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Lunes 25 de mayo

Lunes, 25 de mayo
Semana VII de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 29-33
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
—«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.» Les contestó Jesús:
—«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»

Pistas: “Tened valor, yo he vencido al mundo”. Jesús resucitado ha vencido, Jesús el que ha vencido, el que está a la derecha del Padre, el que envía el Espíritu, el muerto que vive, el que ha sido despreciado y desechado y se ha convertido en el único camino de salvación.
Recuerda que Jesús está hablando con los discípulos antes de su muerte. Por eso les anuncia que se dispersarán y le dejarán solo. Pero no importan sus traiciones, su abandono o su mediocridad. Todo cambiará cuando se llenen del Espíritu Santo, puedan vencer las luchas porque Jesús ha vencido y se ha convertido en el camino de la salvación.
¿Quieres encontrar paz? Jesús dice hoy que no importan las luchas sino que Él ha vencido. Las luchas son inevitables, también los errores, pero cerca de Jesús participarás de su victoria porque Él ha vencido al mundo
¿Quieres tener valor? Sigue, lucha, persevera, adelante con Jesús. Él ha vencido y tú has vencido con Él.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 24 de mayo

Domingo 24 de mayo
VII domingo de Pascua
La Ascensión del Señor

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 28, 16-20
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Pistas: “Yo estoy con vosotros”. El Señor asciende al cielo. Jesús va delante de nosotros. Nos abre el camino a la presencia de Dios. Desde el Padre comparte con nosotros la riqueza de Dios. Se convierte en el mediador de toda gracia. Por medio de la humanidad de Jesús, el Padre, envía el Espíritu Santo.
En realidad, todo forma parte del mismo misterio: Jesús resucitado, está con el Padre y está también con sus discípulos.
Vamos a fijarnos en algunos detalles del Evangelio de hoy: “Algunos vacilaban”. Como a nosotros, les cuesta creer, dudan ante el nuevo modo de presencia de Jesús… Pero Jesús les dice que tiene poder y que va a estar con ellos para siempre. Les capacitará con el Espíritu Santo. Les envía. Les manda salir y hacer discípulos. Evangelizar. Y que el que crea se bautice, es decir, que entre a formar parte de la Iglesia. Donde le enseñarán a vivir como discípulo, como Jesús les ha mandado.
Jesús desde el Padre nos da la vida divina, nos introduce en Dios. Jesús tiene poder y nos envía a evangelizar y hacer discípulos. Nos da la Iglesia, la comunidad de los bautizados donde Él permanecerá por siempre.
Como hicimos el domingo pasado, te propongo un reto para la semana. El Evangelio de hoy contiene una promesa: estaré con vosotros. Y un mandato: id y haced discípulos. ¿Qué puedes hacer tú para hacer realidad lo que te pide Jesús hoy? Piensa en cosas concretas y con el poder de Jesús y la fuerza del Espíritu, lánzate a ello.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 23 de mayo

Sábado, 23 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 23b-28
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Pistas: El Evangelio de San Juan nos repite de muchas maneras que en Jesús hay salvación y que Él revela a Dios. Jesús es la Palabra, la luz, el camino, la verdad, la vida, el Hijo, la vid a la que hay que estar unidos, el Buen Pastor que da la vida por las ovejas, el Pan de vida, el que enviará el Espíritu Santo…
El encuentro y la fe en Jesús abren las puertas del cielo. En el nombre de Jesús hay poder. Y Jesús promete que resucitado nos dará de la riqueza de Dios y nos revelará al Padre. No sólo como una revelación intelectual sino Dios mismo y su riqueza. Jesús resucitado, el Hijo hecho hombre que muere y resucita, está en Dios. Por eso, la puerta a la presencia de Dios está abierta y el «Padre mismo os quiere».
Se acabó el poder del pecado, del mal, de la muerte, de la tristeza. Si te encuentras con Jesús, si recibes y acoges el regalo de la fe, tendrás una alegría completa. Que nadie te podrá quitar.
Siguiendo las instrucciones de este Evangelio, reza a Jesús, pídele su Espíritu Santo que te lleve a conocerle, a creer en Él y amarle. Y la puerta del Padre estará abierta.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 22 de mayo

Viernes, 22 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 20-23a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que lloraréis y os lamentaréis vosotros, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.
La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada.»

Pistas: “Nadie os quitará vuestra alegría”.
Por un lado el mundo intentará quitar de en medio a Jesús y estará alegre porque creerá que ha vencido. No le importa todo el bien que hacía, ni quién podría ser, ni la verdad… Lo cierto es que en dos mil años no ha cambiado mucho la historia, parece que poco importan el bien, la verdad, la justicia o las personas… Y ahora, como entonces, puede parecer que el mal vence y que Dios no está. Vemos tanta gente buena y justa que sufre, tanto inocente que no lo merece y que pasa por verdaderos infiernos… Tanta gente que llora y no entiende ni encuentra esperanza. Pero Jesús vive, Él no se ha ido, Dios no se ha desentendido. Jesús se hace presente en medio de la comunidad y en los que creen en Él, en sus discípulos.
Por otro lado, este sufrimiento se parece al de un parto. El dolor, el sufrimiento, no son lo definitivo. Pero, a veces, como en una conversión, son el camino. A veces, el sufrimiento, la lucha, la dificultad, nos ha llevado a alcanzar algo que ni siquiera podíamos soñar. Lo definitivo es que va a haber vida, alegría y victoria. Lo definitivo es que Jesús va a estar ahí y que tu tristeza pasará. Lo definitivo es que ni la muerte, ni el sufrimiento, ni la soledad, ni el pecado, ni el mal, tienen la última palabra.
Aterriza todo esto pensando en tu vida: ¿Qué ocurre en tu propia vida, en la Iglesia o en el mundo? Puedes ponerle nombre a tus sufrimientos, tristezas y luchas, a tus decepciones y soledades… y después intenta levantar los ojos y mira a Jesús resucitado y vencedor. Porque cuando Él está “nadie os quitará vuestra alegría”.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Miércoles 20 de mayo

Miércoles 20 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 12-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.
Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará.»

Pistas: En el diálogo de Jesús con sus discípulos, después de la Última Cena, el Evangelio de San Juan ha presentado y prometido el Espíritu Santo. ¿Y quién es el Espíritu Santo del que tanto oímos hablar y hemos leído en estos días? Es otro Paráclito (que significa Defensor, el que está al lado). Será enviado desde el Padre y continúa lo que Jesús empezó (Jn 14, 16s). No es Jesús, pero no hay ruptura, sino continuidad. Ayudará al discípulo de Jesús y a la comunidad a profundizar, desentrañar y actualizar la revelación de Jesús. Estará siempre con ellos. Les permite acceder a Jesús resucitado y hacerlo siempre presente. No es un acontecimiento ni una persona del pasado. Es el que enseña y recuerda lo que Jesús reveló (Jn 14, 26). Es testigo de Jesús (Jn 15, 26-27). También para el creyente en su interior (en su propio proceso de fe) y en la comunidad que cree y a su vez da testimonio. Defiende y confirma a Jesús, venciendo al Príncipe de este mundo, haciendo justicia, dando salvación. (Jn 16, 5-11)
Hoy Jesús les cuenta algo muy importante: el Evangelio, Jesús mismo, no se puede entender ni descubrir en profundidad sin el Espíritu Santo. No pueden «cargar» con ello. Es decir, no puedes entrar en relación auténtica con Jesús sin el Espíritu Santo. La fe que has recibido por tradición, la revelación de Jesús a sus discípulos, no se puede acoger en plenitud sin el Espíritu Santo.
No es que el Espíritu revele cosas nuevas, sino que ayuda a entender, a conocer y a vivir la profundidad de lo que Jesús ha revelado. En tu vida esto significa la diferencia entre, por un lado, una fe de costumbres, una tradición o unas ideas; y, por otro, una fe viva, el encuentro con Jesús resucitado, los dones del Espíritu. Es la diferencia entre conocer a alguien y conocer a alguien a quien se ama y que te ama. Entre vivir de oídas o por rutina o experimentar.
El Espíritu que glorifica a Jesús, que lo resucita, continúa permitiendo conocer a Jesús y a través de Él al Padre. Jesús es el camino abierto al Padre y el Espíritu Santo la fuerza para recorrerlo.
Si esto te suena bonito, si dices: “quiero eso en mi vida”, quiero más de Dios, recuerda que Jesús cumple sus promesas. Pide que venga nuevamente con poder el Espíritu Santo a ti y verás las maravillas de Dios en tu vida. No dejes que se quede en teoría.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Evangelio según San Mateo 28,16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo».

Martes 19 de mayo

Martes, 19 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: «¿Adónde vas?» Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Pistas: San Juan sitúa un largo diálogo de Jesús con sus discípulos después de la Última Cena. Estos días leemos pasajes que nos hablan del Espíritu Santo. Hoy nos dice que la venida del Defensor demostrará (dejará convicto) al mundo de un pecado, de una justicia y de una condena.
El pecado es no creer a Jesús y no acogerle, por eso le matan. Les resulta molesto y chocante para su mentalidad mundana. El Defensor rebate al mundo que no cree y le resucita. Jesús resucitado permanece en la comunidad y el Espíritu actúa en ella. Pero deja convicto al mundo porque éste sigue sin creer.
La justicia: Jesús va al Padre, es inocente de lo que le acusan. Tiene razón en que es enviado por el Padre y ratificado en sus pretensiones: Jesús es el Hijo, el camino, la verdad, la vida, la luz, la Palabra… Ésa es la justicia: la acción salvadora de Dios manifestada y realizada en Jesús y continuada por el Espíritu Santo.
Y, por último, una condena: Satanás, el mal, ha sido condenado, para siempre. También en la comunidad. Y sucederá como con Jesús, el mal intentará triunfar, pero el Defensor (el Espíritu Santo) no lo permitirá.
Tal vez todo esto te parezca complicado pero es muy importante para tu vida de fe. Si te encuentras con Jesús, si ves que la fe se está despertando en tu corazón, es que el Espíritu Santo está actuando. Si te acercas a Jesús y quieres su verdad, su vida, su luz, su alegría, su paz, que sus promesas se cumplan, sólo será posible con el Espíritu Santo. Por eso, pídelo. Aprende a conocerlo. Deja que su fuego se encienda en tu interior y te llene de sus dones. Que no sea una brasa mortecina, una palabra más que se dice al final del «gloria al Padre» o cuando te santiguas.
Seguiremos profundizando en esto, pero recuerda que el Espíritu Santo no es una idea. Es Dios. Por eso rézale, pídele, abre el corazón y actuará en ti.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 18 de mayo

Lunes 18 de mayo
Semana VI de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 26-16, 4a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.
Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Pistas: Jesús continúa anunciando la venida del Espíritu Santo. Se refiere a Él como el Defensor y el Espíritu de la verdad. Es el Defensor, en primer lugar, de Jesús. Los signos que Cristo realiza son por la fuerza del Espíritu Santo y dan testimonio de quién es Él. El mundo le rechaza -como dice San Juan el “Príncipe de este mundo” tiene su hora- y en la cruz parece es vencido. Pero el Espíritu le defiende y le da la victoria resucitándolo de entre los muertos. Y da testimonio de Jesús hasta el final. Ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo ha prometido y dado a ti. Es tu Defensor, te hace vencedor sobre el mundo, sobre el pecado y la muerte.
Es el Espíritu de la verdad que llena a Jesús en su humanidad y le da autoridad: la del Padre que le envió y le llenó del Espíritu. Que le guía y le da fuerzas. Por eso las palabras de Jesús son Palabra con mayúsculas: nos revelan la verdad. La Palabra es Espíritu y vida. Y ese mismo Espíritu Santo Jesús te lo da a ti.
Da igual lo que pase: la persecución, la difamación, la muerte… porque tienes al Espíritu Defensor. En lo que Jesús ha vencido, tú sales vencedor. De lo que Jesús ha dado testimonio, tú puedes darlo. Y puedes hacer obras como las suyas e incluso mayores, porque tienes el Espíritu Santo, que no te dejará tambalearte.
Si crees que estas cosas suenan bonitas pero las ves lejos de tu vida, ten fe en la Palabra de Dios y pídele a Jesús que cumpla su promesa. El Espíritu Santo es como fuego, tu corazón es la brasa encendida desde el día de tu bautismo. Si soplas con la oración y los sacramentos, si quitas obstáculos viviendo como discípulo de Jesús, esa brasa se convertirá en un fuego ardiente y descubrirás que las promesas de Jesús se cumplen.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 16 de mayo

Sábado, 16 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mi antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Recordad lo que os dije: «No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.»
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

Pistas: Jesús contrapone, por un lado, el mundo y los que son del mundo –aquellos que no conocen al Padre-. Y por otro, sus discípulos, a quienes ha escogido sacándolos del mundo. Cuántas veces vemos claro que el mal encuentra la manera de “conectarse”, que va formando como una telaraña que envuelve a los que se dejan seducir y cada vez los atrapa más en el pecado. Y eso crea una manera corrupta de hacer las cosas, justificando el pecado y generando estructuras injustas fruto de los pecados personales.
Jesús te dice hoy que te ha elegido, que no eres de ahí. Pero que el mundo te va a odiar y perseguir como a Él (lo decíamos ayer, Jesús va delante). Te ofrecerá caer en esa telaraña. Pero tú no eres suyo. Tú eres de Jesús, eres de la luz, eres de la vida, eres del Amor, de la verdad y la libertad. Lo otro son mentiras atrayentes y seductoras, pero mentiras al fin y al cabo. Si fueras del mundo… quizás todo sería más fácil, aparentemente, pero el espejismo se termina tarde o temprano. Sin embargo, Jesús te ha escogido. Puede que todo sea más complicado, pero es de verdad y vida.
Hay muchos atrapados en lo que San Juan llama el mundo, que están deseando escuchar la verdad –aunque a veces no lo sepan-. Encontrarán en tu palabra (y en tu vida) la luz que necesitan y se cumplirá lo que dice Jesús: “Si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra”. Ser del mundo o ser de Jesús. Él te ha elegido. Él te llama.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 15 de mayo

Viernes, 15 de mayo
Semana V de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 15, 12-17
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Pistas: Jesús va delante, va el primero. Va delante en amar al Padre y al prójimo. Es el primero en entregar su vida por los demás (por sus amigos). El primero en demostrar que el amor se expresa amando y obedeciendo al Padre. No como un siervo, por obligación, por miedo o por cumplir un deber o un trabajo; sino como un amigo, con el que se comparte, al que se ama con libertad y por voluntad propia. Jesús va por delante y encontrarse con Él significa atreverse a seguirle y vivir como Él vivió y nos enseñó.
Una historia de amor es también la historia de una elección. Jesús ha elegido que le conozcas, que puedas ser amigo suyo, que tu vida dé fruto, y un fruto verdadero y duradero. Nuevamente habla también del poder de la oración: “lo que pidáis al Padre en mi nombre…”. Pero no es magia. Hay que vivir en el amor. El Amor como Jesús ha enseñado. El Amor que es el Espíritu Santo.
No eres siervo, eres amigo. No se trata de cumplir con un deber, sino de ser amado y de amar. No es voluntarismo, es Dios que te ha elegido para que des fruto, para que le conozcas, para darte su Espíritu Santo. Es lo más grande. Es vivir en el amor.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.