II Semana de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: —«Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
—«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.» El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.»
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.» Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.» Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo: «Hijo, tu siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»»

Pistas: Jesús acoge a pecadores y come con ellos. Y esto es causa de escándalo para la gente de su tiempo. Murmuran de Él. A lo que Jesús responde con la parábola que acabas de leer.
En esta historia hay tres personajes. Los dos hijos buscan la felicidad. Cada uno a su manera. El joven se va lejos, derrocha sus bienes, “disfruta de la vida”, y sólo logra insatisfacción y vacío. Se queda sin nada. Pasa hambre. Lo que el padre le dio lo pierde. Llega hasta un límite tal que quiere pedir perdón, volver a casa, pero sin esperanzas de ser quien era. El mayor se queda en casa del padre, pero tampoco es feliz. Parece que está amargado. Tiene cosas que reprochar al padre. Está en casa, pero no siente que sea su casa. Y cuando su hermano vuelve le juzga y tal vez se sienta un poco resentido pensando en que el otro ha «vivido» pero él ha renunciado a muchas cosas. Y el padre de la parábola es amor y misericordia. Al hijo pequeño descarriado no sólo no le echa nada en cara, sino que le hace recuperar su dignidad de hijo (eso significan la ropa, el anillo, la fiesta). Porque vuelve a estar en el hogar. Al hijo mayor intenta enseñarle a ser como él, que aprenda a amar y ser misericordioso, que descubra las riquezas que quiere compartir con él.
Qué sienten estos personajes, qué buscan. Ilumina tu propia vida con cada uno de ellos. En muchas ocasiones te parecerás a alguno de los hijos: El inconsciente que busca la felicidad donde no la puede encontrar y termina vacío y desesperado. El que cumple pero no es feliz y juzga, está en casa (en la Iglesia) pero no disfruta. En otros aspectos te sentirás llamado a acercarte al padre, a Dios y encontrar en Él lo que puede llenar tu vacío y tu búsqueda. A veces tendrás que ser imagen del Padre para otros, reflejar a Jesús, para que puedan encontrar el rostro misericordioso de Dios los que están perdidos buscando la felicidad donde no la pueden encontrar. Y que puedan sentir su abrazo, sin reproches, que puedan recobrar su dignidad.
El padre, los hijos pequeño y mayor, el hogar, saciarse, ser feliz, el perdón, el amor, la misericordia… Esta parábola da mucho juego y nos debe hacer replantearnos ciertas actitudes en las que podemos sentirnos reflejados. Deja hoy que la Palabra de Dios te hable, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 5 de marzo II semana de Cuaresma

Viernes, 5 de marzo
II Semana de Cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 21, 33-43. 45-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo.»
Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron.
Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.»
Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba ellos.
Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

Pistas: El enfrentamiento entre Jesús y las autoridades religiosas y políticas judías va creciendo. En esta parábola les acusa de apropiarse lo que no es suyo (los labradores). Rechazan a los que el dueño de la viña (el Padre) había enviado, es decir, a los profetas. También rechazan al hijo, que es Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre. Lo matarán. Pensarán que así vencen y que van a salirse con la suya.
Han perdido la perspectiva. No les importa Dios, sólo la viña y sus intereses (los Evangelios de estos días nos insistían en este tema). Por sus propias palabras los podrían acusar cuando acaben con Jesús: “hará morir de mala muerte a esos malvados…”. Sin embargo, Jesús les dará hasta el final la oportunidad para cambiar de idea y reconocer quién es, aunque ellos no lo aceptan. Su mensaje los pone al descubierto y ven amenazado el poder que ejercen sobre el pueblo y su estilo de vida. Quieren cautivo al que viene a liberar.
Jesús resucitará. Creen que le vencen, que lo quitan del medio. Pero precisamente ahí, en su entrega por amor, en la cruz, en la muerte, en ser la piedra desechada, todo se hace nuevo. Porque Jesús resucitado es la piedra angular. Y todo tiene sentido porque Él está vivo, la muerte vencida, el mal derrotado.
Jesús hace nuevas las cosas. Hay que entender este cambio de perspectiva. Pero los judíos no fueron capaces de hacerlo y al final el cristianismo (que comenzó siendo una corriente dentro del judaísmo) tiene que convertirse en algo distinto.
Nosotros tenemos que ser el pueblo que da fruto, que vive el Reino como Jesús lo anunció. Por eso este tiempo de cuaresma es tan importante para los cristianos. Porque nos tiene que hacer revisar nuestra vida personal y comunitaria. ¿Soy ese pueblo que da gloria a Dios, que acoge al Hijo, que da fruto a su tiempo…? ¿o soy los criados interesados, que abusan, que buscan su interés, que no les importa Dios ni la verdad?
Da igual lo que diga el mundo, da igual que Jesús sea rechazado, que le demos la espalda… Él es la piedra angular, el único que puede sostener y darle sentido a tu vida, a la Iglesia y al mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 4 de marzo II semana de cuaresma

*Os envío el Evangelio del día con su comentario y el salmo, con unas breves pistas para rezar por si alguno usó ayer el que mandé confundido. *

Jueves, 4 de marzo
II semana de cuaresma

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Salmo 1 *
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.

Pistas: Ya sabes que los salmos son oraciones del libro del mismo nombre del Antiguo Testamento. Jesús oró con los Salmos y los cristianos en la liturgia de las horas y la misa de cada día los utilizamos también.
El que acabas de leer ensalza el fruto de la justicia (de la santidad, de estar cerca de Dios) y las consecuencias de la impiedad. La primera lleva a la vida, pero el que se aleja de Dios va a acabar mal.
Y podemos pensar que esto no es así, que hay creyentes, gente buena y justa a la que le va mal. Y, por otro lado, malvados o personas que no creen a los que les va muy bien. Jesús nos enseña a mirar más allá, al cielo, al desenlace último. El que ama a Dios y vive cerca de Él encontrará su salvación. El que no, se la perderá; y lo que él estima como ganancia o premio no acabará siendo tal.

Lee el Salmo y reza con él desde la luz que arroja Cristo, su vida, muerte y resurrección. Y mira también tu propia vida.

*Evangelio según san Lucas 16, 19-31*
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»

Pistas: Queremos construir la sociedad del bienestar y a muchos se les llena la boca prometiendo que si se les sigue y apoya, la harán. Pero la realidad es que sólo unos pocos la disfrutan y más bien parece una quimera que una realidad. Si somos sinceros, una pequeña parte de la humanidad vive bien o muy bien, mientras muchos sufren. El mundo actual se parece al de Lázaro y el rico. Los países ricos se aprovechan de los pobres, de sus habitantes, de sus recursos. Y cuando tienen problemas, cierran las fronteras.
Quizás no haya que ir a las fronteras. Miremos nuestra propia vida. En nuestra manera de pensar y actuar somos egoístas e individualistas y no damos ni siquiera de lo que nos sobra al que lo necesita. Tal vez no por maldad, sino porque ni lo vemos ni nos importa.
Este Evangelio tiene que removernos. Puedes pensar: “Pobre Lázaro. El rico tiene merecido su destino”. Pero la pregunta relevante es: ¿La Iglesia, mi sociedad, mi propia vida se parecen a Jesús o al rico del Evangelio?
Y es un drama doble: el pobre sigue en su miseria. Y el rico piensa que lo tiene todo, llena su vida de muchas cosas, pero en el fondo no tiene nada. Nada de lo que verdaderamente importa. Está cerrado al prójimo y a Dios, y vive inmerso en sí mismo y en sus cosas de tal modo que ni ve al que tiene al lado. Es trágica la conclusión: “No escuchan… no harán caso ni aunque resucite un muerto”. No son capaces de ver lo que les habla de Dios… porque tienen todo “lleno” de ídolos de barro.
También puedes revisar cómo es tu relación con lo material, con lo mundano, con el tener, el placer y el poder. Una vez más, el mensaje de Jesús es una invitación a vivir en el amor, a encontrar a Dios y la verdadera vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida