Domingo 7 de Marzo III Tercera semana Cuaresma ciclo B

Domingo, 7 de marzo
III Semana de Cuaresma, ciclo b

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 2, 13-25.
En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «el celo de tu casa me devora».
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron:
Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Pistas: Un día normal en el templo la gente iba a ofrecer sus sacrificios. Necesitaba comprar esos animales para cumplir con los ritos de su religión. En tiempo de Jesús, ocupados por el Imperio Romano, necesitaban cambiar las monedas romanas por monedas del templo (y el cambista se quedaba una comisión). Imagina mucha actividad y bullicio porque se acercaba la fiesta más importante para los judíos, la Pascua.
Y en medio de esa rutina, Jesús, llega al Templo. El lugar de presencia de Dios, el lugar de encuentro con Él. Y ve en qué se ha convertido. Jesús da un paso más, lleva a plenitud la revelación de Dios, la manera de relacionarse con Él: ya no será un templo de piedra, ni el sacrificio de animales, ni un negocio… Será Jesús mismo. Cuando se encuentren con Él, encontrarán a Dios. Por eso dice: “destruid este templo”, habla de su cuerpo, de su muerte y resurrección. No podían entenderlo todavía. Pero después de su resurrección comprenden.
A Jesús no pueden engañarle porque conoce los corazones. Juan afirma esto porque los mismos que le admiran, que creen Él, serán los que días después griten: “crucifícale”.
Y ¿nosotros? ¿qué sacamos de este Evangelio? Primero, la autoridad de Jesús: ¿quién es, qué signos muestra para actuar así? Es el Hijo de Dios, el que vencerá la muerte, el nuevo templo, la nueva alianza. Y ¿el templo de nuestros corazones? ¿cómo está ese lugar de encuentro con Dios? ¿tenemos que dejar que Jesús expulse cambistas, mercaderes… que nos prometen servir de instrumento para el encuentro con Dios pero sólo son mentira y vacío?
¿Qué iglesia estamos construyendo? Una en la que Jesús entra y se siente a gusto o una en la que importan y destacan otras cosas distintas al encuentro con Él, a la oración, al amor al hermano.
El reto de este Evangelio puede ser encontrarnos con Jesús, verdadero camino a Dios. Expulsar de nuestro corazón lo que no nos deja conocer a Jesús y construir la Iglesia que refleje a Jesús y permita ese encuentro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.