Sábado 22 de agosto

Sábado, 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María Reina

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 23,1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente y a los discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas. Todas sus obras las hacen para ser vistos por los hombres; se hacen bien anchas las filacterias y bien largas las orlas del manto; quieren el primer puesto en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, que se les salude en las plazas y que la gente les llame “Rabbí”.
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí”, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos. Ni llaméis a nadie “Padre” vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo. Ni tampoco os dejéis llamar “Guías”, porque uno solo es vuestro Guía: el Cristo. El mayor entre vosotros será vuestro servidor. Pues el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Pistas: La cátedra de Moisés es la autoridad para enseñar la ley de Dios. Los que la ocupan, la enseñan pero no la viven. Y Jesús quiere enseñar cómo han de vivir los puestos de autoridad sus discípulos.
Hoy el Evangelio puede servirnos para reflexionar sobre dos aspectos. Primero, cómo me comporto yo ante la autoridad. Podemos concluir de las palabras de Jesús, que aunque en la Iglesia algunas veces personas hipócritas, que anuncian una cosa y viven otra, ocupan puestos de responsabilidad, eso no debería servirnos de excusa. Jesús dice: «observad todo lo que os digan, pero no imitéis su conducta». Porque, para mal o para bien, no son las personas: es Cristo a quien seguimos. Ni al cura que me cae bien y es muy santo, ni a la persona a la que admiro por su fe, ni siquiera al Papa Francisco: sólo Cristo es quien salva. Existe un doble peligro: perdernos el regalo de la fe por personas que no están viviendo lo que anuncian, es decir, por el pecado de los demás. Y, por otro lado, la idolatría de las personas que nos fallarán y pecarán y se equivocarán como nosotros. Sólo Cristo salva.
Segundo aspecto: si tienes responsabilidad en la Iglesia (en tu parroquia, en tu comunidad, en tu familia, en tu grupo de amigos), el camino para ser grande, para ser maestro, para ser guía… es servir, poner a Jesús en el centro, descubrir que sólo Él es grande, sólo Él es el Maestro y sólo Él es el guía.
Puedes concretar todo esto en tu vida haciendo un examen de conciencia y preguntándote en qué te pareces a los fariseos y escribas que buscaban su propia gloria y en qué al ideal que propone Jesús: servir y ser humilde. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Fíate de Él, de su ejemplo y enseñanza. No de la institución, las personas, ni tú o yo. Sólo Él, sólo Cristo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 21 de agosto

Viernes, 21 de agosto
San Pío X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Él le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.

Pistas: Amar a Dios con todo el corazón, alma y ser. Amar al prójimo como a uno mismo. San Agustín dirá: ama y haz lo que quieras. Toda la ley y los profetas, todo lo que Dios ha ido revelando sobre cómo entender la realidad su la mirada de Dios se resume en amar.
Ésa es la clave, pero no es algo abstracto. Amar implica un estilo de vida, unas decisiones, unas renuncias… elegir un camino.
¿Y yo? ¿estoy amando a Dios? Piensa en cosas concretas: tu oración, los sacramentos, cuánto tiempo le dedicas, qué haces para que tu amor a Dios sea con todo el corazón, con toda el alma y con todo tu ser.
Pregúntate también: ¿amo al prójimo? Piensa en las personas que te cuesta amar. No se trata sólo de sentimientos sino de una elección, de tu modo de actuar. Si creces en la fe, si amas a Dios, crecerás también en amor al prójimo y a ti mismo. Porque descubrir el amor incondicional de Dios te llevará a querer corresponderle. Y ya no te conformarás con amar a los demás de cualquier manera, porque Dios mismo te ha enseñado a amar.
Aprenderás a mirarte como Dios te mira, a conocerte y aceptarte porque Dios te ha enseñado a amar. No podrás amar a Dios ni a los demás si no te amas a ti mismo. Por eso la fe restaura el corazón, sana las heridas, por eso el amor cura a la persona y la hace salir del pecado, del egoísmo, de la desesperación.
Éste es el camino que Jesús nos propone seguir: amar y ser amados. Es un don, y es una tarea. Dios ama primero y te invita a entrar en esa dinámica de amor. Y en eso se sostiene toda la vida cristiana.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 20 de agosto

Jueves, 20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 22, 1-14
En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los senadores del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; Mandó criados para que avisaran a los convidados, pero no quisieron ir.
Volvió a mandar criados encargándoles que les dijeran: tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda.
Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos.
El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego dijo a sus criados: La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta? El otro no abrió la boca.
Entonces el rey dijo a los camareros: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Pistas: Jesús intenta por todos los medios que comprendan su mensaje. ¿Para quién es el Reino? Para todos. Pero los primeros invitados lo han rechazado.
La parábola se dirige a los sumos sacerdotes y senadores del pueblo. Es decir, las autoridades religiosas de su tiempo. Está todo a punto para el banquete, pero prefieren sus asuntos, sus negocios e incluso les molesta ser invitados. No sólo rechazan la invitación sino que luchan contra ella (por eso no ha de extrañarte que esto siga pasando con los que invitan al Reino). Intenta que se sientan interpelados y se den cuenta. La conclusión de Jesús es dura: no se lo merecen.
Todos son invitados, da igual de dónde vengan y cómo sean. Pero aquí hay una clave: en el Reino no se puede estar de cualquier modo. Porque en este banquete todo se hace nuevo. No importa que hayas sido malo o bueno, importa que vayas y te vistas como hay que vestirse.
Jesús explica muchas veces que el Reino es gratis, que el amor de Dios es inmerecido, pero transforma y cambia las cosas, tiene consecuencias, convierte… Por eso, si entras en el Reino tienes que cambiar. Más bien tienes que aceptar que Dios te cambie y te ayude a cambiar.
Si estás leyendo esto es porque has entrado en el Reino, te sientes llamado por Jesús y quieres seguirle. Orar con la Palabra de Dios, dejar que te transforme y te guíe es ponerte nuevas vestiduras para el Reino. Iluminar tu vida con esta Palabra permite que tu vida sea transformada. Así pues, persevera, ponte la vestidura de fiesta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 19 de agosto

Miércoles, 19 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno. El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú en vida porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: Ayer Pedro preguntaba a Jesús cuál sería la recompensa que tendrían ellos por haberlo dejado todo y seguirle. Hoy la parábola nos enseña que la justicia del Reino es la misericordia y la salvación. Y ésa es la recompensa. Si entras en el Reino, si vas a la viña ¿cuál es el “salario»?
En la parábola de hoy el propietario contrata jornaleros para su viña y ajusta un jornal con los primeros y luego llama a los que están desocupados en la plaza. Es interesante pensar ¿qué estarían haciendo los que estaban por la plaza? Andarían a sus cosas, a su aire… porque él ya había pasado por allí contratando. Pero finalmente responden a la llamada y van.
Esta parábola habla de la misericordia de Dios que invita a entrar en su Reino sin tener en cuenta el pasado. Porque así es el amor: no lleva cuentas del pasado. Así que, si quieres seguir a Jesús, ponte a tiro, vete a la plaza (vete a la Iglesia, acércate a Jesús). Escucha su voz y síguele, aunque durante mucho tiempo no lo hayas hecho. No es el Dios injusto que trata igual a los buenos y a los malos. Es el Dios misericordioso que ama y salva a los que van a su viña, a los que entran en su Reino. Esto nos tiene que llevar a construir una Iglesia en la que no existen cristianos de primera y de segunda.
Si llevas mucho tiempo trabajando en la viña, esta parábola también te puede enseñar algo. El cansancio, el esfuerzo, la lucha, el sufrimiento… habrán formado parte de tu tarea y vas a tener la misma recompensa que otros que quizás no han luchado, ni trabajado ni se han esforzado como tú. Pero el Reino del que Jesús habla es el de la gratuidad, el del amor y la misericordia. Y entrar en él significa descubrir esta dinámica (como en la parábola del hijo pródigo ocurre con el hijo mayor… tanto tiempo en casa y con su corazón tan lejos del padre).
Relee el Evangelio y descubre qué es lo que el Señor quiere decirte hoy a ti, en tu situación concreta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele en tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 18 de agosto

Martes, 18 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: Las riquezas, lo material, el poder… se convierten en ídolos, en lo más importante de la vida de muchas personas y a veces en lo único que les mueve. Ocupan el lugar de Dios.
Para la mentalidad judía, la riqueza era signo de la bendición de Dios. Pero Jesús quiere enseñar otro camino. Ni siquiera sus propios discípulos son capaces de entenderlo. ¿Cuál será nuestro premio? le preguntan. Él no les engaña, les promete una gran recompensa. Pero el camino es no tener el corazón apegado a lo material, a las cosas, al poder, a lo que puede dar la riqueza. La clave es seguir a Jesús. Y ahí se encontrará la vida, la verdadera riqueza. Por ahí entrarás en el Reino de los Cielos.
Así se entiende la conclusión del Evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Mira tu vida a la luz del Evangelio ¿Qué lugar ocupan las riquezas y qué implican en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Dios y qué supone en tu vida? Y recuerda que la clave es seguir a Jesús. ¡Acércate a Él en este tiempo de oración!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 17 de agosto

Lunes, 17 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta? Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: El pasaje de hoy nos presenta dos maneras de seguir a Jesús: cumpliendo y siendo buenos o llegando hasta el final.
Este joven era rico, ése era su tesoro. El dinero y lo que ello comporta era muy importante para Él. Pero era bueno y cumplía los mandamientos. Sin embargo, no fue capaz de seguir el camino al que Jesús le invitaba. Pero sentía que le faltaba algo, por eso le pregunta a Jesús: “¿Qué me falta?”. Porque con el cumplimiento, con las normas, no le llegaba.
Esto les pasa a las personas de nuestro tiempo cuando les presentamos una fe de mínimos, o cuando nosotros mismos pensamos que es así, una fe sin exigencia, en la que todo vale, sin encuentro con Jesús y sin entrega, en la que lo único que importa es ser buenos –o parecerlo-.
El joven pregunta qué le falta y Jesús le enseña cuál es su ídolo, su apego. Y le invita a dejarlo y seguirle. Porque todo lo demás es pasajero.
No es fácil fiarse de Jesús plenamente. A veces es como lanzarse al vacío. Pero ése es el verdadero tesoro –para ahora y para la vida eterna-. Porque una vida sólo de bondad y cumplimiento desemboca en la tristeza si no se sigue a Jesús y si no descubres el camino que Él tiene para ti. Tal vez Jesús te haya preparado para ser empresario, profesor, trabajador, funcionario… cura, monja, padre o madre de familia…. Da igual. Lo importante es: ¿Qué te falta? ¿qué es lo que Jesús te está pidiendo que ”vendas” para poder seguirle? No sólo seas bueno, sigue a Jesús y encontrarás el tesoro.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 16 de agosto

Domingo, 16 de agosto
XX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
El no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando. El les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: Señor, socórreme. El le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso: Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.

Pistas: Da qué pensar este Evangelio. Parece que Jesús no puede tratar así a alguien ni tener una idea restrictiva de salvación. Entonces ¿de qué habla el Evangelio de hoy?
En primer lugar, de la fe y la perseverancia. Aquella mujer creía en Jesús por encima de todo. No duda de su poder para salvar a su hija. Y persevera. Consigue primero que los discípulos hablen con Jesús y se acerquen a pedirle que la atienda. Y, después, se presenta ante Jesús, se pone de rodillas y le pide. Y en el diálogo se mantiene firme en su fe. La constancia le ha abierto la puerta.
En segundo lugar, se pone en entredicho la idea de un Mesías político y nacionalista judío, de una salvación sólo para el pueblo judío mientras que los extranjeros son infieles y quedan fuera. La fe de la mujer es ejemplar y conmueve a Jesús. Y la acoge.
Este milagro de Jesús se les quedó grabado y cuando la comunidad de Mateo comenzó a aceptar a los paganos, este relato les servía para entender que para Jesús lo importante no es la procedencia, el sexo, la posición social… sino la fe.
Por eso este Evangelio puede hacerte mirar a tu propia fe y perseverancia. También tu postura en la Iglesia. El pan (la Eucaristía y lo que significa) no sólo es para los que están sentados a la mesa, sino para todos. Quizás Jesús necesite que tú y yo salgamos a buscar e invitar a los que necesitan encontrarse con Él.
Mujer, qué grande es tu fe. ¿Y la nuestra? El reto de esta semana es aprender a acercarte a Jesús con perseverancia, sea como sea, pase lo que pase.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 15 de agosto

Sábado, 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Este pasaje sucede después del “sí” de María al ángel. Y, embarazada de Jesús, lo primero que hace es ponerse en camino para ver a Isabel. La presencia de Jesús lleva a preocuparse por los demás, a servir a los demás, a salir de uno mismo. Lleva a la alegría, a la bendición, a las promesas cumplidas. Fíjate lo que dicen Isabel y María, cómo destila gratitud, alegría, esperanza…
La oración de María es una alabanza a Dios. Puedes aprender mucho sobre cómo rezar en esta oración. Se hace desde el alma, desde lo profundo del ser: “proclama mi alma”. Como las cosas importantes de la vida, implica a toda tu persona.
María alaba Dios y lo que Él hace. Alabar es reconocer quién es Dios y agradecerlo, reconocer la obra de Dios en tu vida y proclamarla. La oración de alabanza es por su naturaleza la forma más desinteresada de oración: es sólo mirada a Dios y a su obra. Descubrimos su grandeza, le cantamos por su misma realidad y ser divino. La experiencia de la Iglesia es que la oración de alabanza abre la puerta a otros modos de orar.
La oración de adoración añade la consideración del hombre en cuanto criatura e implica el reconocimiento de la propia pequeñez y de la grandeza de Dios.
La oración de acción de gracias: por la salvación, los bienes… (como hace María agradeciendo que Dios cumple sus promesas y su manera de actuar en la historia).
Y aunque en el texto de hoy no aparece, en tu oración personal muchas veces terminarás con oración de petición e intercesión: la petición mira al futuro y presenta toda situación ante el poder de Dios para que se realice su obra y venga su Reino.
Si comienzas al revés, es decir, pidiendo; probablemente tu oración sea desesperada, desconfiada, algo egoísta e interesada. Pero si primero piensas en Dios, reconoces su amor y le amas, te das cuenta de cómo es Dios, le alabas, le adoras. Y luego sí, ya en su presencia, presentas todo, con confianza como un hijo a su Padre, como un hermano que se dirige a su Hermano y Amigo, con la presencia del Amor de Dios, del Espíritu Santo en tu corazón… Por eso siempre te invito a que primero te pongas en presencia de Dios, es decir, a que pidas el Espíritu Santo y le alabes, y después leas la Palabra y ores con ella. Hazlo una vez más hoy y alaba, adora, da gracias, pide…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 14 de agosto

Viernes, 14 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? El le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: El Evangelio de hoy recoge las enseñanzas de Jesús sobre el matrimonio y el celibato por el Reino de los Cielos.
Defiende que el camino más perfecto es que lo que Dios une, el hombre no lo separe. El matrimonio entre un hombre y una mujer une de tal modo que los que eran dos, son una sola carne. Pero pongámonos en el contexto de estas palabras. Un tiempo en el que la situación de la mujer era tal, que la que era repudiada por su marido tenía que volver a la casa paterna, deshonrada y deshonrando a su familia. Muchos rabinos defendían que un hombre podía repudiar a su mujer por cualquier motivo (por ejemplo, si no le gustaba cómo cocinaba), siendo ésta una manera de tener subyugada a la mujer. Ahora podemos entender mejor el alcance de la explicación que da Jesús.
Jesús, citando la escritura, explica el matrimonio como una institución para toda la vida. Y en las primeras comunidades cristianas la institución del matrimonio va devolviendo la dignidad a la mujer, porque manda al hombre amarla como Cristo ama su Iglesia.
Por último, Jesús señala que el celibato es un don (es decir, es gracia y tarea) y que es un camino válido. Probablemente Mateo recoge estas palabras de Jesús para confirmar a aquellos que habían elegido el celibato imitando a Jesús.
Puedes aprovechar este Evangelio para hacer un examen sobre tu vida matrimonial o, si eres célibe, sobre tu celibato. Dos opciones de vida que Jesús pone en valor desde su magisterio.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 13 de agosto

Jueves, 13 de agosto
XIX Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Pistas: Pedro hace una pregunta para saber hasta dónde tiene que llegar: ¿Cuántas veces perdonar? O, lo que es lo mismo: ¿Con qué cumplo? ¿dónde está el límite?
A Jesús no le vale una vida de cumplimiento en sus discípulos. No quiere mediocridad y conformismo, ni una ley sin alma. Porque su invitación es a entrar en el amor de Dios, un amor sin límites. Por eso, Jesús llama a sus discípulos a usar la medida del amor y el perdón de Dios. No es cumplimiento, no es un mínimo, es una llamada a la plenitud.
En la parábola aparece el contraste entre la inmensa deuda que el señor perdona a su empleado y la insignificante que el empleado no es capaz de perdonar. Y desde ahí, desde la experiencia del amor de Dios, desde la experiencia del perdón gratuito e inmerecido, es desde donde se puede entender amar y perdonar al prójimo sin medida. Porque Dios te amó así primero, sin medida.
Y tú ¿necesitas ser perdonado? Acude, sin miedo, al Señor que perdona todas tus deudas, que limpia tu alma y te libera de las ataduras del pecado. Jesús ha vencido para darte su salvación y hacerte una criatura nueva. Es su mensaje revolucionario: Amaos unos a otros como yo os he amado… No de cualquier modo, sino cómo Él, hasta entregarte, hasta dar la vida.
¿Alguien te ha hecho daño? ¿quieres perdonar? Perdonar no es sólo un sentimiento, es también un acto de voluntad. Dicho de otro modo, para perdonar no necesitas sentir, necesitas decidir y elegir perdonar. Necesitas rechazar todo sentimiento malo que salga de ti y elegir perdonar. Esa es la manera. Y pide a Dios que llene tu corazón, tu voluntad y tus sentimientos, todo tu ser, de su Espíritu Santo. Porque poder perdonar como Jesús, amando a los enemigos, sólo es posible como don del Espíritu. El es quien hace nuevas las cosas, quien te da libertad, y te va dando la fuerza para actuar como discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.