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Martes 13 de julio Semana XV

*Martes, 13 de julio*
*XV semana del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 11, 20-24*
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al Abismo. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.

*Pistas*: Jesús critica la dureza de corazón de ciudades en las que ha estado predicando y haciendo milagros, y las compara con ciudades paganas y que son tenidas por pecadoras.
Un refrán español dice: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”. Así les sucede a estos hombres, y tal vez a muchos hoy en día. Encerrados en su orgullo, en su “sabiduría”, o a veces en ideologías o justificaciones para llevar un determinado estilo de vida. Creen que pueden “escalar el cielo”, pero son tantas las promesas de verdad, de libertad o de felicidad, que producen todo lo contrario. Sólo Jesús salva, y cerrar el corazón a su mensaje es perder la oportunidad de acercarte a la verdadera vida, a la que da plenitud, por quedarte anclado en lo fugaz.
Este Evangelio es una invitación a abrir los ojos y preguntarte ¿piensas escalar al cielo? ¿con qué fuerzas? ¿te atreves a abrir el corazón a Dios y dejar que te dé una nueva mirada sobre la realidad?

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*

Domingo 11 de julio XV Semana

*Domingo, 11 de julio*
*XV semana del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según san Marcos 6, 7-13*
En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.» Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

*Pistas*: Primero: Jesús llama. Lo primero es la vocación a ser discípulos, a la santidad. Piensa en lo que implica la llamada de Jesús, el camino que se recorre con Él, conocerle… Sentirse llamado es el primer paso. Llamado a la vocación cristiana y llamado a una vocación concreta…
Y después envía. No sólo es estar con Jesús. No es algo para guardarse para uno sino que hay una misión que hacer. Puedes rezar también con esto ¿A qué te sientes enviado? A estar con Jesús, a ser llamado por Él, a ser enviado. El papa Francisco habla de discípulos misioneros, porque ser discípulo tiene la dimensión de anunciar a Jesús y para anunciarle hay que sentirse llamado y seguirle.
Jesús envía desde la comunidad (llamó a los Doce) y en comunidad (de dos en dos). Y les da poder para hacer lo que les pide. Esto es muy importante. Si Dios te llama y te envía no lo hará dejándote desamparado o pidiendo imposibles. Te dará la gracia, la fuerza y el poder que necesitas para cumplir la misión que te encomienda. De ahí la importancia de la Iglesia.
No manda llevar nada superfluo, sólo lo imprescindible para recorrer el camino. Pero hace falta ayuda, pues el camino es duro. Un bastón y unas sandalias para caminar. Pero en el resto de las cosas, como leíamos hace unos días, Dios proveerá.
No importa el éxito humano. No es el objetivo. No se trata de prosperar (quedaos en la misma casa) o de doblegar a los demás (si no os aceptan, marchaos. Son libres pero también responsables de sus actos). Lo que de verdad importa es que llega el reino de Dios. Que las personas son liberadas de la opresión del pecado, del sufrimiento, del mal. Estos hombres hacen lo mismo que Jesús hizo.
Ahora mira a tu propia vida ¿Qué te está diciendo la Palabra de Dios hoy? Piensa en cuál es tu misión y ponte en camino.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*

Sábado 10 de julio XIV Semana

*Sábado, 10 de julio*
*XIV semana del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 10, 24-33*
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus Apóstoles: Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto, que no llegue a descubrirse; nada hay escondido, que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo.
¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

*Pistas*: ¡Ojalá fuésemos como Jesús! ¡Ojalá viviésemos como discípulos suyos! Pero ser como Él implica que vamos a provocar en las personas las mismas reacciones que Él causó. Unos serán capaces de descubrir a Dios en los que viven como Jesús enseñó, pero otros se rebelarán, criticarán, conspirarán, lucharán contra la acción de Dios en el mundo. Y el peor sufrimiento no es el que viene de fuera, sino el que viene de dentro. Pero tú, no tengas miedo.
Jesús ofrece un mensaje de esperanza en el Evangelio de hoy: no tengas miedo a las dificultades por vivir la fe y ser testigo de ella. La verdad al final resplandece. No tengas miedo de anunciar lo que Jesús te dice en lo escondido (en la intimidad de la oración). Porque el Padre cuida de ti. Jesús te promete hoy que Dios es providente, que no te abandona, que te cuida y protege. No tengas miedo. Ponte de parte de Jesús y el demonio no podrá engañarte llevándote por caminos que te hagan daño. Porque seguir a Jesús es vivir en la verdad.
“Temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo”. Se refiere al pecado, al demonio, a la mentira… y las consecuencias de esto en la vida.
Te invito a que releas el Evangelio pensando en varias cuestiones: ¿Eres discípulo de Jesús sin tener miedo a las dificultades? ¿Te pones con valentía de parte de Jesús o te dejas llevar por el mundo y sus criterios de una vida acomodada? ¿Te has amoldado al mundo para tener una vida más fácil o apuesta por Jesús?
Hoy Jesús te dice que si pones tu confianza en Dios y caminas en verdad, Él no falla, por dura que pueda ser la circunstancia. Con Él nada hay que temer, pero lejos de Él sólo hay falsas promesas, instantes fugaces de felicidad, no hay esperanza. Por eso: No tengas miedo.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tú vida.*

Miércoles 7 de julio XIV Semana

*Miércoles, 7 de julio*
*XIV semana del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 10, 1-7*
En aquel tiempo, Jesús llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, el llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el fanático, y Judas Iscariote, el que lo entregó.
A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca

*Pistas*: en aquellos doce hombres está representado el nuevo Israel. Son doce las tribus de Israel, y los Doce Apóstoles que Jesús elige para que estén con Él. Jesús les ha llamado y les capacita para continuar la obra. Pero lo hace enseñándoles poco a poco. Primero les envía al pueblo judío, entre los suyos.
Jesús deja claro que sus discípulos continuarán su obra y les capacitará para que puedan hacerlo. Enviará el Espíritu Santo que dará poder para ir, ya no sólo a las ovejas descarriadas de Israel -dejando fuera a los extranjeros y paganos-, sino al mundo entero (así terminará el Evangelio de Mateo).
Hoy, Jesús resucitado, sigue llamando y capacitando a hombres y mujeres para que anuncien el Reino que en Jesús se ha hecho ya presente. A cada uno desde nuestra vocación particular: laico, consagrado, ordenado… El bautizado tiene el poder del Espíritu Santo. Es hijo de Dios, forma parte de la Iglesia y tiene el poder y capacidad para anunciar y hacer presente el Reino. Hoy el Evangelio presenta la llamada de los apóstoles. Puedes mirar a la tuya propia también.
Recuerda que ser discípulo significa seguir a Jesús, creer en Él y acoger el don del Espíritu Santo, que te da autoridad y capacidad para luchar contra el mal, el pecado, el sufrimiento… haciendo lo mismo que hizo Jesús y que ha hecho la Iglesia desde el comienzo. Y hoy la Iglesia nos invita si cabe más vivamente a ser discípulos misioneros. Es decir, a vivir la propia fe y anunciarla.
Este Evangelio puede servirte para un doble examen de conciencia. Por un lado, tu parroquia, comunidad, grupo cristiano ¿vive esta dimensión de ser discípulo, ir y proclamar con poder? Por otro, tú mismo, personalmente ¿eres consciente de la autoridad que Jesús te da al llamarte y enviarte en tu situación concreta? Fueron un puñado de personas concretas, con sus nombres, sus personalidades, su manera de hacer las cosas lo que Jesús eligió. Necesitó su sí, ellos respondieron. ¿y tú?

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida *

Martes 6 de julio XIV Semana

*Martes, 6 de julio*
*XIV semana del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 9, 32-38*
En aquel tiempo, llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló. La gente decía admirada: Nunca se ha visto en Israel cosa igual.
En cambio, los fariseos decían: Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios.
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el evangelio del Reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».
Entonces dijo a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.

*Pistas*: Jesús siente compasión de las gentes porque están «extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Él ya está luchando contra el demonio, el mal, el sufrimiento y el pecado. Ya está anunciando la Buena Noticia, el Evangelio del Reino. Cura y sana. Pero quiere trabajadores que vayan con Él, en su nombre, que hagan lo mismo que Él ha hecho. Que traigan el Reino, anuncien la Palabra, luchen contra el demonio, sanen a las personas… Para que la muchedumbre no se sienta ni estén como ovejas sin pastor.
Los que tenían que ser pastores, se ponen contra Jesús. No le reconocen, no quieren luchar con Él. Es duro cuando sucede esto. Si estás sirviendo en la Iglesia, examínate, no vayas a ser de los que creyendo ser pastores se ponen contra el Pastor. Si estás sirviendo y te sientes sólo, reza. Hoy el Evangelio te pide rezar para que Dios envíe trabajadores a su pueblo. Reza para que no falten, para que haya más que luchen con Jesús. Pero esta oración implica un compromiso. Esforzarte por ser un obrero según su corazón. Y si todavía no has dado el paso pregúntate: ¿Y si Dios te llama a ti a ser su obrero? ¿en qué te llama a trabajar a su lado? No quiere decir que tengas que meterte cura o monja, ¿en dónde te está llamando el Señor a trabajar?
La acción de Dios siempre tendrá personas que se admiren y otras que critiquen. Unas que lo acepten y otras que busquen la manera de darle la vuelta y negarla. Reza y escucha qué te pide Dios a ti. No tengas miedo y déjate guiar por Él, que nunca defrauda.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*

Lunes 5 de julio semana XIV

*Lunes, 5 de julio*
*Semana XIV del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5•. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 9, 18-26*
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un personaje que se arrodilló ante él y le dijo: Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, ponle la mano en la cabeza, y vivirá. Jesús lo siguió con sus discípulos. Entretanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó el borde del manto, pensando que con sólo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió, y al verla le dijo: ¡Animo, hija! Tu fe te ha curado. Y en aquel momento quedó curada la mujer. Jesús llegó a casa del personaje y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo: ¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. Se reían de él. Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se puso en pie. La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

*Pistas*: Hace un par de domingos leíamos este pasaje en el Evangelio de Marcos y hoy leemos la versión de Mateo.
Los que se acercan a Jesús confían en su poder. Un hombre le suplica por su hija que acaba de morir. Una mujer toca el borde de su manto y queda curada. Jesús tiene poder para cambiar las cosas de los que se acercan a Él con fe. Ésta es una de las claves de este Evangelio. El encuentro con Jesús, la fe, y la salvación que Jesús regala.
Donde había muerte, surge vida. Donde hay confusión, alboroto, lloros, con Jesús llega la tranquilidad, su cercanía y esperanza. Los que estaban derrotados, tienen una nueva oportunidad.
La mujer del flujo de sangre en la mentalidad judía era impura, por eso no quería ni tocar a Jesús, ni pedirle que la tocase. Sólo rozarle el borde del manto y quedaría curada. No se sentía digna, pero Jesús no le reprocha nada, al contrario.
Jesús rompe las barreras de la impureza ritual judía, se acerca a la niña muerta y la coge de la mano. Le devuelve la vida, la pone en pie. Ya no hay impureza con Jesús.
Piensa en tu vida al releer el Evangelio. ¿Necesitas que Jesús te levante? ¿quieres llevar a otros a Jesús? Da igual cómo te sientas o que no te consideres ejemplar, porque no se trata de eso. Si te acercas a Jesús con fe, Él te salvará.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*

Domingo 4 de julio XIV Domingo

*Domingo, 4 de julio*
*XIV domingo del tiempo ordinario*.

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según san Marcos 6, 1-6*
En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso.
Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.»
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

*Pistas*: Jesús predica en su pueblo, donde creen que le conocen pero finalmente se extraña por su falta de fe.
Creen conocer a Jesús, pero precisamente eso les impide descubrir quién es realmente y creer en Él. Sólo ven lo humano, su familia, su origen… Se escandalizan de Jesús y se quedan sin conocerle.
Podemos trasladar esto a nuestro mundo. Cuántas veces hemos escuchado que esto son “cosas de curas”, “rollos de la Iglesia que es una institución anticuada…”. Creen saber quién es Jesús, pero por sus prejuicios se quedan sin conocerle. Muchas veces se quedan en que la Iglesia tiene que mostrarlo y no profundizan, o con las cosas que se les explicó de niños. A Jesús hay que conocerlo, estar con Él, dejar que venza nuestras ideas preconcebidas.
Si estás recorriendo un camino en la Iglesia y te sientes estancado, tal vez este Evangelio pueda hacerte pensar: ¿Te has quedado con tu idea preconcebida de Jesús? ¿crees que tiene que encajar en tus esquemas, en lo que te han enseñado o lo que has visto? Jesús es más grande, en Él encuentras a Dios… Si te acercas a Él con fe descubrirás y contemplarás cosas extraordinarias.
Puede que estés sirviendo en la Iglesia, que seas un persona de fe y te sientas como Jesús: “nadie es profeta en su tierra”. Que entre los tuyos no se te aprecie, que la Iglesia no consigue conectar… Jesús mismo pasó por ello ¿cómo no vamos a pasar nosotros? Tú persevera, unido a Jesús, llenándote del Espíritu Santo cada día en la oración y podrás ver que al final el poder de Dios triunfa.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*

Sábado 3 de julio Santo Tomás, apóstol

Sábado, 3 de julio
Santo Tomás, apóstol

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 20, 24-29
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Pistas: Jesús resucitado se aparece a sus Apóstoles. Pero uno de ellos no estaba en la comunidad. Este relato está lleno de simbolismo. Es el primer día de la semana (el domingo, el día de la Eucaristía), están reunidos (la comunidad, la Iglesia), Jesús se hace presente. Los otros dan testimonio y le cuentan a Tomás, pero él necesita experimentarlo. Tiene dudas. No acaba de creer.
¿Cuánto se parece a la gente de hoy? No les vale que la gente de Iglesia dé testimonio. Necesitan más. Necesitan experimentarlo.
Y reunidos, juntos, encuentran y experimentan al Resucitado como real y vivo. No es un fantasma, ni es una ilusión o un sueño. Es real. No es una mentira o una fantasía de “la Iglesia”.
Hoy sigue siendo la comunidad reunida, la Iglesia, la Eucaristía, un lugar privilegiado para encontrarse con Jesús. Nos invita este Evangelio a crear comunidades en las que se haga fácil este encuentro y experiencia. Y también te invita si te sientes lejos de Jesús a acercarte al lugar donde puedes encontrarlo.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Viernes 2 de julio Semana XIII

*Viernes, 2 de julio*
*Semana XII del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 9, 9-13*
En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme.
Él se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

*Pistas*: Los cobradores de impuestos eran colaboradores del Imperio Romano, trabajaban para los invasores, y por eso estaban muy mal considerados entre la población, para quienes eran pecadores y traidores. Además, en muchas ocasiones, se aprovechaban de su posición.
Sin embargo, Jesús le dice a Mateo: “Sígueme”. No le importa lo que piensen de Él, ni lo que haya sido aquel hombre. Jesús ve más allá. Mateo le responde invitándolo a comer en su casa. Para un judío observante ir a comer a casa de un publicano y sus amigos extranjeros, paganos, significaba contraer impureza y además era impopular entre las personas religiosas. Y a Jesús tampoco le importa esto, ni que sea un pecador o que sus amigos lo sean. Le importa la persona.
Jesús se acerca a Mateo y le llama. Mateo responde y le invita a su casa. Le deja entrar en lo suyo, en su mundo. Jesús también te está llamando hoy a ti a seguirle, a ser su discípulo… ¿Le dejas entrar en tu casa? Quizás algunos piensen de ti como de Mateo: un caso perdido, un pecador, un desastre… A Jesús le da igual, y si le invitas entrará en tu casa.
Ahora mira la escena desde el otro lado. Preguntémonos si nosotros que somos cristianos entendemos bien “misericordia quiero y no sacrificios”. Dicho de otra manera: ¿vivimos en el amor como Jesús nos enseña o nos quedamos en las apariencias como los que censuran su forma de actuar? ¿te dedicas a criticar y juzgar buscando excusas para creerte mejor que los demás, o sabes que eres pecador y deseas convertirte y vivir como discípulo de Jesús cada día? ¿crees que lo sabes todo o te dejas sorprender por Jesús?
Él no ha venido a salvar al que no necesita salvación, no puede librar del pecado al que no lo tiene, ni puede amar al que cree que ya tiene llena su vida. Jesús ha venido a salvarte a ti, que sabes que eres débil, que podías hacer las cosas mejor, que pecas, pero te dejas perdonar. Porque necesitas más amor y misericordia en tu vida. Esto no es para los sabios y entendidos, sino para los sencillos que se dejan sorprender.
Si Jesús llama a alguien ¿quién eres tú para juzgarle? Si Jesús te llama a ti ¿le invitarás a entrar en tu casa?

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida*

Jueves 1 de junio Semana XIII

*Jueves, 1 de junio*
*Semana XIII del tiempo ordinario*

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

*Evangelio según San Mateo 9, 1-8*
En aquel tiempo, subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad.
Le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: ¡Animo, hijo!, tus pecados están perdonados.
Algunos de los letrados se dijeron: Este blasfema. Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: ¿Por qué pensáis mal? ¿Qué es más fácil decir: «tus pecados están perdonados», o decir «levántate y anda»? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados dijo dirigiéndose al paralítico: Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa. Se puso en pie, y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.

*Pistas*: Mateo quiere mostrarnos quién es Jesús: somete al demonio (leíamos ayer), perdona los pecados y cura a los enfermos. Dios está con Él. Es más, Jesús, al perdonar pecados, se hace semejante a Dios –por eso dicen que blasfema-. Es el Hijo de Dios.
Vamos a fijarnos en algunos detalles. “Viendo la fe que tenían”. Jesús actúa no por la fe del paralítico, sino por la de sus acompañantes. Nos recuerda el poder de la oración de intercesión. El poder que hay en llevar a los demás, sus problemas, su vida, sus necesidades, delante de Jesús. Y al hacer esto, permiten y provocan que Jesús actúe.
Jesús perdona sus pecados ¿Qué sentiría aquel hombre? Los amigos no se van decepcionados, siguen allí con Jesús. ¿Experimentaría el perdón de Dios? Éste es el don más grande que podemos recibir: la Gracia de Dios que perdona el pecado, que da “ánimo”, que levanta al hombre. Puedes imaginarte la escena: unos dudando, otros esperando y confiando. Unos juzgando y otros amando.
Y aquí Jesús quiere mostrar quién es, quiere que puedan comprender que realmente es el Mesías. Y lo cura. Lo sana externamente e interiormente. Y le manda coger su camilla (ya no necesita que sus amigos la lleven por él, tiene fuerzas, tal vez para llevar también las camillas de otros…).
¿Con cuál de los personajes del Evangelio de hoy te sientes más identificado? Quizás te sientas paralizado y necesites que otros te acerquen a Jesús. O tal vez ha llegado el momento de llevar a otros ante Jesús para que puedan encontrarse con Él y ser salvados. O es posible que te cueste reconocer la acción de Jesús en el mundo… Nuevamente el Evangelio te dice: Acércate a Jesús, acerca a los demás a Jesús, y verás y experimentarás cosas extraordinarias.

*Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.*