Domingo 14 de junio

Domingo, 14 de junio
Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
Disputaban entonces los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?
Entonces Jesús les dijo: Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron: el que come este pan vivirá para siempre.

Pistas: Este texto sólo se puede comprender a la luz de la Última Cena y la institución de la Eucaristía. ¿Quién es Jesús? Es el Pan vivo bajado del cielo. Su carne, su sangre, su vida, vida eterna, su presencia… en el Pan. No como el maná del desierto, porque este pan alimenta para siempre. No como la antigua alianza, porque ésta es la nueva, la del Espíritu Santo, la del resucitado, el hombre que vive para siempre en Dios y que nos abre la puerta del cielo.
¿Cómo va a Jesús a convertirse en alimento? ¿cómo vamos a comer su carne? Más que entenderlo hay que vivirlo y contemplarlo. Hay que acercarse al misterio de la Eucaristía. Y así, como a los dos de Emaús, se nos abrirá el corazón; como a los discípulos reunidos el primer día de la semana (el domingo partiendo el pan) nos encontraremos con el resucitado; como en Pentecostés, podremos experimentar todo el poder de Dios en nosotros. Así, en la Eucaristía podrás reconocer a Jesús y alimentarte haciendo realidad la Palabra que has leído hoy.
Vida y vida eterna. “El que come de este pan vivirá para siempre”. Hay un cielo, hay algo más allá de la muerte. No sólo un recuerdo, una sombra, un pervivir de algún modo… es muchísimo más. Es vida plena, es estar con Dios. Y Jesús se hace alimento que abre ese camino.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. ¿Cuántas veces buscamos lo que nos sacie por caminos equivocados y por mucho que nos empeñemos sólo encontramos vacío y sed? Buscar parece el destino del hombre… Pero hoy el Evangelio nos dice: Ahí tienes el verdadero alimento, algo firme, cierto, sólido. Ahí tienes la respuesta. Una vida entregada, la de Jesús. No son ideas, promesas vacías, construcciones teóricas o manipulaciones interesadas. Es Jesús, el hombre que lleva la verdad y el amor hasta las últimas consecuencias, que entrega su vida en la cruz por todos los que no nos entregamos al amor.
Verdadera comida y verdadera bebida, que alimenta, fortalece, sacia, da vida… y hace estar en comunión. Porque es una persona, se trata de una relación. Habita en nosotros. Es estar con Dios, ser con Él, con lo que Él nos da. No es algo externo, sino que marca nuestra identidad. Somos hijos en el Hijo de Dios. El cielo está en nosotros. Jesús, Dios, quiere ser tan íntimo a ti, que se convierte en tu alimento. No hay manera más simbólica de expresarlo. Quiere formar parte de ti y que tú formes parte de Él. Entrar en comunión. Dios no está lejos.
“El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí». Y esta comunión transforma, envía, da una misión, un sentido, un propósito. Qué triste la vida sin objetivos, sin motivaciones. Qué fuerza, esperanza y alegría dan tener motivos, un porqué, saber qué puedo hacer. Jesús nos enseña que estar unido a Él es el único camino para ser discípulos suyos. ¿Qué camino tiene Jesús para ti? Descúbrelo, pregúntale… En cada cosa concreta de tu vida: con tu familia, en tus quehaceres, con tus amistades, en tu tiempo libre, en la Iglesia, en la evangelización…
Te propongo un reto doble, según el momento que estés pasando en tu vida. Si hace tiempo que no te acercas a la Eucaristía, pregúntate ¿qué te puede aportar acercarte al Pan que ha bajado del cielo? Si frecuentas la misa pregúntale a Jesús ¿qué significa para mi vivir por ti? ¿qué me estás pidiendo?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.