Miércoles, 8 de mayo
III semana de Pascua
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
Evangelio según san Juan 6, 35-40
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»
Pistas: Continuamos el discurso del Pan de Vida. Con esta imagen, San Juan quiere ayudarnos a conocer quién es Jesús.
Jesús es el pan de la vida, el que baja del cielo, el que quita el hambre y la sed (como veíamos ayer). Además, Jesús dice: “al que venga a mí no lo echaré afuera”. Aunque algunos no crean a pesar de verle, Jesús acoge al que le busca y se acerca a Él. Es el Padre, es Dios el que atrae. Y cuando la persona responde, le da una nueva vida.
Jesús habla de los suyos, de los que le dio el Padre. ¡Qué bonito poder descubrir que la fe te hace ser de los de Jesús! Y la voluntad de Dios es que nos salvemos para siempre, una vida eterna.
Encontrarse con Jesús y creer. Un regalo que Dios hace. Te lo hace a ti también que le buscas, que tienes hambre y sed, que oras cada día… porque Él ya te ha llamado. ¿Quieres saciar tu sed?
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.