XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

Evangelio según San Mateo 25,1-13. 
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: ‘Ya viene el esposo, salgan a su encuentro’.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: ‘¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?’.
Pero estas les respondieron: ‘No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado’.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: ‘Señor, señor, ábrenos’, pero él respondió: ‘Les aseguro que no las conozco’.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Miércoles 4 de noviembre

Miércoles, 4 de noviembre
San Carlos Borromeo, obispo

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 25-33
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar» ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Pistas: El Evangelio de hoy nos resulta difícil de entender. Pero si pensamos en las primeras comunidades cristianas ¿cuántas familias se dividían porque alguien se hacía cristiano? ¿qué dificultades atravesarían en las comunidades cuando eran perseguidas?
Elegir a Jesús implica renunciar a lo que aparta de Él. Incluso a cosas que no son malas. Pero sin seguir a Jesús no puede haber verdadera felicidad ni plenitud. En ese seguimiento, el amor a los demás y a uno mismo será verdadero, libre y pleno. Es renunciar para ganar. Morir para vivir.
Llevar la cruz significa desterrar la queja, descubrir que la vida está en manos de Dios. ¿Cuántas veces nos quedamos bloqueados pensando en lo mal que nos va y no somos capaces de seguir al único que puede sacarnos de ahí?
Jesús ha vencido al mal, incluso a la muerte. Si el camino pasa por la cruz, encontrarás la salvación y la vida siguiendo a Jesús, no lamentándote o buscando otros caminos.
Y ¿si las fuerzas fallan? Echa bien los cálculos, porque con Jesús no pueden fallar. Si los haces contando con tus solas fuerzas, fallarán. Si son cálculos humanos, fallarán. Pero si sigues a Jesús, el único que puede salvar, construirás tu casa y podrás vencer la batalla.
Jesús es el verdadero bien y descubrir esto hace que se pueda comprender el Evangelio de hoy. Jesús es tu salvación. Sólo desde ahí podrás disfrutar tu propia vida y todo lo que tienes y ser feliz.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a la vida.

Martes 3 de noviembre

Martes, 3 de noviembre
Semana XXXI del tiempo ordinario

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios!
Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro.
El primero le dijo: He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El criado volvió a contárselo al amo.
Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos.
El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste y todavía queda sitio. Entonces el amo dijo: Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

Pistas: Jesús está comiendo en la casa de un fariseo con otros fariseos y personas importantes. Acaba de preguntarles si debe curar a un hombre en sábado y ante su silencio los deja en evidencia. También les ha hablado de la humildad como camino para entrar en el Reino de Dios, diciéndoles que busquen los últimos puestos, no los primeros. Les pone como ejemplo dar un banquete en el que inviten a los pobres, lisiados, cojos y ciegos. Ya que ellos no pueden agredecérselo, lo hará Dios.
Los fariseos estaban muy seguros de su propia salvación porque “cumplían” la ley. Sin embargo, Jesús les interpela constantemente. En el pasaje que hemos leído hoy les anuncia cómo ellos van a rechazar la invitación al banquete por andar a sus asuntos. Y que éste se va a extender a todos.
La invitación es para el que quiera aceptarla. Esto implica tener que cambiar de planes, elegir ir al banquete. No es para el más “digno” de ser invitado, sino para el que lo acepta, deja cosas, cambia de vida y va. Esta es una buena noticia: ¿te sientes indigno? ¿tropiezas muchas veces? ¿has vivido o tal vez ahora vives lejos de Dios? Que se llene la casa del banquete, hay sitio para ti. Sólo levántate y vete.
Tal vez tú seas de los que son enviados a los caminos a invitar. Si es así, no catalogues a nadie como indigno. Invita a todos, es para todos, para el que te cae bien y para el que te cae mal, para el que nunca invitarías también. Insísteles a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos (cuántos conocemos que van por la vida sin ver, sin caminar, sin fuerzas, sin nada de valor en su vida). Quizás la nueva evangelización también vaya por aquí, una Iglesia que acoja desde la verdad, empezando por los que están en los cruces de los caminos de la vida.
Todavía hay sitio, si estás lejos acepta la invitación y ven. Si estás invitando, no te canses, sigue, persevera.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.

Lunes 2 de noviembre

Lunes, 2 de noviembre
Conmemoración de los fieles difuntos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según san Juan 14, 1-6
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí.»

Pistas: ¿Cómo podemos saber el camino? ¿Habrá algo más? ¿Será bueno? No podemos entender, ni imaginar, la grandeza del Reino.
Jesús ha ido delante preparando el camino. Es más, Él mismo es el camino. No temas, no dudes. Cree. Sabemos que hay vida eterna porque Jesús ha ido delante.
Jesús es camino hacia Dios, porque en Él y cerca de Él puedes descubrir quién es Dios, encontrarte con Él, experimentarlo. Jesús es verdad, porque en Él puedes hallar la verdad sobre Dios, sobre el hombre, sobre la existencia… Y es vida, porque da plenitud, porque a través de Él recibimos el Espíritu Santo que lo vivifica todo. Cristo no quedó vencido por la cruz, ni muerto en el sepulcro. Su palabra es verdad, encontrarse con Él es vida.
Acércate a Jesús y encontrarás el camino, encontrarás la verdad y tendrás vida plena que dura hasta la eternidad. Descubrirás el camino de vida, de luz, de esperanza y de alegría que es la fe en Jesús.

Relee el evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida

Domingo 1 de noviembre

Domingo, 1 de noviembre
Solemnidad de todos los santos

(Recuerda:
1. Pide el Espíritu Santo
2. Lee despacio y entiende
3. Medita qué te dice la Palabra de Dios
4. Ora, respóndele al Señor
5. Actúa, llévalo a tu vida)

Evangelio según San Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la Tierra.
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán «los Hijos de Dios».
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pistas: Sitúate para comprender el alcance de las palabras que recoge el Evangelio de hoy. Jesús sube al monte, el lugar de las teofanías –manifestaciones o revelaciones de Dios- en el Antiguo Testamento. Allí le dio a Moisés la Ley, ahí se reveló como el Yo Soy que está con su pueblo… Se sienta como el Maestro en su cátedra para enseñar, es el nuevo Moisés y trae la nueva ley. Y, así, comienza este sermón: “Dichosos…”
Seguro que lo has escuchado muchas veces. Pero la Palabra de Dios es siempre nueva, y las bienaventuranzas son especialmente densas: reflejan el estilo de vida de Jesús. Son el camino para alcanzar la santidad y al mismo tiempo la consecuencia de la misma.
Me explico. ¿Qué es ser santo? Ser bueno, cumplir los mandamientos, rezar mucho, hacer cosas extraordinarias, anunciar el Evangelio, vender todo e irse de misiones… Sí, todo eso puede darse. Pero, en realidad, ser santo es ir de la mano con Jesús, acoger la salvación que Él da, amarle y dejarte amar por Él, y, por tanto, vivir lleno del Espíritu Santo. En definitiva, ser feliz, ser dichoso, ser bienaventurado. ¿Porque eres bueno? No, porque Jesús te hace bueno. ¿Porque cumples y te esfuerzas? No, porque Jesús te da la fuerza para hacerlo y cuando caes te perdona y te levanta. Ser santo es un don y como tal hay que recibirlo, pero a la vez trae una consecuencia, un estilo de vida.
Ahora sí, ponle a las bienaventuranzas el verbo. Dichosos “sois” los pobres en el espíritu, los sufridos, los que lloráis… Eres tú, si eliges este camino.
Ojo, vas a ir contracorriente, el mundo te dice otra cosa. Incluso tu cabeza a veces te dirá otra cosa: ¿cómo voy a ser feliz llorando? Pero la clave no está en llorar, ni en luchar por la paz, ni en ser perseguido (como las personas que están asesinando en Francia). La clave está en ser discípulo, en amar y dejar que el amor te guíe y entonces vivirás las bienaventuranzas, serás santo y serás feliz en cualquier circunstancia.
Y, además, esta felicidad empieza aquí, pero no acabará, alcanzará plenitud en la eternidad, en el cielo. Allí será la verdadera dicha.

Relee el Evangelio, escucha lo que Dios te dice, respóndele con tu oración y llévalo a tu vida.