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Sábado 25 de abril

Sábado, 25 de abril
San Marcos, Evangelista

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.» Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Pistas: Hoy fiesta de San Marcos leemos el final de su Evangelio.
Fíjate en los verbos que se usan: ‘Id’ y ‘proclamad’. Son las directrices que da Jesús a sus Apóstoles. El mensaje del Evangelio traerá salvación a aquellos que lo acojan. Los mismos signos, el mismo poder que tenía Jesús, también acompañarán a los que crean en Él.
Jesús resucitado anuncia la misión de su Iglesia y así sucede en ella: sanar, salvar, realizar signos con el poder de Dios.
Te invito a leer el Evangelio sabiendo que Jesús también te lo dirige hoy a ti. ¿Qué te está pidiendo hoy con estas palabras? El Papa Francisco nos dice que seamos una Iglesia en salida. Y para responder a esta llamada: ¿qué tienes que hacer tú personalmente en tu propia vida? ¿qué está en tu mano cambiar en tu comunidad? El Evangelio decía: Id y proclamad. Es el mandato que tenemos. Y para ello no estaremos solos. El Señor confirmará la palabra y abrirá caminos.
En este tiempo de incertidumbre los cristianos tenemos que abrir nuevos caminos, encontrar nuevas formas, para anunciar y vivir la novedad del Evangelio. El Señor cooperará, lo confirmará con su poder.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 24 de abril

Viernes, 24 de abril
II Semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 6, 1-15
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: «¿Con qué compraremos panes para que coman estos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.»
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?»
Jesús dijo: «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.»
Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que habla hecho, decía: «Éste sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Pistas: Jesús da de comer a una multitud con cinco panes y dos peces. “Ya sabía lo que iba a hacer”, pero un muchacho le da lo que tiene y eso sirve para muchos. Dios tiene un plan de salvación, pero necesita nuestra colaboración. De lo que no es suficiente, Jesús logra que llegue y sobre.
En esta lectura podemos encontrar una doble enseñanza. Sobre la Iglesia y sobre la Eucaristía. Los discípulos son la Iglesia, que al escuchar a Jesús y fiarse de Él permiten que pueda saciar a aquellos que se le acercan.
Felipe veía la necesidad de saciar a la muchedumbre. Pero es muy probable que ni se planteara solucionarla ¿Cómo podría hacerlo? Hoy también Jesús nos interpela a los que escuchamos su voz señalando las necesidades y los sufrimientos de las personas. Si escuchas a Jesús y miras a tu alrededor podrás ver con su mirada y descubrirás qué necesitan y qué necesita Jesús de ti. Lo que propone nos puede parecer que está por encima de nuestras fuerzas, cualidades y capacidades. Pero Jesús toma lo poco que podemos ofrecerle y todo cambia. Sólo necesita que nos impliquemos.
Andrés y el muchacho descubren el camino: dar a Jesús lo que tienen. Son un poco “locos”, pero Jesús es sorprendente si te fías de Él. Y ellos lo saben. Muchas veces podemos pensar que las soluciones son grandes planes, grandes recursos, programaciones, proyectos, etc. Y, aunque todo eso es necesario, la solución es Jesús, que bendice tus pocas fuerzas, los pocos recursos y capacidades y bendice a las personas y a la Iglesia -que con humildad le ofrece lo que tiene y lo que es-.
La multiplicación de los panes simboliza también la Eucaristía. Sobran “doce canastas con los pedazos de los cinco panes” (por eso no dice nada de los peces). Doce como las doce tribus de Israel. Jesús pondrá en marcha la Nueva Jerusalén, la Iglesia. Y la Eucaristía es su alimento. Un alimento que sobreabunda, pero necesita que pongamos lo que tenemos. Sobra para repartir al que lo necesite, no sólo para la comunidad. De la Eucaristía tenemos que salir tan llenos de amor, tan llenos de Dios, que lo compartamos con los demás.
Muchos estos días estáis echando profundamente de menos la Eucaristía… sólo se me ocurre que de esto debemos salir con un mayor amor y deseo de ella.
Muchas cosas nos enseña este Evangelio: cómo mirar, escuchar a Jesús, qué necesitan y que necesita Jesús de mí, la abundancia de Dios, la Eucaristía… Elige el tema que te toque el corazón y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 23 de abril

Jueves, 23 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 31-36.
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Pistas: ¿Quién es Jesús? En cada frase de este Evangelio san Juan nos ayuda a acercarnos a Jesús en varias pinceladas. Si lo piensas bien, es como conocer a una persona. Cada día que compartes con alguien vas descubriendo rasgos de su personalidad que vistos en conjunto te ayudan a descubrir quién es y cómo es. Pero si intentas hacer una definición precisa y exacta te vas a dejar cosas fuera. Así, con más razón, pasa con Jesús, pasa con Dios. Vamos a ir desgranando lo que dice el Evangelio de hoy:
-Es el Hijo de Dios hecho hombre. Es “el que viene de lo alto” y está por encima de todos. Su testimonio no es el de cualquiera –como lo ratifica la resurrección-.
-“Habla de lo que ha visto y oído”. Jesús es el Hijo de Dios y revela al Padre. Es el Testigo Fiel de la verdad. Aceptar su testimonio y creer en Él es estar en la verdad y poseer la vida eterna.
-Jesús da el Espíritu sin medida. Ésta es la experiencia de los discípulos después de su resurrección. Al fiarse de Jesús y seguirle no les van a faltar las dificultades que desembocan finalmente en el martirio en muchos casos. Pero tampoco les falta el Espíritu que por medio de Jesús Dios da sin medida.Lo prometió y lo cumple.
-Creer es recibir el Espíritu y poseer la vida eterna. Para el que no crea “la ira de Dios pesa sobre él”. ¿Qué es la ira de Dios? Pues no dejarnos amar por Él, estar lejos de su amor, no permitir que Jesús nos salve… El sinsentido, la desesperación y la frustración hacen que se vea a un dios en el que no merece la pena creer. San Juan hoy te dice que sólo accediendo a Dios por Jesús se puede descubrir su verdadero rostro.
Continúa en este camino de oración leyendo su palabra que te ayuda a conocerle. En Jesús hay verdad y vida. Déjate sorprender por la novedad constante que es Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Miércoles 22 de abril

Miércoles, 22 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 16-21
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.
En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Pistas: Para que tengan vida. Eso es lo que Dios quiere. Que tengamos vida, eterna, plena, auténtica, vida que ha vencido a la muerte. Y el camino es la fe en el Hijo de Dios, en Jesús que ha venido al mundo por amor a los hombres.
Para que tengan salvación. Porque, aunque nos gustaría poder hacerlo, el hombre no puede salvarse a sí mismo. Necesita a Dios. Siempre tendrá un hueco en su corazón que nada podrá llenar. El bien, la verdad, la belleza, el amor… lo llenan, pero nunca del todo. Siempre hay sed de más. Para eso ha venido Jesús, para enseñarnos el camino hacia Dios, para abrirnos el camino a su vida. Salvarnos de la muerte, del pecado, de la ignorancia… y abrirnos la puerta a una plenitud que no podemos encontrar en nada de este mundo.
Hay un juicio, no lo emite Dios. Dios no envió a Jesús para juzgarnos (es decir, para dejarnos atrapados en el pecado, en la maldad o en la culpa)… lo envió como luz. Y si se rechaza la luz ¿qué sucederá? Ya está hecho el juicio, sólo queda el camino de las tinieblas. No hay más: o luz o tinieblas. Si hay luz, la tiniebla desaparece.
Y esa luz ilumina la vida, ya no vale seguir con las malas obras, porque quedan al descubierto. Ante Dios no puedes ir con mentiras, porque te conoce, sabe quién eres mejor que tú mismo. La buena noticia es que te ama, incondicionalmente. Ha venido para salvarte, no para juzgarte. No le importa lo que hayas hecho, ni si te sientes indigno… sólo quiere que le dejes amarte, que le dejes darte su luz.
Y se abrirá ante ti un nuevo camino, porque no te quedará otra que apartarte de aquello que es tiniebla y vivir en la luz. No encontrarás otro camino para ser feliz que dar los frutos de los hijos de la luz.
Ésa es la verdad, que sólo en Jesús hay salvación, que sólo en vivir como discípulo suyo hay salvación y vida. Recuerda el Evangelio de ayer. Es un don, es fruto del Espíritu que te hace nacer de nuevo.
El Evangelio de San Juan tiene un estilo peculiar, da vueltas, avanza un poco y otra vez… parece la misma idea, pero va poco a poco profundizando (como un tornillo que se aprieta). Quédate con alguna idea y reza con ella ¿qué te está diciendo, para tu vida, para tu situación, el Evangelio de hoy?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Martes 21 de abril

Martes, 21 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 5a. 7b-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
—«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.» Nicodemo le preguntó:
—«¿Cómo puede suceder eso?»
Le contestó Jesús:
—«Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»

Pistas: Ayer Jesús decía a Nicodemo: hay que nacer de nuevo, hay que nacer del agua y del Espíritu. Esto sólo podemos entenderlo a la luz de la resurrección. Hace referencia al bautismo y a la venida del Espíritu Santo.
Quizás nos resistamos ¿Partir de cero? ¿reiniciar? Tal vez pienses: “ya lo he intentado muchas veces y no lo he conseguido” o “yo ya voy tirando, hay cosas que sé no seré capaz de cambiar, es mejor aceptarlas y tirar como pueda…”. Jesús te invita hoy: ¿quieres nacer de nuevo?
El pecado tenía poder sobre el hombre, la muerte tenía poder sobre el hombre, la tendencia al pecado tenía poder sobre el hombre… pero Jesús nos hace libres, capaces de hacer las obras del Espíritu (en la carta a los Gálatas puedes encontrar las obras de la carne y las del Espíritu). Sólo el Espíritu Santo, llenando tu corazón y unido a tu espíritu, puede darte la fuerza para vivir la vida nueva que Jesús regala. Pero si te quedas acomodado en lo antiguo, si no te atreves a cambiar y arriesgarte…. no te enterarás del regalo tan grande que Jesús quiere hacerte. Una vida nueva lejos de las tinieblas, de la mentira, del pecado y de la muerte.
Pero esta vida no se puede atrapar. Hay que vivirla. Es como el viento. Se vive en fe, en oración. Si pretendes manipularla, tenerla, dominarla… no podrás. Es un relación con Dios que te quiere llenar de su amor. Seguro que si escuchas podrás oír el viento del Espíritu en tu vida, en tu parroquia, en tu comunidad, en tu familia, en tu trabajo… soplando por caminos nuevos, queriendo hacer las cosas nuevas ¡Fíate! Y experimentarás el poder del Espíritu Santo en tu vida y la novedad de la Pascua de Jesús.
La Cruz es presentada aquí como el estandarte que Moisés hizo cuando las serpientes mordían al pueblo de Dios. El que miraba la serpiente del estandarte quedaba curado. La muerte vencida por la muerte de Jesús en la cruz. Y el que levante la mirada hacía Él encontrará salvación, encontrará vida eterna. Porque además el testimonio de Jesús quedará ratificado ahí.
Jesús dice de sí mismo que Él ha venido a revelar al Padre y que es el camino para llegar a Él. La Cruz, la muerte y resurrección, ratifican esa promesa de Jesús.
Acércate a Jesús, prepárate para dejarte llevar por el Espíritu. ¿Por dónde soplará?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

III Domingo de Pascua

Evangelio según San Lucas 24,13-35.
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!».
«¿Qué cosa?», les preguntó. Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron».
Jesús les dijo: «¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?»
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba». El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?».
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!».
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Lunes 20 de abril.

Lunes, 20 de abril
II semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.»
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»
Nicodemo le pregunta: «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?
Jesús le contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: «Tenéis que nacer de nuevo»; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Pistas: Hoy nos acercamos a la conversación de Jesús con Nicodemo. Hay que nacer de nuevo. Hay que nacer “del agua y del Espíritu”. Se refiere al bautismo y a la efusión del Espíritu Santo.
Esta conversación sólo tiene sentido desde la Resurrección de Jesús. Que renueva las cosas de tal modo que se parece a un nuevo nacimiento. El pecado tenía poder sobre el hombre, la muerte tenía poder sobre el hombre… Pero Jesús nos hace libres, capaces de hacer las obras del Espíritu, aunque para ello necesitamos su fuerza.
El mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús, que le movió durante su vida y que Él ha prometido, será el que en el bautismo da una vida nueva. Jesús te invita a entrar en su Reino, te invita a nacer de nuevo. Eso es la Pascua.
¿Y cuál es la novedad de la que habla Jesús? Él nos ofrece una vida nueva lejos de las tinieblas, de la mentira, del pecado y de la muerte… Éste es el camino que recorreremos en la Pascua. Jesús te da una vida nueva, pero para ello necesitas nacer de nuevo, y permitir que la novedad del soplo del Espíritu te lleve, te mueva y te guíe, por caminos que tal vez no esperabas.
Tal vez para este tiempo extraño y difícil que estamos viviendo y lo que viene después, la metáfora de nacer de nuevo pueda inspirarnos ¿qué caminos quiere abrir el Espíritu en mi vida? ¿qué caminos quiere abrir en la Iglesia? Dios todo lo hace nuevo y así podrás ver su Reino.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 19 de abril II domingo de pascua

Domingo, 19 de abril
Domingo ii de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Pistas: “¡Señor mío y Dios mío!”.
El relato que has leído sitúa las apariciones del Resucitado en el primer día de la semana, en el domingo. Es el día de la Eucaristía, Y Jesús en persona aparece en la comunidad reunida. Tomás no está y no es capaz de creer hasta que, al siguiente domingo, se reúne con los otros discípulos.
La cruz deja huella, se ven las marcas… Esto da que pensar. La vida nos deja huella, los sufrimientos nos afectan, nos marcan, pero el poder de Dios lo cambia todo.
Frente el miedo, Jesús trae paz. Frente a la tristeza, alegría. Están encerrados pero Él les envía, les da el Espíritu Santo y el poder para hacer lo que les pide. Jesús hace todo nuevo. Su presencia transforma las cosas.
Tomás se parece a nosotros: si no veo, si no toco… da igual que me lo cuenten. Da igual ver las cosas que Dios hace en la vida de otras personas. Da igual lo hermoso que es el mensaje de Jesús. Hasta que no te encuentres con Él, nada cambiará. Pero cuando experimentes que está cerca de ti -en tu corazón, en el hermano, en la comunidad, en la Eucaristía-, cuando experimentes que está vivo, serás dichoso y podrás proclamar: “¡Señor mío y Dios mío!”.
Tienes muchos temas para pensar y rezar en este Evangelio: El domingo, la Eucaristía, la comunidad, la fe, el encuentro con Jesús, el testimonio de aquellos que le vieron morir y le encontraron resucitado.
Y todo esto, para que puedas creer en Jesús, para que puedas descubrir quién es: el Mesías –el que Dios había prometido-, el Hijo de Dios –Dios y hombre-. Y aquel en cuyo nombre hay vida para los que creen en Él. Relee el Evangelio y reza con él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 18 de abril

Sábado, 18 de abril
Sábado de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Marcos 16, 9-15
Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo y llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron.
Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron.
Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»

Pistas: El Evangelio de hoy parece un resumen de los que hemos ido leyendo durante esta semana. Pone el acento en la dificultad para creer en el testimonio de aquellos que vieron y experimentaron que Jesús había resucitado y está vivo, sin tener la experiencia personal de encuentro con Él.
Les parece algo tan increíble… No se acuerdan que Jesús lo prometió. No les sirve el testimonio, tienen que experimentarlo. Quizás esto te pase a ti, o a personas a las que les hablas de Jesús. Es necesario encontrarse con Él en persona. La oración, la comunidad, la Palabra que lees cada día y con la que rezas, los sacramentos (la Eucaristía) son el camino para encontrarse con Jesús –como has ido viendo estos días-.
En estos tiempos complicados que estamos viviendo, echar de menos la comunidad, los sacramentos… también es una manera de crecer, apoyados en la oración, sabiendo que Jesús está a tu lado. Por muy raro y difícil que parezca todo.
Y el encuentro con Jesús no deja indiferente al que lo experimenta. María, los dos de Emaús, los Apóstoles, todos sienten la llamada de Jesús a salir: “id y proclamad”. Si quieres crecer en tu vida de fe, esto también es algo que tienes que hacer: encontrarte con Jesús, experimentar su salvación. Y descubrir cómo te dice a ti: ve y anuncia. Y, por supuesto, tener el valor de hacerlo. Esta Pascua te llama a encontrarte con Jesús que está vivo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te di e, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 16 de abril, octava de Pascua

Jueves, 16 de abril
Jueves de la octava de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Lucas 24, 35-48
En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros.»
Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?»
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.»
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto.»

Pistas: No basta sólo el encuentro con Jesús. Ni siquiera basta sólo la Eucaristía. Como leíamos ayer: les explicó la Escritura y les partió el Pan. Hace falta hablar de todo ello en la comunidad. Hace falta experimentar a Jesús en comunidad. Por eso es necesaria la Iglesia, en la que poder encontrarse con Jesús, en la que poder descubrir que es real, no es un fantasma, no es una ideología, no es un invento. Es una persona que se hace presente en la Eucaristía, en la comunidad, en la oración, en la Palabra, en el prójimo…
Jesús es real y está vivo. Por eso, les hace vivir esta experiencia a sus discípulos para que puedan ser testigos. Y por eso hoy quiere hacértela vivir a ti, y a su Iglesia. Experimentarlo, creerlo, contarlo, es vivir la fe, es tener una relación con Jesús, es comenzar a entender que su Reino comienza ya aquí.
De nada sirve saber muchas cosas de Jesús, muchas cosas de la fe, si Jesús no te “abre” el entendimiento. Necesitas el don del Espíritu Santo, y esto se recibe en la comunidad, en la Iglesia. Lo necesitas para poder creer y proclamar: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”. Y tú, si lo experimentas, podrás ser testigo de ello. Podrás vivir y llevar a los demás la Buena Noticia de Jesús. Podrás ser verdaderamente discípulo de Jesús.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.