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II Domingo de Pascua

Evangelio según San Juan 20,19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré».
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe».
Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!».
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.

Miércoles 15 de abril, octava de Pascua

Miércoles, 15 de abril
Miércoles de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 24, 13-35
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace ya dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les hablan dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?»
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.
Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Pistas: El domingo de resurrección dos discípulos se van derrotados. Puedes imaginarte la sensación de fracaso, decepción, tristeza, impotencia… Intentan entenderlo desde el punto de vista humano: conversan y discuten.
En medio de eso, Jesús se hace presente. Van haciéndose preguntas, buscando respuestas y Él entra en escena.
Primero les escucha, camina con ellos sin que se den cuenta. En la búsqueda de sentido, de verdad, de plenitud, Jesús va con nosotros, aunque no lo sepamos. Nos escucha.
Fíjate, ellos ya tienen pistas para descubrir lo que ha sucedido: algunos dijeron que le han visto, el sepulcro vacío… pero no creen. Puede que su idea de cómo deberían ser las cosas, de cómo debe actuar Dios, les impida descubrir lo que ha sucedido en Jesús. Todavía no han encontrado al resucitado y no han vuelto a la comunidad. ¿Cuántas veces puede pasarnos eso a nosotros? Tantas cosas que nos hablan de Dios y no nos enteramos.
Ahora que Jesús les ha escuchado, les enseña con la Palabra de Dios. Es un proceso, un camino. Requiere tiempo contar y escuchar. Cleofás y el otro discípulo o discípula se van decepcionados, entristecidos, pero no han perdido la capacidad para escuchar, están abiertos a descubrir algo más. Y entonces son capaces de cambiar de ideas y conocer algo nuevo que Jesús les ofrece. Aquí hay otra clave de este Evangelio, son capaces de escuchar y eso permite que Jesús empiece a abrirles el corazón.
Jesús les explica, pero ellos son libres. Por eso hay un momento en el que tienen que decirle: “No te vayas. Quédate, quiero saber más, quiero estar contigo”. Porque no se trata sólo de ideas, sino de relación.
Y cuando parte el pan lo reconocen: la Eucaristía. Primero fue la Palabra y ahora el Pan (como en la misa). Y se les abren los ojos. Conocer y experimentar. La mente, el corazón, el alma… todo el ser está involucrado en el acto de fe, por eso no vale sólo con entender, ni con sentir, es necesaria una relación personal. Puedes pensar qué importancia tiene la Eucaristía en tu vida o cómo es tu relación con Dios. Qué te puede estar pidiendo.
Pero Jesús desaparece. Les toca caminar en fe. Siempre es así. La fe no es una imposición, no es una obligación, es un camino de descubrimiento. Hay que recorrerlo y no se puede hacer en soledad. Por eso después van corriendo a contárselo a otros que cuentan experiencias similares. Y poco a poco van llegando a la certeza de que es verdad: Jesús está vivo, ha resucitado.
Puedes releer el Evangelio dejando que ilumine tu vida, tu situación… Imagina con quién vas, qué te preocupa, de qué vas hablando. Y Jesús va contigo. Qué te dice. Si quieres, dile se quede contigo, ora. Si lo has experimentado ¿qué tienes que hacer para contárselo a otros? Y recuerda que en la comunidad se afianza la fe y se comparten experiencias. Jesús no nos dijo que esto es para guardarlo, sino para celebrarlo con los demás.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 14 de abril, octava de Pascua

Martes, 14 de abril
Martes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 11-18
En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.» Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»

Pistas: «¿Por qué lloras?». María llora por Jesús. Su Maestro, su Amigo, a quien ama. Está atrapada en el sufrimiento y ni siquiera es capaz de, al ver el sepulcro vacío, entender lo que eso significa. Ni los ángeles le hacen pensar lo que pudo suceder. No entiende.
¿Cuántas veces nos pasa también a nosotros? ¿Cuántas veces nos quedamos encerrados en nuestro sufrimiento sin lograr ver los signos que nos hablan de resurrección, esperanza y vida? Hazte la pregunta: ¿Por qué lloras? ¿qué te hace sufrir?
Incluso habla con Jesús, pero no le reconoce. Y todo cambia cuando Jesús la llama por su nombre. No está muerto ni es un recuerdo. Está vivo. Ya no hay motivos para llorar. Y María tiene que aprender a mirar de nuevo a Jesús, el que Resucitado vive para siempre. Tal vez por eso Jesús le dice: «Todavía no he subido al Padre». Porque ella necesita descubrir toda la profundidad de quién es Jesús. Igual que nosotros, más allá de nuestras ideas preconcebidas, más allá de lo que nos imaginamos o lo que nos han enseñado. Por eso Jesús dice: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
No vale conocer sólo de oídas. Se trata de un encuentro y por eso la fe no es un conjunto de razonamientos, ni teorías, ni estilos de vida (esto va incluido). Es sobre todo un encuentro, una experiencia interpersonal. Jesús está vivo y te ama. Jesús te conoce y quiere que le conozcas y descubras quién es verdaderamente.
Finalmente, María se convierte en apóstol (testigo): “He visto al Señor y ha dicho esto”. No sólo está el sepulcro vacío, no sólo vio unos ángeles… encontró a Jesús y eso lo cambió todo. Ya no hay llanto, ni tristeza, ni incertidumbre. Ha visto a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 13 de abril octava de Pascua

Lunes, 13 de abril
Lunes de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 28, 8-15
En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos.»
Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: «No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: «Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros.»
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

Pistas: Las mujeres. En la Pasión de Jesús fueron las que permanecieron (junto con Juan) al pie de la Cruz. Fueron las fuertes, las valientes. Y, sin embargo, en la religión y en la sociedad judía ocupaban un segundo plano.
Jesús trata a todos por igual. Elige a María Magdalena y a otra María para ser las primeras que se convertirán en testigos del acontecimiento más importante de la historia: la muerte ha sido vencida. Son las primeras, son apóstoles (testigos) de la resurrección.
Y ya desde el principio comienzan las dificultades. Del mismo modo que antes de la Cruz los judíos no querían ver la verdad, ni conocer quién es Jesús, ni estaban dispuestos a cambiar sus ideas religiosas o culturales, tampoco lo harán ahora. La verdad no importa. Importa salirse con la suya. No se arrepienten ni recapacitan. Están absolutamente ciegos, no son capaces de plantearse quién es Jesús. Sólo quieren acabar con Él. No les importa la verdad. Corrupción, sobornos, intereses… Llama la atención cómo todos son capaces de trabajar en la misma línea sin importarles la realidad o la verdad.
Qué mundos tan distintos: el de Jesús y sus discípulos, y el de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. Los primeros parecían muy perdidos, estaban absolutamente destrozados. Si lo piensas bien, estaban solos. Los judíos los odiaban por seguir a Jesús y querrán acabar con ellos; los romanos los tienen por los seguidores de un rebelde que se hacía llamar a sí mismo “rey”. Los judíos parece que controlan la situación, seguros de sí mismos, utilizando los recursos que tienen a su alcance para salirse con la suya. Pero los discípulos encontrarán alegría, esperanza, valor, verdad, vida, luz… y los otros sólo pecado, maldad, miedo.
Encontrarse con el Resucitado y encontrar la verdad o vivir en la mentira y los intereses. Ésta es la decisión que te plantea el Evangelio hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 12 de abril Domingo de Pascua

Domingo 12 de abril
Domingo de Pascua

¡Feliz Pascua amigos!

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 20, 1-9.
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró.
Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.
Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos

Pistas: Están agotados, tristes, destrozados y ¿ahora qué? ¿encima roban el cuerpo de Jesús? Pero al asomarse al sepulcro y verlo vacío comprenden ¿quién iba a quitar las vendas a un muerto para robarlo? ¿quién doblaría el sudario? Vieron y creyeron.
Escucha la noticia: Jesús está vivo, ha resucitado, ha vencido a la muerte. Y asómate al sepulcro vacío…
El Jueves Santo, la Última Cena, el mandamiento del amor fraterno, tienen sentido porque ha resucitado. La Cruz, su entrega por amor a los hombres y fidelidad a Dios, tienen sentido porque ha resucitado. Sus promesas y sus palabras son verdaderas porque ha resucitado. Su victoria, su divinidad, la Iglesia, los sacramentos, la comunidad… son verdaderas porque ha resucitado.
Asómate al sepulcro vacío y mira la victoria del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte, de Dios sobre el diablo, el pecado y la mentira. Y te toca hacer una elección: apuntarte a seguir a Jesús, a encontrarte con Él resucitado y lleno de poder, o quedarte en el sepulcro, en la muerte, en el sufrimiento y el sinsentido.
Como descubriremos estos días el camino de la fe en el Resucitado se recorre en comunidad. Unos y otros cuentan sus experiencias de encuentro con Jesús resucitado, la venida del Espíritu Santo hará todo nuevo, les dará fuerzas y valor. Pero la base de todo, el principio de todo, está aquí: el sepulcro vacío, Jesús resucitado, vivo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Sábado 11 de abril Sábado Santo

Sábado, 11 de abril
Sábado Santo

En este día la Iglesia espera, Jesús ha muerto, la fe se mantiene en María su Madre que espera en el Dios de lo imposible… Día de silencio y de oración. Hoy no hay misa hasta la Vigilia Pascual, el único día en el año. Te invito a que reces con el final del relato de la Pasión del Evangelio de San Juan.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Del Evangelio según San Juan
…E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.»
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Pistas: El Salvador del mundo está muerto. Parece que todo lo que había dicho y hecho no era más que un espejismo. ¿Quién seguirá esperando y creyendo en un pobre desgraciado que muere en una cruz, abandonado por sus discípulos y traicionado?
En la última hora los apóstoles que esperaban el Mesías triunfante, los que buscaban puestos y honores y el establecimiento de un Reino terreno, huyen, fallan, traicionan… No habían entendido nada.
Sólo un muchacho (Juan) y la Virgen y unas mujeres siguen firmes al pie de la cruz. Allí entrega su vida el Mesías que sufre, carga con la cruz, calla, ama, confía en Dios y perdona. Ése es el rostro de Dios que se manifiesta en Cristo, el del amor hasta el extremo.
Es la hora del silencio y de la aparente victoria de las tinieblas. Es la hora de la espera. Es el momento de mirar a María, a la Madre. ¿El Dios que hace cosas imposibles les abandonará ahora? ¿todo lo que su Hijo hizo y prometió quedará en el pasado? ¿cómo rezaría María? ¿qué sentiría en su corazón en esas horas de espera?
En esta aparente victoria del mal vemos reflejadas nuestras luchas y derrotas… Nuestras dudas y miedos parece que se confirman. ¿Cuántas veces hemos pensado que no vale la pena? ¿cuántas nos hemos entregado a una teoría, aferrado a una esperanza sin sentido? ¿Dios nos deja? ¿se va? ¿mi pecado será más fuerte? ¿el mal y el sufrimiento tendrán la última palabra?
Espera con María, acércate hoy al misterio de Jesús muerto y sepultado, piensa en qué significa eso para tu vida y reza esperando que el Dios de lo imposible hará (ha hecho) algo nuevo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 10 de abril

Viernes, 10 de abril
Viernes Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

En el Antiguo Testamento encontramos el libro de los Salmos, oraciones que los judíos se acababan aprendiendo de memoria, para distintas circunstancias de la vida. Jesús en la cruz rezó salmos, uno de ellos, con el que te invito a rezar hoy a ti, se leerá en el oficio de este viernes.

Salmo 30, 2 y 6. 12-13. 15-16. 17 y 25
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos, el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil.
Pero yo confío en ti, señor, te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares; líbrame de los enemigos que me persiguen. Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, sálvame por tu misericordia. Sed fuertes y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor.

Pistas: Este salmo es la oración de un hombre desesperado, acorralado, desechado, perseguido. Pero que confía en Dios.
Esta oración alcanza un nuevo significado si imaginamos a Jesús rezándola colgado de la Cruz. La frase que nos cuentan los Evangelios es: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. ¿Puedes imaginarte a Jesús orando así? Inténtalo.
También puedes hacer tuyas las palabras de este salmo, pensar en tus dificultades, en tus luchas, en tus fracasos… ¿Qué aspectos de tu vida puedes reflejar en este salmo?
Termina con una invitación: sed fuerte y valientes de corazón, los que esperáis en el Señor. Porque la oración es escuchada, porque aunque haya cruz, espera en el Señor y no quedarás defraudado.

Relee el Salmo, escucha lo que Dios te dice, hazlo oración y llévalo a tu vida

Jueves 9 de abril, jueves santo

Jueves, 9 de abril
Jueves Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 13, 1-15.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y éste le dijo: Señor ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.
Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»).
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «El Maestro» y «El Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Pistas: Comenzamos hoy el Triduo Pascual. Nos hará recorrer las últimas horas de Jesús antes de su muerte, hasta su resurrección.
Jueves Santo es el momento de la Última Cena. Dos ideas fundamentales surgen de ella: La institución de la Eucaristía (que nos la cuenta la segunda lectura de la misa) y el mandato del amor fraterno (el Evangelio que acabas de leer).
¿Cómo sería aquella cena? Sin duda, un momento especial, para los discípulos y para la historia de la humanidad. La Pascua judía se convierte en la Nueva Pascua. La Antigua Alianza en la Nueva Alianza. Imagina cómo se pueden sentir. En medio de la incertidumbre, las autoridades judías quieren acabar con Jesús y se reúnen con su Maestro y su Amigo. Es la fiesta más importante para los judíos, en la que celebran que Dios les liberó de la esclavitud de Egipto conduciéndoles hacia la tierra prometida, la libertad y la vida.
Jesús dice que va a entregarse para la salvación de todos los hombres y manda repetir estos signos en memorial suyo. Todo el poder y la fuerza de ese acontecimiento: muerte y resurrección, se hace presente y actúa en cada Eucaristía.
Y junto a esto, Jesús realiza un gesto: imagínalo. Era una tarea de los siervos o de los esclavos. Y el Maestro, el Señor, el que va a cambiar la historia, el Hijo de Dios hecho hombre, se ciñe una toalla y lava los pies a sus discípulos. Quiere que comprendan. Pedro le quiere ayudar porque no entiende ¡cómo se le quedaría grabada la actitud de Jesús!
Déjate amar por Jesús, déjate lavar por Él, deja que transforme tu vida. Que te enseñe lo que es amar, lo que es servir. El camino que conduce a la felicidad, a la salvación y a la vida. Ahora mira tu vida: ¿Lo entiendes o te resistes como Pedro? ¿lo vives y te dejas lavar o te apartas como Judas?
Jueves Santo. Jesús que se entrega y nos enseña el camino del amor y el servicio. Y te dice: “Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”. Un legado que cambia los corazones.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 8 de abril. Miércoles Santo

Miércoles, 8 de abril
Miércoles Santo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Mateo 26, 14-25
En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»» Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.
Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Pistas: Parece que Jesús está intentando hasta el final hacer pensar a Judas, dándole oportunidades para que se arrepienta, para que salga a la luz la verdad. Sigue siendo de los suyos, de sus Apóstoles, de sus discípulos. Pero ha decidido traicionarle y que otras cosas sean más importantes en su vida. Y aunque Jesús le dice claramente que lo sabe, esto no causa ninguna reacción en él. Le avisa de las consecuencias, pero Judas sigue adelante con sus intenciones. Disimula: “¿Soy yo acaso, Maestro?”. ¿Qué pensaría, qué sentiría, cuáles serían sus motivaciones? Este Evangelio puede sugerirte muchos temas para reflexionar.
Ningún grupo humano es perfecto. Ni siquiera el Hijo de Dios eligió un grupo “perfecto”. Uno de los suyos le traiciona. Pero aún así, la voluntad del Padre se cumplirá.
Puedes pensar en tu vida, en tu comunidad, en el mundo, en la Iglesia. Hay Judas, hay personas que conspiran, que están equivocadas y buscan el mal… Pero en medio de eso vencerá el amor, vencerá Jesús, vencerá Dios.
Jesús lucha contra el mal con la verdad y el amor. En ningún momento se pondrá al nivel de sus adversarios. Podría utilizar su poder e influencia. Sin embargo, continúa por el camino del amor, la verdad, la misericordia… No por el de las influencias, el poder, la manipulación o la venganza. Jesús se enfrenta al mal desde el bien.
Ahora lee el Evangelio otra vez y deja que hable a tu vida. Reza y contempla a Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo tu vida.

Domingo de Pascua de Resurrección

Evangelio según San Juan 20,1-9.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.
Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.
Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.
Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.
Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,
y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.
Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.
Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.