*Domingo, 20 de junio*
*Semana XII del tiempo ordinario*
(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)
*Evangelio según san Marcos 4, 35-40*
Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aun no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»
*Pistas*: “Vamos a la otra orilla”. Jesús no permite acomodarse. Hay que atreverse a lo nuevo. Así es la vida del Espíritu. Así la novedad que Jesús resucitado traerá. Dirá San Pablo que lo viejo ha pasado, que ha comenzado algo nuevo. El hombre nuevo.
“¿No te importa que nos hundamos?”. El camino no siempre es fácil, aunque Jesús vaya a bordo. Él no tiene miedo, si nuestra fe fuese más grande tampoco lo tendríamos. El barco no se va a hundir. Pero da miedo. Cuando parece que hace aguas nuestra vida, o nuestra comunidad, o nuestra familia… Cuando nuestros proyectos o sueños fracasan, si enfermamos, si fallamos a alguien a quien queremos. ¡Nos hundimos!
“Quién es este”. No podrán comprenderlo plenamente hasta la resurrección. No nos vamos a hundir porque Jesús ha vencido para siempre a la muerte, al pecado, y si eres de Cristo, si va en tu barca, si vas en su barca, tú también has vencido.
Y cuando Jesús despierta: “Silencio, cállate… y vino una gran calma”. Si lo necesitas llámale, aunque te diga que tenías que haber tenido una fe más grande. Ellos no fueron capaces. Le fallaron, le traicionaron, se equivocaron… pero al final, con la fuerza del Espíritu Santo pudieron, fuertes y valientes y se entregaron plenamente a Jesús. Mira tu vida, deja que el Evangelio de hoy te dé luz y rézale a Jesús.
*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida*