Martes 10 de abril

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta los primeros pasos de la Iglesia. ¿Qué sucede después de la resurrección de Jesús? ¿Cómo comienzan a organizarse y vivir las primeras comunidades cristianas? Vamos a acercarnos a las primeras lecturas durante estos días y a rezar con ellas.

Martes 10 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 4, 32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno.
José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Pistas: ¿Cuál es el fruto de la presencia del Resucitado y de la acción del Espíritu Santo? Nace la comunidad, hombres que tienen un mismo corazón, porque el que los mueve es el mismo Espíritu. Un mismo pensar y un mismo sentir.
Dan testimonio de la resurrección de Jesús. Lo cuentan a otros. No es una comunidad cerrada en sí misma sino que busca compartir su experiencia y comunicar la luz de la verdad que han conocido. Es una comunidad que vive en el amor, vive el mensaje del Resucitado. La vivencia de su fe es fuerte: Jesús es el centro de sus vidas y así lo transmiten a otros.
También en lo material. Es una realidad auténtica, porque el amor verdadero se concreta. Es el modelo de comunidad, el ideal. Todos los que la forman actúan como se espera de alguien que sigue a Jesús: los creyentes, los apóstoles, los que se convierten.
Deja que este texto ilumine tu vida. ¿Cómo actúas tú que eres creyente? ¿cómo es tu comunidad? Deja que el Espíritu Santo te mueva ¿qué puedes hacer para que realmente la Iglesia sea la comunidad de los creyentes en Jesús?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 9 de abril

Lunes, 9 de abril
Anunciación del Señor. Solemnidad

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 1, 26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Pistas: Hacemos hoy un paréntesis en la Pascua con la fiesta de la Anunciación o de la Encarnación. Y volvemos a rezar con este Evangelio de San Lucas, que nos hace asomarnos al misterio de la Virgen Madre, del Dios-con-nosotros, del Hijo de Dios que se hace hombre.
Hay muchos temas que te puede sugerir este texto para ayudarte a rezar: cómo Dios no hace las cosas sin nosotros –María responde: “hágase en mí según tu palabra”´-. Es el Dios de la alegría, el que trae salvación, el que hace posible lo imposible, el que ahuyenta el temor.
Es asombroso, sorprendente, impresionante, lo que nos cuenta este relato. El Hijo de Dios se hará hombre en el seno de una mujer. Y se lo anuncia como si le pidiera “permiso”.
Mira ahora tu vida. Si Dios te está llamando a algo, siempre te dirá: no temas. Te hará ver el camino que quiere para ti. Te hará descubrir que para Él nada es imposible. Y si le dices: “sí”, verás en tu vida y en la de los que te rodean las maravillas de Dios.
Lee otra vez despacio el Evangelio, deja que te hable al corazón, que ilumine tu vida. Y si algo te llama la atención, piénsalo, reza un rato con ello, alaba a Dios. O pídele, dale gracias…
Además, hoy celebramos la Jornada por la vida. La Iglesia nos invita a concienciarnos en esta jornada del don que es la vida humana. Cada vida es única e irrepetible. Para Dios cada persona es valiosa y digna. Por eso, hoy puedes rezar también por las personas que Dios pone en tu vida: por tus familiares y amigos. Pero también por los que están todavía por nacer, para que en este mundo encuentren un lugar de protección y crecimiento en lo físico y en la fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 8 de abril

Domingo 8 de abril
II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Pistas: “¡Señor mío y Dios mío!”.
El relato que has leído sitúa las apariciones del Resucitado en el primer día de la semana, en el domingo. Es el día de la Eucaristía, Y Jesús en persona aparece en la comunidad reunida. Tomás no está y no es capaz de creer hasta que, al siguiente domingo, se reúne con los otros discípulos.
Frente el miedo, Jesús trae paz. Frente a la tristeza, alegría. Están encerrados pero Él les envía, les da el Espíritu Santo y el poder para hacer lo que les pide. Jesús hace todo nuevo. Su presencia transforma las cosas.
Tomás se parece a nosotros: si no veo, si no toco… da igual que me lo cuenten. Da igual ver las cosas que Dios hace en la vida de otras personas. Da igual lo hermoso que es el mensaje de Jesús. Hasta que no te encuentres con Él, nada cambiará. Pero cuando experimentes que está cerca de ti -en tu corazón, en el hermano, en la comunidad, en la Eucaristía-, cuando experimentes que está vivo, serás dichoso y podrás proclamar: “¡Señor mío y Dios mío!”.
Tienes muchos temas para pensar y rezar en este Evangelio: El domingo, la Eucaristía, la comunidad, la fe, el encuentro con Jesús, el testimonio de aquellos que le vieron morir y le encontraron resucitado.
Y todo esto, para que puedas creer en Jesús, para que puedas descubrir quién es: el Mesías –el que Dios había prometido-, el Hijo de Dios –Dios y hombre-. Y aquel en cuyo nombre hay vida para los que creen en Él. Relee el Evangelio y reza con él.

Sábado 7 de abril

Sábado 7 de abril
Sábado de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Marcos 16, 9-15
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

Pistas: El Evangelio de hoy parece un resumen de los que hemos ido leyendo durante esta semana. Pone el acento en la dificultad para creer en el testimonio de aquellos que vieron y experimentaron que Jesús había resucitado y está vivo, sin tener la experiencia personal de encuentro con Él.
Les parece algo tan increíble… No se acuerdan que Jesús lo prometió. No les sirve el testimonio, tienen que experimentarlo. Quizás esto te pase a ti, o a personas a las que les hablas de Jesús. Es necesario encontrarse con Él en persona. La oración, la comunidad, la Palabra que lees cada día y con la que rezas, los sacramentos (la Eucaristía) son el camino para encontrarse con Jesús –como has ido viendo estos días-.
Y ese encuentro con Él no deja indiferente al que lo experimenta. María, los dos de Emaús, los Apóstoles, todos sienten la llamada de Jesús a salir: “id y proclamad”. Si quieres crecer en tu vida de fe, esto también es algo que tienes que hacer: encontrarte con Jesús, experimentar su salvación. Y descubrir cómo te dice a ti: ve y anuncia. Y, por supuesto, tener el valor de hacerlo. Jesús está vivo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 6 de abril

Viernes 6 de abril
Viernes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se abrevia a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Pistas: Es muy simbólico este Evangelio. Los Apóstoles vuelven a su antigua vida de pescadores. Es como si quisieran regresar a sus seguridades, donde ellos sienten que dominan la situación. Van sin Jesús y no pescan nada. Pero cuando Jesús aparece, cuando le obedecen y escuchan su voz, todo cambia. El esfuerzo sin Jesús no da fruto, no sirve de nada. Pero cuando Él está, cuando se sigue su voz, da fruto y abundante.
Tal vez fueron a pescar porque lo necesitaban. Pero seguir a Jesús, obedecerle, aunque parezca una locura, siempre es un camino de plenitud y siempre hay más de lo que uno pueda esperar. He escuchado muchas veces historias increíbles –pero reales- y también lo he vivido en primera persona, cómo Dios siempre provee. Si te fías de Él, siempre, aunque no sea por el camino que tú esperas, aunque tengas que pasar por la cruz, pero siempre, siempre, triunfa el amor. Y siempre sentirás la mano protectora de Jesús.
No sólo hicieron una pesca normal. Eran tantos que la red parecía que se iba a romper. Y Jesús les esperaba con el alimento. Sin Jesús todo era cansancio, esfuerzo, buscar en vano. Con Jesús todo cambia, si te fías de Él, si le dejas actuar en tu vida.

Lee otra vez el Evangelio. Puedes imaginar la escena, lo que sentiría cada uno de los personajes. También puedes dejar que alguna idea ilumine algo que estás viviendo. Y después reza, pide, da gracias, contempla, adora…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 5 de abril

Jueves 5 de abril
Jueves de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: No basta sólo el encuentro con Jesús. Ni siquiera basta sólo la Eucaristía, como leíamos ayer: les explicó la Escritura y les partió el Pan. Hace falta hablar de todo ello en la comunidad. Hace falta experimentar a Jesús en comunidad. Por eso es necesaria la Iglesia, en la que poder encontrarse con Jesús, en la que poder descubrir que es real, no es un fantasma, no es una ideología, no es un invento. Es una persona que se hace presente en la Eucaristía, en la comunidad, en la oración, en la Palabra, en el prójimo…
Jesús es real y está vivo. Por eso, les hace vivir esta experiencia a sus discípulos para que puedan ser testigos. Y por eso hoy quiere hacértela vivir a ti, y a su Iglesia. Experimentarlo, creerlo, contarlo, es vivir la fe, es tener una relación con Jesús, es comenzar a entender que su Reino comienza ya aquí.
De nada sirve saber muchas cosas de Jesús, muchas cosas de la fe, si Jesús no te “abre” el entendimiento. Necesitas el don del Espíritu Santo, y esto se recibe en la comunidad, en la Iglesia. Lo necesitas para poder creer y proclamar: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”. Y tú, si lo experimentas, podrás ser testigo de ello. Podrás vivir y llevar a los demás la Buena Noticia de Jesús. Podrás ser verdaderamente discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 4 de abril

Miércoles 4 de abril
Miércoles de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; como lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: El domingo de resurrección dos discípulos se van. Puedes imaginarte la sensación de fracaso, decepción, tristeza, impotencia… Intentan entenderlo desde el punto de vista humano: conversan y discuten. En medio de eso, Jesús se hace presente. Van haciéndose preguntas, buscando respuestas y Jesús entra en escena.
Primero les escucha, camina con ellos, sin que se den cuenta. En la búsqueda de sentido, de verdad, de luz en la vida, Jesús va con nosotros, aunque no lo sepamos. Nos escucha.
Fíjate, ellos ya tienen pistas para descubrir lo que ha sucedido: algunos dijeron que le han visto, el sepulcro vacío… pero no creen. Puede que su idea de cómo deberían ser las cosas, de cómo debe actuar Dios, les impida descubrir lo que ha sucedido en Jesús.
Ahora que Jesús les ha escuchado, se pone a enseñarles con la Palabra de Dios. Esto vale para entender lo que sucede en la vida de Cristo, pero también para iluminar tu propia vida. Si rezas todos los días con el Evangelio irás descubriendo cómo poco a poco tu vida de fe crece y la luz de Dios está más presente en tu vida.
Es un proceso, un camino. Requiere tiempo, contar y escuchar. Cambiar de ideas. Conocer… Y en un momento hay que decirle a Jesús: “No te vayas. Quédate, quiero saber más, quiero estar contigo”. Porque no se trata sólo de ideas, sino de relación.
Y cuando parte el pan lo reconocen: la Eucaristía. Primero fue la Palabra y ahora el Pan. Y se les abren los ojos. Puedes pensar qué importancia tiene la Eucaristía en tu vida.
Pero Jesús desaparece. Les toca caminar en fe. Siempre es así. La fe no es una imposición, no es una obligación, es un camino de descubrimiento. Por eso después van corriendo a contárselo a otros que cuentan experiencias similares. Y poco a poco van llegando a la certeza de que es verdad: Jesús está vivo, ha resucitado.
Puedes releer el Evangelio dejando que ilumine tu vida, tu situación… como si fuera el camino de tu vida. Imagina con quién vas, qué te preocupa, de qué vas hablando. Y Jesús va contigo. Qué te diría y qué te está diciendo a través de su Palabra. Si quieres, dile que esté contigo, ora. Escucha lo que otros tienen que contar de Él.
También puedes aprender de Jesús: cómo acompaña a los que están en búsqueda. Si tienes esa responsabilidad, fíjate en este Evangelio y aprende. Y descubre que Jesús siempre está. De un modo u otro, Él está a tu lado.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 3 de abril

Martes 3 de abril
Martes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 20, 11-18
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: «¿Por qué lloras?». María llora por Jesús. Su Maestro, su Amigo, a quien quiere. Está atrapada en el sufrimiento y ni siquiera es capaz de, al ver el sepulcro vacío, entender lo que eso significa. Ni los ángeles le hacen pensar lo que pudo suceder. No entiende.
¿Cuántas veces nos pasa también a nosotros? ¿Cuántas veces nos quedamos encerrados en nuestro sufrimiento sin lograr ver los signos que nos hablan de resurrección, esperanza y vida? Hazte la pregunta: ¿Por qué lloras? ¿qué te hace sufrir?
Todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre. No está muerto ni es un recuerdo. Está vivo. Ya no hay motivos para llorar. Y María tiene que aprender a ver de nuevo a Jesús, el que Resucitado vive para siempre. Tal vez por eso Jesús le dice: «Todavía no he subido al Padre». Porque ella necesita descubrir toda la profundidad de quién es Jesús. Por eso Jesús dice: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
En Semana santa nos hemos asomado al misterio de Jesús, que sólo se entiende desde lo que celebramos en Pascua. Te animo a que vayas recorriendo este tiempo nuevo como un camino de descubrimiento de Jesús. ¿Quién es? ¿Qué significa su resurrección? Y déjale que te llame por tu nombre. Porque de lo que se trata no es sólo de saber cosas de Jesús sino de establecer una relación con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 2 de abril

Lunes, 2 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Se repetirá en toda la Pascua: “No tengáis miedo”, “alegraos”, “id a decir, id a anunciar», «fueron y contaron”. El encuentro con el Resucitado vence los miedos. Miedo al futuro, miedo a los problemas del presente… ¿Cuáles son tus miedos? Piénsalo por un momento.
Cada vez que te acerques a Jesús, Él te dirá: “No tengas miedo”. Si dejas que el poder de Jesús resucitado, el poder del Espíritu Santo, actúe en tu vida, el miedo será vencido y aparecerán la esperanza y la fortaleza. Porque realmente Jesús ha vencido a la muerte. El mal no ha podido con Él. Y donde hay esperanza y vida, donde el amor de Dios vence, aparece una alegría que nadie podrá robar.
Sin embargo, desde el principio comienzan las luchas, las dificultades, las conspiraciones. Los que habían llevado a Jesús a la cruz no se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad.
Fíjate qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 1 de abril

Domingo 1 de abril
Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Juan 20, 1-9.

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Pistas: Cristo ha resucitado. El sepulcro está vacío. Todavía no lo saben, todavía no se lo creen. Pero el lugar de la muerte ha quedado vacío. Van corriendo, se asoman, entran, ven. Y entonces creen, entienden la Escritura.
Cristo ha resucitado. Ésta es la noticia que la Iglesia te anuncia hoy y que celebraremos durante cincuenta días.
Puedes imaginar la escena que cuenta el Evangelio. El cambio que se da en María, en Pedro y Juan. Antes, muerte, ahora, vida. Antes, tristeza, oscuridad, duda, miedo. Ahora alegría, luz, fe, esperanza…
Y la luz de la resurrección es también para ti. Asómate al sepulcro vacío y descubre que realmente está vivo. Todo ha merecido la pena, todo cobra sentido ¡Celebremos la Pascua!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.