Jueves, 25 de marzo
La anunciación del Señor
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, lleva a tu vida la oración.)
Evangelio según san Lucas 1, 26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:
«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó:
«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó:
«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.
Pistas: Nueve meses antes de la Navidad la Iglesia nos presenta la fiesta de la Anunciación. Hoy, como un pequeño paréntesis en medio de la cuaresma celebramos el misterio de la encarnación del Hijo de Dios.
Seguramente te has acercado muchas veces a este relato. Hay muchos elementos con los que puedes rezar. Elige el que te llame la atención y ora con él. Aquí te presento algunos.
María es elegida, es la llena de Gracia, la Toda Santa, la Inmaculada. Y, sin embargo, aunque Dios tiene un plan para ella, la Virgen María tiene que decir que sí. La gracia de Dios y la libertad del hombre para responder. La vocación y la respuesta. Puedes aprovechar para pensar en tu propia vocación.
El Hijo de Dios se hará hombre. Nacerá de una mujer, de María, desposada con José. Se hace hombre en una familia humilde. Las promesas de Dios por los profetas se cumplirán en Jesús, descendiente de David. Será el Mesías. Porque «para Dios nada hay imposible». Pero será mucho más de lo que podían pensar o esperar. Será Dios mismo, el Hijo de Dios. Y a través de María, con la protección de José, en esa familia, se hará el milagro más grande que ha sucedido jamás.
Este Evangelio nos acerca a reconocer el valor inviolable de la vida humana, tan confuso en este tiempo nuestro. Dios se hace hombre, asume lo humano. ¡Qué gran valor tiene la vida! Toda vida, cualquier vida. Porque es humana. Porque tiene algo de Dios. Y qué triste es cuando no es amada, acogida, respetada, custodiada, desde su concepción hasta su final. Cuando ponemos por delante otros intereses o sentimientos. El “sí” de María anticipa el de Jesús, que nos enseña que el amor es el camino para vivir, para Vivir con mayúscula. Aunque pase por la cruz o haya sufrimiento y contrariedades. Aunque la obediencia sea con lágrimas en los ojos… Jesús nos ha enseñado que en el sufrimiento también está Dios, que el mal se vence a fuerza de bien.
Asomarnos al misterio de la encarnación a la puerta de la Semana Santa nos pone ante la cruz, el sufrimiento, la muerte… sabiendo que al final, triunfa la vida.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.