Miércoles 12 de septiembre

Miércoles, 12 de septiembre
Dulce Nombre de María.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.
Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡Ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.

Pistas: El modo de vivir y, por tanto, nuestros planteamientos y la manera de comprender el mundo, el hombre, a Dios… tiene consecuencias en nuestra felicidad. Y este Evangelio nos enseña el modo de actuar que lleva a ser dichosos y cuál es el que te llevará a ser digno de compasión y a la frustración de seguir promesas de falsa felicidad.
Jesús vivía lo que anunciaba. Por eso tiene autoridad para afirmar lo que acabas de leer en este Evangelio. Y con su resurrección y el envío del Espíritu Santo hace posible que tú y yo podamos vivir la dicha de la que habla Jesús.
Relee el Evangelio mirando tu propia vida, déjate interpelar en tu situación concreta. Jesús enseña que Dios basta y que el resto de cosas que ocupan su lugar, sobran. Reza con lo que Jesús ponga en tu corazón hoy y alégrate, porque serás dichoso si le abres tu corazón.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 11 de septiembre

Martes, 11 de septiembre
XXIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 6, 12-19
Por entonces, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos.

Pistas: Hay muchas cosas en las que te puedes fijar para rezar con este Evangelio. La actitud de Jesús antes de tomar decisiones importantes. Ora y ora. Incesantemente. ¿Qué lugar ocupa la oración en tu vida? ¿Cómo tomas decisiones? ¿Cómo buscas la voluntad de Dios?
Elige a unos hombres para que estén con Él. Serán los Apóstoles. Jesús no realiza su misión solo, sino que desde el principio se rodea de unos hombres, elegidos para ser testigos de lo que Él va a hacer. Crea conscientemente un grupo que después continuará su misión. Es el germen de la Iglesia.
Entre ese grupo (aunque lo ha elegido Jesús) hay uno que le traicionará. Porque en el camino de Jesús, como en el de la Iglesia, hay cruz y hay pecado, hay dificultades y Él no las evitó, sino que las afrontó.
Y esos doce hombres son testigos de lo que sucede con Jesús: su palabra, sus acciones y su poder. Y poco a poco irán descubriendo quién es para poder dar testimonio de Él.
Relee el Evangelio y busca algo con lo que orar: ¿qué te dice la Palabra de Dios hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Lunes 10 de septiembre

Lunes, 10 de septiembre
XXIII tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar. Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho. Los letrados y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo. Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico: Levántate y ponte ahí en medio. Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo: Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir? Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre: Extiende el brazo. Él lo hizo y su brazo quedó restablecido. Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Pistas: Cuando las cosas se ponen por delante de las personas, cuando el legalismo, la apariencia o el formalismo, se convierten en el criterio fundamental, se pierde la perspectiva de lo que es verdaderamente importante. Este Evangelio puede ser una invitación para que pienses cómo estás viviendo tu fe y qué tipo de Iglesia estás construyendo.
Jesús siempre pone a las personas por delante, siempre pone el amor al prójimo como reflejo del amor a Dios y consecuencia de la fe.
Los letrados y los fariseos se han convertido en enemigos de Jesús, no buscan la verdad, no intentan descubrir por qué hace Jesús las cosas de ese modo. Simplemente quieren pillarle y encontrar algo con lo que acusarlo. Les resultaba molesto. Actuaba de una forma nueva que ellos temían que acabase con su estatus. Porque la prioridad de los fariseos y letrados no era otra que ellos mismos.
Nuevamente, lo interesante es pensar si estas actitudes están ganando terreno en tu vida. Es decir, si en lugar de buscar la verdad, buscas poder permanecer en tu modo de hacer las cosas.
Jesús sana y da vida. Pero sus enemigos acechan, conspiran, se llenan de ira, discuten… y querrán acabar con Jesús. Pero Jesús ¡salva!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 8 de septiembre

Sábado, 8 de septiembre
La Natividad de la Santísima Virgen María

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 1, 18-23
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? Para responder a esta pregunta podemos hacernos también esta otra: ¿quién es María? Es la Virgen que concibe un hijo por obra del Espíritu Santo, la que dará a luz al Dios-con-nosotros. Es aquella a través de la que se cumplen las promesas del Antiguo Testamento. Desposada con un hombre con una fe tan fuerte que se fía de Dios a pesar de que parezca increíble lo que sucede.
Entonces Jesús es uno de los nuestros, nace en una familia, hijo de María… pero María Virgen. Algo extraordinario sucede. Porque va a ser Dios-con-nosotros. ¡Qué extraordinario! ¿No habría que caer de rodillas y adorar?
Dios se acerca tanto a nosotros, hace posible lo imposible, Dios y hombre, que nos salva. Se hace uno de nosotros para que nosotros podamos entrar en su vida y conocer a Dios y llenarnos de Dios… Lee el Evangelio, asómate al misterio y adora a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 7 de septiembre

Viernes, 7 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 5, 33-39
En aquel tiempo, dijeron a Jesús los fariseos y los letrados: Los discípulos de Juan ayunan a menudo y oran, y los de los fariseos también; en cambio los tuyos, a comer y a beber.
Jesús les contestó: ¿Queréis que ayunen los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que se lo lleven, y entonces ayunarán.
Y añadió esta comparación: Nadie recorta una pieza de un manto nuevo para ponérsela a un manto viejo; porque se estropea el nuevo, y la pieza no le pega al viejo.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque revientan los odres, se derrama, y los odres se estropean. A vino nuevo, odres nuevos.
Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: «Esta bueno el añejo».

Pistas: Jesús no está apegado a los formalismos, a hacer las cosas porque “siempre se han hecho así”. Siempre va a lo profundo de las actitudes, de las tradiciones… Enseña en muchas ocasiones la importancia del ayuno. Pero hoy resalta la novedad de su presencia y su mensaje. Jesús no es cualquiera. Su presencia es motivo de fiesta… Y esta idea la irá desarrollando: no sólo creer en su palabra o en su mensaje es suficiente. Hay que creer en Él y seguirle para poder encontrar vida, entrar en el Reino y salvarse.
Parecen una contradicción los ejemplos que pone. Primero dice: lo nuevo es lo que vale, la novedad que trae tiene que ser aceptada rompiendo con lo anterior porque lo hará entrar en crisis. Y luego: lo añejo, lo viejo es bueno. Y es que en Jesús se da una tensión porque, como explica en muchas ocasiones, Él viene a llevar a plenitud lo que Dios ha revelado. Lo antiguo alcanza tal plenitud en Él, que tiene que ser reinterpretado desde su identidad, desde la novedad que Él trae. Pero fue el mismo Espíritu Santo el que progresivamente mostró a los hombres quién es Dios.
Para rezar con este Evangelio te invito a que pienses en las motivaciones de tu religiosidad y descubras que Jesús hace las cosas nuevas. Pero no con esnobismos ni con tradiciones vacías, sino con vida. Siguiéndole a Él, viviendo desde lo profundo, entenderás por qué Jesús cambia los modos de hacer las cosas y a la vez es absolutamente fiel al Padre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Jueves 6 de septiembre

Jueves, 6 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 5, 1-11
En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios,estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.
Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar.
Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red.
Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora serás pescador de hombres.

Pistas: Te propongo un ejercicio con este Evangelio: imagínalo como si fuera una escena de una película, como si lo estuvieras viendo. Métete en ella: ¿Qué pueden sentir? ¿Qué pueden pensar? Métete en la piel de Jesús, de Simón (Pedro), en la de Santiago y Juan. Fíjate en los detalles: Jesús se hace presente en lo cotidiano (vienen de trabajar). Simón ya tenía que ser amigo de Jesús para dejarle subir a su barca: ¿qué significará eso? Ve a Jesús enseñar. Se fía de Jesús (rema mar adentro y echa las redes). Por su palabra, no por propio convencimiento, por fe Simón obedece. Y ve cosas extraordinarias. Se siente indigno. Y Jesús llama a ese hombre a seguirle y le da una misión. Le hace darse cuenta de que el camino es otro, de que la tarea es importante y de que no importa quien seas, ni los cargos o prebendas, sino querer caminar al lado de Jesús.
Ahora lee el Evangelio y si quieres haz lo que te he propuesto. Cuando estés imaginando, algo te llamará la atención, tocará tu corazón, te surgirá una idea… Párate, reza con ello, deja que Dios te inspire y te hable. Y háblale tú a Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 7,31-37.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.
Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos.
Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua.
Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Abrete».
Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.
Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban
y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».

Martes 4 de septiembre

Martes, 4 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 31-37
En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad.
Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, se puso a gritar a voces: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: El Santo de Dios.
Jesús le intimó: ¡Cierra la boca y sal! El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño.
Todos comentaban estupefactos: ¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen. Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Pistas: Jesús no sólo enseña palabras e ideas. Tiene autoridad porque ésta realiza lo que dice y anuncia. Su palabra es poderosa para vencer al mal. El demonio no la soporta. Hasta él tiene que obedecerla. Y ya no puede hacer nada, se calla y se marcha. Ya no tiene poder en la vida de las personas.
Hay autoridad en la Palabra de Jesús, hay autoridad en su presencia. Por eso los cristianos no podemos vivir acobardados ante el mal, ya que Dios está de nuestra parte. Y Él venció para que tú obtuvieras la salvación.
Piensa en tu vida, en las situaciones de mal que encuentras y reza con este Evangelio. Si crees, verás actuar el poder del Espíritu Santo, el mismo que actuaba en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 3 de septiembre

Lunes 3 de septiembre
San Gragorio Magno, papa y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.
Le entregaron el Libro del Profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó.
Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: ¿No es éste el hijo de José? Y Jesús les dijo: Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.
Y añadió: Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del Profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Pistas: Jesús lee la profecía de Isaías y anuncia su cumplimiento. En Jesús mismo se cumple. Es el Ungido por el Espíritu, el enviado que anuncia la buena noticia, el que trae libertad, el que anuncia el año de gracia del Señor (hace referencia al año jubilar del que habla el libro del Levítico: cuando se cancelaban las deudas y todas las posesiones retornaban a sus primitivos dueños, porque todo es de Dios y Él lo reparte entre sus elegidos).
Los que tienen los ojos fijos en Él se admiran… pero después empiezan los prejuicios: ¿No es el hijo de José? Por un lado, creen saber de dónde viene Jesús. Por otro, su visión mundana y nacionalista judía del mesías les impide comprender que la profecía de Isaías no es sólo para ellos, es para todos. Y les expone dos ejemplos del Antiguo Testamento de extranjeros a los que Dios salva. Por último, no sólo desconfían de Jesús y le rechazan sino que quieren matarlo, pasan a la violencia.
Este Evangelio nos presenta tres posturas ante Jesús: tener los ojos fijos en Él y escucharle. Dejar que nuestros prejuicios e ideas nos alejen de Él y rechazarle. Y, por último, echarlo fuera de nuestra vida porque no se quiere aceptar su Palabra, intentar acabar con Él.
Jesús es la salvación. Y la ofrece a todos. No sólo a los que se supone que la pueden merecer o creen tener derecho a ella (fíjate los ejemplos que pone Jesús). También a ti te la ofrece hoy y te invita a creer en Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 2 de septiembre

Domingo, 2 de septiembre
XXII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio segun san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
—«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» Él les contestó:
—«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.»
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
—«Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Pistas: ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios?
Jesús lucha contra una religiosidad superficial encerrada en tradiciones y normas. Lucha contra una religiosidad que hace sentirse bueno y justo aunque no se sea realmente fiel a Dios, ni se ame al prójimo. Lucha contra la hipocresía de parecer religioso aunque el corazón esté lleno de cuestiones que entorpecen ese camino.
Puedes preguntarte si te pareces en algo a los fariseos del Evangelio: ¿A qué me aferro yo? ¿qué me sirve de excusa para estar estancado y ser conformista en mi vida de fe? Hoy Jesús te propone mirar tu interior y dejar que Dios te cambie el corazón.
Fíjate en la lista de maldades que da Jesús hoy. Puede ser una buena ocasión para hacer examen de conciencia ¿tengo algo de eso en mi vida? Pero no temas, si te llenas del Espíritu Santo, las obras que saldrán de tu corazón serán las del Espíritu.
Ahora vuelve a leer las primeras preguntas ¿Cuál es la verdadera religión? ¿Cuál es la verdadera religiosidad? ¿Cuál es la mejor manera de honrar a Dios? E intenta vivir como enseña el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.