Miércoles 12 de agosto

Miércoles, 12 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.
Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Pistas: “cada uno que haga lo que le dé la gana”, “¿quién soy yo para meterme en la vida de nadie?”, “que me dejen en paz yo hago mi vida a mi manera”…
Pero según Jesús, nos tiene que importar lo que los hermanos (los de mi Iglesia, parroquia, comunidad, familia) hacen con su vida. Y, a los demás, lo que yo hago con la mía. Porque somos familia, porque Dios nos ama y nos llama a vivir en el amor y amarnos unos a otros. Forma parte de la vida cristiana ser capaz de corregir y ser corregido.
Esto no busca mostrar los defectos del otro, ni sentirnos mejores, ni echar en cara nada… lo que debe buscar es salvar al hermano. O, mejor dicho, que el otro se deje salvar por Dios. Por eso, cuando corrijas a alguien hazlo después de rezar, que sea el Espíritu Santo quien te ilumine y no una consecuencia de que tú estés enfadado ni porque quieras imponer tu visión de las cosas, sino porque quieres ayudar a tu hermano a que descubra la verdad de lo que está viviendo. Quizás esto nos suene extraño porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Pero el Evangelio de hoy nos dice que si queremos ser Iglesia, tenemos que corregir y ser corregidos como hermanos, incluso por la comunidad si es necesario. Se trata de buscar por todos los medios que el que se ha perdido en la oscuridad del pecado pueda ver: primero tú solo, luego lleva un testigo, luego la comunidad, nos dice este Evangelio. Si no sabes que vas a oscuras, ¿cómo podrás salir de la oscuridad?
Si no corriges serás cómplice del mal y del pecado que ves a tu alrededor. Y, si lo haces, la responsabilidad no será tuya, ni de la comunidad. Si te dejas corregir, crecerás y podrás acoger la salvación de Jesús. Jesús da a la comunidad el poder de atar y desatar. Como anteriormente había hecho con Pedro. Las decisiones no serán arbitrarías sino con el mismo poder de Jesús.
Finalmente, recoge Mateo una frase de Jesús sobre la oración de petición o de intercesión. Y sobre su presencia en la comunidad unida en oración. Con estas dos frases te propongo un ejercicio: ponlas en práctica con fe y verás que la Palabra de Dios no falla. Con tu marido o tu mujer, con tus hijos, con tus amigos, con la gente de tu comunidad o parroquia… Cuando te cuenten un problema, cuando necesiten algo, reza con esa persona. Una de las experiencias bonitas que he tenido es precisamente terminar algunas conversaciones con un momento de oración, con palabras muy sencillas, recogiendo lo que hemos hablado. Prueba y verás.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Martes 11 de agosto

Martes, 11 de agosto
Santa Clara

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si no hubieras leído el Evangelio de hoy y te preguntase : «¿quién es el más importante en el Reino de los cielos?”… ¿qué contestarías?
La misma pregunta le hicieron a Jesús sus discípulos, preocupados del lugar que ocupaban ellos o en cómo lograr ser más importantes. Para responder, Jesús cogió a un niño y lo puso en medio. Hay que volver a ser como él no sólo para ser grande sino para poder entrar en el Reino. Humilde, pequeño, necesitado de Dios como un niño de sus padres. ¿Qué actitudes tienes que cambiar en tu vida para hacerte como Jesús pide hoy?
“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”. Cuidado en la Iglesia con despreciar a los sencillos, a los humildes y andar buscando honores y reconocimientos. Estos pequeños se asocian a los poderosos ángeles que ven el rostro de Dios. Y, finalmente, se refuerza la idea con la parábola de la oveja perdida.
En el fondo, todo esto nos habla de la imagen de Iglesia que tenemos: ¿la de los puestos y los honores, o la de la sencillez, la humildad y la acogida? ¿la que está estancada, la de “los buenos”, o la que va a buscar a quien está perdido y se alegra cuando vuelve?
Elige alguno de estos temas de los que te habla el Evangelio de hoy y reza dejando que el Espíritu Santo te haga como niño ante Dios.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

XX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 15,21-28. 
Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio».
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!».
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!».
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!». Y en ese momento su hija quedó curada.

Lunes 10 de agosto

Lunes, 10 de agosto
San Lorenzo, Diácono y mártir.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio san Juan 12, 24-26
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.»

Pistas: Para morir, el grano de trigo tiene que aceptar cambiar. Si queda encerrado en sí mismo no podrá germinar y dar fruto. Por eso seguir a Jesús implica transformarse, convertirse. Supone morir a uno mismo para vivir. Sólo el que es capaz de no ponerse a sí mismo en el centro podrá dar fruto y tendrá vida. Jesús propone un camino de amor y éste precisamente consiste en salir de uno mismo y entregarse al otro.
Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias. A estar dispuestos a vivir como discípulos suyos. Y ese camino conlleva renuncias a los propios deseos. Nunca significará despreciarse a uno mismo o hacerse daño. Jesús enseña que hay que amarse a uno mismo (“amar al prójimo como a ti mismo”). Pero el camino para hacerlo es vivir como discípulos suyos, poner por encima de nosotros y nuestras prioridades a Jesús, al proyecto de Dios. Y en ese sentido se entiende entregar la propia vida. ¿Qué hay más grande que eso?
Jesús te invita a encontrar el camino de la entrega, del amor, del servicio. Y eso implica morir, como el grano de trigo ¿estás dispuesto a aceptar este cambio, a ser una persona nueva?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 9 de agosto

Domingo, 9 de agosto
XIX tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.

Pistas: Hace muy poco que leíamos este relato. Recuerda que una manera de rezar con la Palabra de Dios es imaginarse la escena, meterse en ella. ¿Qué sentirá y pensará cada personaje?
Este pasaje sucede en un día lleno de emociones que termina muy tarde. Se habían enterado de la muerte de Juan Bautista, buscan un sitio para descansar, y en lugar de eso Jesús acaba curando a mucha gente y multiplica panes y peces para darles de comer. Jesús se retira a orar y sus discípulos navegan. Y de madrugada, como colofón, Jesús camina sobre el agua.
Puedes fijarte en los detalles. Los discípulos irían hablando de las cosas extraordinarias que hace Jesús, pero a ellos se les iba complicando el viaje. Confunden a Jesús con un fantasma, claro, ¿quién podría creer que Jesús fuese hacia ellos caminando sobre el agua? Y, sin embargo, es Él. A veces en la vida nos pasa lo mismo, navegamos y parece que Jesús no está, que no es real.
Pedro camina sobre el agua, se lanza, se fía de Jesús. Y durante un tiempo lo consigue, pero flaquea y se vuelve a hundir. Siempre me ha llamado la atención cómo un pescador que sabía nadar se asusta de hundirse, podía nadar hasta el barco pero ni eso le sale. Jesús se lo dirá, sin mi no podéis hacer nada. Y Pedro lo experimenta. Experimenta el poder de Jesús y al mismo tiempo la necesidad de Él.
¿Cuántas veces recordaría Pedro la frase de Jesús. “¿Por qué has dudado”? Pero Jesús no falla. Él salva, te echa mano cuando te hundes, te sube a la barca y el viento amaina. Si tu vida está en medio de una tormenta, llama a Jesús, que te suba a la barca. Y al final siempre amaina porque Jesús ha vencido al mal, al pecado y a la muerte. Al final habrá calma y te postrarás ante Jesús reconociendo quién es.
El reto para esta semana es fiarte de Jesús. ¿A dónde te está llamando? Atrévete como Pedro a dar el salto, verás cosas extraordinarias… y si flaqueas, no tengas miedo, Jesús, no dejará que te hundas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 8 de agosto

Sábado, 8 de agosto
Santo Domingo de Guzmán

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 14-19
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre, que le dijo de rodillas: Señor, ten compasión de mi hijo que tiene epilepsia y le dan ataques: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos, y no han sido capaces de curarlo.
Jesús contestó: ¡Gente sin fe y perversa! ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo. Jesús increpó al demonio, y salió; en aquel momento se curó el niño.
Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: ¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros? Les contestó: Por vuestra poca fe.
Os aseguro que, si fuera vuestra fe como un grano de mostaza, le diríais a aquella montaña que viniera aquí, y vendría. Nada os sería imposible.

Pistas: Si vuestra fe fuera como un grano de mostaza… nada os sería imposible. Pues qué poca fe tengo… porque tantas cosas se me hacen un mundo, imposibles. Tantos sufrimientos, tantos demonios que debería expulsar y no lo hago. Tantas veces que me parece que el mal gana la partida…
Pero la buena noticia es que esto tiene remedio. Llama a Jesús, Él lo puede todo. Y ten fe. Nada te será imposible. Podrás luchar contra el sufrimiento, el mal, el pecado… en el mundo y en tu vida. Llama a Jesús y con Él lo podrás todo. Y cuando vayas haciéndote cada vez más discípulo suyo, te darás cuenta de que nada será imposible para ti. Ten fe y quedarás lleno del poder del Espíritu Santo, como Jesús estuvo lleno. Y harás –como dice la Escritura- obras como las suyas.
No tengas miedo, ten fe. No dudes, ten fe. Jesús lo puede todo. Y si tienes poca fe, pídela. Y acógela, reza, camina, busca, y nada será imposible para ti. Porque nada hay imposible para Dios y Dios está de tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 7 de agosto

Viernes, 7 de agosto
XVIII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 16, 24-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del Hombre con majestad.

Pistas: Si has decidido que seguir a Jesús merece la pena, entonces tienes un trabajo por delante: concretar este Evangelio en tu vida.
En tu situación, ahora ¿qué quiere decir negarte a ti mismo? Ya sabes que no es algo que te anule o te haga despreciarte. Tiene que ver con ser libre para seguir a Jesús. Renunciar a aquello que dentro de ti te lleva lejos de Él, de su amor y de vivir como Él enseña. Negarse a uno mismo es vencerse, dejar que el amor y la verdad de Jesús triunfen en tu vida. Supone derrotar la comodidad, la mediocridad, las excusas… Equivale a decidir vivir llenos del Espíritu Santo, hacer las obras del Espíritu. Y, cuando te niegas a ti mismo, entonces eres más libre, más dueño de tu propia vida.
¿Qué significa cargar con tu cruz? ¿Cuál es? Ponle nombre o nombres. Piensa en Jesús cargando su cruz. No es una carga absurda, un sufrimiento vacío o una lucha infructuosa. Él nos enseña que el final de la cruz es la resurrección, la vida y la victoria sobre el mal, el pecado y la muerte. Cargar con la cruz es renunciar a la desconfianza, a la queja, a la desesperación.
El Papa Benedicto XVI explica que la cruz con la que hay que cargar es el mandamiento del amor. También es una bonita forma de verlo. Aprende a amar en cada situación, amar a Dios, amar al prójimo, vivir en el amor.
Perder la vida por Jesús, para encontrarla. Porque éste es el único camino que da vida, el único que te lleva a la verdad. Si quieres ser tu propio salvador, te perderás. Pero si descubres el amor incondicional y misericordioso de Dios, que te hace comprender que Él mismo está en tu corazón, que te lleva a amar a los demás y amarte y conocerte a ti mismo, entonces te salvarás. Y tendrás paz, serás libre y estarás feliz. Por eso Jesús pregunta de qué te sirve ganar cosas materiales si arruinas tu vida, si no te llenan, si no eres feliz, si no tienes paz y eres esclavo de ellas.
Todo esto se abre a la eternidad. No sólo es para este mundo, no es algo que termine con la muerte. Aquí puedes empezar a vivir el cielo que no se acabará.
Un amigo cura fue a celebrar la unción de enfermos con un moribundo y también la Eucaristía. En el momento de la paz, su saludo fue: “Hasta el cielo”. Esto es hermoso y esperanzador. Jesús hoy nos da las claves: Negarse a uno mismo, cargar con la cruz, con la paz de Dios en el corazón, que dura hasta la vida eterna.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 6 de agosto

Jueves, 6 de agosto
La transfiguración del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

Pistas: Un poco de luz ilumina la oscuridad más profunda. Y Jesús es la luz del mundo.
Poco antes de la pasión, Jesús se lleva a tres apóstoles a lo alto de la montaña. Allí donde en el Antiguo Testamento Dios se manifestó y se mostró. Allí donde los hombres nos sentimos más cerca de Dios, el mundo se hace más grande y el hombre más pequeño. Y, allí, en lo alto, Jesús se vuelve resplandeciente como el sol y blanco como la luz. ¡Qué mejor manera de mostrar la divinidad que la luz y la blancura! Esto, sin embargo, se volverá difícil de ver en la pasión con la oscuridad, la injusticia, el pecado, la muerte y la sangre. Jesús es la luz, es la verdad, es el camino. Pero todo esto lo entenderán mejor después de la resurrección.
Moisés y Elías. La ley y los profetas. Lo que Dios nos pide, sus mandamientos, su modo de ver las cosas. Y lo que Dios nos cuenta de sí mismo, cómo ilumina la realidad de los hombres y muestra su voluntad. Conversan con Jesús. Porque Él es la plenitud de la revelación, todo lo que Dios ha querido contarnos y decirnos ha alcanzado su cima en Jesús. No sólo eso. Dios mismo se hace hombre en Jesús. Dios mismo se nos da. El Hijo de Dios se hace carne, para que nuestra carne pueda entrar en Dios. Y tampoco se conforma con esto. Nos regala su presencia siempre poderosa y actuando en nuestro corazón: el Espíritu Santo. Por eso: “Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”. Porque en Él está la plenitud de la revelación.
Se está tan a gusto conociendo a Dios. Dándole vueltas desde lo que sabemos (para los apóstoles la ley y los profetas; para ti, tus ideas sobre Dios). Ellos estaban cómodos ahí, partiendo de lo conocido y viendo la luz de Jesús. Pero Él no les permite quedarse en la zona de confort. Tienen que profundizar y descubrir quién es realmente. Pero sólo podrán entenderlo después de su muerte y resurrección. Y con el poder del Espíritu Santo.
Y aquellos hombres que del Antiguo Testamento habían aprendido que no se puede ver a Dios ni escucharle sin morir, se asustan. ¡Qué grande, Jesús!: “Levantaos, no temáis”. Esto nos pasa a ti y a mí, cuando nuestra pequeñez, nuestra poca fe, nuestro pecado, quedan a la luz de Dios. Quizás te preguntes: ¿Qué soy yo ante Dios si no entiendo casi nada, dudo tantas veces, peco tantas veces? No voy a poder entenderlo, no voy a poder seguirle… ¿Y si todo es una imaginación mía?
Jesús les toca y les dice: “Levantaos, no temáis”. Jesús te toca y te dice: “Levántate, no temas”.
Y, después, hay que bajar de la montaña. Hay que meterse en el día a día, llevando a Jesús resucitado con la luz que ya no deja de brillar, con la luz del Espíritu Santo. Y contarles a todos que esto es verdad. Que su luz llena tu vida, que no es una fábula o una leyenda. Jesús resucitado es vida y da vida.
Ahora, relee el Evangelio, imagínate la escena, sube con los apóstoles ante Jesús, escucha la voz de Dios… Y deja que te llene de su Luz, deja que te llene del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 5 de agosto

Miércoles, 5 de agosto
Dedicación de la Basílica de Santa María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: «Que llega el esposo, salid a recibirlo» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis».
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.

Pistas: No sabemos el día ni la hora en que el Reino de Dios alcanzará su plenitud. En teología se llama la parusía, el final de los tiempos. Lo confesamos en el credo: el Reino que no tendrá fin, cuando Jesús venga a juzgar a vivos y muertos.
No estamos muy acostumbrados a pensar en esto, y eso que ni siquiera sabemos la hora de nuestra muerte. Por eso, esta parábola es una invitación a la vigilancia y a no vivir la vida dejándose llevar o posponiendo a mañana lo que podemos hacer hoy. Podemos decir que es un antídoto contra la comodidad y la mediocridad. Porque lo más fácil es pensar que da igual. Dejarnos llevar por las modas y por la cultura dominante. Podemos quejarnos y esperar a que otros nos solucionen la papeleta, no tomar partido. Pero si actuamos con dejadez puede que nos quedemos fuera del “banquete de bodas”, fuera del Reino.
Esta parábola no nos dice que Jesús dé una sola oportunidad, que no pase ni una. Dios es misericordioso y nos ama. La Palabra de Dios nos advierte que estemos vigilantes, que despertemos, que seamos precavidos, que no da igual vivir de un modo o de otro. Te dice que será tu vida completa la que tendrás que presentar ante Dios.
Pensemos ahora: ¿Estamos en vela o estamos dormidos? ¿Estamos dispuestos a entrar en la fiesta o preferimos dormir y quedarnos a la puerta? ¿Andamos por ahí buscando con qué encender nuestra lámpara para poder entrar o sabemos dónde encontrar el aceite y lo tenemos preparado? Dios te señala hoy a la oración, la Palabra, los sacramentos, la vida de discípulos, la Iglesia, como esas áreas en las que siempre está esperándonos. Así pues, no sabemos el día ni la hora. Por eso: ¡¡Despierta!!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes, 4 de agosto San Juan María Vianney, presbítero

Martes, 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.
Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Pistas: La imagen, las apariencias, el “qué dirán”, pesan mucho en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia. ¿Cuántas veces nos aferramos a tradiciones externas, a maneras de hacer las cosas, para no tener que mirar dentro de nosotros y hacer cambios? Y nos escandalizamos y señalamos a otros cuando no cumplen. Nos preocupamos porque las cosas “no son como antes” aunque nuestro corazón esté vacío o hayamos dejado sitio al pecado en él. Nos importan las cosas, lo externo, pero no las personas. Y buscamos la manera de señalar a los demás para creernos mejores y estar tranquilos, para acallar nuestras conciencias.
No son las apariencias ni las tradiciones, sino lo que hay en tu corazón lo que importa. Porque eso es lo que te mueve. Para qué mirar a los demás. Mejor mira dentro de ti: ¿qué encuentras?
Si eres guía de otros -en tu familia, entre tus amigos, en tu comunidad o en tu parroquia- deja que la Palabra de Dios te hable. Jesús es la luz y el Espíritu Santo hace brillar esa luz en tu corazón. Ahí es donde tienes que mirar y preguntarte ¿qué tengo dentro? ¿qué sale de ahí?
Si Jesús es tu guía, si el Espíritu Santo llena de la luz de Jesús tu corazón, no eres ciego. Caminarás y ayudarás a otros a caminar. Y harás las obras del Espíritu, porque de tu corazón saldrá lo que te llena, porque Jesús orienta tus pasos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.