Miércoles 22 de agosto

Miércoles 22 de agosto
Bienaventurada Virgen María Reina

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a mi viña.
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno.
Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
El replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti.
¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Pistas: La novedad del camino que Jesús propone es sorprendente. Entrar en el Reino significa participar de pleno de la recompensa porque Dios es bueno.
Para rezar puedes fijarte en la bondad de Dios, que te invita constantemente a su Reino. Aunque a veces te despistes y andes a tus cosas. Eres invitado a no quedarte al margen, sino a implicarte, esforzarte, entregarte.
Si llevas tiempo comprometido en la Iglesia también puedes pensar en qué te pareces a los del Evangelio de hoy. ¿Esperas recompensas, crees que mereces más que los demás? No se trata de quién llegó antes o qué hacen otros, sino de que para ti Dios sea lo primero.
Jesús nos enseña que participar en el Reino significa entrar en la misericordia de Dios. Y ésta es pura gratuidad. Lee la Palabra de Dios y pregúntate qué te dice hoy, y reza.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Marte 21 de agosto

Martes, 21 de agosto
San Pio X, Papa

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Creedme: difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos.
Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de los Cielos.
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: Entonces, ¿quién puede salvarse? Jesús se les quedó mirando y les dijo: Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.
Entonces le dijo Pedro: Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos va a tocar?
Jesús les dijo: Creedme, cuando llegue la renovación, y el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos, para regir a las doce tribus de Israel.
El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.

Pistas: Las riquezas, lo material, el poder… se convierten en ídolos, en lo más importante de la vida de muchas personas y a veces en lo único que les mueve. Ocupan el lugar de Dios.
Para la mentalidad judía, la riqueza era signo de la bendición de Dios. Pero Jesús quiere enseñar otro camino. Ni siquiera sus propios discípulos son capaces de entenderlo. ¿Cuál será nuestro premio? le preguntan a Jesús. Él no les engaña, les promete una gran recompensa. Pero el camino es no tener el corazón apegado a lo material, a las cosas, al poder, a lo que puede dar la riqueza. La clave es seguir a Jesús. Y ahí se encontrará la vida, la verdadera riqueza. Por ahí entrarás en el Reino de los Cielos.
Así se entiende la conclusión del Evangelio de hoy: «Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Mira tu vida a la luz del Evangelio ¿Qué lugar ocupan las riquezas y qué implican en tu vida? ¿Qué lugar ocupa Dios y qué supone en tu vida? Y recuerda que la clave es seguir a Jesús. ¡Acércate a Él en este tiempo de oración!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración

Lunes 20 de agosto

Lunes 20 de agosto
San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 16-22
En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno, para obtener la vida eterna? Jesús le contestó: ¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.
Él le preguntó: ¿Cuáles? Jesús le contestó: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo». El muchacho le dijo: Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?
Jesús le contestó: Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres así tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo. Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

Pistas: “Uno solo es Bueno”. Ni tú ni yo podremos ser buenos, sólo Dios es bueno. En este diálogo Jesús enseña que no puedes ganar la vida eterna porque sólo Dios es bueno. Por eso para Jesús la cuestión no es ser bueno.
“Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”. Jesús concreta algunos porque recuerda que los judíos tenían muchas normas y preceptos. Jesús invita a un estilo de vida.
Pero eso no basta. Si quieres llegar hasta el final, si quieres vivir lo más plenamente posible tu vida, Jesús te invita a renunciar, a entregarte a los demás y seguirle.
Una religión de cumplimiento es relativamente fácil: cumplir unos mínimos. Pero puede acabar siendo simplemente guardar las formas, vivir para la galería, sin profundizar en nada. Jesús propone otra cosa, ni siquiera ganar el cielo por ser bueno, sino desprenderse de las cosas de este mundo pensando en los demás. Así tendrás un tesoro en el cielo y podrás seguirle a Él.
La vida de mínimos, de cumplimiento, de ser simplemente bueno, no conduce a la felicidad: «El joven se fue triste». ¿Quieres ser feliz? ¿Te atreves a seguir a Jesús y vivir?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 19 XX del tiempo ordinario

Domingo 19 de agosto
XX domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 6, 51-58
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.» Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último dia. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.»

Pistas: Continuamos un domingo más leyendo el discurso del Pan de vida.
¿Quién es Jesús? Es el pan que baja del cielo y por eso da vida. Es el Pan que se entrega y así se convierte en vida del mundo. Y habla de la Eucaristía y de una relación que une de tal modo que Jesús habita en ti y tú en Él. Éste es el tipo de relación que Jesús quiere crear con sus discípulos. Y la vida que Jesús da no se refiere solo a este mundo, sino que se abre a la eternidad.
Reza con este Evangelio. Hoy en misa piensa lo que significa la Eucaristía que vas a recibir. Toma conciencia de su grandeza. Es vida, es entrega, es amor, es para siempre. Es Jesús que habita en ti, que te lleva al Padre y te pone en relación con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 18 de agosto

Sábado 18 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban. Jesús dijo: Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el Reino de los Cielos. Les impuso las manos y se marchó de allí.

Pistas: “De los que son como ellos es el Reino de los Cielos”. El Evangelio es para los sencillos, para los que no se dan importancia, para los que se dejan acercar a Jesús.
Piensa en tu vida. Tal vez las circunstancias, querer adaptarte a la manera de pensar del mundo o algún pecado te hayan hecho perder la sencillez del niño, que es la que Jesús busca en sus discípulos. Puede que tu corazón se haya endurecido y que no seas capaz de presentarte con sencillez ante Jesús… Este Evangelio te invita a que sepas que Jesús te va a acoger estés como estés, te sientas como te sientas, hayas hecho lo que hayas hecho.
Por otra parte, están los discípulos, que en vez de ayudar a que otros se acerquen a Jesús, ponen obstáculos. ¿Alguna vez eres tú como ellos? ¿Pones dificultades para que otros se acerquen a Dios porque los ves pequeños, indignos, son ruidosos, o demasiado simples? Si hay algo de esto en ti, en tu parroquia o comunidad la Palabra de Dios te dice hoy que no se lo impidas. Te invita a crear una Iglesia en la que ayudes a que las personas puedan acercarse a Jesús. Te anima a que no te guardes sólo para ti lo que vas descubriendo en tu camino de fe, a que lo compartas y celebres con otros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 17 de agosto

Viernes, 17 de agosto
XIX semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 19, 3-12
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? Él les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne»? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.
Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? Él le contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer ─no hablo de prostitución─ y se casa con otra comete adulterio.
Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga.

Pistas: Jesús se encuentra con los fariseos, que quieren ponerle a prueba. Y la pregunta hace referencia al texto del Deuteronomio 24,1: “Si un hombre toma una mujer y se casa con ella, y resulta que esta mujer no halla gracia a sus ojos, porque descubre en ella algo que le desagrada, le redactará un libelo de repudio, se lo pondrá en su mano y la despedirá de su casa”. En tiempos de Jesús hay diferentes interpretaciones y escuelas que proponen: admitir el divorcio por cualquier motivo; requerir un mínimo de mala conducta, o un verdadero adulterio.
Jesús responde yendo al principio, y se refiere al libro del Génesis 1,17: 2,24. El hombre y la mujer fueron creados para unirse y ser una sola carne. Jesús –como en todos sus planteamientos- propone el ideal. Una relación, un amor que una de tal modo, que cree tales lazos que se pueda hablar de una sola carne. Un amor que no se acaba, que supera las dificultades. Pero, es más, cuando un hombre y una mujer se unen es Dios mismo el que los une (“lo que Dios ha unido”). Jesús hace referencia a la dureza de corazón para explicar la Ley de Moisés y nuevamente propone el ideal.
La incapacidad de los discípulos para comprender lo que Jesús explica lleva a la última cuestión del Evangelio de hoy: vivir célibe, renunciar a estar con un mujer. Aquí da una motivación “por el Reino de los Cielos” y lo aconseja si es que es un don.
Te propongo que para rezar con este Evangelio te des cuenta que Jesús propone el ideal, recalca que es un don, que Dios está presente en tu vida y en tus relaciones. Y que su propuesta siempre tiene como fin la felicidad y plenitud de la persona. Por eso: ¿Buscas encontrar y vivir ese ideal en tu vida? Pide a Jesús su luz y su fuerza para lograrlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XX Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Juan 6,51-58.

Jesús dijo a los judíos:
«Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo».
Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?».
Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente».

Jueves 16 de agosto

Jueves 16 de agosto
San Esteban de Hungría

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 18, 21-19, 1
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces? Jesús le contesta: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Y les propuso esta parábola: Se parece el Reino de los Cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo. El Señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

Pistas: ¿Dónde está el límite? ¿hasta dónde amar? ¿hasta dónde perdonar? Jesús no hace una propuesta mediocre. Recuerda, por ejemplo, cuando muere en la cruz perdonando a los que le han condenado y le están crucificando. El perdón al que ha ofendido forma parte de la vida del discípulo de Jesús.
Y todavía va más allá. En la parábola explica que la razón para perdonar es que Dios mismo te ha perdonado a ti una deuda que no podrías pagar de ninguna manera. Te ha perdonado por pura bondad y misericordia librándote de ser esclavo tú y los tuyos (porque eso es lo que hace el pecado: privar de la libertad). ¿Cuántas veces has sido infiel a Dios? ¿Cuántas veces has fallado en tu fe? ¿Cuántas veces te has saltado los mandamientos? ¿Cuántas veces has hecho daño a otras personas? Y en Cristo, por pura gracia, Dios te ha perdonado y te da la oportunidad de ser libre y de empezar de nuevo. Si te dejas amar y perdonar por Dios, tu corazón cambiará y se parecerá al de Jesús. En caso contrario, volverás a ser esclavo e infeliz otra vez.
La conclusión de la parábola habla de perdonar de corazón. Perdonar desde lo profundo de la persona. No se refiere a los sentimientos o impulsos, sino a perdonar con todo el ser, con la voluntad, con el entendimiento, con las acciones… Esto es perdonar de corazón. Y realmente la única manera de hacerlo es dejar que Dios, por su gracia, por su amor, nos dé un corazón nuevo.
¿Cuántas veces hay que perdonar? ¿dónde está el límite del amor y del perdón? Si dejas que el amor de Dios entre en tu vida, si te encuentras con Jesús, descubrirás un amor sin límites, un perdón misericordioso, que te hará libre.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 15 de agosto

Miércoles 15 de agosto
Asunción de la Bienaventurada Virgen María, solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

Pistas: Este pasaje sucede después del “sí” de María al ángel. Y, embarazada de Jesús, lo primero que hace es ponerse en camino para ver a Isabel. La presencia de Jesús lleva a preocuparse por los demás, a servir a los demás, a salir de uno mismo. Lleva a la alegría, a la bendición, a las promesas cumplidas. Fíjate lo que dicen Isabel y María, cómo destila gratitud, alegría, esperanza…
La oración de María es una alabanza a Dios. Podemos aprender mucho sobre cómo rezar en esta oración. Se hace desde el alma, desde lo profundo del ser: “proclama mi alma”. Como las cosas importantes de la vida, implica a toda la persona.
María alaba Dios y lo que Él hace. Alabar es reconocer quién es Dios y agradecerlo, es reconocer la obra de Dios en tu vida y proclamarla. La oración de alabanza es por su naturaleza la forma más desinteresada de oración: es sólo mirada a Dios y a su obra. Descubrimos su grandeza, le cantamos por su misma realidad y ser divino. La experiencia de la Iglesia es que la oración de alabanza abre la puerta a otros modos de orar.
La oración de adoración: añade la consideración del hombre en cuanto criatura e implica el reconocimiento de la propia pequeñez y de la grandeza de Dios.
La oración de acción de gracias: por la salvación, los bienes… (como hace María agradeciendo que Dios cumple sus promesas y su manera de actuar en la historia).
Y aunque en el texto de hoy no aparece, en tu oración personal muchas veces terminarás con oración de petición e intercesión: la petición mira al futuro y presenta toda situación ante el poder de Dios para que se realice su obra y venga su Reino.
Si comienzas al revés, es decir, pidiendo; probablemente tu oración sea desesperada, desconfiada, algo egoísta e interesada. Pero si primero piensas en Dios, reconoces su amor y le amas, te das cuenta de cómo es Dios, le alabas, le adoras. Y luego sí, ya en su presencia, presentas todo, con confianza como un hijo a su Padre, como un hermano que se dirige a su Hermano y Amigo, con la presencia del Amor de Dios, del Espíritu Santo en tu corazón… Por eso siempre te invito a que primero te pongas en presencia de Dios, es decir, a que pidas el Espíritu Santo y le alabes, y después leas la Palabra y ores con ella. Hazlo una vez más hoy y alaba, adora, da gracias, pide…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 14 de agosto

Martes 14 de agosto
San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14
En aquel tiempo, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el Reino de los Cielos? El llamó a un niño, lo puso en medio, y dijo: Os digo que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los Cielos.
El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.

Pistas: Si no hubieras leído el Evangelio de hoy y te preguntase : «¿quién es el más importante en el Reino de los cielos?”, ¿qué contestarías?
La misma pregunta le hicieron a Jesús sus discípulos, preocupados del lugar que ocupaban ellos o de cómo lograr ser más importantes. Para responder, Jesús cogió a un niño y lo puso en medio. Hay que volver a ser como él no sólo para ser grande sino para poder entrar en el Reino. Humilde, pequeño, necesitado de Dios como un niño de sus padres. ¿Qué actitudes tienes que cambiar en tu vida para hacerte como Jesús pide hoy?
“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños”. Cuidado en la Iglesia de despreciar a los sencillos, a los humildes y andar buscando honores y reconocimientos. Estos pequeños se asocian a los poderosos ángeles que ven el rostro de Dios. Y, finalmente, se refuerza la idea con la parábola de la oveja perdida.
En el fondo, todo esto nos habla de la imagen de Iglesia que tenemos: ¿la de los puestos y los honores, o la de la sencillez, la humildad y la acogida? ¿la que está estancada, la de “los buenos”, o la que va a buscar a quien está perdido y se alegra cuando vuelve?
Elige alguno de estos temas de los que te habla el Evangelio de hoy y reza dejando que el Espíritu Santo te haga como niño ante Dios.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.