Domingo 5 de agosto

Domingo 5 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.» Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.”» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»
Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Pistas: ¿Cuál es el trabajo que Dios quiere de ti? Que creas en Jesús. La moral, la actividad pastoral, “ser buenos”, hacer cosas por Dios… Todo esto tiene que nacer de la fe en Jesús. Y esto, como nos enseña día a día el Evangelio, significa establecer una relación personal con Jesús. No vale sólo con hacer cosas en la Iglesia o tener una ideología cristiana. La obra que Dios quiere es que tengamos fe, porque de ahí nacerá todo lo demás.
Ser cristiano no es ser bueno, sino que querer ser bueno (querer parecerte cada día más a Jesús) es la consecuencia de vivir como discípulo de Jesús y de creer en Él. Si la fe se convierte en una ética, en unos valores o ideas, se despoja de lo que le da realmente sentido, que es descubrir a Jesús, quién es, su amor y su salvación.
Buscan a Jesús por interés (acababan de ver cómo daba de comer a una multitud con unos pocos panes y peces), pero la respuesta que Él les da va más allá. También esto es aplicable a nosotros, que a veces buscamos a Dios porque le necesitamos, porque atravesamos una situación difícil o por lo que sea. Y cuando le encontramos la respuesta de Jesús es dar vida, dar mucho más de lo que puedes pedir, desear o buscar. Jesús da vida, da plenitud, es la respuesta a las inquietudes del corazón del hombre. Acércate a Jesús en este día y encontrarás mucho más de lo que necesitas.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 4 de agosto

Sábado 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Fíjate lo poco que ha cambiado el mundo en tantos siglos: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy. Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos aunque sean deleznables, antes que la vida de una persona.
Así funciona siempre el pecado, promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones y felicidad momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento o arrepentimiento no le ayuda a salir de su situación, sino que se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida. Este Evangelio te ofrece la oportunidad de poner la luz de la Palabra de Dios en tu vida, ver qué camino estás eligiendo y darte cuenta de que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará. Serás libre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 3 de agosto

Viernes, 3 de agosto
XVII semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: Les faltaba fe. ¿Por qué? Porque creían conocer a Jesús, creían saber lo que se podía esperar de Él, lo que Jesús podía saber y hacer. Y aunque hace milagros y actúa con sabiduría y poder delante de ellos, no son capaces de confiar y descubrir quién es. Y esto impide que pueda hacer más, porque su fe es poca.
Vamos a traducir esto a nuestros días. ¿Cuántas veces nuestros prejuicios sobre la Iglesia (que continúa la obra de Jesús) o nuestra manera de entender la fe nos impiden crecer y ver actuar el poder de Dios en nuestra vida? ¿Cuántas veces al leer el Evangelio piensas que es muy bonito, pero que estas cosas no son para ti? El Evangelio de hoy te invita a dejarte sorprender, a creer que es posible lo que la Palabra de Dios anuncia. Te invita a conocer a Jesús más allá de tus propios prejuicios o de la imagen de Él que te han enseñado o que te has formado. Porque en realidad en eso consiste una relación: en dejarse asombrar, en conocer, amar, descubrir, confiar… ¿Cuántas veces los que somos de Iglesia (los que creemos conocer a Jesús) nos acomodamos y nuestra fe se vuelve mera religiosidad o tradición?
Si quieres ver las maravillas de Dios, si quieres que Jesús actúe en tu vida y a través de ti, déjate sorprender. El Evangelio de hoy te invita a pedir más fe, a mirar más allá de tus ideas, a buscar y a que abras la puerta a Jesús y dejes fuera los prejuicios. A conocerle estando con Él, no sólo por lo que sabes o te cuentan. Por eso, una vez más reza, rézale a Jesús, pasa un rato con Él y que por tu fe puedas ver las maravillas de Dios en tu vida y en el mundo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.