Archivo de la categoría: Lectio divina

Martes, 4 de agosto San Juan María Vianney, presbítero

Martes, 4 de agosto
San Juan María Vianney, presbítero

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 15, 1-2. 10-14
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y letrados de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer? Y, llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: No mancha al hombre lo que entra por la boca, sino lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre.
Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo, será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.

Pistas: La imagen, las apariencias, el “qué dirán”, pesan mucho en nuestra sociedad y también en nuestra Iglesia. ¿Cuántas veces nos aferramos a tradiciones externas, a maneras de hacer las cosas, para no tener que mirar dentro de nosotros y hacer cambios? Y nos escandalizamos y señalamos a otros cuando no cumplen. Nos preocupamos porque las cosas “no son como antes” aunque nuestro corazón esté vacío o hayamos dejado sitio al pecado en él. Nos importan las cosas, lo externo, pero no las personas. Y buscamos la manera de señalar a los demás para creernos mejores y estar tranquilos, para acallar nuestras conciencias.
No son las apariencias ni las tradiciones, sino lo que hay en tu corazón lo que importa. Porque eso es lo que te mueve. Para qué mirar a los demás. Mejor mira dentro de ti: ¿qué encuentras?
Si eres guía de otros -en tu familia, entre tus amigos, en tu comunidad o en tu parroquia- deja que la Palabra de Dios te hable. Jesús es la luz y el Espíritu Santo hace brillar esa luz en tu corazón. Ahí es donde tienes que mirar y preguntarte ¿qué tengo dentro? ¿qué sale de ahí?
Si Jesús es tu guía, si el Espíritu Santo llena de la luz de Jesús tu corazón, no eres ciego. Caminarás y ayudarás a otros a caminar. Y harás las obras del Espíritu, porque de tu corazón saldrá lo que te llena, porque Jesús orienta tus pasos.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 3 de agosto

Lunes, 3 de agosto
Semana XVIII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 22-36
Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Animo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame.
Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto y cuantos la tocaron quedaron curados.

Pistas: Este pasaje lo sitúa San Mateo después de la multiplicación de los panes y los peces, un momento en el que los discípulos se habían enfrentado a sus dudas. Jesús les había asegurado que podría dar de comer a la multitud, y lo vieron con sus propios ojos. Un día lleno de emociones, la noticia de la muerte de Juan el Bautista, el asombroso milagro de Jesús… Y, Jesús, les dice que se marchen.
Va a poner a prueba la fe de sus más cercanos. Los discípulos le han escuchado, le han visto hacer milagros, pero todavía necesitan purificar su fe y crecer en ella. No pueden quedarse en una teoría, en una doctrina o en algo que han visto. Todo eso es importante, sí, pero más lo es tener la experiencia de la fe. Fiarse de Jesús y descubrir quién es. Ya no son los milagros que Jesús ha hecho, es la experiencia que tienen de Él.
A veces creemos que ya nos lo sabemos todo, que estamos preparados para seguir a Jesús, para enfrentarnos al mundo con la fe que suponemos poseer. Pero entonces una tempestad, un problema, un reto, un traspiés nos hacen dudar. Como Pedro, le decimos: Allá vamos, Señor. Pero cambia el tiempo, llega una tormenta y nos echamos para atrás. «¡Qué poca fe!». ¿Por qué dudas, si Jesús va a estar siempre ahí? ¿por qué temes que Él te abandone?
Pedro caminó sobre las aguas. ¿Tres pasos, diez, cincuenta…? No lo sabemos. Pero seguro que fueron los más maravillosos y asombrosos de su vida hasta ese momento. Sin embargo, la fuerza del viento le hizo temer, dudar, tambalearse. Y, aún así, Jesús no le dejó hundirse.
¿Y tú? ¿caminas hacia Jesús y a la primera de cambio abandonas? ¿no sabes que Jesús nunca te va a dejar caer?
Cuando afloran las dificultades es fácil dar un paso atrás, esconderse o tener miedo. Pero Jesús es la calma que amaina la tempestad. Si le has dicho sí, no te defraudará. Si le has dicho sí, tu vida ha cambiado, ya no eres el mismo. Si le has dicho sí, vive ya en ti, no temas. Ten fe.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 2 de agosto

Domingo, 2 de agosto
XVIII domingo del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer. Jesús les replicó: No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Traédmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

Pistas: “Dadles vosotros de comer”.
Jesús predica con el ejemplo. Estaba triste porque su primo y amigo, Juan Bautista, había muerto y quiere alejarse un rato de la gente. Pero al llegar ve una multitud que lo espera. Jesús los mira, siente lástima de los que sufren y los cura. En vez de pensar en sí mismo, mira alrededor.
Los discípulos ven las necesidades de la gente y acuden a Jesús. Al igual que ellos, nosotros también podríamos decir: Jesús, mira, cuántos pobres; cuánto sufrimiento e injusticia; Jesús, mira la Iglesia, los jóvenes no se acercan; Jesús, mira mi trabajo, mis amigos, mi barrio, mi ciudad, mi parroquia, mi colegio… Jesús, solucióname el problema.
Y Jesús les sorprende: “Dadles vosotros de comer”. Ayuda al pobre y al que sufre, lucha por la justicia, sé Iglesia y transforma la Iglesia, habla de Él a los jóvenes, cambia tu parroquia, tu trabajo, tu colegio… ¿cómo? Entregando a Jesús lo que tienes y haciendo lo que Él dice.
Es bonito lo que sucede: Rezan a Jesús (hablan con Él) y Jesús les viene a decir: ¿Por qué no hacéis algo vosotros? Ni ellos sin Jesús, ni Jesús sin los discípulos.
Claro que siempre podemos encontrar una excusa. Por ejemplo, la de los discípulos: Pero, Jesús, que sólo tenemos cinco panes y dos peces… Jesús, que yo no sé hablar, que mi fe es pequeña, qué voy a poder hacer yo por los pobres o por la justicia, cómo voy a cambiar yo la Iglesia, qué voy a hacer yo…
Y Jesús responde: Traed los panes y los peces. A ti te dice: ¿Estás dispuesto? ¿quieres darme lo tuyo? ¿quieres que actúe en ti y a través de ti?… Ellos sólo tenían eso, y era para ellos. Pero dan todo lo que tienen.
Y entonces ocurre el milagro: Confían en Jesús, en su palabra y lo poco que le dan produce tanto fruto que quedan satisfechos cinco mil hombres, sin contar mujeres ni niños.
¿Y si le das tus panes y tus peces a Jesús? ¿Qué sucederá si empiezas a rezar y le dices: mira, pasa esto… vale, aquí estoy, qué hago? ¿qué pasará si te decides a responder a la interpelación de Jesús de que hagas algo tú?
El reto para esta semana es poner en práctica lo que enseña el Evangelio de hoy: Observa lo que ocurre a tu alrededor, acude a Jesús (reza), y si estás dispuesto, dale de lo tuyo, haz lo que te pida. Y, entonces, verás milagros.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 1 de agosto

Sábado, 1 de agosto
San Alfonso María de Ligorio, Obispo y doctor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 14, 1-12
En aquel tiempo, oyó el virrey Herodes lo que se contaba de Jesús y dijo a sus ayudantes: Ese es Juan Bautista, que ha resucitado de entre los muertos, y por eso los Poderes actúan en él. Es que Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel encadenado, por motivo de Herodías, mujer de su hermano Felipe; porque Juan le decía que no le estaba permitido vivir con ella. Quería mandarlo matar, pero tuvo miedo de la gente, que lo tenía por profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. Ella, instigada por su madre, le dijo: Dame ahora mismo en una bandeja la cabeza de Juan Bautista. El rey lo sintió; pero por el juramento y los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó decapitar a Juan en la cárcel. Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven, y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.

Pistas: Lo poco que ha cambiado el mundo en tantos siglos: corrupción, inmoralidad, injusticia, lujuria, conspiraciones, superstición, afán de quedar bien… Todo esto está presente en el relato del Evangelio de hoy.
Herodes se entristece por matar a Juan Bautista, pero lo hace de todos modos, porque le importa más quedar bien ante su público o satisfacer ciertos deseos, que la vida de una persona.
Así funciona siempre el pecado. Promete felicidad y trae tristeza. Da satisfacciones momentáneas, pero hace esclavos. Y cuanto más se avanza por ese camino, más atrapados quedamos, como en una telaraña.
Herodes acaba haciendo lo que no quiere. Le atrae Juan Bautista porque descubre en él verdad, pero no es capaz de dar el paso de exponer su vida a esa verdad que Juan enseña. Prefiere vivir esclavo de su poder, de sus vicios, de su riqueza y posición. Mata a Juan y cuando oye hablar de Jesús, no es capaz de acercarse a Él. El remordimiento no le ayuda a salir de su situación y se vuelve supersticioso (los Poderes actúan en Jesús, es Juan resucitado…).
Las parábolas que leíamos hace unos días nos decían que, al final, el camino que hayamos elegido tendrá consecuencias. Las trae ya durante la vida, pero aquí todavía hay oportunidad de elegir otro camino. Con el Evangelio de hoy te puedes preguntar qué camino estás eligiendo y te recuerda que el único que trae verdad, libertad, justicia, felicidad… es Jesús y vivir como Él enseña. Su amor y misericordia es más grande que cualquier situación. Por eso, si le abres tu corazón y le dejas entrar en tu vida y en tus decisiones, todo será nuevo, todo cambiará.
No seas Herodes, elige ser discípulo, conocer a Jesús, equivocarte, pero al lado de Jesús. Deja que te levante, que te guíe y que te salve el único que puede hacerlo: Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 31 de julio

Viernes, 31 de julio
San Ignacio de Loyola

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 54-58
En aquel tiempo, fue Jesús a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decía admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven aquí todas sus hermanas? Entonces, ¿de dónde saca todo eso? Y desconfiaban de él. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Y no hizo allí muchos milagros, porque les faltaba fe.

Pistas: Piensan que saben quién es Jesús y desconfían de Él. Cómo se parece esto a nuestra sociedad e incluso de nosotros mismos en ocasiones. Vivimos instalados en nuestros prejuicios sobre Jesús o sobre la Iglesia o las personas que nos hablan de Él, y por ello no nos acercamos a Jesús, no creemos en Él, no podemos tener fe.
O también podemos quedar atrapados en un relativismo en el que no existe la verdad: yo tengo mi verdad y los demás tienen la suya, y todas son legítimas y válidas, decimos. Pero lo que ocurre es que se confunde la libertad de pensamiento y de creencias, con la verdad.
¿Vas a dejar que los prejuicios, el relativismo, las modas o el qué dirán te impidan acercarte a Jesús?
Para que la fe se despierte en nuestro corazón es necesario morir al orgullo de creerse en la posesión de la verdad. Y dejar que Jesús, que es la Verdad, nos sorprenda, nos enseñe. Es necesario el encuentro con Él, vivo, a través de la oración, los sacramentos y la Palabra de Dios.
Al creer podremos ver las maravillas de Dios en nuestra vida. Por difícil que sea, por lejos que nos sintamos, por perdidos que nos parezca estar, si te acercas a Jesús y te encuentras con Él, si dejas que te regale la fe, tendrás tu milagro. Dios no falla, Él es fiel.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Miércoles 29 de julio

Miércoles, 29 de julio
Santa Marta

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Ésta tenía una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.»
Pero el Señor le ¿contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.»

Pistas: ¿Cuántas veces andamos acelerados, con mil cosas? Los quehaceres cotidianos, nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, hasta a veces nuestros hobbies. Muchos de ellos nos parecen muy importantes y algunas de hecho lo son. Pero nos quitan la paz, no les vemos sentido, nos agobian… y hasta a veces nos da envidia la gente a la que vemos feliz, tranquila (con tantas cosas como nosotros o más).
Jesús nos dice cuál es la mejor parte: estar a sus pies escuchando su palabra. El problema no está en la actividad. Hay muchas cosas que tenemos que hacer, que son importantes y necesarias, para nosotros y para los demás. Pero si ponemos cosas, tareas, y muchas veces excusas, por delante de Él ¿para qué servirá estar con Jesús y no prestarle atención? Él es la mejor parte. En realidad, es la única que da sentido, y la que nada ni nadie puede quitarte. Las cosas que haces pueden salir mejor o peor, llenarte más o menos, ser más o menos importantes, pero si Jesús está en el centro, todo cambiará.
Así que si descubres que tienes poca paz, que te dan envidia otros, que no puedes centrar tu atención en lo verdaderamente importante… necesitas estar más tiempo a los pies de Jesús, escuchando su Palabra. Busca ese tiempo con Jesús, lee las Escrituras, vete a la iglesia, saca tiempo y reza. Y encontrarás algo que nadie ni nada te podrá quitar.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 28 de julio

Martes, 28 de julio
Semana XVII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle: Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.
Él les contestó: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del Reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su Reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Pistas: Los amigos de Jesús pueden preguntarle, escucharle. En realidad, eso es rezar y ese es el grado de intimidad que Jesús quiere tener con sus discípulos. Es lo que estas pistas intentan ayudarte a hacer cada día: estar con Jesús como en casa, preguntarle, escucharle, que te explique…
La parábola de la cizaña te dice que realmente el mundo terminará dividido en buenos y malos. Pero por el camino no se distingue el trigo de la cizaña ni la cizaña del trigo, sólo por el fruto. El juicio lo hará el Hijo del hombre, lo hará Dios, al final de la historia. Él separará a los justos de los corruptores y malvados. No te toca a ti ahora mirar la planta y decir: éste es bueno, éste es malo. Pero sí puedes mirarte a ti mismo y preguntarte: ¿Mi vida da fruto de buena semilla o de cizaña? ¿soy el fruto que da la semilla del Reino o más bien me parezco a la del Enemigo? (esto no va de la vida de mi vecino, sino de la mía).
Esta parábola nos hace caer en la cuenta de que también en la Iglesia siempre habrá cizaña mezclada con la buena semilla. Si esperas a la Iglesia perfecta, a la comunidad perfecta… nunca harás nada. Nunca crecerás, nunca darás fruto y la cizaña te envolverá.
Y nos hace pensar también en la seriedad de la libertad que Dios nos ha concedido. No da igual vivir de un modo o de otro. Esta parábola es también una llamada a la conversión, a hacer crecer la luz en tu vida (para “brillar como el sol”).
“El que tenga oídos, que oiga”. Tienes la Palabra de Dios que te anuncia la verdad… Pero no servirá de nada si no oyes, si no escuchas, si no trabajas para ser ciudadano del Reino. ¿Qué vas a hacer?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 27 de julio

Lunes, 27 de julio
Semana XVII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 31-35
En aquel tiempo, Jesús propuso esta otra parábola a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.
Les dijo otra parábola: El Reino de los Cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina y basta para que todo fermente.
Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas, y sin parábolas no les exponía nada. Así se cumplió el oráculo del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.

Pistas: … Y nosotros, tantas veces, con nuestros planes a lo grande. Cuando de lo que se trata es del pequeño grano de mostaza, que para germinar necesita ser sembrado y morir; y de la parte de levadura que se tiene que mezclar con la masa, que tiene que ser “contagiosa”. De lo que se trata es de lo pequeño de tu vida, de tu parroquia o tu comunidad. No el acontecimiento espectacular y excepcional, sino el cotidiano. En lo pobre o pequeño que puedes ofrecer, pero que Dios bendice con la capacidad para dar vida (la semilla) y de “contagiar” y transformar la realidad (la levadura). Y los pájaros pueden anidar, y toda la masa se transforma. Y otros pueden venir a buscar cobijo en la Iglesia y la sociedad es transformada.
Pero nosotros quizás sigamos con nuestros planes a lo grande… ¿Qué es lo pequeño que tienes que entregar a Dios? ¿Tus 10, 15, 20, 30 minutos de oración? ¿Atreverte a decir que eres cristiano y mostrar tu fe donde sabes que te van a criticar? ¿Renunciar a ese pecado que tienes agarrado a tu vida y que se ha vuelto cotidiano? ¿Atreverte a decir sí a Dios aunque ello signifique tener que ser como el grano que muere a sí mismo para dar vida? ¿Qué es lo pequeño que le tienes que entregar a Dios?
Y, como vamos viendo al leer el Evangelio día a día, lo imposible se hace posible y de lo pequeño sale algo extraordinario. Tú y yo construimos –por la gracia de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo- la Iglesia de Jesús, pero no en nuestros planes a lo grande, sino en lo pequeño del día a día, en nuestra entrega del día a día, en nuestro amor del día a día. Y el Dios de lo imposible, de eso pequeño sacará algo gigantesco, extraordinario, asombroso, y hará su obra en tu vida, en la Iglesia y en el mundo. Tú eres el grano de mostaza y la levadura ¿Qué es lo pequeño que le quieres entregar a Dios?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 15 de julio

Miércoles 15 de julio
San Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 11, 25-27
En aquel tiempo, Jesús exclamó: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Pistas: Hace poco que leíamos este pasaje y hoy tenemos la oportunidad de profundizar en él y seguir descubriendo cómo la Palabra de Dios puede ser siempre nueva.
Vamos a situar el pasaje en el contexto: después de las duras palabras de ayer en las que Jesús recrimina a las ciudades en las que realizó milagros su falta de fe, hoy da una clave para ser capaces de acoger su mensaje. Ser sencillos. Ayer decía ¿pretendéis alcanzar el cielo? No podréis ser sabios y entendidos si estáis llenos de prejuicios y orgullo porque eso se convierte en un obstáculo. La fe es un regalo y, o se acepta con sencillez, o no se puede conseguir por las propias fuerzas. Y, por eso, sólo en el encuentro personal, en la escucha de la Palabra, en la vida cotidiana como discípulo de Jesús, se puede recibir.
Sólo Jesús es el camino. A Él le ha entregado todo el Padre. Y, por eso, lo que haces cada día al rezar es entrar en ese camino de relación que te abre el acceso a la vida divina, a la salvación, a la Gracia de Dios.
Sigue profundizando en el encuentro con Jesús, día a día, como se hace con una amistad. Es un regalo de Dios que haya querido compartirlo todo contigo a través de Jesús. Si quieres, piensa en los aspectos de tu vida que Dios te está pidiendo que entregues para que te hagas sencillo. Y dale gracias, alábale, entra en su presencia reconociendo su grandeza, su amor, su bondad…

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 26 de julio

Domingo, 26 de julio
Semana XVII del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.
El Reino de los Cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Entendéis bien todo esto? Ellos le contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Pistas: Jesús continúa hablando en parábolas. Las dos primeras, el tesoro escondido y la perla de gran valor, hacen referencia a la necesidad de posicionarnos ante algo tan valioso como el Reino y a la búsqueda de valor y plenitud que hay escrita en el corazón de cada persona. ¿De qué sirve encontrarse con Jesús y escuchar su mensaje si eso no implica ningún cambio en tu vida? El valor del Reino es tal que compensa con creces nuestros sacrificios o renuncias. Tampoco valen medias tintas. Hay que tomar postura y decidir: “lo vende todo”.
La parábola de la red es parecida a la del trigo y la cizaña. Hay peces de toda clase, porque todos son invitados al Reino, a todos se ofrece la salvación de Jesús. No nos toca decidir quién puede entrar y quién no. Y, al final, habrá un juicio. A veces queremos suavizar el mensaje de Jesús no haciendo hincapié en este aspecto, pero forma parte esencial de su mensaje. Para la eternidad habrá un juicio, según cómo ha sido nuestra actitud hacia Dios y hacia el prójimo.
La última afirmación de Jesús refleja algo que el Evangelio de Mateo intenta mostrar: el Antiguo Testamento ayuda a entender a Jesús y lo anuncia (es lo antiguo que se saca) y Jesús llega y lo hace todo nuevo. En un sentido más amplio podemos decir que el que entiende el Reino es capaz de sacar lecciones de lo antiguo –tradiciones, costumbres, modos de hacer- y aplicarlas a lo nuevo –saber adaptarlo a la sociedad, buscar maneras de hacer nuevo lo fundamental: Jesús y su mensaje-.
Elige uno de los siguientes retos para esta semana: Pregúntate ¿cuál es tu tesoro? ¿dónde tienes puesto tu corazón? Jesús enseña que sólo el Reino que Él anuncia, la salvación que Él ofrece, merece la pena. Busca el verdadero tesoro.
Segundo, pensando la parábola de la red repleta, no te toca a ti juzgar quién camina contigo en la Iglesia. Sólo tienes que esforzarte, abrir el corazón a Dios, convertirte… para ser de los buenos. Mira a ver qué te resuena más en el corazón, y trabájalo estos días.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.