Evangelio según San Juan 2,13-25.
Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio».
Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá.
Entonces los judíos le preguntaron: «¿Qué signo nos das para obrar así?».
Jesús les respondió: «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar».
Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?».
Pero él se refería al templo de su cuerpo.
Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.
Mientras estaba en Jerusalén, durante la fiesta de Pascua, muchos creyeron en su Nombre al ver los signos que realizaba.
Pero Jesús no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba que lo informaran acerca de nadie: él sabía lo que hay en el interior del hombre.
Miércoles 3 de marzo
Miércoles, 3 de marzo
II semana de cuaresma
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según san Lucas 16, 19-31
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas.
Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: «Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas.»
Pero Abrahán le contestó: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros.»
El rico insistió: «Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: «Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen.»
El rico contestó: «No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán.»
Abrahán le dijo: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto.”»
Pistas: Queremos construir la sociedad del bienestar y a muchos se les llena la boca prometiendo que si se les sigue y apoya, la harán. Pero la realidad es que sólo unos pocos la disfrutan y más bien parece una quimera que una realidad. Si somos sinceros, una pequeña parte de la humanidad vive bien o muy bien, mientras muchos sufren. El mundo actual se parece al de Lázaro y el rico. Los países ricos se aprovechan de los pobres, de sus habitantes, de sus recursos. Y cuando tienen problemas, cierran las fronteras.
Quizás no haya que ir a las fronteras. Miremos nuestra propia vida. En nuestra manera de pensar y actuar somos egoístas e individualistas y no damos ni siquiera de lo que nos sobra al que lo necesita. Tal vez no por maldad, sino porque ni lo vemos ni nos importa.
Este Evangelio tiene que removernos. Puedes pensar: “Pobre Lázaro. El rico tiene merecido su destino”. Pero la pregunta relevante es: ¿La Iglesia, mi sociedad, mi propia vida se parecen a Jesús o al rico del Evangelio?
Y es un drama doble: el pobre sigue en su miseria. Y el rico piensa que lo tiene todo, llena su vida de muchas cosas, pero en el fondo no tiene nada. Nada de lo que verdaderamente importa. Está cerrado al prójimo, está cerrado a Dios y vive inmerso en sí mismo y en sus cosas de tal modo que ni ve al que tiene al lado. Es trágica la conclusión: “No escuchan… no harán caso ni aunque resucite un muerto”. No son capaces de ver lo que les habla de Dios… porque tienen todo “lleno” de ídolos de barro.
También puedes revisar cómo es tu relación con lo material, con lo mundano, con el tener, el placer y el poder. Una vez más, el mensaje de Jesús es una invitación a vivir en el amor, a encontrar a Dios y la verdadera vida.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.
Lunes 1 de marzo II Semana de Cuaresma
Lunes, 1 de marzo
II Semana de Cuaresma
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)
Evangelio según san Lucas 6, 36-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»
Pistas: El Evangelio de hoy nos presenta una serie de actitudes: la compasión, no juzgar, no condenar, el perdón, la generosidad… Y nos da la medida con la que practicar estas actitudes. La medida es Jesús. Cómo amó, cómo tuvo compasión, cómo se relacionó con el prójimo…
Así que, si quieres ser discípulo de Jesús, no vale una religión de mínimos y cumplimiento. No vale una vida mediocre. La propuesta de Jesús es la vida en el Espíritu Santo, la vida a la medida de la que llevó Él. Sólo así podrás abrirte al amor transformador de Dios. ¿Cómo vas a permitir que Dios te ame, te salve, te perdone, se dé a ti y te dé todo lo que necesitas, si cierras tu corazón a vivir lo que Él te regala? Lo que Jesús propone es ser perfectos como el Padre es perfecto. Y esto porque su amor te hará capaz.
La medida de la gracia de Dios no es cualquier cosa. Siempre superará lo que esperas. Dios siempre te dará más. Y la clave es entrar en la dinámica de su amor. Amar, perdonar, no juzgar…. Si lo practicas día a día la gracia de Dios crecerá en ti y dará más fruto. Pero si amas tacañamente, si juzgas, si no perdonas ¿cómo podrás acoger esa gracia de Dios? La medida es el amor de Dios. ¿Te atreves a vivir en el amor?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida