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Miércoles 3 de junio

Miércoles, 3 de junio
Carlos Luanga y compañeros mártires

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 18-27
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano» Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último, murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.
Jesús les respondió: Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: «Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob»? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.

Pistas: Uno de los retos más importantes de la fe cristiana es cómo entender la resurrección. No es volver a la vida de ahora con sus circunstancias y limitaciones. Por eso les dice Jesús que no entienden la Escritura ni el poder de Dios. ¿Cómo imaginas tú la resurrección de la que habla nuestra fe? ¿qué ideas tienes sobre ella?
Dios es Dios de vivos, es el Dios de la vida, es el que vence la muerte en Jesús, concediéndole la plenitud del Espíritu, llevando a plenitud su humanidad. El cómo no sabemos explicarlo, pero la muerte es vencida por la plenitud de Dios.
La reanimación de un cadáver sería un volver a recobrar la vida humana, mientras que en la resurrección se adquiere la vida divina, la vida del Espíritu, la vida Eterna. La resurrección de Cristo hace que su humanidad entre en el seno mismo de la comunión trinitaria. En Jesús, en su humanidad, con la resurrección se ha producido un cambio. Su carne (hombre entero en cuanto débil), su ser hombre queda transformado en una vida en la plenitud del Espíritu.
Es tan difícil hablar de la resurrección porque es un acontecimiento que está más allá de la historia, la trasciende. Por eso el lenguaje bíblico utiliza tantos términos para hablar de ella y ninguno de ellos puede expresar todo el contenido de ese acontecimiento: resurrección, exaltación, glorificación, triunfo, ascensión, estar sentado a la derecha del Padre.
Jesús resucitado es el hombre nuevo. Por medio de Él, por la fe, la humanidad puede encontrar respuesta a esa esperanza escrita en lo profundo de su ser que le lleva a soñar una vida plena y para siempre. La resurrección permite al hombre por medio de Jesús entrar en la plenitud de Dios. Cuando se descubre esta verdad la persona cambia, ya no puede vivir de cualquier manera. Es una verdad de salvación que convierte a la persona, una verdad que hay que celebrar (en los sacramentos). Tampoco puede callárselo. Tiene que compartirlo y evangelizar.
Todo esto no es más que rozar la superficie del misterio de la resurrección de Jesús. Sólo podrás comenzar a entender algo si te sumerges, con la ayuda del Espíritu Santo, en lo que significa para la historia, para la humanidad, para tu vida, para el mundo. El hombre está destinado a una plenitud en Dios por la eternidad. La teología a veces hay que hacerla de rodillas, adorando, contemplando y viviendo lo que se investiga. Deja que el Evangelio te hable una vez más y ora con él.
Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Solemnidad de la Santísima Trinidad

Evangelio según San Juan 3,16-18.
Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.»
El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

Martes 2 de junio

Martes, 2 de junio
Santos Marcelino y Pedro, mártires (IX semana del tiempo ordinario)

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Marcos 12, 13-17
En aquel tiempo, mandaron a Jesús unos fariseos y partidarios de Herodes, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa de nadie; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios sinceramente. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?
Jesús, viendo su hipocresía, les replicó: ¿Por qué intentáis cogerme? Traedme un denario, que lo vea. Se lo trajeron. Y él les preguntó: ¿De quién es esta cara y esta inscripción? Le contestaron: Del César. Les replicó: Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios. Se quedaron admirados.

Pistas: Jesús se enfrenta a las dobles intenciones. Quieren crear conflicto entre Él y los romanos. Buscan tener de qué acusarle para que lo quiten de en medio. Utilizan algo cierto: Jesús es sincero, no se fija en las apariencias y enseña el camino de Dios. Y también buscan tenderle una trampa. En el fondo se desvelan a sí mismos porque no les importa la verdad, ni saber quién es Jesús… sólo su propio interés. Y utilizan los recursos que tienen a su alcance para lograrlo. No lo saben o no quieren saberlo, pero son esclavos de la mentira en la que viven, del poder, los intereses, las influencias…
Jesús es libre. Intenta hacerles pensar: ¿qué importa verdaderamente? Dad a Dios lo que es de Dios. Ellos se quedaron admirados por su habilidad, por su forma de pensar, porque no conseguían pillarle. Pero la mayoría no reaccionarán. La admiración ante Jesús no basta, no basta con descubrir aspectos interesantes del cristianismo, es necesario dar el salto de la fe.
Muchas veces se interpreta la frase: “Lo que es del César pagádselo al César, y lo que es de Dios a Dios”, como la separación entre las cosas mundanas y la fe. Esto, bien entendido, es cierto. Pero Jesús avisa a sus discípulos que la fe tiene que abarcar todos los aspectos de la vida. De nada sirve decir que se tiene mucha fe o rezar mucho, si en las decisiones esa fe no influye, si se cometen injusticias o se colabora con un sistema injusto.
Jesús invita a vivir en la verdad y dejarse de dobles juegos. La verdad en la intención de los actos, la verdad en las decisiones, principios y actitudes. La verdad en la política, en la sociedad, en el trabajo, en las relaciones, en cada aspecto de la vida. Da a Dios lo que es de Dios.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 1 de junio

Lunes, 1 de junio
Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 19,25-34
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed».
Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca.
Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Pistas: El día después de Pentecostés celebramos la fiesta de Santa María Madre de la Iglesia. María acompaña a la Iglesia naciente en Pentecostés y Jesús la entrega como madre a sus discípulos. Y la Iglesia, como madre, comienza su andadura y continúa la obra de Cristo.
Este Evangelio está lleno de simbolismo. Jesús cumple todo lo anunciado sobre el Mesías. Muere entregando hasta a su propia Madre. Y en el discípulo al pie de la Cruz está representada toda la Iglesia.
La imagen del costado abierto nos habla del inmenso amor de Jesús que abre su corazón. La sangre y el agua, de los sacramentos.
Jesús dice: “Está cumplido”. Ha llevado a término misión, ahora es el tiempo del Espíritu, el tiempo de la Iglesia, el tiempo de la comunidad en la que la Virgen ocupa un lugar privilegiado. Está cumplido y la Iglesia continúa la misión salvadora de Jesús. María y la Iglesia. Piensa en estas realidades y reza con el Evangelio de hoy.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Domingo 31 de mayo

Domingo, 31 de mayo
Solemnidad de Pentecostés

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Juan 7, 37-39.
El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. (Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva). Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.

Pistas: Pentecostés. Hoy celebramos el acontecimiento que puso en marcha la Iglesia. He elegido el Evangelio de la Víspera porque es una invitación: ¿Tienes sed? ¿quieres descubrir en tu vida todo lo que hemos estado celebrando y anunciando en Pascua? Jesús ya ha sido glorificado (ha resucitado, está vivo): ¿Quieres que sus promesas se hagan realidad en tu vida? Acude a Él y llénate del Agua Viva. Acude a Jesús y llénate del Espíritu Santo.
Esta invitación no es para una élite de elegidos. Jesús lo promete para todo el que crea en Él. Jesús glorificado, por medio de su humanidad rebosante del Espíritu Santo, nos da acceso a la vida divina. Jesús, te “grita” -te dice con todas sus fuerzas- que acudas a Él y bebas. Entonces, llenará tu ser, saciará tu sed de plenitud, de libertad, de felicidad, de amor, de verdad, de vida…
Dios no es una teoría. Se le descubre entrando en relación con Él. Y el Espíritu Santo es Dios llenando tu ser. No fue una hipótesis en la vida de Jesús y lo demostró al resucitarlo de entre los muertos y glorificarlo.
Dios siempre, siempre, cumple lo que promete. No hubo un solo Pentecostés. Si lees el libro de los Hechos de los Apóstoles descubrirás que forma parte de la vida de la Iglesia. Y si estudias la historia de la Iglesia verás que no es un hecho del pasado. Hoy lo necesitamos nuevamente. En la Iglesia y en la vida de cada uno de nosotros.
Te propongo un reto para esta semana: Pregúntate ¿qué sed hay dentro de ti? ¿qué necesitas? ¿qué buscas? Y acércate a Jesús con fe, rézale, saca un rato cada día (no hace falta que sea muy largo pero hazlo cada día), y pídele a Jesús el agua de su Espíritu que podrá saciarte de verdad. Te garantizo que todo será nuevo, que podrás experimentarlo. ¡Ven, Espíritu Santo!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Sábado 30 de mayo

Sábado, 30 de mayo
VII semana de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21, 20-25
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se habla apoyado en su pecho y le habla preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?» Al verlo, Pedro dice a Jesús: «Señor, y éste ¿qué?»
Jesús le contesta: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme.»
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?»
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que los libros no cabrían ni en todo el mundo.

Pistas: “¿A ti qué?” Termina la Pascua… y la tentación que tenemos tantas veces es mirar a nuestro alrededor y olvidarnos de la verdad que hemos estado celebrando 50 días: Jesús ha vencido, está vivo y resucitado. Te ama, te perdona, te salva. Te da el Espíritu Santo y sus dones. Y en todo lo que Jesús ha vencido tú eres vencedor por la fe en Él. Así que: ¿A ti qué?
¿A ti qué? Tú sigue a Jesús. Te entran dudas: ¿Y esa situación? ¿y aquello otro? ¿y por qué este…? Y ¡tanto mal y pecado! ¡cuánta mentira y egoísmo! ¡cuánto sufrimiento!… Pero: y ¿a ti qué? Tú sigue a Jesús.
Y si lo sigues, como hemos leído estas semanas, tendrás salvación, serás libre, tendrás vida, tendrás paz, harás obras como las de Jesús y mayores. Si le miras a Él, si le sigues, traerás su Reino a tu vida y a este mundo. Si le sigues a Él, el mal cada vez tendrá menos espacio en ti, en tu familia, en tu comunidad, en la sociedad y en el mundo.
Cristo está resucitado. Él te ha dado una nueva perspectiva, ha ampliado tus horizontes, te ha enseñado a vivir de otra manera, te ha mostrado el camino. ¿Qué harás tú? ¿le seguirás?

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 29 de mayo

Viernes, 29 de mayo
VII domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 21 ,15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, dice a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?» Él le contestó: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Jesús le dice: «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Él le dice: «Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.» Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme.»

Pistas: «¡Sígueme!». Así termina la Pascua. Hoy y mañana, nos repiten los Evangelios: ¡Sígueme!
San Pedro negó a Jesús tres veces. Y hoy, Jesús resucitado deja que Pedro le diga tres veces que le ama. Parece como si quisiera ayudar a Pedro a borrar las huellas del pecado ya perdonado por Jesús. Es muy bonito caer en la cuenta de que amor y misión van unidos. Pedro no es como un asalariado que hace el trabajo por compromiso o por necesidad. La misión nace y se sostiene en la relación personal con Jesús.
Hoy, al finalizar la Pascua, después de haberte asomado al misterio de Jesús resucitado y su alcance, significado e implicación; después de todos estos días en los que has orado acercándote a Jesús, Él te pregunta a ti personalmente: ¿Me amas? ¿me quieres? Y si escuchas en lo profundo de tu ser, te encomienda una misión. Hoy es un buen día para escuchar la voz de Jesús en lo profundo de tu corazón. Seguro que sabes lo que quiere de ti, seguro que lo intuyes. Eso que no te quitas de la cabeza, eso que sabes que te pide que le entregues, ese camino que se está abriendo ante ti, eso que las “casualidades” te van haciendo ver cada día. Y Jesús te dice: “¿Me amas? ¿me quieres?”. A pesar de que le hayas negado o te hayas equivocado. Y también te pide que te fíes de Él y sigas el camino que pone ante ti.
La pregunta de Jesús podríamos decir que tiene truco, porque Él mismo te va a dar la fuerza para amar y saberte amado, para responder y seguirle, y para hacer lo que te pide. Esa fuerza es el Espíritu Santo y sus dones. Pídelo, Jesús lo prometió, y siempre, siempre, cumple lo que promete.
Jesús ha vencido a la muerte, al pecado y al mal. San Pedro, siguiendo a Jesús, acaba muriendo crucificado como su Maestro. Pero pone en marcha la Iglesia y trae al mundo el mayor regalo que le podemos hacer: vencer el mal con el poder de Jesús, hacer las cosas nuevas en Cristo, traer esperanza y amor. Hoy Jesús te invita a salir de tu pecado –como Pedro-, a superar tu pobreza. Te invita a vencer la mediocridad y la comodidad. Jesús te dice: Sígueme ¿me amas? ¡Sígueme!

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Jueves 28 de mayo

Jueves, 28 de mayo
VII domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 17, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Pistas: Seguimos leyendo la oración de Jesús. Ora por los que crean a través del testimonio de sus discípulos. Y pide el don de la unidad. Pero no de cualquier tipo. No una unidad que sea uniformidad o que anule, o que nazca de acordar unos mínimos o de imponer una manera de hacer las cosas. Sino como la del Padre y el Hijo, una unidad perfecta en una diversidad perfecta. Porque el Padre no es el Hijo ni el Hijo el Padre, pero ambos son un solo Dios. Ser uno en esta perspectiva es amar. Sólo el amor puede crear este vínculo. Sólo el Espíritu Santo (que es el amor de Dios, que es Dios amando) puede crear la unidad que Jesús pide. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tan unidos que son un solo Dios. Tan diversos que son tres personas. Y los discípulos de Jesús, a imagen de Dios Trinidad, viviendo en el amor, unidos, harán posible que el mundo crea.
Jesús quiere que contemplemos su gloria, es decir, que le veamos repleto de Espíritu Santo. Que contemplemos el misterio de la resurrección y nos encontremos con Él vivo. Glorificado nos introduce en la vida misma de Dios y nos da el Espíritu Santo y sus dones. Jesús quiere que los que creemos en Él nos podamos sumergir en su misterio y en el misterio de Dios. Y para ello intercede por nosotros porque Él es el camino hacia Dios.
Jesús reveló en su vida terrena quién es Dios, el nombre de Dios. Y sigue haciéndolo, para que el amor de Dios esté con nosotros. Y cuando Dios ama, viene al corazón del hombre, nos llena el Espíritu Santo y sus dones, nos transforma venciendo al pecado y a la muerte, haciéndonos libres, llenándonos de fe, esperanza y amor.
En esta oración Jesús te recuerda que Dios te ama y es justo. Asómate al misterio de Dios, pídele que todo esto se haga realidad en tu vida, y que venga sobre ti el Espíritu Santo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración.y llévalo a tu vida.

Solemnidad de Pentecostés

Evangelio según San Juan 20,19-23.
Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!».
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes».
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan».

Martes 25 de mayo

Martes, 26 de mayo
VII domingo de Pascua

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 17, 1-11a
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.
Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.
Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.
Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Pistas: A partir de hoy leeremos una larga oración de Jesús. Habla desde la perspectiva de la resurrección y casi parece que es Jesús resucitado el que habla. Vamos a ir desgranándola. Te aconsejo que cuando vuelvas a leer el Evangelio dejes que aquello que te toque el corazón resuene en ti, sin querer entenderlo todo ni profundizarlo todo.
La hora. En el Evangelio de Juan es el momento de la glorificación de Jesús. Pasa por la cruz y la condena a muerte. Jesús decide entregar la vida, nadie se la quita. Y la cruz es casi un trono, Jesús es exaltado en ella. Es la hora en que Jesús vence. Es la hora de la gloria.
La gloria es entrar en la plenitud de la vida divina. Jesús cumple su misión y es glorificado por el poder del Espíritu Santo. El Padre le confirma resucitándolo y Jesús, en su humanidad lleno, repleto y rebosante del Espíritu Santo, es glorificado junto al Padre. Ahí nos quiere llevar a los suyos, a la gloria, a la vida divina, a estar llenos del Espíritu Santo y poder entrar en la presencia de Dios. No de una manera figurada sino verdadera. Esto es orar y adorar.
Jesús tiene poder y da vida eterna. Jesús revela a Dios. Es el único camino (como venimos viendo todos estos días) para acceder a Dios. Y no lo hace por su cuenta: “Antes que el mundo existiese”. Esta frase hace referencia a que Jesús es más que un hombre. Nos ayuda a entender que se hace igual a Dios. Es la Palabra hecha carne. Es el Hijo de Dios hecho hombre. Jesús revela el nombre de Dios: nos da a conocer que Dios es Padre.
Comunica a sus discípulos las palabras del Padre. Recibirlas, guardarlas y creer en Jesús es el camino para participar de la gloria de Dios.
Jesús ruega por los suyos. Tú y yo somos de los suyos. Jesús ora por ti y por mí. Y quiere ser glorificado en nosotros, es decir, quiere que entremos la plenitud de Dios, que tengamos vida eterna. Estamos en el mundo, pero como nos decía el Evangelio de ayer, Jesús ha vencido al mundo, va delante, nos abre el camino para poder entrar en Dios y conocerle. Y este conocimiento nos hará estar llenos de Dios y de los dones del Espíritu Santo.
Sé que hay algunos aspectos que son complicados de entender. Pero lo más importante es que vayas asomándote en oración al misterio de Jesús que revela al Padre y que da vida eterna. Y poco a poco Dios te lo irá mostrando.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.