Miércoles 8 de noviembre

Miércoles, 8 de noviembre
XXXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Pistas: Seguir a Jesús es una llamada radical. Las propuestas mediocres no responden con autenticidad a la fe cristiana. En este mundo nuestro del postureo y de lo políticamente correcto somos capaces de creer, defender e intentar vivir cosas incompatibles a la vez. Podemos llevar una vida mediocre y a la vez justificarnos en que todo el mundo lo hace y pensar que somos mejores que ellos. Podemos creer que amamos o nos entregamos y en el fondo buscar nuestros intereses. O creer que tenemos fe por ir una vez al año a la fiesta del pueblo o pertenecer a una cofradía, pero realmente Dios no pinta nada en nuestra vida.
Jesús no quiere medias tintas ni tibiezas. Porque, cuando llama a seguirle, es una llamada a vivir en el amor y en la verdad. Y ni el amor puede vivirse a medias ni una media verdad es verdad. Seguir a Jesús implica descubrirle como el Señor de nuestra vida y que lejos de Él sólo hay pecado, mal y muerte. Es descubrir cuánto nos ama y querer corresponder.
Implica también descubrir que cuando otras cosas, -aunque sean buenas e importantes: como la familia, uno mismo o los bienes materiales- ocupan el lugar de Dios, no nos dejan ser discípulos de Jesús. Nos alejan de la felicidad, de la vida, de la verdad.
Significa cargar con la cruz de cada día. Evitar la tentación de la desconfianza, la desesperación, el fijarnos sólo en lo malo de la vida. Cristo ha vencido a la cruz, al pecado, al mal. Y esa victoria por la fe, viviendo como discípulos de Jesús, es nuestra.
Para recorrer este camino con Jesús hay que esforzarse, planificar, elegir la dirección… No vale hacerlo de cualquier manera. Como el que construye una casa, o el que va a una batalla. Requiere que pongamos todo de nuestra parte: inteligencia, capacidad, esfuerzo, tiempo, planes, nuestra lucha. Es decir, todo lo humano hace falta para seguir a Jesús. Y su luz y su fuerza te guiarán y sostendrán para vivir como su discípulo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Martes 7 de noviembre

Martes 07 de noviembre
XXXI semana del tiempo ordinario

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.
El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio.
Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Pistas: El banquete del Reino de Dios es la salvación. Los primeros invitados rechazan la invitación. Esto, en la mentalidad de la cultura en la que vivió Jesús, era una grave ofensa contra la amistad del que invitaba. La verdadera razón de las excusas parecen ser las riquezas y placeres de la vida, el propio interés y el no darse cuenta de que más importante que todas esas justificaciones es lo que se les ofrece. El pueblo de Israel rechaza la invitación que llega a través de Jesús. Sólo la acogen unos pocos, y muchos de ellos son los desechados por la sociedad (pobres, lisiados, enfermos). Finalmente sale fuera de la ciudad, a los caminos, a invitar a todos. No sólo el pueblo elegido, los judíos, son los destinatarios de la invitación del Mesías, sino todos.
“Insísteles hasta que entren y se me llene la casa”. Que todos disfruten de la salvación. Que la Iglesia sea este recinto lleno, el hogar donde se celebra el banquete que perdura en la eternidad, en el cielo. Fue lo que hizo Jesús: insistir, invitar a todos, llamar a todos de todas las maneras posibles. Y es lo que el Espíritu Santo continúa haciendo en la Iglesia y también en tu corazón si le dejas. Es más, te necesita a ti, para que primero vayas al banquete y para que invites a otros a disfrutar de la vida plena de Dios.
Ésta es la Iglesia que tenemos que construir, la que va a los cruces de los caminos y no se cansa de invitar, de llamar, de acoger. La que quiere estar llena y acepta a todos los que responden. La Iglesia que busca a los pobres, a los apartados de la sociedad, a los que nadie quiere, y los acoge. Esa Iglesia la construyes tú, que has conocido la Palabra de Dios, siendo discípulo de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Lunes 6 de noviembre

Lunes 6 de noviembre
Pedro Poveda Castroverde e Inocencio de la Inmaculada Canoura Arnau, presbíteros
Y compañeros mártires

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 12-14
En aquel tiempo, decía Jesús a uno de los principales fariseos que le había invitado: Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos ni a tus hermanos ni a tus parientes ni a los vecinos ricos: porque corresponderán invitándote y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.

Pistas: El amor es desinteresado. Y Jesús nos enseña que ése es el camino que Él quiere para sus discípulos. Por el contrario, hoy en nuestro mundo prácticamente todo se mueve por intereses económicos, de poder, de imagen, de influencia, de prestigio, por placeres… Jesús nos pide que aprendamos a dar gratis, sin esperar nada a cambio. Y eso sólo podremos hacerlo si aprendemos a amar.
Ése es el estilo de vida de Jesús: dar y darse a todos por amor. Es lo que Dios hace con nosotros. Nos ama sin que podamos merecerlo, nos ama incondicionalmente, y nos pide que entremos en la dinámica de la gratuidad de su amor. Nos ama tanto que se nos da.
En estos momentos de oración que sacas al rezar con el Evangelio de cada día, además de escuchar lo que la Palabra te dice, pensar, pedir, dar gracias…. déjate amar. Jesús te sienta a su mesa no porque hayas hecho algo excepcional, sino porque te ama. Lo hace cada vez que vas a la Eucaristía. Lo hace cada vez que te pones en su presencia y rezas. Te da su vida, sus dones, su gracia. No puedes pagarle. Pero puedes dejarte amar y llenarte de su amor.
Déjate amar por Él y aprende a vivir en su amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Domingo 5 de noviembre

Domingo 5 de noviembre
XXXI domingo del tiempo ordinario

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos diciendo:
En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros; pero no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame «maestro».
Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro padre, el del cielo. No os dejéis llamar jefes, porque uno solo es vuestro Señor, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido

Pistas: Jesús enseña que hay que elegir: ser como los fariseos y los letrados, o ser discípulos de Jesús. Hay que elegir entre las actitudes de unos y de otros. El camino de la fe no es un recorrido en el que se puede estar para lo que interesa y salirse para lo que no. Seguir a Jesús exige compromiso y un estilo de vida. Pero la recompensa es maravillosa.
La cátedra de Moisés simboliza la autoridad para conocer y enseñar la Ley de Dios. Ellos enseñan la verdad y tienen acceso a ella. Pero son unos hipócritas. Buscan su propia gloria. Persiguen sus intereses, el poder, la imagen, el prestigio. Se apoderan de lo que no es suyo. Son ladrones y mentirosos.
Cuando reces con este Evangelio pregúntate qué hay en ti de fariseo. Hazlo con sinceridad, para arrancar toda mentira de tu vida y poder ser como Jesús enseña. Para convertirte y tener rectitud de corazón.
“Vosotros, en cambio…”. Éstas son las actitudes: vivir en el amor, en el servicio, en la entrega, en la verdad. Cristo en el centro, Él es el Señor. Así que si quieres este camino sigue a Jesús, pídele que te llene del Espíritu Santo, pon tu vida bajo su luz, acoge sus dones y vive en el amor. Esto te hará verdaderamente grande.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 23,1-12. 
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés;
ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen.
Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos;
les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas,
ser saludados en las plazas y oírse llamar ‘mi maestro’ por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar ‘maestro’, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos.
A nadie en el mundo llamen ‘padre’, porque no tienen sino uno, el Padre celestial.
No se dejen llamar tampoco ‘doctores’, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros,
porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado».

REFLEXIÓN:

“No llaméis a nadie padre, porque solo uno es vuestro padre, Dios. No llaméis a nadie maestro, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías”. Todos los demás somos hermanos!!

Como vemos en el evangelio de hoy, de todos se puede aprender algo incluso de los que están haciendo mal las cosas, de esos aprendemos que no tenemos que ser así.

Tenemos que ser coherentes en el pensar, en el hablar y en el actuar. La gran mentira que se abre camino en medio de nuestra sociedad, es que si uno dice una mentira muchas veces parece que se convierte en verdad. No es así, la mentira por muy popular que sea, siempre es mentira y la verdad, verdad.

Este engaño esta tan extendido que terminamos pensando que lo importante son las palabras, pero las palabras si no van acompañadas de actos, son palabras bacías, “vanas” sin contenido. También así puede ser nuestra relación con Dios, vana, porque nuestro practicar se convirtió en un practicar exterior, hasta tal punto, que los que no se acercan a la vida de la Iglesia, se consideran cristianos no practicantes. Cuando un cristiano no practicante no es el que no viene a la Eucaristía, es aquel que aún viniendo a la Eucaristía no vive según el evangelio, no vive ni intenta vivir con los valores de Jesús.

Tenemos que hacer un buen examen de conciencia porque quizás también nosotros seamos fariseos, no solo en nuestra relación con Dios sino en nuestra relación con los hermanos o en nuestra relación con las personas que están más cerca de nosotros. ¿Cuántas veces decimos con nuestras palabras lo contrario que con nuestros actos?

Si no practico la misericordia, el amor, la justicia, ¿podre decir que soy cristiano?. Aunque practique cada domingo, si mi corazón está endurecido por vivir mi fe de una manera rígida y sin posibilidad de permitir errores, no estoy siendo del grupo de los seguidores de Jesús de Nazaret. Por eso es tan importante que hagamos un buen examen de conciencia, como decía San Ignacio, ver el mal en el mundo, ver el mal a mi alrededor y ver el mal en mis actos malos, pedir perdón y poner la misericordia de Dios que está sobre mi, sobre las personas que están a mi lado y así no buscaré ser el primero, sino ser aquel que es capaz de servir amando, como mi amigo y maestro Jesús.

Feliz domingo

Sábado 4 de noviembre

Sábado 4 de noviembre
San Carlos Borromeo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 1. 7-11
En aquel tiempo, entró Jesús un sábado en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso este ejemplo: Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro, y te dirá: Cédele el puesto a éste. Entonces, avergonzado, iras a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido.
Pistas: Dice Santa Teresa de Ávila: "La humildad es la verdad”. Y Jesús pone a los fariseos del Evangelio de hoy ante la verdad de sus intenciones y motivaciones. A la vez, intenta enseñarles el camino de la humildad frente a las apariencias y la soberbia. El humilde es capaz de ver las cosas como son: lo bueno como bueno y lo malo como malo. También en su propia vida. Y esto les hace enfrentarse mejor a la realidad.
¿Cómo puedo ser humilde? Jesús propone vivir en la verdad, poner como criterio el amor a Dios y al prójimo, servir a los demás… Así que para ser humilde lo primero es rezar, pedir a Dios que nos llene de su Espíritu, del Espíritu de la verdad. Y colaborar con su gracia venciendo la soberbia que lleva a tenerse por más o querer vivir en el reconocimiento, el poder, la fama o la imagen. Pero también es necesario saber que ser humilde no es tener una imagen negativa o desfigurada de uno mismo.
Eres hijo de Dios amado incondicionalmente por Él, que en Jesús te ha salvado, con el Espíritu Santo te llena de vida, de fuerza, te da sus dones, Pero también eres pecador y te apartas muchas veces de ese amor. Si te olvidas de quién eres andarás buscando glorias humanas, consuelos vacíos, y así te enaltecerás o te despreciarás. Si vives en la verdad, serás humilde y Dios te levantará cada día llenándote de su amor, mostrándote que eres mucho más de lo que piensas.
Éste es el camino de la verdad y el amor que Jesús te invita a recorrer y que te hará feliz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Viernes 3 de noviembre

Viernes 3 de noviembre
San Martín de Porres, religioso

(Recuerda: 1. Pide el Espíritu Santo 2. Lee despacio y entiende 3. Medita qué te dice la Palabra de Dios 4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según San Lucas 14, 1-6

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Jesús se encontró delante un hombre enfermo de hidropesía y dirigiéndose a los letrados y fariseos, preguntó: ¿Es lícito curar los sábados, o no? Ellos se quedaron callados.
Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: Si a uno de vosotros se le cae al pozo el burro o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado? Y se quedaron sin respuesta.

Pistas: Jesús continúa con su batalla contra la hipocresía. Intenta hacer ver la verdad de su actitud a los letrados y fariseos, personas religiosas y expertas en la Ley de Dios.
Jesús había explicado que el amor a Dios y al prójimo es lo que sostiene la Ley y los Profetas. Es decir, es lo que da sentido a las normas y a la vivencia religiosa. Y ellos estaban de acuerdo, pero no querían sacar las consecuencias prácticas para su vida. Y les pone ante la contradicción de preocuparse más por los animales que por las personas, por su propio interés que por el bien de otros.
No responden, no quieren hacerlo porque eso les obligaría a tomar postura, a reconocer su error. No entran en diálogo con Jesús porque eso les haría cambiar. No tienen argumentos aunque tengan fuerza o influencia social como grupo. Rechazan a Jesús con la misma religiosidad que debería acercarles a Dios. Y no acaban de descubrir que sólo en Jesús hay salvación.
Habla con Jesús, cuida tu relación con Él y aprende a vivir como discípulo suyo. Despójate de lo que te impida mostrar a otros el estilo de vida que Jesús enseña. Éste es el camino para acoger su salvación, para vivir en la verdad. Es el camino para ayudar a otros a encontrarse con Él y tener auténtica vida.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Jueves2 de noviembre

Jueves 2 de noviembre
Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Pistas: El cielo, la vida eterna ¿Cómo podemos saber el camino? ¿Habrá algo más? ¿Será bueno? No podemos entender, imaginar, la grandeza del Reino.
Jesús ha ido delante preparando el camino. Es más, Él mismo es el camino. No temas, no dudes. Cree. Sabemos que hay vida eterna porque Jesús ha ido delante.
Jesús es camino hacia Dios, porque en Él y cerca de Él puedes descubrir quién es Dios, encontrarte con Él, experimentarlo. Jesús es verdad, porque en Él puedes hallar la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre la existencia… Y es vida, porque da plenitud, porque a través de Él recibimos el Espíritu Santo que lo vivifica todo. Cristo no quedó vencido por la cruz, ni quedó muerto en el sepulcro. Su palabra es verdad, encontrarse con Él es vida.
Acércate a Jesús y encontrarás el camino, encontrarás la verdad y tendrás vida plena que dura hasta la eternidad. Descubrirás el camino de vida, de luz, de esperanza y de alegría que es la fe en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.

Miércoles 1 de noviembre

Miércoles 1 de noviembre
Solemnidad de Todos los Santos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor)

Evangelio según san Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:
-«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa.
Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo,»

Pistas: Hoy la Iglesia celebra la fiesta de todos los santos. Y nos propone el pasaje de las bienaventuranzas, que refleja el estilo de vida de Jesús. No nos habla de grandes obras, de proyectos, de éxito… Sino que nos presenta unas actitudes para afrontar la vida. O, más bien, las que son consecuencia de tener a Dios en el corazón, de tener una relación con Él y aprender a vivir como hijos suyos.
Además, ser santo es ser feliz, dichoso. No significa que no haya sufrimientos y dificultades, luchas y trabajos, incluso persecuciones, necesidades, críticas… Pero tendrás a Dios en el corazón, construirás su Reino, cambiarás el mundo para mejor, y al final estarás con Dios por la eternidad. Donde ya no hay sufrimientos ni tristezas. Una eternidad de alegría, de gozo, de comunión con Dios y con toda la creación redimida.
Puedes rezar con cada una de las bienaventuranzas. Intentar reconocer en tu Pistas: El cielo, la vida eterna ¿Cómo podemos saber el camino? ¿Habrá algo más? ¿Será bueno? No podemos entender, imaginar, la grandeza del Reino.
Jesús ha ido delante preparando el camino. Es más, Él mismo es el camino. No temas, no dudes. Cree. Sabemos que hay vida eterna porque Jesús ha ido delante.
Jesús es camino hacia Dios, porque en Él y cerca de Él puedes descubrir quién es Dios, encontrarte con Él, experimentarlo. Jesús es verdad, porque en Él puedes hallar la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre la existencia… Y es vida, porque da plenitud, porque a través de Él recibimos el Espíritu Santo que lo vivifica todo. Cristo no quedó vencido por la cruz, ni quedó muerto en el sepulcro. Su palabra es verdad, encontrarse con Él es vida.
Acércate a Jesús y encontrarás el camino, encontrarás la verdad y tendrás vida plena que dura hasta la eternidad. Descubrirás el camino de vida, de luz, de esperanza y de alegría que es la fe en Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.
vida esas situaciones y ver si estás actuando como te pide el Evangelio. Sólo es posible vivir de este modo con la fuerza de Dios, cuidando la relación con Él. Sólo es posible con la presencia del Espíritu Santo y la fuerza de sus dones. Por eso, no se trata de apariencias, de recetas mágicas o de tradiciones sin vivencia. Al contrario. Es estar con Jesús, aprender de Él y, al vivir como discípulos suyos, ser hijos. Así nuestra vida es transformada. Y así seremos bienaventurados, pase lo que pase en nuestra vida.
Tú, que estás leyendo estas pistas, también estás llamado a ser santo, a ser feliz. Pase lo que pase, te rodee lo que te rodee, Jesús te dice que puedes ser dichoso. Él ha ido delante mostrándote el camino, que es el de la autenticidad, el de la entrega, el de la verdad. El camino que lleva a una felicidad que no depende de lo material, sino que es plena. El camino que lleva a Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice y respóndele con tu oración.