Lunes 18 de enero

Lunes, 18 de enero
II Semana del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayuno.
Vinieron unos y le preguntaron a Jesús. Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no? Jesús les contestó: ¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras tienen al novio con ellos, no pueden ayunar. Llegará un día en que se lleven al novio; aquel día sí que ayunarán.
Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto (lo nuevo de lo viejo) y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos.

Pistas: Comencemos por fijarnos en el contexto: Marcos nos presenta cinco controversias de Jesús con las autoridades religiosas judías. Las dos primeras las hemos leído antes del domingo. Primero, la autoridad de Jesús para perdonar los pecados. Segundo, la comunión en la mesa con los pecadores. Tercero -el que hemos leído hoy- el ayuno. Y en los próximos días leeremos la observancia del sábado y la curación en sábado.
El final del evangelio de hoy también quiere arrojar luz sobre los otros conflictos, que, además, eran cuestiones importantes en la vida de las primeras comunidades cristianas: ¿Jesús perdona los pecados? ¿qué hacemos con los pecadores, con los paganos? ¿y con las tradiciones o las costumbres anteriores?
La respuesta es poner a Jesús y la novedad que Él trae en el centro. El tema principal no es el ayuno, en otras ocasiones Jesús hablará de él recomendándolo. Más bien habla de la novedad que Jesús trae en todos los aspectos de la fe y la vida, de la relación de los discípulos con Él y de la prioridad de esta relación sobre otras prácticas.
¿Cómo podemos traducir esto a nuestros días? Se trata de ser discípulos de Jesús, de descubrir un nuevo modo de relacionarnos con Dios, entre nosotros, con la creación… Por eso, el vino nuevo necesita odres nuevos, un corazón nuevo que el mismo Dios nos da. El Espíritu Santo crea un nuevo corazón capaz de recibirlo y de amar, de vivir como Jesús enseña. Es un vestido nuevo que nos da la Gracia de Dios, no un remiendo. Por eso Jesús perdona los pecados, ha venido a salvar al que estaba perdido, no a condenar. El amor está por encima del ayuno y del sábado. La misericordia por encima de la ley… La Gracia de Dios, el Espíritu Santo, lo hace todo nuevo.
Si quieres vivir la novedad del Evangelio necesitas que el Espíritu Santo cree en ti un corazón nuevo, unos odres nuevos, un vestido nuevo, que te hagan capaz de vivir como discípulo, como hijo de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.