Lunes 13 de mayo

Lunes 13 de mayo
Bienaventurada Virgen María de Fátima

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
—«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
—«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

Pistas: ¿Cuántas personas con intereses se acercan a diario a nosotros? Para vendernos algo, para convencernos de sus ideas, para ganarnos para sus causas… ¿Cuántas ofertas de salvación hay en nuestro mundo y a veces se nos cuelan cuando estamos débiles o angustiados?
Jesús entra por la puerta, va de frente. Quiere que le conozcan. No fuerza nada (“el guarda le abre”).
Y te llama por tu nombre. No eres un número, una oveja más del rebaño… eres tú, y te pregunta si quieres seguirle.
Jesús va delante. Cuando le conoces puedes reconocer su voz y distinguirla de otras. Por eso, qué importante la oración, qué importante la comunidad que te acompaña, qué importantes los sacramentos que te dan la gracia de Dios.
Jesús mismo es la puerta de la salvación. Decimos que Jesús es el mediador de la gracia de Dios. Por medio de Jesús resucitado podemos recibir el Espíritu Santo y sus dones. Por eso, la puerta, el camino, el medio, es Jesús.
¿Para qué ha venido? ¿cuál es su interés? “Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante”. ¿Quieres vivir la aventura de la fe? ¿quieres tener vida abundante? Pues camina, acércate a Jesús cada día, hazte familiar con Él para conocer su voz y distinguirla de otras. Síguele y verás cómo todo esto se hace realidad en tu vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 12 de mayo

Domingo, 12 de mayo
IV semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 10, 27-30
En aquel tiempo, dijo Jesús:
—«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Es el Buen Pastor. Quizás para muchos de nosotros esta imagen suponga un esfuerzo porque no conocemos cómo era la vida de los pastores en tiempos de Jesús, ni siquiera en nuestro tiempo. Pero con ella Jesús quiere enseñarnos varias cosas.
Las ovejas conocen la voz de su pastor. La fe consiste en conocer a Jesús, en tener una relación con Él, conocer y ser conocido. No son sólo ni principalmente ideas, teorías o estilos de vida. Se trata, en primer lugar, de una relación. ¿Y qué implica una relación auténtica? Fiarse, lanzarse, atreverse.
Jesús es Maestro y los que le siguen sus discípulos. Él va delante. Él marcó el camino. Resucitado y vivo sigue yendo delante. Ahora, con la fuerza del Espíritu Santo, sigue guiando a quien acude a Él.
Jesús da vida eterna. Que comienza ya aquí y alcanzará su plenitud en el Cielo. Los cristianos luchan porque el Reino de Dios se haga cada vez más presente en el mundo. Quieren vivir la vida del Espíritu. El Evangelio es vida. La muerte (también la muerte interior que causa el pecado y el mal) ha sido vencida.
Jesús defiende a los suyos, “nadie las arrebatará de mi mano”. Tiene poder para salvar. No por la fuerza, no con ejército, no con más violencia o injusticia… sino con la fuerza del amor, de la cruz, de la misericordia y de la resurrección.
Dios está con su pueblo, con su rebaño, con su Iglesia. Y la defiende y la ama. Qué bonito este sentido de pertenencia y qué responsabilidad crear comunidades en las que esto quede claro. En las que la fe se viva auténticamente, que sean hogares de amor, de esperanza y de fe. Jesús es el Buen Pastor, te llama y te invita. ¿Qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 11 de mayo

Sábado 11 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 60-69
En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.
Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.»
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Pistas: “El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida”. Porque de lo que se trata es de conocer a Jesús. Él es el pan de vida, pero un pan que alimenta el espíritu, que da fuerza al hombre. No un pan carnal que se posee, que se puede medir…
Jesús invita a entrar en su vida, a acogerla, con todo el poder de su salvación, a habitar en ti y tú en Él. Te invita a creer en Él.
Pero no es un camino fácil. Pasa por la cruz, pasa por la entrega de la vida, pasa por el encuentro con Jesús y por fiarse de Él.
Estos días la Palabra de Dios te invita a acercarte a Jesús. ¿Qué actitud tienes ante Él? Cuando no entiendes, cuando las cosas se ponen difíciles ¿eres Pedro o eres de los que se marchan? Si perseveras con Jesús no será un camino llano: te equivocarás, pecarás, fallarás, dudarás… Pero al final todo merecerá la pena porque creerás y sabrás quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 10 de mayo

Viernes 10 de mayo
III semana de Pascua, San Juan de Ávila

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 52-59
En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaúm.

Pistas: El Evangelio que acabas de leer sólo se puede entender a la luz de la muerte y resurrección de Jesús. Tiene como trasfondo la experiencia de los discípulos al reconocer y experimentar a Jesús resucitado. Cuando repiten la Última Cena, en la Eucaristía que celebra la Iglesia naciente comprenden que se encuentran con Jesús resucitado. Cuando parten el pan se les abren los ojos. Y cada domingo, al repetir la Cena del Señor, se hace presente Jesús para todos nosotros.
Lo que Jesús ha venido a revelar no son sólo unas ideas sobre Dios, una teoría o un modo de vida. Él ha venido a comunicarnos la vida de Dios, a habitar en nosotros, a darse a nosotros, a darnos vida para siempre. Se hace uno con nosotros hasta el punto de que la sangre que derrama en la cruz, la entrega de su vida, es el acto de amor del cual se hace memorial en la Eucaristía. Jesús se hace alimento para nosotros. Lee despacio el texto y comprobarás cómo en cada frase San Juan va dando una vuelta de tuerca sobre esto.
Jesús dice que hay que comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna y resucitar, para que habite en nosotros, para vivir por Jesús (al igual que Él hace la voluntad del Padre, si Jesús habita en ti tienes que vivir por Él). “No es como el de vuestros padres”, es algo nuevo que durará para siempre, que transforma, que da vida de verdad. Por eso es verdadera comida y verdadera bebida, no hay engaño, ni doblez, ni apariencias… todo lo demás que parece llenar y saciar al hombre, son espejismos. Y es que comulgar a Jesús es también seguir su camino «si no coméis la carne del Hijo del hombre…». Llegar a conocer a Jesús es aceptar el camino de la cruz, muerte y resurrección. Es confiar en el Padre como Él lo hizo, ser resucitado a una vida nueva por el Espíritu Santo. No sólo es saber cosas de Jesús, es experimentarlo, relacionarte con Él. Es reconocerle vivo y presente.
Comer y beber. Los sacramentos realizan espiritualmente lo que el símbolo expresa. Comulgar, celebrar la Eucaristía, es dejar entrar a Jesús, que se haga uno contigo y tú uno con Él (habitar en ti y tú en Él). Su vida, su amor, su gracia, su salvación, todo su poder… en ti y en la comunidad. Dándote vida, ahora y para siempre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Jueves 9 de mayo

Jueves 9 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 44-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Pistas: Jesús es el camino hacia Dios. Pero este camino no lo recorremos por nuestras solas fuerzas. Es Dios quien llama, quien atrae. Hay que escucharle, hay que aprender.
El Evangelio de hoy y las pistas son para leer despacio. Es ir dando pequeños pasos o incluso vueltas alrededor de lo mismo: el misterio de Jesús que revela a Dios, Jesús que se entrega, Jesús que se hace Pan, que da su carne. Por eso, no te agobies si te pierdes. Sólo lee despacio y deja que resuene en tu corazón la verdad que hay en las palabras del Evangelio de hoy.
Tienes unas palabras clave: Fe (Dios que atrae y el hombre responde), revelación (Jesús revela a Dios, es el enviado, el que ha visto a Dios), vida (vida para siempre, la muerte vencida), entrega en el Pan, (en la Eucaristía Jesús entrega su propia vida, su carne), comer (no es un pan para contemplar, sólo para mirar, sino para vivir).
San Juan nos repite: Jesús revela al Padre, en Jesús hay vida. Creer en Él da vida eterna. Da la vida de Dios. Jesús es el Pan de la vida. Es el alimento que da vida para siempre y en plenitud. Pero no es un alimento intelectual, moral o físico. Es un alimento en el que se da a sí mismo. Jesús mismo, el Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, se da… se entrega hasta el extremo. Todo. Como lo hizo al morir en la cruz. Y en la Eucaristía se nos da Jesús, el Pan que da vida, el Pan que alimenta la fe. No son creencias, tradiciones o ritos, sino la fe en el Padre y en el Hijo que dan vida. Y, por tanto, la posibilidad de una vida plena.
Y además está escrito: la historia termina bien. “Serán todos discípulos de Dios”. ¡Jesús vence!
Terminaremos la Pascua descubriendo que esto lo hace posible la presencia del Espíritu Santo. Él resucita a Jesús, Él convierte el pan que se ofrece en la Eucaristía en Pan de vida eterna, en Jesús vivo y resucitado. Él hace que Dios viva en cada uno de nosotros. Hace que podamos ser atraídos por el Padre, que tengamos fe, que tengamos vida. Hace que sintamos el amor de Dios. Por eso pide el Espíritu Santo y relee el Evangelio dejando que Dios te hable y hoy sobre todo entrando en el misterio de quién es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 8 de mayo

Miércoles, 8 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Pistas: Continuamos el discurso del Pan de Vida. Con esta imagen, San Juan quiere ayudarnos a conocer quién es Jesús.
Jesús es el pan de la vida, el que baja del cielo, el que quita el hambre y la sed (como veíamos ayer). Además, Jesús dice: “al que venga a mí no lo echaré afuera”. Aunque algunos no crean a pesar de verle, Jesús acoge al que le busca y se acerca a Él. Es el Padre, es Dios el que atrae. Y cuando la persona responde, le da una nueva vida.
Jesús habla de los suyos, de los que le dio el Padre. ¡Qué bonito poder descubrir que la fe te hace ser de los de Jesús! Y la voluntad de Dios es que nos salvemos para siempre, una vida eterna.
Encontrarse con Jesús y creer. Un regalo que Dios hace. Te lo hace a ti también que le buscas, que tienes hambre y sed, que oras cada día… porque Él ya te ha llamado. ¿Quieres saciar tu sed?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 7 de mayo

Martes, 7 de mayo
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 30-35
En aquel tiempo, dijo la gente a Jesús: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Les dio a comer pan del cielo.»»
Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.»
Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: Después de la multiplicación de los panes y los peces y de que Jesús caminase sobre el agua ante sus discípulos, comenzábamos ayer este diálogo que habla de pan, pero en el fondo habla de Jesús. Ayer Jesús decía que el trabajo que Dios quiere es que creamos en Él, en Jesús.
Hoy, ante tal afirmación, le preguntan: ¿cuáles son tus obras? ¿tú quién eres para que creamos en ti?
Y Jesús da un paso más. No fue Moisés el que les dio pan del cielo, fue mi Padre. Y el verdadero, el que de verdad puede saciar y dar vida es Jesús mismo.
Qué fácil de entender es la imagen del hambre y la sed. ¿Alguna vez las has sentido? Pues si miras en tu interior seguramente encuentres ahí también hambre y sed de plenitud, de felicidad, de paz, de alegría, de sentirte realizado, amado, de encontrar sentido. En definitiva, hambre y sed de Dios. Puedes llamarle de muchas maneras, pero te aseguro que sólo Dios puede saciarte. ¿Tienes hambre y sed? Jesús dice hoy que si acudes a Él no pasarás hambre y no pasarás sed.
El otro pan, el de Moisés, el que todavía no tiene la plenitud de Jesús y del Espíritu Santo, el que alimenta el cuerpo; el otro pan, el pan de las cosas buenas de la vida, el pan cotidiano; ese pan es bueno, pero no puede saciar. El verdadero, el que Dios envía del cielo y puede dar vida y plenitud para siempre, ese pan es Jesús que se entrega por ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 5 de mayo

Domingo 5 de mayo
III Domingo Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21, 1—19
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos. Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.
Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Pistas: Jesús les llama nuevamente, como la primera vez, a dejar las redes y seguirle. Les muestra su poder. Llevan toda la noche intentando pescar pero no pueden, sólo con Jesús y la obediencia a Él (si no hubieran tirado la red…) su trabajo y esfuerzo da fruto.
Jesús les alimenta, no sólo con lo que Él les tiene preparado, sino con lo que ellos han conseguido.
El discípulo amado puede ser entendido como el modelo de discípulo. Es el que cree, el que ve los signos y reconoce al Señor. Y tú estás llamado a ser como Él.
Otra figura que destaca en el Evangelio de hoy es la de Pedro. Se lanza al agua. Va el primero. Responde a Jesús otra vez que sí, deja la barca y va con Él.
Y Jesús le pregunta tres veces si le quiere (como tres fueron las negaciones). Es como si Jesús quisiera darle la oportunidad de que donde hubo traición ponga amor. La llamada va unida a la misión. Pedro la acepta con todas las consecuencias.
Jesús te pregunta, te acompaña, te aguarda. No se impone por la fuerza, no te obliga, no te agobia. Y tú tienes la capacidad de cerrarle o abrirle tu puerta. Jesús no se cansa de esperar. Y, si das el paso, si respondes afirmativamente, te ofrece una vida nueva, una nueva manera de hacer las cosas.
Hay muchos detalles que pueden ayudarte a rezar en este Evangelio, párate en el que te toque el corazón o te haga pensar y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 4 de mayo

Sábado, 4 de mayo
II sábado de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 16-21
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Hablan remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis.» Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

Pistas: El evangelio de hoy nos habla del episodio de la barca en el mar agitado. Jesús se encuentra en la montaña, los discípulos en el mar y el pueblo en tierra. En la manera de describir los hechos, Juan trata de ayudar a las comunidades a descubrir el misterio que envuelve a la persona de Jesús. Lo hace evocando los textos del Antiguo Testamento que aluden al éxodo.
Jesús está en la montaña. Ante la multiplicación de los panes, la gente concluyó que Jesús debía de ser el mesías esperado. Esta era una tentación para los discípulos de Jesús. En los sinópticos Jesús obliga a los discípulos a embarcar y Él se retira a orar.
¿Cómo era la situación de los discípulos? Ya era tarde. Los discípulos bajaron al mar, subieron a la barca y se dirigieron a Cafarnaún, al otro lado del mar. Juan dice que ya había oscurecido y que Jesús todavía no había venido a ellos. Además de esto, soplaba un fuerte viento y la mar había empezado a encresparse. Por un lado evoca el éxodo: atravesar el mar en medio de las dificultades. Por otro, se refiere a la situación de las comunidades en el imperio romano: al igual que los discípulos, vivían en medio de la noche, con el viento contrario y el mar agitado y ¡Jesús parecía ausente!
Sin embargo, todo cambia cuando Jesús llega. Los discípulos tuvieron miedo. Jesús se acerca y dice: “¡Soy yo! ¡No temáis!” De nuevo encontramos referencias al AT: Recuerda el pueblo que protegido por Dios atravesó sin miedo el Mar Rojo. Recuerda cómo Dios, al llamar a Moisés, declaró su nombre diciendo: “¡Yo soy!” (cf. Ex 3,15). Recuerda también el libro de Isaías que presenta el retorno del exilio como un nuevo éxodo, donde Dios aparece repitiendo numerosas veces: “¡Yo soy!”.
El mar es símbolo del abismo, del caos y del mal (Ap 13,1). En el Éxodo, el pueblo hace la travesía para la libertad enfrentando y venciendo el mar. Dios divide el mar a través de su soplo y el pueblo lo atraviesa a pie (Es 14,22). En otros pasajes la Biblia muestra a Dios que vence el mar (Gen 1,6-10; Sal 104,6-9; Pro 8,27). Vencer el mar significa imponerle sus límites e impedir que engulla la tierra con sus olas. En este pasaje Jesús revela su divinidad dominando y venciendo el mar, impidiendo que la barca de sus discípulos sea tragada por las olas. Esta manera de evocar el Antiguo Testamento, de usar la Biblia, ayudaba a las comunidades a percibir mejor la presencia de Dios en Jesús y en los hechos de la vida. ¡No temáis!
Y la barca de tu vida o de tu comunidad o parroquia ¿cómo va? Jesús se acerca a ti. ¿Qué te dice hoy en su palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida