XIX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 14,22-33. 
En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra.
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma», dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.
Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman».
Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua».
«Ven», le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.
Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame».
En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?».
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios».

Lunes 3 de agosto

Lunes, 3 de agosto
Semana XVIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Este pasaje lo sitúa San Mateo después de la multiplicación de los panes y los peces, un momento en el que los discípulos se habían enfrentado a sus dudas. Jesús les había asegurado que podría dar de comer a la multitud, y lo vieron con sus propios ojos. Un día lleno de emociones, la noticia de la muerte de Juan el Bautista, el asombroso milagro de Jesús… Y, Jesús, les dice que se marchen.
Va a poner a prueba la fe de sus más cercanos. Los discípulos le han escuchado, le han visto hacer milagros, pero todavía necesitan purificar su fe y crecer en ella. No pueden quedarse en una teoría, en una doctrina o en algo que han visto. Todo eso es importante, sí, pero más lo es tener la experiencia de la fe. Fiarse de Jesús y descubrir quién es. Ya no son los milagros que Jesús ha hecho, es la experiencia que tienen de Él.
A veces creemos que ya nos lo sabemos todo, que estamos preparados para seguir a Jesús, para enfrentarnos al mundo con la fe que suponemos poseer. Pero entonces una tempestad, un problema, un reto, un traspiés nos hacen dudar. Como Pedro, le decimos: Allá vamos, Señor. Pero cambia el tiempo, llega una tormenta y nos echamos para atrás. «¡Qué poca fe!». ¿Por qué dudas, si Jesús va a estar siempre ahí? ¿por qué temes que Él te abandone?
Pedro caminó sobre las aguas. ¿Tres pasos, diez, cincuenta…? No lo sabemos. Pero seguro que fueron los más maravillosos y asombrosos de su vida hasta ese momento. Sin embargo, la fuerza del viento le hizo temer, dudar, tambalearse. Y, aún así, Jesús no le dejó hundirse.
¿Y tú? ¿caminas hacia Jesús y a la primera de cambio abandonas? ¿no sabes que Jesús nunca te va a dejar caer?
Cuando afloran las dificultades es fácil dar un paso atrás, esconderse o tener miedo. Pero Jesús es la calma que amaina la tempestad. Si le has dicho sí, no te defraudará. Si le has dicho sí, tu vida ha cambiado, ya no eres el mismo. Si le has dicho sí, vive ya en ti, no temas. Ten fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de agosto

Domingo, 2 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Pistas: “Dadles vosotros de comer”.
Jesús predica con el ejemplo. Estaba triste porque su primo y amigo, Juan Bautista, había muerto y quiere alejarse un rato de la gente. Pero al llegar ve una multitud que lo espera. Jesús los mira, siente lástima de los que sufren y los cura. En vez de pensar en sí mismo, mira alrededor.
Los discípulos ven las necesidades de la gente y acuden a Jesús. Al igual que ellos, nosotros también podríamos decir: Jesús, mira, cuántos pobres; cuánto sufrimiento e injusticia; Jesús, mira la Iglesia, los jóvenes no se acercan; Jesús, mira mi trabajo, mis amigos, mi barrio, mi ciudad, mi parroquia, mi colegio… Jesús, solucióname el problema.
Y Jesús les sorprende: “Dadles vosotros de comer”. Ayuda al pobre y al que sufre, lucha por la justicia, sé Iglesia y transforma la Iglesia, habla de Él a los jóvenes, cambia tu parroquia, tu trabajo, tu colegio… ¿cómo? Entregando a Jesús lo que tienes y haciendo lo que Él dice.
Es bonito lo que sucede: Rezan a Jesús (hablan con Él) y Jesús les viene a decir: ¿Por qué no hacéis algo vosotros? Ni ellos sin Jesús, ni Jesús sin los discípulos.
Claro que siempre podemos encontrar una excusa. Por ejemplo, la de los discípulos: Pero, Jesús, que sólo tenemos cinco panes y dos peces… Jesús, que yo no sé hablar, que mi fe es pequeña, qué voy a poder hacer yo por los pobres o por la justicia, cómo voy a cambiar yo la Iglesia, qué voy a hacer yo…
Y Jesús responde: Traed los panes y los peces. A ti te dice: ¿Estás dispuesto? ¿quieres darme lo tuyo? ¿quieres que actúe en ti y a través de ti?… Ellos sólo tenían eso, y era para ellos. Pero dan todo lo que tienen.
Y entonces ocurre el milagro: Confían en Jesús, en su palabra y lo poco que le dan produce tanto fruto que quedan satisfechos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños.
¿Y si le das tus panes y tus peces a Jesús? ¿Qué sucederá si empiezas a rezar y le dices: mira, pasa esto… vale, aquí estoy, qué hago? ¿qué pasará si te decides a responder a la interpelación de Jesús de que hagas algo tú?
El reto para esta semana es poner en práctica lo que enseña el Evangelio de hoy: Observa lo que ocurre a tu alrededor, acude a Jesús (reza), y si estás dispuesto, dale de lo tuyo, haz lo que te pida. Y, entonces, verás milagros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 1 de agosto

Sábado, 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, Obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Lo poco que ha cambiado el mundo en tantos siglos: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy.
Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos, que la vida de una persona.
Así funciona siempre el pecado. Promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento no le ayuda a salir de su situación y se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida, pero aquí todavía hay oportunidad de elegir otro camino. Con el Evangelio de hoy te puedes preguntar qué camino estás eligiendo y te recuerda que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará.
No seas Herodes, elige ser discípulo, conocer a Jesús, equivocarte, pero al lado de Jesús. Deja que te levante, que te guíe y que te salve el único que puede hacerlo: Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.