Viernes 20 de abril

Viernes 20 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 9, 1-20
En aquellos días, Saulo seguía echando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor. Fue a ver al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres.
En el viaje, cerca ya de Damasco, de repente, una luz celeste lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?». Preguntó el: «¿Quién eres, Señor?»
Respondió la voz: «Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que tienes que hacer.»
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión: «Ananías.» Respondió él: «Aquí estoy, Señor.»
El Señor le dijo: «Ve a la calle Mayor, a casa de Judas, y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando, y ha visto a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista.»
Ananías contestó: «Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén. Además, trae autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre.»
El Señor le dijo: «Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas. Yo le enseñaré lo que tiene que sufrir por mi nombre.»
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo: «Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y te llenes de Espíritu Santo.»
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y lo bautizaron. Comió, y le volvieron las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a predicar en las sinagogas, afirmando que Jesús es el Hijo de Dios.

Pistas: Ésta es la historia de personas que buscan la verdad, que están abiertos a descubrirla y que se fían de Dios. Es la historia de la Iglesia, la conversión, la fidelidad a Dios, la evangelización.
Saulo, Pablo, San Pablo ¡Vaya camino que hace este hombre! De perseguidor, a evangelizador. De odiar, a amar. No fue fácil. Se quedó ciego y estuvo tres días sin comer ni beber. Tuvo que aceptar que Ananías rezase por él. Tuvo que aceptar su error y cambiar. Y por fin pudo ver.
Se puede entender de un modo simbólico lo que le pasa a Saulo. Está ciego, no come ni bebe, está sin fuerzas porque vive lejos del Dios verdadero, porque lucha por una mentira y persigue a Jesús. Tras el encuentro con Jesús no cambian las cosas mágicamente. Para poder cambiar lo tienen que llevar de la mano, necesita que recen por él y, por fin, puede ver y comer (la comunidad y la Eucaristía). Después de esto le vuelven las fuerzas y se dedica a evangelizar.
Ananías tiene que vencer los prejuicios. Se fía de Dios. Y gracias a su obediencia, una de las personas más influyentes e importantes del cristianismo pudo ver, pudo llenarse del Espíritu Santo y fue confirmado en la fe en Jesús.
Impresiona el elemento sobrenatural de este relato. Quizás puedas pensar que estas cosas solo sucedieron al principio de la historia de la Iglesia, pero que ahora ya no. Esto es falso. Tal vez somos menos valientes para contar estas cosas o nuestra fe está más dormida. Pero muchísimas veces he escuchado historias en las que se percibe la acción de Dios y cómo guía a las personas que están dispuestas a escucharle. Dios sigue haciendo cosas extraordinarias.
Al releer la lectura piensa: ¿Y si soy yo Saulo o Ananías? Y si quieres haz un acto de fe, pide el Espíritu Santo. No se trata de ponerse a hacer cosas, sino de encontrarse, de experimentar, de relacionarse con Jesús, llenarse del Espíritu Santo, descubrir el amor del Padre. Como le sucedió a Pablo. Pero como ves en este relato el encuentro va unido a descubrir el camino de Dios para tu vida. Pídele, si quieres, que te muestre su voluntad en cada instante. Te hablará de un modo que le puedas entender. Pondrá sentimientos, ideas, caminos ante ti. Y podrás ver las maravillas de Dios en tu vida.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 19 de abril

Jueves 19 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 8, 26-40
En aquellos días, el ángel del Señor le dijo a Felipe: «Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.»
Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que habla ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe: «Acércate y pégate a la carroza.»
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó: «¿Entiendes lo que estás leyendo?» Contestó: «¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?»
Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.»
El eunuco le preguntó a Felipe: «Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?»
Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: «Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?»
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría.
Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Pistas: «El viento sopla por donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquél que es nacido del Espíritu” (Jn 3,8). Así mismo es Felipe en este pasaje. Alguna vez he escuchado o vivido experiencias similares cuando se sale en misión, que parece que hay “coincidencias”, estás en el lugar adecuado en el momento adecuado, “algo” te mueve a hablar con una persona o a contar una experiencia…
Así es Dios. ¡Qué casualidad aquel hombre leyendo al profeta Isaías! Y Felipe pasando por allí en aquel momento. ¡Qué locura fiarse de una inspiración! Y gracias a eso aquel etíope encontró a Jesús. Felipe cambia el lugar en el que estaba predicando la verdad de Jesús porque el ángel le anuncia una nueva misión aparentemente sin sentido: ir a un camino desierto hacia Gaza. Pero no dudó. Y allí se encuentra con el etíope, que nos puede parecer algo exótico, pero este pueblo visitaba el Templo de Jerusalén desde los tiempos de la reina de Saba. El etíope estaba en visita religiosa y llevaba ofrendas al Templo. Justo en el momento en el que se acerca Felipe estaba leyendo un pasaje de Isaías en donde se habla proféticamente del Mesías. El etíope no entiende a quién se refiere porque no conocía a Jesús. Y así Felipe tiene la oportunidad de descubrirle lo sucedido y cómo Jesús cumple las Escrituras.
El etíope no sólo acepta el mensaje de Felipe, sino que allí mismo se bautiza y se convierte en seguidor de Jesús. De este modo, el Evangelio continúa expandiéndose, cada vez más lejos, cada vez a más personas y pueblos.
Y tú ¿te fias de Dios, como hizo Felipe? Pues ora, llénate del Espíritu Santo, entra en el misterio de Jesús resucitado que cumple su promesa y se convierte en Camino, Verdad y Vida. Experimenta su amor. Y atrévete.
Ya sabes, relee el pasaje preguntándote: Señor ¿qué me quieres decir hoy en mi circunstancia concreta con tu palabra?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Miércoles 18 de abril

Miércoles 18 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 8, 1b-8
Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo se ensañaba con la Iglesia; penetraba en las casas y arrastraba a la cárcel a hombres y mujeres. Al ir de un lugar para otro, los prófugos iban difundiendo el Evangelio.
Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Pistas: Quieren acabar con el nuevo camino que ha traído Jesús. Pero esta violencia sólo logra que se extienda más la fe. Ya no sólo es Jerusalén la que escucha el mensaje de la resurrección de Jesús y el anuncio del Evangelio. Judea y Samaría, y más tarde todo el mundo conocido, lo escuchará.
Cuando la fe se vive es contagiosa. Aunque haya dificultades, el poder del Espíritu Santo actúa. Esta experiencia se repite tan a menudo en la historia de la Iglesia que Tertuliano (un padre de la Iglesia) dirá: «La sangre de los mártires es semilla de cristianos».
La lectura termina hablando de alegría. Allí donde entra la luz de Jesús, todo cambia. El mal, el sufrimiento, el pecado… son vencidos.
Puedes orar hoy pidiéndole a Jesús que te llene de su Espíritu para hacerte portador de alegría. Si lo piensas bien ¿cuánto necesita nuestro mundo poder experimentar esto? ¿cuánto necesita poder experimentar a Dios en medio de las injusticias, dificultades, persecuciones en muchos casos, indiferencia, mentiras…?
Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Manuel

Martes 17 de abril

Martes 17 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 7, 51-8, 1a
En aquellos días, Esteban decía al pueblo, a los ancianos y a los escribas: «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado.»
Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, expiró.
Saulo aprobaba la ejecución.

Pistas: Encontramos dos actitudes en la lectura de hoy. Esteban, lleno de Espíritu Santo, actuaba con el poder de Dios, realizaba milagros y signos como hacía Jesús. Está “conectado” con Dios. Ve la gloria de Dios. Y en medio de una situación en la que lo más lógico sería tener miedo y callarse, él declara la verdad. Cuando lo están matando pide a Jesús que lo reciba y que no les tenga en cuenta ese pecado. Muere como murió Jesús. En una vida entregada a Dios es capaz de ser fiel a Jesús hasta el final, vence las dificultades, da testimonio, no tiene miedo.
Por otro lado están los que se resisten al Espíritu Santo. Les dirige unas palabras muy duras. La Escritura (la Ley y los profetas) les anunciaban a Cristo, pero lo rechazan. Ellos se llenan de ira, mientras Esteban puede ver la gloria de Dios. Ellos se dejan llevar por el odio, él por la misericordia y el amor, incluso a los enemigos. Unos actúan sin escrúpulos, mundanamente, y no quieren escuchar porque ello les haría pensar en la verdad que les anuncia, sin embargo el Espíritu Santo llena a Esteban.
También aparece Saulo, Pablo, cuya conversión leeremos en los próximos días. De momento odia profundamente a la Iglesia naciente, a los discípulos de Jesús, y quiere acabar con ellos.
Puedes iluminar la realidad de la Iglesia del siglo XXI con este texto y también tu propia vida de discípulo de Jesús. ¿Qué le falta para ser como Esteban? ¿es consciente de que el poder del Espíritu Santo actúa en ella y puede y debe continuar la obra de Jesús con poder? ¿cómo actúa ante las dificultades? ¿se calla? ¿se esconde?
Esteban hace realidad la Bienaventuranza de Jesús: “Dichosos vosotros cuando os maldigan, os persigan y os calumnien por mi causa. Estad alegres porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Pues bien sabéis que así trataron a los profetas que hubo antes que vosotros”. (Mt 5, 11-12)

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 16 de abril

Lunes, 16 de abril
III semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 6, 8-15
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Indujeron a unos que asegurasen: «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios.»
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, agarraron a Esteban por sorpresa y lo condujeron al Sanedrín, presentando testigos falsos que decían: «Este individuo no para de hablar contra el templo y la Ley. Le hemos oído decir que ese Jesús de Nazaret destruirá el templo y cambiará las tradiciones que recibimos de Moisés.»
Todos los miembros del Sanedrín miraron a Esteban, y su rostro les pareció el de un ángel.

Pistas: Hace unos días leíamos cómo los Apóstoles eligieron a unos hombres para el servicio de los pobres. Esteban es uno de estos siete. Dios actúa a través de Esteban, hace grandes prodigios y signos. Y le tienen envidia. La historia se repite, como hicieron con Jesús harán también con Esteban. Falsos testimonios, conspiraciones…
La historia de la Iglesia, la historia de la humanidad, está llena de situaciones como ésta. Dios está con Esteban, la verdad quiere resplandecer («su rostro les pareció el de un ángel»). Pero se resisten y no sólo permanecen indiferentes, sino que luchan contra él.
Puedes mirar tu propia vida y preguntarte si estás siendo como Esteban, valiente en tu seguimiento a Jesús. Si estás dejando al Espíritu Santo actuar con poder en tu vida. Si llevas el mensaje de Jesús a otros superando el qué dirán. Puedes también pensar cómo es tu actitud hacia otras personas. Tal vez pueda estarse colando en tu vida la envidia, la soberbia, o la falta de visión como tenían los que iban contra Esteban, muchos de ellos quizás pensando que hacían lo correcto.
Fiarse de Dios, seguir su camino, no implica que las cosas vayan a ser fáciles. Pero verás las maravillas de Dios y serás instrumento para que los demás puedan experimentar su salvación y encontrarse con Él. Podrás experimentar la realidad de las bienaventuranzas de Jesús, serás dichoso, y verás el poder de Dios en tu vida y en el mundo.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 8 de abril

Domingo, 8 de abril
III Domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: La resurrección trasciende la historia y la experiencia física, pero las incluye. El sepulcro está vacío. Sucede al tercer día. Le pueden ver, tocar… Los encuentros con el resucitado que nos narran los Evangelios quieren hacernos comprender que verdaderamente es Jesús. Y verdaderamente resucitado. No es una proyección de la comunidad o una manera de decir que pervive en las enseñanzas y en el recuerdo de los discípulos. El resucitado es el mismo que nació de María, que pasó por el mundo lleno de Espíritu Santo, predicando y realizando milagros y signos. El mismo que muere en la cruz y es sepultado. El mismo hombre resucitado. Se presenta delante de sus discípulos y les manda que comprendan que está vivo, y que es el mismo que vivió con ellos.
Ni podemos entender la resurrección de Jesús como un mero revivir con un cuerpo como el nuestro corruptible, ni como un símbolo o producto del ambiente que vivió la comunidad… sino como la plenitud de la vida que Jesús prometió que se cumple en Él y en los que crean en Él.
Ahora, imagínate la escena. Jesús se ha aparecido a unos y a otros, en lugares distintos, atraviesa puertas cerradas, aparece y desaparece, les cuesta reconocerlo… ¿Cómo no tener dudas? Y Jesús no quiere que las tengan. ¿Cómo poder entender un cuerpo glorioso, resucitado, lleno de gloria y del resplandor del Espíritu Santo? Y Jesús quiere que crean en Él. Quiere que puedan ser sus discípulos y vivir las promesas que les ha hecho. Es más, quiere que sean sus testigos y anuncien lo que han visto y experimentado. Y que compartan con todos los hombres la salvación que Él ha regalado.
Fíjate: la resurrección es la confirmación de todo lo que Jesús dijo e hizo. El sello divino que ratifica la vida de Cristo. En la cruz es vencido el pecado, nuestros pecados, y en la resurrección Jesús abre el camino del cielo, la vida de Dios. Los frutos de su resurrección son para todos los que crean en Él.
Sigue recorriendo el camino de la Pascua, adentrándote en el misterio de Jesús resucitado y sobre todo encontrándote con Él en oración. Es tiempo para experimentar, para alegrarse, para compartir y para ser testigos. Es tiempo de celebrar su victoria.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Sábado 14 de abril

Sábado 14 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 6, 1-7
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron: «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.»
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Pistas: La Iglesia va tomando forma para responder a las necesidades que van apareciendo. Los Apóstoles buscan colaboradores entre los discípulos (“hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría”) y “oran por ellos imponiéndoles las manos” (como hacemos hoy en las ordenaciones).
Caridad, oración y predicación. Todo lo que Jesús hacía y les enseñó. Y cada cual va respondiendo según la misión que le encomiendan. Puedes aprovechar esta lectura para rezar por la Iglesia, para pensar en tu propia vocación, cómo estás viviendo lo que Dios te pide o te ha pedido.
Y la Palabra de Dios da fruto. Muchos se convierten y se agregan a la Iglesia que está naciendo. También puedes pensar qué necesita nuestro mundo, por qué hoy muchos no quieren saber nada del mensaje de la fe o les deja indiferentes.
La lectura del libro de los Hechos nos acerca a los primeros pasos de la Iglesia y, por tanto, de la evangelización. Esto puede dar luz a tu manera de entender y vivir la Iglesia, y también de verte a ti dentro de ella.
La Iglesia necesita una estructura para organizarse. Cada uno tiene un papel en ella. Busca el tuyo y comprométete en la tarea, porque ser cristiano es ser Iglesia también. Reza con esta lectura ¿qué te dice Dios hoy?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 13 de abril

Viernes, 13 de abril
San Martín I, papa y mártir
San Hermenegildo, mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 34-42
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: «Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces.
En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios.»
Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.

Pistas: “Si es cosa de Dios…”. Por los frutos se conocerá de quién vienen las cosas. Éste es un criterio de discernimiento muy claro para la vida. Nos sirve tanto para nuestras decisiones personales como si tienes responsabilidades profesionales o pastorales. Hay que estar dispuesto a descubrir la verdad, a que Dios cambie nuestros planteamientos y posicionamientos. Aunque no coincida con nuestros planteamientos iniciales.
La reacción de los judíos es contradictoria: le dan la razón, pero azotan a los apóstoles. Estos perseveran en el camino de obediencia y fidelidad a Dios que veíamos ayer. Cumplen con el mandato de Jesús y siguen anunciando el Evangelio. No dudan ni un momento. Tal vez podrían pensar que si Dios estaba con ellos cómo era posible que les sobreviniesen tantas dificultades. Pero tienen reciente en su memoria el camino de la cruz y la manera misteriosa en la que Dios se abre camino en la historia.
Buscar la voluntad de Dios y descubrir su camino en nuestra vida y nuestro mundo con la luz del Espíritu Santo y el resplandor de la verdad, es lo que te propone la lectura de hoy.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves 12 de abril

Jueves 12 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 27-33

En aquellos días, los guardias condujeron a los apóstoles a presencia del Sanedrín, y el sumo sacerdote les interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos.

Pistas: Los Apóstoles obedecen a Jesús y continúan el camino que Él les marcó. ¿Cómo se van a callar si el que vieron morir en la cruz está vivo? ¿cómo se van a callar la verdad que trae salvación y vida a los hombres? ¿cómo no van a anunciar que Jesús es el que salva y que todo lo que dijo es verdad?
Y, además, tienen el poder del Espíritu Santo para hacerlo. No sólo dan un testimonio humano, sino que cuentan con la fuerza y la guía de Dios. El Espíritu Santo no sólo les ha movido al principio, el día de Pentecostés, dándoles valor, sino que dejarse llevar por Él, lanzarse, trabajar, caminar, perseverar, ser fieles, hace que Dios les llene más. Por eso dicen: “El Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen”.
Ellos son testigos. No hablan de una teoría, ni de una ideología, sino de vida, de una persona, de verdad, de luz, de victoria sobre la muerte. Las dificultades no cesan: les detienen, les interrogan, les prohíben… La situación no mejora; al contrario. Pero el Espíritu Santo sigue abriendo camino al Evangelio, a través de esos hombres perseguidos y acosados, pero que tienen a Dios en su corazón y le obedecen. Ya no ven las cosas desde el punto de vista meramente humano, sino que han entendido cuál es su misión y que Dios no falla.
Ilumina tu vida, tu comunidad, tu situación y pregúntate: ¿qué me quiere decir hoy Dios?

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 11 de abril

Miércoles 11 de abril
San Estanislao, obispo y mártir

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Hechos de los apóstoles 5, 17-26
En aquellos días, el sumo sacerdote y los de su partido -la secta de los saduceos—, llenos de envidia, mandaron prender a los apóstoles y meterlos en la cárcel común. Pero, por la noche, el ángel del Señor les abrió las puertas de la celda y los sacó fuera, diciéndoles: «Id al templo y explicadle allí al pueblo íntegramente este modo de vida.»
Entonces ellos entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto el sumo sacerdote con los de su partido, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos israelitas, y mandaron por los presos a la cárcel. Fueron los guardias, pero no los encontraron en la celda, y volvieron a informar: «Hemos encontrado la cárcel cerrada, con las barras echadas, y a los centinelas guardando las puertas; pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro.»
El comisario del templo y los sumos sacerdotes no atinaban a explicarse qué habla pasado con los presos. Uno se presentó, avisando: «Los hombres que metisteis en la cárcel están ahí en el templo y siguen enseñando al pueblo.»
El comisario salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo los apedrease.

Pistas: Los que habían sido enemigos de Jesús y habían querido acabar con Él (las autoridades judías y sus grupos de poder), continúan luchando contra sus discípulos y contra su mensaje. No les importan los acontecimientos extraordinarios que acompañan la actividad y la predicación de los Apóstoles y de los discípulos. Sólo quieren silenciarlos. Les mueve la envidia y el miedo.
El mal, el demonio, siguen intentando acabar con el plan de Dios. Pero éste no se puede parar y sigue adelante. El Evangelio se abre camino. Un nuevo modo de vida se va abriendo camino. Nada puede detenerlo.
¡Cuántas veces parece que el mal vence! En el mundo, en la Iglesia, en la sociedad. ¡Cuántas veces parece que la verdad va a quedar encerrada y silenciada!. Pero Dios seguirá abriendo caminos. Es cierto que hacen falta personas valientes, que a pesar de las dificultades perseveren. El Espíritu les daba fuerza y valor a los apóstoles, y ellos permanecían fieles y ponían todo su ser en ello. Obedecían a Dios, a pesar de las consecuencias que eso pudiera tener en sus vidas.
¿Necesitas tú o tu comunidad, parroquia, Iglesia, más Espíritu Santo? ¿Sientes que la verdad está encerrada, que Dios no actúa? Tal vez necesites creer más y seguir los caminos que abra ante ti. El camino no estará libre de dificultades, pero Jesús ha vencido y el mismo Espíritu que le movió en su vida, que le dio fuerzas y le resucitó, estará contigo. Dios te ha llamado a una misión y te dará las fuerzas para llevarla a cabo.

Relee la lectura, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.