Viernes 21 de septiembre

Viernes, 21 de septiembre
San Mateo, apóstol y evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 9, 9-13
En aquel tiempo, vio Jesús al pasar a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Él se levantó y lo siguió.
Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: «¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús lo oyó y dijo: «No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa “misericordia quiero y no sacrificios”: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Pistas: Juzgar, clasificar en buenos y malos, teniendo como criterio si encajan o no en nuestra manera de hacer y entender las cosas, sigue siendo una fuerte tentación en nuestra Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros. Pero Jesús nos enseña a mirar siempre más allá.
Si te sientes pecador, si te sientes lejos de Dios, incluso si como los publicanos eres juzgado y mal mirado: No temas. Jesús se va a sentar a comer contigo. Y sus discípulos deberíamos hacer lo mismo.
Si ocupas un puesto de responsabilidad en la Iglesia o, simplemente, los demás saben que eres creyente, recuerda lo que dice Jesús en el Evangelio de hoy: No clasifiques a las personas. No juzques con tus criterios ¿Cuántas veces bajo la apariencia de hacer lo correcto en realidad estamos juzgando, apartando a la gente de Jesús? ¿cuántas oportunidades perdernos de sentarnos en la mesa con aquellos a los que Jesús llama?
“Misericordia quiero y no sacrificios”. Podríamos traducir hoy esta frase que Jesús dice a los fariseos de este modo: misericordia quiero y no religiosidad superficial, ni apariencias. Misericordia quiero y no estructuras, modos…
Como enseña siempre Jesús, hay que elegir entre vivir desde el corazón y en su amor. O en el juicio, la superficialidad, la apariencia y la mentira.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 20 de septiembre

Jueves, 20 de septiembre
Andrés Kim Taegon, presbítero y Andrés Chong Hasang, y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa.
Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume, y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.
Al ver esto, el fariseo que lo había invitado, se dijo: Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora. Jesús tomó la palabra y le dijo: Simón, tengo algo que decirte. El respondió: Dímelo, maestro.
Jesús le dijo: Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos.
¿Cuál de los dos lo amará más? Simón contestó: Supongo que aquel a quien le perdonó más. Jesús le dijo: Has juzgado rectamente.
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella en cambio me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo.
Tú no me besaste; ella en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies.
Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella en cambio me ha ungido los pies con perfume.
Por eso te digo, sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor: pero al que poco se le perdona, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados están perdonados.
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que hasta perdona pecados? Pero Jesús dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, vete en paz.

Pistas: Una lección de amor, de fe y de humildad. El fariseo invita a Jesús a su casa, pero su amor por Él es pequeño. La mujer se siente profundamente indigna y a la vez agradecida. Sólo puede amar. Uno juzga, ella ama y su fe la salva.
Jesús enseña el camino del amor, del encuentro con Él, como el único camino de salvación.
Hay un aspecto curioso en la vida de los santos: a mayor santidad, mayor conciencia del propio pecado y de la grandeza y gratuidad del amor de Dios. Muchos cuentan esta experiencia. Cuanto más cerca de Dios, más claro se ve el propio pecado y por tanto mayor conciencia se tiene de la misericordia de Dios. Sucede como cuando se enciende progresivamente una luz, se ve mejor todo, también las imperfecciones y la suciedad. Por eso, “al que poco se le perdona, poco ama”
Este Evangelio se presta a imaginarse la escena. Puedes ponerte en el lugar de cada uno de los personajes y dejar que Dios te hable con lo que puedas tener en común con ellos. ¿Qué hay en ti de invitar a Jesús a tu casa pero amarle poco? Es decir, ser cristiano de boquilla y estar poco apasionado, no sentir la fe que dices tener ¿Cómo es tu vivencia de la fe? ¿te sientes indigno? ¿te acercas a Jesús, le amas y te dejas amar por Él?…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 19 de septiembre

Miércoles, 19 de septiembre
XXIV del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor: ¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: «Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis» Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: «Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de recaudadores y pecadores». Sin embargo, los discípulos de la Sabiduría le han dado la razón.

Pistas: Qué fácil es caer en esa actitud en la que despreciamos lo que nos rodea porque no estamos contentos con nuestra propia vida o porque nos creemos en posesión de la verdad. Este Evangelio refleja eso: da igual lo que Jesús haga, da igual la manera en la que Dios quiera mostrarse, cuando la actitud es la de no querer ver o no querer entender.
Y tú ¿cómo vives tu fe? ¿te pareces a los que se quedan en la crítica o en la superficie? O, por el contrario, te arriesgas a conocer a Jesús. ¿Disfrutas de tu fe o la norma, la apariencia, el qué dirán, te bloquean?
Jesús quiere mostrarte la verdad. Si te acercas a Él la descubrirás y podrás día a día comprender quién es, qué significa ser discípulo suyo y así seguirle.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 18 de septiembre

Martes, 18 de septiembre
XXIV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 11-17
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo: Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Pistas: Lucas nos da muchos detalles que permiten imaginar la escena.
Por un lado, Jesús con sus discípulos y un gran gentío. Por otro, la viuda, los familiares, vecinos y, según la costumbre judía, seguramente plañideras y músicos. Y en medio de todo esto está Jesús. Siente lástima y se acerca. Entonces se hace silencio. Se paran. Porque Jesús va a actuar. No sana desde lejos, sino que toca al muerto (algo impensable en la mentalidad judía, porque se pensaba que contraía impureza). Con su palabra lo resucita. No monta un gran espectáculo ni hace ritos raros. Y se lo entrega a su madre. La gente, sobrecogida, da gloria a Dios.
Este pasaje nos ayuda a conocer mejor a Jesús: compasivo, que ve al que sufre y actúa. Que se acerca al dolor y toca a la persona, salvándola. Jesús poderoso, cuya palabra es eficaz. Jesús, que devuelve la vida, que da esperanza, que cambia las cosas.
Por un lado, lamentos y lloros que no logran nada. Por otro, una palabra poderosa que trae salvación. “Dios ha visitado a su pueblo”.
Acércate al misterio de Jesús hoy. Da un paso más en tu relación con Él en la oración. ¿Qué te dice hoy en su palabra?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 17 de septiembre

Lunes, 17 de septiembre
XXIV tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 7, 1-10
En aquel tiempo, cuando terminó Jesús de hablar a la gente, entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho.
Al oír hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, para rogarle que fuera a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente: Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestro pueblo y nos ha construido la sinagoga. Jesús se fue con ellos.
No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le envió unos amigos a decirle: Señor, no te molestes; no soy yo quién para que entres bajo mi techo; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes, y le digo a uno: «ve, y va; al otro: «ven», y viene; y a mi criado: «haz esto», y lo hace.
Al oír esto, Jesús se admiró de él, y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo: Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe. Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.

Pistas: La clave es la fe. La fe en el poder de Jesús y en su autoridad. Ni siquiera hizo falta que fuera a casa del Centurión, ni siquiera Jesús pronunció unas palabras en las que “diera la orden”. La fe de aquel hombre admiró a Jesús.
Ya sabes cómo veían los judíos a los paganos. Entrar en su casa implicaba contraer impureza legal. El Centurión no quiere hacer pasar a Jesús por ese trance. Se sabe indigno y pecador, y ni siquiera se atreve a presentarse en persona. Envía gente “respetable”. Pero su fe es grande porque comprende que Jesús tiene poder. Que no depende de su presencia física, sino de su poder.
Puedes orar con este Evangelio desde una doble perspectiva. Por un lado ¿cómo está tu fe? Por otro, Jesús va a acercarse a ti aunque no seas digno y en Él hay salvación. Recuerda que la fe es un don, agradécela, pídela. Y que es también una tarea, una respuesta. Esfuérzate por hacerla crecer con tu oración y con tu vida, con tu actitud y decisiones. Verás las maravillas de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 16 de septiembre

Domingo, 16 de septiembre
XIV domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 8, 27-35
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: —«¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron:
—«Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.» EL les preguntó:
—«Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó:
—«Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos:
—«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.»
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: —«¡Quítate de mí vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo:
—«El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»

Pistas: ¿Quién es Jesús? El Evangelio de hoy enseña que para responder a esta pregunta hay que recorrer un camino: seguirle.
Es el Mesías. Para un judío de tiempos de Jesús, el Mesías sería un libertador, con tintes de líder revolucionario, que les liberase del sometimiento al Imperio Romano. Una idea triunfalista del Mesías y también de la fe.
Ellos lo reconocen como el Mesías porque ven los signos que realiza, pero tienen una comprensión de Él demasiado humana, llena de prejuicios. Por eso Jesús les prohíbe hablar de ello, porque no quiere que confundan su misión. Y les instruye para que entiendan cómo es su mesianismo. Será el de la entrega en la Cruz. El que vence el mal a fuerza de bien. ¿Quién es Jesús? Síguele y lo descubrirás. Pero ¿cómo seguirle?
Niégate a ti mismo. No pongas tus criterios, tus prejuicios, tus deseos, tu interés por delante. Busca la verdad y el bien, aunque cueste. Vive como discípulo de Jesús aunque ello requiera luchar y sacrificarse. Si lo piensas bien, las cosas que merecen la pena en la vida siempre requieren esfuerzo: ser buenos padres, luchar por la familia, por los hijos, hacer bien el trabajo…
Carga con tu cruz. La vida no va a ser como tú la preveas. El mundo y las personas no son perfectos. Ni tampoco tú. Si esperas a que no haya cruz para ser feliz, nunca lo serás. Cargar con la cruz significa seguir adelante confiando en Dios, agradeciendo los buenos momentos, luchando contra el mal y el pecado, pero confiando en Dios en medio de la dificultad y el sufrimiento.
Y todo esto, siguiendo a Jesús. Porque es ahí (no en seguir falsas promesas de felicidad que anuncian salvación pero esclavizan), donde encontrarás vida y salvación.
Vuelve a leer el Evangelio, aplicándolo a tu propia vida y reza con lo que Dios te inspire. Jesús nos ha enseñado el camino de la salvación y éste es seguirle a Él. Y tú ¿quién dices que es Jesús?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 15 de septiembre

Sábado, 15 de septiembre
Bienaventurada Virgen María de los Dolores

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 19, 25-27
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: -«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
Luego, dijo al discípulo:
-«Ahí tienes a tu madre.»
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

Pistas: Jesús en la Cruz lo entrega todo. Hasta a su propia Madre.
En medio del dolor Jesús piensa en los demás, porque eso hacen las personas que aman. La tradición de la Iglesia enseña que en ese discípulo estamos representados nosotros. La Cruz es el momento del amor y la entrega aunque, paradójicamente, parece el del odio y la derrota. Pero Jesús vencerá y hará nuevas las cosas.
Puedes leer el Evangelio poniéndote en la piel de cada uno de los personajes y preguntarte ¿Qué sentirían? ¿por qué? ¿para qué? ¿qué sucederá?
Lo importante de esta escena no es el atroz sufrimiento, el dolor, la injusticia. Sino el amor, la entrega. Cómo Jesús hace las cosas nuevas y nos enseña a amar siempre. Y cómo, a pesar de las dificultades, siempre se abren nuevos caminos para amar.
¡Cuánto dolor y sufrimiento hay en nuestro mundo! Y la única respuesta válida y verdadera es hacer lo que Jesús hizo: amar, entregarse, abrir el corazón a Dios, estar llenos del Espíritu Santo para vencer el mal a fuerza de bien. La tentación siempre es elegir otros caminos. Algunos prometen soluciones fáciles pero son atajos mentirosos. El único que ha vencido, la única respuesta, es Jesús.
La Cruz, el dolor, el sufrimiento…. no es redentor en sí mismo (al contrario, es fuente de desdicha y frustración). Lo único que los convierte en salvación es la presencia de Jesús, el amor del Padre que vence todo mal y la fuerza del Espíritu Santo.
Puedes hoy mirar tus sufrimientos y poner a Jesús en ellos. Y pedirle que se conviertan para ti en camino de salvación.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 14 de septiembre

Viernes, 14 de septiembre
Exaltación de la Santa Cruz

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 3, 13-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Pistas: En el desierto una plaga de víboras atacó al pueblo. Moisés hizo una serpiente de bronce y cuando alguien era picado, al mirar la serpiente quedaba curado.
Jesús utiliza aquí este paralelismo. El veneno de la serpiente simboliza el mal del pecado. El pecado de la humanidad llevará a Jesús a morir en la cruz. Pero de ahí vendrá la salvación. Jesús será elevado en la Cruz y todos los que le miren quedarán salvados. Lo que parece una derrota se convierte en victoria. El aparente triunfo del mal, se convierte en poder sobre él.
Jesús vence al pecado, a la muerte, al mal y al sufrimiento en la cruz. Porque el amor de Dios es más grande y más fuerte. Y lo demuestra en la resurrección.
Jesús viene a salvar. La seriedad de la fe cristiana, es decir, la libertad de los hombres para elegir, la exigencia de entrar por la puerta estrecha, no implica que a Dios le dé igual el camino que tomemos. Dicho de otro modo: para Dios no es igual que nos salvemos o nos condenemos. Dios quiere que todos los hombres se salven, y el camino para esa salvación es Cristo. Si le abres el corazón, si crees en Él, tendrás vida eterna. Es la vida de Dios, su Espíritu, ya aquí, y para siempre en el cielo.
Dios, que te ama, te invita hoy en su palabra a mirar a Cristo. Ahí encontrarás vida plena y salvación. Mira hoy a la Cruz, que no es nuestra sentencia, sino nuestra salvación. Porque quien mandó a su propio Hijo no quiere tu condena.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Marcos 8,27-35.

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas».
«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?». Pedro respondió: «Tú eres el Mesías».
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días;
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

Jueves 13 de septiembre

Jueves, 13 de septiembre
San Juan Crisóstomo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 6, 27-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian.
Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten.
Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman.
Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen.
Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores con intención de cobrárselo.
¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada: tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados; dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis la usarán con vosotros.

Pistas: Jesús enseña a vivir como discípulos suyos. El Evangelio de hoy nos indica el camino a seguir para ser auténticamente discípulos de Cristo. Da igual que lleves una vida religiosa, que hagas cosas para Dios, para la Iglesia o para los demás. Si no vives lo que enseña el Evangelio de hoy, acabarás perdiendo la fe o viviendo una mera religiosidad vacía.
El fundamento de toda la enseñanza del Evangelio de hoy es que Dios te amó primero con un amor inmerecido, sin medida, gratuito… Pero un amor que transforma y que espera respuesta. Por eso (porque Dios lo es contigo) sé tú compasivo, ama, perdona, da, haz el bien…
Te invito a que leas el Evangelio preguntándote hasta qué punto pones en práctica lo que hoy dice Jesús. Qué aspectos de tu vida, de tu día a día, en tu trabajo, en tu casa, con tu familia, con tus amigos, en la sociedad, en tu ocio, en tus decisiones… necesitas cambiar. Porque ser discípulo de Jesús es entrar en la dinámica de su amor y en todo lo que hagas, reflejarlo. Y no es hacer las cosas por interés ni por esperar algo a cambio. Haz oración con lo que te diga Dios hoy en su palabra.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.